El arte del pedo

Anonymous


Capítulo I. Definición de pedo en general

El pedo, que los latinos llamaban , los germanos, y los ingleses, , es una composición de vientos que expiran emitiendo ruido o, por el contrario, silenciosamente. Existen, sin embargo, autores de poco alcanze e incluso bastante temerarios que llegan a sostener con terquedad, arrogancia y de una manera absurda, incluso a pesar de Calepin y todos los demás diccionarios hechos y por hacer, que el término pedo, propiamente dicho, es decir, considerado en su sentido natural, sólo es aquel que se emite produciendo ruido; y para hablar así se fundamentan en un verso de Horacio que, a mi juicio, no es suficiente para acercarnos a la idea exacta del pedo: Nam displosa sonat quantum vesica pepedi De hecho, yo mismo me he llegado a peer con tanto bullicio que bien hubiera podido inflar una vejiga hasta reventar. ¿Pero quién no advierte que en este verso Horacio ha tomado el verbo en sentido genérico?, ¿y qué era necesario simplemente para hacerse entender que entraña un sonido claro y que el sabio únicamente se limitaba a señalar el género del pedo que estalla al salir? Saint-Evremont, este agradable filósofo, tenía una idea del pedo bien diferente de suconsideración vulgar: según él se trataba de un suspiro. Cierto día le decía a su amada, delante de la cual se acababa de tirar un soberbio pedo: Mi corazón indignado de disgustos, tanto se había henchido de suspiros que viendo vuestro humor tan bravío uno de entre ellos se vio obligado a no osar salir por la boca y expresar su sentimiento en mejor forma. Así pues, el pedo es, en general, viento encerrado en el bajo vientre, causado, tal como pretenden los médicos, por el derbordamiento de una mucosidad tibia que un calor débil ha disgregado sin disolverla; o producida, según los campesinos y el vulgo, por el uso de ciertos ingredientes ventosos o de alimentos de esta misma naturaleza. Se le puede definir como un vórtice de aire comprimido que buscando escapar de cualquier modo, recorre las partes internas del cuerpo y sale al fin con precipitación cuando encuentra una salida, por todos conocida, y que la decencia impide nombrar. Pero nosotros no vamos a ocultar nada aquí: esta peculiar criatura se manifiesta a través del ano, bien sea por medio de estallido, o sin él. La sabia naturaleza lo arroja sin esfuerzo; sólo más tarde se invoca el socorro prestado por el arte, que, con el auxilio de esta misma naturaleza, le procura un nacimiento acomodado, causa siempre delectación, y a menudo incluso voluptuosidad. Precisamente esto ha dado lugar al nacimiento de un interesante proverbio: Para vivir sano y alargamente es necesario ventear el culo Pero volvamos de nuevo a nuestra definición y demostremos que se halla conforme a los postulados más sanos y estrictos de la filosofía, ya que encierra el género, la materia y la diferencia, :
1.-Porque dicha definición encierra todas las causas y todas las especies; esto lo veremos por orden;
2.- como también es constante por el género, no existe la menor dudad de que lo sea igual por causa remota, que es precisamente aquella que engendra los vientos, a saber, las mucosidades y los alimentos mal asimilados. Discutamos estos puntos con fundamento antes de anlizar las especies. Manifestamos, pues, que la materia del pedo está entibiada y ligeramente atenuada. Utilizaremos a continuación una equivalencia para que nuestra reflexión quede perfectamente clara. En los países cálidos no llueve jamás y el excesivo calor absorve toda clase de humos y vapores; por idéntica razón en los países frios las grandes heladas impiden la exhalación natural de estos vahos. Como por el contrario llueve abundantemente en las regiones medias de clima templado, dichos vapores dichos vapores se producen con asiduidad (como muy bien han observado Bodin, Scaliger y Cardan), recuérdense si no las abundantes nieblas y fenómenos similares producidos en estas zonas. De la misma forma, cuando el calor producido por la digestión es excesivo, no solo son violentamente triturados y desechos los alimentos, si no que tambien son disueltos y consumidos todos los vapores, lo cual el frío no sabría hacer -paradójicamente vemos como un agente contrario produce de hecho el mismo resultado- ya que le mismo impide la formación de ninguna clase de vaho. Lo contrario sucede cuando el calor es dulce y templado -como en las zonas de clima templado-. Su debilidad le impide cocer perfectamente los alimentos: tan solo los disuelve ligeramente, la mucosidad del ventrículo y de los intestinos pueden excitar gran cantidad de vientos que llegan a ser más enérgicos en proporción a la ventosidad de las sustancias ingeridas, las cuales sometidas a fermentación por un calor mediocre, produecen una vorágine de vahos sumamente espesos. Esto se advierte con claridad comparando la primavera y el otoño con el verano y el invierno, y por la correcta comprensión del arte de la dstilación de un fuego o calor mediocres.

Capítulo II. Las diferencias del pedo, especialmente del pedo y el eructo, y demostración total de la definición de pedo.

Habíamos señalado anteriormente que el pedo sale por el ano. Es en esto en lo que difiere del eructo. Este último, aunque formado de la misma materia, se produce en el estómago y escapa hacia lo alto a causa de la vecindad de la salida, de la dureza y obesidad del vientre o de otros obstáculos que no le permiten utilizar las vías inferiores. Según nuestras formalidades y conveniencias sociales, el eructo es similar al pedo, aunque según otros, el primero es incluso más odioso que el pedo mismo. ¿Pero acaso no se presenció en la corte de Luis el Grande a un embajador extranjero, en medio del esplendor y la magnificencia que ostentaba ante sus ojos asombrados este augusto monarca, lanzar un eructo de los más viriles y asegurar que, en su país, el eructo formaba parte de los ambientes de noble gravedad, como el que allí reinaba?. No debemos concluir en detrimento uno del otro; que el viento salga por arriba o por abajo da exactamente igual y no se debe sentir ningún escrúpulo en pensar así. En efecto, leemos en Furetiere, tomo II, de su que, en el condado de Suffolk, un vasallo debía ejecutar ante el rey, todos los días de Navidad, un salto, un eructo y un pedo. Pero no hace falta incluir al eructo en la clase de vientos propios de los cólicos, ni en aquellos que producen el murmullo o el arte de la ventriloquia, que son sin embargo vientos del mismo género, pero que tras retumbar en los intestinos, tardan en manifestarse y resultan como el prólogo de una comedia o los emisarios de una tempestad cercana. Las damas que se entallan con fiereza la cintura están particularmente sujetas a estos fenómenos; según Fernel, el intestino, que los médicos denominan , resulta tan flatuoso y distendido, que los vientos que contienes no realizan el mínimo combate en la cavidad del vientre, como tampoco lo hacían los que Eolo guardaba en otro tiempo en las cavernas de sus montañas de Eolia: de suerte que se podía, marchando a su favor, emprender un largo viaje sobre el mar, o al menos hacer girar las aspas de los molinos de viento.
Para dar por finalizada la prueba completa de nuestra definición, no nos resta sino mencionar aquí la causa final del pedo, que es tanto la salud del cuerpo deseada por la naturaleza, como un deleite y un placer procurado por el arte. Para estudiar los efectos debe consultarse el capítulo que dedicamos a ello. Mientras tanto hacemos la observación de que no admitimos en absoluto, y que desaprobamos todo fin contrario al buen gusto y a la salud; por consiguiente, ningún abuso puede hallar lugar cortés y honestamente en nombre de los fines razonables y placenteros.

Capítulo III. División del pedo

Tras haber analizado la naturaleza y la causa del pedo, es adecuado proceder a su justa división y a examinar sus diferentes especies, para definirlas a continuación en relación a sus afecciones. Problema Se presenta una cuestión: héla aquí. ¿Cómo debe efectuarse, se dirá, una división justa del pedo? Quien así se pregunta es un incrédulo. ¿Hace falta medirlo de algún modo especial y en tal caso con qué medida?. . No, y he aquí la solución que ha aportado un excelente químico; nada incluso mas fácil y natural. Hunda -dice- la nariz en el ano, procurando que el tabique nasal lo divida en dos partes iguales; a partir de entonces, vuestras narices serán los platillos de la balanza. Si se siente pesadez calibrando el pedo que efectúa su salida, será signo de que hará falta medirlo en ; si es duro, en ; si es líquido, en ; si resulta granuloso, en , etc., pero si vd. lo juzga demasiado pequeño para realizar la experiencia, haga como los Gentilhombres Vidrieros; insufle en el molde tanto como le plazca, es decir, hasta que haya adquirido un volumen razonable. Pero hablemos seriamente. Los manuales de gramática dividen las letras en consonantes y vocales; estas medidas solo tratan la materia de una manera superficial y ordinaria: pero nosotros que hacemos profesión de hacerla sentir y gustar de ella tal cual es, dividimos los pedos en Vocales, Mudos, y Escandalosos propiamente dichos. Los pedos Vocales son llamados, de forma natural, petardos, relativo a las diferentes especies de sonidos estruendosos que producen, como si de hecho el bajo vientre estuviese repleto de petardos. Consúltese en este caso a Willichins Jodochus en su tesis referente al petardo. El petardo es un estampido ruidoso engendrado por vapores secos, ásperos. Puede ser grande o pequeño, según la variedad de sus causas o sus circunstancias. El gran petardo es pleni-vocal, o vocal por excelencia; el pequeño se denomina semi-vocal. Acerca del Pleni-Vocal o Gran Pedo El gran pedo-petardo, o pedo pleni-vocal, se manifiesta por medio de un enorme estruendo, no solamente en razón del calibre amplio y espacioso que lo produce, como el de los campesinos, si no además a causa de la gran multitud de vientos originados por la deglución de una cantidad considerable de alimentos flatulentos, o por la mediocridad del calor natural del ventrículo y los intestinos. Se puede comparar este fénix de los pedos a la explosión de los cañones de grandes obuses. La alegoría de los truenos, dictada por Aristófanes, no suministrará sino una débil idea del asunto; no es palpable como la de los cañones, es decir, como una descarga efectuada para reventar muros o abrir en canal un batallón entero, o para dar la bienvenida a algún personaje de alcurnia que visita la ciudad, etc.
Objeciones de los adversarios del pedo No es por el sonido por lo que el pedo nos ofende, manifiestan, si únicamente se tratara de eso, de un armonioso, lejos de disgustarnos, lo veríamos con satisfacción; pero desafortunadamente siempre es seguido de un hedor desgraciado que compone su esencia; es esto lo que aflige nuestro olfato y es por esto por lo que es culpable. Es evidente que el pedo dispersa corpúsculos infectos que atentan contra la serenidad de nuestros rostros; a menudo es lo suficientemente traidor para asestarnos golpes que no se nos había dejado prever, al haber sido atacados por u enemigo provisto de sordina; con frecuencia precedido de un clamor seco, se hace seguir de los más vergonzosos satélites y no deja jamás ninguna duda acerca de su horrendo ejecutor. Respuesta Supone conocer mal la esencia del pedo someterlo a tan criminales manipulaciones y juzgarlo culpable de tantas groserías. El verdadero pedo no manifiesta ningún olor, o al menos este es tan escaso, que no dispone del suficiente vigor como para atravesar el espacio que separa su embocadura de la nariz de los asistentes. La palabra latina , que expresa el pedo, no significa mas que un ruido sin olor; pero que se la confunde vulgarmente con otras dos ventosidades maléficas, una de las cuales entristece el olfato y se denomina generalmente flato o, si se prefiere, pedo mudo o pedo femenino. La otra presenta el más repulsivo espectáculo, se llama pedo espeso o pedo de albañil. He aquí expuesto el falso principio sobre el cual se fundan los enemigos del pedo; pero ya hemos facilitado la diferencia que pretenden confundirlos mostrando que el verdadero pedo es realmente distinguido al lado de los dos monstruos de los cuales se acaba de suministrar una noción general. Todo aire incubado en el cuerpo y que tras haber sido comprimido, se escapa, se llama ventosidad; de ello se deduce que el pedo limpio, al igual que el flato y el pedo de albañil, coinciden entre ellos por el género: pero la más o menos dilatada estancia que realizan en el interior del cuerpo, la mayor o menor facilidad que encuentran a la hora de escapar, constituye su diferencia, los vuelve completamente diversos. El pedo limpio, después de haber sido gestado en el cuerpo, recorre sin obstáculos las diferentes partes internas que halla a su paso y, por fin, exhala con más o menos estrépito. El pedo espeso o de albañil, tras haber intentado numerosas veces evadirse, encuentra los mismos obstáculos, rehace sin fin el tortuoso camino, recorre los mismos espacios, se calienta y se carga de diferentes porciones de materia grasa que desata de las paredes intestinales durante su torpe carrera; así asfixiado bajo su propio peso, termina por refugiarse en la base de la región, encontrándose entonces envuelto de una materia demasiado fluida; singularmente, este mismo detritus no aguardaba otra cosa sino el más mínimo movimiento para hacer irrupción; descampa por fin sin mucho ruido y entrega con él todo el botín que acarrea sobre sus etéreos lomos. El flato, igualmente gestado y retenido en el pasaje, realiza el mismo camino que el pedo de albañil: se calienta de la misma forma, se carga durante el recorrido de partes grasas y termina por solicitar salvoconducto en los paises bajos, pero con esta diferencia, que encontrando un terreno seco y árido, no adquiere nuevos bienes, y cargando únicamente de su anterior rapiña, se descuelga sin ningún ruido y suministra tras la diáspora aquello que es más desgraciado para el olfato. Y ahora, después de haber respondido a las objeciones de los adversarios del pedo, retomemos nuestra división. O estos pedos se asemejan a los cañones, etc., a los truenos de Aristófanes, o a lo que se quiera. Sea como sea, se dividen en simples y compuestos. Los pedos simples consisten en un enérgico golpe, único y momentáneo.
Príapo los compara, tal como hemos visto anteriormente, a odres reventados. Se forman cuando la materia está compuesta de partes homogéneas, abundante a un mismo tiempo, y asimismo se da la circunstancia de que la fisura por donde expiran es lo suficientemente amplia y distendida o, en fin, cuando el sujeto que los impulsa es robusto y, realizando a labor de un mortero los saca a flote de una sola y brutal percusión de su poderoso abdomen. Los pedos compuestos parten de diferentes impulsos, golpe a golpe: semejantes a vientos continuos que se suceden unos a otros más o menos como quance o veinte pistoletazos casi simultáneos.
Se les denomina Diptongos o Diptongados, y algunos sostienen con énfasis que una persona de constitución hercúlea puede hacer emerger una veintena como si de una ristra de ajos se tratara.

Capítulo IV. Razón física inherente al buen sentido o el análisis del pedo diptongado.

El pedo es diptongado cuando el orificio se presenta con amplitud, la materia copiosa integrada de partes desiguales, mezcladas a un mismo tiempo de humores calientes y tenues, fríos y espesos; o bien cuando la materia es extraída de hogares variados y obligada a inyectarse en diferentes partes de los intestinos. Cuando no puede ser extraída de una sola fuente, ni contenerse en las mismas células intestinales, ni ser arrojada de un solo esfuerzo, es, pues, obligada a escapar con elocuencia a intervalos variados y desiguales, hasta que no queda más, es decir, exactamente hasta el último suspiro. Es por ello que el sonido emitido se escucha a intervalos irregulares, y por poco esfuerzo que se realice, se distinguirá claramente un castañeteo bullicioso similar a la articulación de sílabas diptongadas, tales como: , , >pa pa pa pa pax>, etc. Esto se debe a que el ano no llega a cerrarse completamente entre los diferentes impulsos rítmicos y así la materia sale victoriosa de la naturaleza. Nada más alegre que el mecanismo de los pedos diptongados, y es el ano en ese momento quien acapara numerosas obligaciones. En primer lugar: 1.- Hace falta suponerlo bastante amplio por sí mismo y coronado de un esfínter fuerte y elástico. 2.- Es necesaria una suficiente cantidad de materia homogénea para producir un primer pedo simple. 3.- Después del primer impacto, cuando el ano comienza a cerrarse de nuevo sin hacerlo totalmente, es preciso que la materia sea más fuerte que la naturaleza, que esta no pueda obligarla a retirarse y suscitar un orgasmo a causa de la brutal irritación. 4.- Que el ano se entorne un poco y se dilate de nuevo, siempre alternativamente y combata así con la naturaleza, que tiende a expulsar la materia y a disolverla. 5.- Por fin, que retenga, si el caso lo exige, el resto de los vientos para volarlos en otra ocasión más cómoda. Se puede aplicar aquí el epigrama de Marcial, liv.XII, donde declara: . A ello volveremos en el momento oportuno. Se trata sin duda de estos pedos diptongados a los que Horacio se refiere al mencionar a Príapo. Relata que cierto día, este dios incivil soltó un terrible pedo que alarmó a una horda de hechiceros que se ocupaban en encantamientos por la cercanías. Ciertamente, si este pedo solo hubiera sido simple, los brujos no hubieran llegado a asustarse y no hubiesen abandonado sus trabajos mágicos ni sus conjuros para refugiarse a toda prisa en la aldea; muy probablemente Príapo comenzó por ejecutar un pedo simple con explosión, tal como si hiciera reventar una vejiga al borde de su elasticidad; pero este estampido fue pronto seguido de un pedo diptongado, y sobre este cabalgó otro todavía más fantástico que produjo pánico definitivo entre los ya asustados magos, que se dieron a la fuga aterrorizados. Horacio no incide en ello, pero es visible que no ha deseado expresar nada adyacente a lo fundamental ante el temor de caer en lo difuso, teniendo por otra parte la certeza de que alguien estaba ya informado de ello. Esta sucinta alusión nos ha parecido aconsejable, y convenimos de buen grado que este pasaje no pueda parecer oscuro y difícil sino a aquellos que no conocen absolutamente nada de física; no añadiremos a lo expuesto absolutamente nada más.

Capítulo V. Desgracias y accidentes causados por los pedos diptongados.

Historia de un pedo que hizo huir al diablo y le volvió completamente tonto. Casas liberadas de diablos por la mediación de pedos diptongados. Razones y axiomas. Si bien es cierto que el pedo diptongado es más terrible que el trueno, no lo es menos que sus efectos descomunales han malogrado a una infinidad de personas, ha vuelto sordos a unos, alelados a otros, y está fuera de toda discrepancia que un pedo diptongado, si no llega a fulminar, es capaz de causar, no solamente todos los accidentes del trueno, si no incluso de eliminar sobre el terreno a gentes débiles, de un genio pusilánime y suceptibles de prejuicios. Elevamos esta sentencia en virtud de los ingredientes de que está formado y de la aguda compresión del fenómeno del aire, que, liberado trastorna de tal modo, escupiendo columnas de aire al exterior, que puede destruir, masacrar y arrasar en un abrir y cerrar de ojos las fibras más delicadas del cerebro, ejercer un rápido movimiento de rotación a ala cabeza, hacerla girar sobre los hombros como una noria, quebrantar a la altura de la séptima vértebra el estuche de la médula espinal y producir la muerte. Todo ello se deriva del uso exagerado de rábanos, nabos, ajos, guisantes, habas y en general de todos los demás alimentos ventosos conocidos por sus maléficas virtudes y que son los responsables de los sonidos diáfanos, cortos y sucesivos que se escuchan en la eructación del pedo. ¡Cuántos pollos reventados en el interior de sus huevos, cuantos fetos abortados o atufados en el seno materno por la magnitud de la explosión!. El mismo diablo ha tenido que huir más de una vez. Entre las numerosas historias que se conocen a este respecto, voy a transcribir una cuya veracidad está comprobada. Desde hacía mucho tiempo el diablo atormentaba a un infeliz que se había dejado seducir por él. No pudiendo soportar más las persecuciones del maligno espíritu, determinó venderse al demonio bajo tres condiciones: 1.- Le pidió una gran cantidad de oro y plata, lo cual recibió al instante.
2.- Le exigió volverse invisible a voluntad; el diablo le enseñó los medios para conseguirlo y le hizo ensayar la experiencia sin abandonarle. La situación era embarazosa para el hombre, ya que ignoraba qué proponerle como tercera condición; intentaba dar con algo que situara al diablo en la imposibilidad de satisfacerle; pero su talento no le inspiraba nada en ese momento; se tuvo que sentar presa del pánico y fue esa situación azarosa la que le libró de sus garras.
¿Cómo?. Se cuenta que en este momento crítico se le escapó un pedo diptongado cuyo alboroto se asemejaba a una descarga de artillería. Entonces, balbuceando, pero con presencia de espíritu, se dirigió al diablo: -Si enhebras todos esos pedos, seré tuyo. El diablo, desesperado, trató de hacerlo, pero cuando tomó de un lado el agujero de la aguja y tiró del otro con los dientes, no pudo llegar jamás al extremo. Por otra parte, asustado a causa de la horrible algarada de ese pedo, que el eco había multiplicado por las cercanías, y confuso e incluso furioso al verse engañado, huyó dejando a sus espaldas un pedo infernal que infectó todos los alrededores y libró de su triste suerte y de un peligro inminente al pobre desgraciado. No es menos cierto que a lo largo de todo el universo, en todos los reinos, repúblicas, ciudades, pueblos y aldeas; en todas las familias y haciendas campestres donde existen siervos, viejas y pastores, en los libros de historias antiguas, se han encontrado infinidad de casas liberadas de los diablos por el auxilio de los pedos, que fueron, sin duda, pedos diptongados. En efecto, se trata del mejor dotado espécimen que conocemos para ahuyentar a los demonios; y el arte de peerse que nosotros presentamos hoy, que nos procurará nuevos y numerosos amigos, atraerá sobre nuestras cabezas la bendición de los pueblos y gentes atormentadas por este mal. Estamos persuadidos de que hace falta enfrentar el arte con el arte, lo pérfido con lo pérfido; que un clavo empuje a otro clavo; que la luz potente anegue a la pequeña y que los sonidos, los olores, etc., absorban otros menos fuertes; el ángel de las tinieblas será ofuscado por el tesoro llameante que ponemos en manos de los desdichados a los que intentará seducir, de tal manera que ya no tendrán nada que temer en el momento que intente sorprenderles. El pedo diptongado es un arma valiosa, es un pequeño trueno de bolsillo que se abre según las necesidades; su virtud y su salubridad son activas y retroactivas; tiene un precio incalculable y así ha sido reconocido desde la antigüedad más remota; de ahí el proverbio romano de que un pedo vale más que un talento. Usualmente, el pedo diptongado no ofrece mal olor, a menos que sea engendrado de alguna substancia putrefacta localizada en los intestinos, o que se haya incubado durante largo tiempo dentro o bajo un ser muerto que empieza a descomponerse, a menos que los alimentos ingeridos estén ellos mismos corrompidos. Para discernir esta cuestión hacemos una llamada a los olfatos más finos; el mío no serviría, me veo ahora aquejado de reuma del cerebro, no creo que el lector se encuentre en esta misma situación.

Capítulo VI. Del semi-vocal o pequeño pedo.

El pequeño pedo o semi-vocal, es aquel que expira con menor estrépito que el grande, sea a causa de la embocadura o de la salida excesivamente estrecha del canal por donde se expresa -como el caso de las damas jóvenes-; o sea, a causa de la exigua cantidad de vientos que se encuentran encerrados en los intestinos. Este pedo se divide en Neto, Medio y Aspirado. Del pedo Neto. Se trata de un semi-vocal o pequeño pedo, compuesto de materia muy seca y esbelta, que se desliza con dulzura a lo largo de un canal de salida muy angosto y donde apenas entraría una paja. Se le denomina, vulgarmente, pedo de señorita; no llega a alarmar a las narices sensuales y no es indecente como el flato o pedo de albañil. Del pedo Aspirado. El pedo aspirado es un pequeño pedo semi-vocal compuesto de una materia húmeda y obscura. Para hacerse una idea de él debería compararse al pedo de la oca, y poco importa que el calibrador que lo produce sea amplio o estrecho. Se presenta tan enclenque y raquítico que no es sino un aborto. Es el pedo ordinario de los panaderos. Del pedo Medio. Este último se sitúa en un término medio entre el Neto y el Aspirado; la materia homogénea de la que está compuesto es de calidad mediocre, está bien dirigida y emerge sin el mínimo esfuerzo por parte del orificio, que en este caso presenta una embocadura media. Es el pedo de los que se hastían del celibato y también de las mujeres de los burgomaestres. Causas de los pedos precedentes. Existen, al igual que en todos los demás, tres causas principales que dan cuenta de la variedad de modulaciones sonoras y rítmicas de estos tres géneros de pedos, a saber: la materia del viento, la naturaleza del canal y la fuerza del sujeto.
1.- Cuanto más árida se presenta la materia del viento, más claro resulta el sonido; cuanto más húmeda, más obscuro es este; cuanto más uniforme y de similar naturaleza, más simple es el resultado; cuanto más heterogénea ésta, más multisonoro aquel.
2.- En relación a la naturaleza del canal, cuanto más estrecho sea, más agudo será el sonido; si por el contrario el viaducto goza de amplitud, el sonido ganará en gravedad, e incluso en casos límites, casi en solemnidad. El resultado de la emisión descansa en la delicadeza o el grosor de los intestinos, la inanición o plenitud de estos confieren carácter al sonido; se sabe que si están vacíos el estampido es más sonoro que cuando están llenos.


 

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