El pedo, que los latinos llamaban , los germanos, y los ingleses, , es
una composición de vientos que expiran emitiendo ruido o, por el
contrario, silenciosamente. Existen, sin embargo, autores de poco alcanze
e incluso bastante temerarios que llegan a sostener con terquedad, arrogancia
y de una manera absurda, incluso a pesar de Calepin y todos los demás
diccionarios hechos y por hacer, que el término pedo, propiamente
dicho, es decir, considerado en su sentido natural, sólo es aquel
que se emite produciendo ruido; y para hablar así se fundamentan
en un verso de Horacio que, a mi juicio, no es suficiente para acercarnos
a la idea exacta del pedo: Nam displosa sonat quantum vesica pepedi De
hecho, yo mismo me he llegado a peer con tanto bullicio que bien hubiera
podido inflar una vejiga hasta reventar. ¿Pero quién no advierte
que en este verso Horacio ha tomado el verbo en sentido genérico?,
¿y qué era necesario simplemente para hacerse entender que
entraña un sonido claro y que el sabio únicamente se limitaba
a señalar el género del pedo que estalla al salir? Saint-Evremont,
este agradable filósofo, tenía una idea del pedo bien diferente
de suconsideración vulgar: según él se trataba de
un suspiro. Cierto día le decía a su amada, delante de la
cual se acababa de tirar un soberbio pedo: Mi corazón indignado
de disgustos, tanto se había henchido de suspiros que viendo vuestro
humor tan bravío uno de entre ellos se vio obligado a no osar salir
por la boca y expresar su sentimiento en mejor forma. Así pues,
el pedo es, en general, viento encerrado en el bajo vientre, causado, tal
como pretenden los médicos, por el derbordamiento de una mucosidad
tibia que un calor débil ha disgregado sin disolverla; o producida,
según los campesinos y el vulgo, por el uso de ciertos ingredientes
ventosos o de alimentos de esta misma naturaleza. Se le puede definir como
un vórtice de aire comprimido que buscando escapar de cualquier
modo, recorre las partes internas del cuerpo y sale al fin con precipitación
cuando encuentra una salida, por todos conocida, y que la decencia impide
nombrar. Pero nosotros no vamos a ocultar nada aquí: esta peculiar
criatura se manifiesta a través del ano, bien sea por medio de estallido,
o sin él. La sabia naturaleza lo arroja sin esfuerzo; sólo
más tarde se invoca el socorro prestado por el arte, que, con el
auxilio de esta misma naturaleza, le procura un nacimiento acomodado, causa
siempre delectación, y a menudo incluso voluptuosidad. Precisamente
esto ha dado lugar al nacimiento de un interesante proverbio: Para vivir
sano y alargamente es necesario ventear el culo Pero volvamos de nuevo
a nuestra definición y demostremos que se halla conforme a los postulados
más sanos y estrictos de la filosofía, ya que encierra el
género, la materia y la diferencia, :
1.-Porque dicha definición encierra todas las causas y todas
las especies; esto lo veremos por orden;
2.- como también es constante por el género, no existe
la menor dudad de que lo sea igual por causa remota, que es precisamente
aquella que engendra los vientos, a saber, las mucosidades y los alimentos
mal asimilados. Discutamos estos puntos con fundamento antes de anlizar
las especies. Manifestamos, pues, que la materia del pedo está entibiada
y ligeramente atenuada. Utilizaremos a continuación una equivalencia
para que nuestra reflexión quede perfectamente clara. En los países
cálidos no llueve jamás y el excesivo calor absorve toda
clase de humos y vapores; por idéntica razón en los países
frios las grandes heladas impiden la exhalación natural de estos
vahos. Como por el contrario llueve abundantemente en las regiones medias
de clima templado, dichos vapores dichos vapores se producen con asiduidad
(como muy bien han observado Bodin, Scaliger y Cardan), recuérdense
si no las abundantes nieblas y fenómenos similares producidos en
estas zonas. De la misma forma, cuando el calor producido por la digestión
es excesivo, no solo son violentamente triturados y desechos los alimentos,
si no que tambien son disueltos y consumidos todos los vapores, lo cual
el frío no sabría hacer -paradójicamente vemos como
un agente contrario produce de hecho el mismo resultado- ya que le mismo
impide la formación de ninguna clase de vaho. Lo contrario sucede
cuando el calor es dulce y templado -como en las zonas de clima templado-.
Su debilidad le impide cocer perfectamente los alimentos: tan solo los
disuelve ligeramente, la mucosidad del ventrículo y de los intestinos
pueden excitar gran cantidad de vientos que llegan a ser más enérgicos
en proporción a la ventosidad de las sustancias ingeridas, las cuales
sometidas a fermentación por un calor mediocre, produecen una vorágine
de vahos sumamente espesos. Esto se advierte con claridad comparando la
primavera y el otoño con el verano y el invierno, y por la correcta
comprensión del arte de la dstilación de un fuego o calor
mediocres.
Capítulo II. Las diferencias del pedo, especialmente del pedo y
el eructo, y demostración total de la definición de pedo.
Habíamos señalado anteriormente que el pedo sale por el ano.
Es en esto en lo que difiere del eructo. Este último, aunque formado
de la misma materia, se produce en el estómago y escapa hacia lo
alto a causa de la vecindad de la salida, de la dureza y obesidad del vientre
o de otros obstáculos que no le permiten utilizar las vías
inferiores. Según nuestras formalidades y conveniencias sociales,
el eructo es similar al pedo, aunque según otros, el primero es
incluso más odioso que el pedo mismo. ¿Pero acaso no se presenció
en la corte de Luis el Grande a un embajador extranjero, en medio del esplendor
y la magnificencia que ostentaba ante sus ojos asombrados este augusto
monarca, lanzar un eructo de los más viriles y asegurar que, en
su país, el eructo formaba parte de los ambientes de noble gravedad,
como el que allí reinaba?. No debemos concluir en detrimento uno
del otro; que el viento salga por arriba o por abajo da exactamente igual
y no se debe sentir ningún escrúpulo en pensar así.
En efecto, leemos en Furetiere, tomo II, de su que, en el condado de Suffolk,
un vasallo debía ejecutar ante el rey, todos los días de
Navidad, un salto, un eructo y un pedo. Pero no hace falta incluir al eructo
en la clase de vientos propios de los cólicos, ni en aquellos que
producen el murmullo o el arte de la ventriloquia, que son sin embargo
vientos del mismo género, pero que tras retumbar en los intestinos,
tardan en manifestarse y resultan como el prólogo de una comedia
o los emisarios de una tempestad cercana. Las damas que se entallan con
fiereza la cintura están particularmente sujetas a estos fenómenos;
según Fernel, el intestino, que los médicos denominan , resulta
tan flatuoso y distendido, que los vientos que contienes no realizan el
mínimo combate en la cavidad del vientre, como tampoco lo hacían
los que Eolo guardaba en otro tiempo en las cavernas de sus montañas
de Eolia: de suerte que se podía, marchando a su favor, emprender
un largo viaje sobre el mar, o al menos hacer girar las aspas de los molinos
de viento.
Para dar por finalizada la prueba completa de nuestra definición,
no nos resta sino mencionar aquí la causa final del pedo, que es
tanto la salud del cuerpo deseada por la naturaleza, como un deleite y
un placer procurado por el arte. Para estudiar los efectos debe consultarse
el capítulo que dedicamos a ello. Mientras tanto hacemos la observación
de que no admitimos en absoluto, y que desaprobamos todo fin contrario
al buen gusto y a la salud; por consiguiente, ningún abuso puede
hallar lugar cortés y honestamente en nombre de los fines razonables
y placenteros.
Capítulo III. División del pedo
Tras haber analizado la naturaleza y la causa del pedo, es adecuado proceder
a su justa división y a examinar sus diferentes especies, para definirlas
a continuación en relación a sus afecciones. Problema Se
presenta una cuestión: héla aquí. ¿Cómo
debe efectuarse, se dirá, una división justa del pedo? Quien
así se pregunta es un incrédulo. ¿Hace falta medirlo
de algún modo especial y en tal caso con qué medida?. . No,
y he aquí la solución que ha aportado un excelente químico;
nada incluso mas fácil y natural. Hunda -dice- la nariz en el ano,
procurando que el tabique nasal lo divida en dos partes iguales; a partir
de entonces, vuestras narices serán los platillos de la balanza.
Si se siente pesadez calibrando el pedo que efectúa su salida, será
signo de que hará falta medirlo en ; si es duro, en ; si es líquido,
en ; si resulta granuloso, en , etc., pero si vd. lo juzga demasiado pequeño
para realizar la experiencia, haga como los Gentilhombres Vidrieros; insufle
en el molde tanto como le plazca, es decir, hasta que haya adquirido un
volumen razonable. Pero hablemos seriamente. Los manuales de gramática
dividen las letras en consonantes y vocales; estas medidas solo tratan
la materia de una manera superficial y ordinaria: pero nosotros que hacemos
profesión de hacerla sentir y gustar de ella tal cual es, dividimos
los pedos en Vocales, Mudos, y Escandalosos propiamente dichos. Los pedos
Vocales son llamados, de forma natural, petardos, relativo a las diferentes
especies de sonidos estruendosos que producen, como si de hecho el bajo
vientre estuviese repleto de petardos. Consúltese en este caso a
Willichins Jodochus en su tesis referente al petardo. El petardo es un
estampido ruidoso engendrado por vapores secos, ásperos. Puede ser
grande o pequeño, según la variedad de sus causas o sus circunstancias.
El gran petardo es pleni-vocal, o vocal por excelencia; el pequeño
se denomina semi-vocal. Acerca del Pleni-Vocal o Gran Pedo El gran pedo-petardo,
o pedo pleni-vocal, se manifiesta por medio de un enorme estruendo, no
solamente en razón del calibre amplio y espacioso que lo produce,
como el de los campesinos, si no además a causa de la gran multitud
de vientos originados por la deglución de una cantidad considerable
de alimentos flatulentos, o por la mediocridad del calor natural del ventrículo
y los intestinos. Se puede comparar este fénix de los pedos a la
explosión de los cañones de grandes obuses. La alegoría
de los truenos, dictada por Aristófanes, no suministrará
sino una débil idea del asunto; no es palpable como la de los cañones,
es decir, como una descarga efectuada para reventar muros o abrir en canal
un batallón entero, o para dar la bienvenida a algún personaje
de alcurnia que visita la ciudad, etc.
Objeciones de los adversarios del pedo No es por el sonido por lo que
el pedo nos ofende, manifiestan, si únicamente se tratara de eso,
de un armonioso, lejos de disgustarnos, lo veríamos con satisfacción;
pero desafortunadamente siempre es seguido de un hedor desgraciado que
compone su esencia; es esto lo que aflige nuestro olfato y es por esto
por lo que es culpable. Es evidente que el pedo dispersa corpúsculos
infectos que atentan contra la serenidad de nuestros rostros; a menudo
es lo suficientemente traidor para asestarnos golpes que no se nos había
dejado prever, al haber sido atacados por u enemigo provisto de sordina;
con frecuencia precedido de un clamor seco, se hace seguir de los más
vergonzosos satélites y no deja jamás ninguna duda acerca
de su horrendo ejecutor. Respuesta Supone conocer mal la esencia del pedo
someterlo a tan criminales manipulaciones y juzgarlo culpable de tantas
groserías. El verdadero pedo no manifiesta ningún olor, o
al menos este es tan escaso, que no dispone del suficiente vigor como para
atravesar el espacio que separa su embocadura de la nariz de los asistentes.
La palabra latina , que expresa el pedo, no significa mas que un ruido
sin olor; pero que se la confunde vulgarmente con otras dos ventosidades
maléficas, una de las cuales entristece el olfato y se denomina
generalmente flato o, si se prefiere, pedo mudo o pedo femenino. La otra
presenta el más repulsivo espectáculo, se llama pedo espeso
o pedo de albañil. He aquí expuesto el falso principio sobre
el cual se fundan los enemigos del pedo; pero ya hemos facilitado la diferencia
que pretenden confundirlos mostrando que el verdadero pedo es realmente
distinguido al lado de los dos monstruos de los cuales se acaba de suministrar
una noción general. Todo aire incubado en el cuerpo y que tras haber
sido comprimido, se escapa, se llama ventosidad; de ello se deduce que
el pedo limpio, al igual que el flato y el pedo de albañil, coinciden
entre ellos por el género: pero la más o menos dilatada estancia
que realizan en el interior del cuerpo, la mayor o menor facilidad que
encuentran a la hora de escapar, constituye su diferencia, los vuelve completamente
diversos. El pedo limpio, después de haber sido gestado en el cuerpo,
recorre sin obstáculos las diferentes partes internas que halla
a su paso y, por fin, exhala con más o menos estrépito. El
pedo espeso o de albañil, tras haber intentado numerosas veces evadirse,
encuentra los mismos obstáculos, rehace sin fin el tortuoso camino,
recorre los mismos espacios, se calienta y se carga de diferentes porciones
de materia grasa que desata de las paredes intestinales durante su torpe
carrera; así asfixiado bajo su propio peso, termina por refugiarse
en la base de la región, encontrándose entonces envuelto
de una materia demasiado fluida; singularmente, este mismo detritus no
aguardaba otra cosa sino el más mínimo movimiento para hacer
irrupción; descampa por fin sin mucho ruido y entrega con él
todo el botín que acarrea sobre sus etéreos lomos. El flato,
igualmente gestado y retenido en el pasaje, realiza el mismo camino que
el pedo de albañil: se calienta de la misma forma, se carga durante
el recorrido de partes grasas y termina por solicitar salvoconducto en
los paises bajos, pero con esta diferencia, que encontrando un terreno
seco y árido, no adquiere nuevos bienes, y cargando únicamente
de su anterior rapiña, se descuelga sin ningún ruido y suministra
tras la diáspora aquello que es más desgraciado para el olfato.
Y ahora, después de haber respondido a las objeciones de los adversarios
del pedo, retomemos nuestra división. O estos pedos se asemejan
a los cañones, etc., a los truenos de Aristófanes, o a lo
que se quiera. Sea como sea, se dividen en simples y compuestos. Los pedos
simples consisten en un enérgico golpe, único y momentáneo.
Príapo los compara, tal como hemos visto anteriormente, a odres
reventados. Se forman cuando la materia está compuesta de partes
homogéneas, abundante a un mismo tiempo, y asimismo se da la circunstancia
de que la fisura por donde expiran es lo suficientemente amplia y distendida
o, en fin, cuando el sujeto que los impulsa es robusto y, realizando a
labor de un mortero los saca a flote de una sola y brutal percusión
de su poderoso abdomen. Los pedos compuestos parten de diferentes impulsos,
golpe a golpe: semejantes a vientos continuos que se suceden unos a otros
más o menos como quance o veinte pistoletazos casi simultáneos.
Se les denomina Diptongos o Diptongados, y algunos sostienen con énfasis
que una persona de constitución hercúlea puede hacer emerger
una veintena como si de una ristra de ajos se tratara.
Capítulo IV. Razón física inherente al buen sentido
o el análisis del pedo diptongado.
El pedo es diptongado cuando el orificio se presenta con amplitud, la materia
copiosa integrada de partes desiguales, mezcladas a un mismo tiempo de
humores calientes y tenues, fríos y espesos; o bien cuando la materia
es extraída de hogares variados y obligada a inyectarse en diferentes
partes de los intestinos. Cuando no puede ser extraída de una sola
fuente, ni contenerse en las mismas células intestinales, ni ser
arrojada de un solo esfuerzo, es, pues, obligada a escapar con elocuencia
a intervalos variados y desiguales, hasta que no queda más, es decir,
exactamente hasta el último suspiro. Es por ello que el sonido emitido
se escucha a intervalos irregulares, y por poco esfuerzo que se realice,
se distinguirá claramente un castañeteo bullicioso similar
a la articulación de sílabas diptongadas, tales como: , ,
>pa pa pa pa pax>, etc. Esto se debe a que el ano no llega a cerrarse completamente
entre los diferentes impulsos rítmicos y así la materia sale
victoriosa de la naturaleza. Nada más alegre que el mecanismo de
los pedos diptongados, y es el ano en ese momento quien acapara numerosas
obligaciones. En primer lugar: 1.- Hace falta suponerlo bastante amplio
por sí mismo y coronado de un esfínter fuerte y elástico.
2.- Es necesaria una suficiente cantidad de materia homogénea para
producir un primer pedo simple. 3.- Después del primer impacto,
cuando el ano comienza a cerrarse de nuevo sin hacerlo totalmente, es preciso
que la materia sea más fuerte que la naturaleza, que esta no pueda
obligarla a retirarse y suscitar un orgasmo a causa de la brutal irritación.
4.- Que el ano se entorne un poco y se dilate de nuevo, siempre alternativamente
y combata así con la naturaleza, que tiende a expulsar la materia
y a disolverla. 5.- Por fin, que retenga, si el caso lo exige, el resto
de los vientos para volarlos en otra ocasión más cómoda.
Se puede aplicar aquí el epigrama de Marcial, liv.XII, donde declara:
. A ello volveremos en el momento oportuno. Se trata sin duda de estos
pedos diptongados a los que Horacio se refiere al mencionar a Príapo.
Relata que cierto día, este dios incivil soltó un terrible
pedo que alarmó a una horda de hechiceros que se ocupaban en encantamientos
por la cercanías. Ciertamente, si este pedo solo hubiera sido simple,
los brujos no hubieran llegado a asustarse y no hubiesen abandonado sus
trabajos mágicos ni sus conjuros para refugiarse a toda prisa en
la aldea; muy probablemente Príapo comenzó por ejecutar un
pedo simple con explosión, tal como si hiciera reventar una vejiga
al borde de su elasticidad; pero este estampido fue pronto seguido de un
pedo diptongado, y sobre este cabalgó otro todavía más
fantástico que produjo pánico definitivo entre los ya asustados
magos, que se dieron a la fuga aterrorizados. Horacio no incide en ello,
pero es visible que no ha deseado expresar nada adyacente a lo fundamental
ante el temor de caer en lo difuso, teniendo por otra parte la certeza
de que alguien estaba ya informado de ello. Esta sucinta alusión
nos ha parecido aconsejable, y convenimos de buen grado que este pasaje
no pueda parecer oscuro y difícil sino a aquellos que no conocen
absolutamente nada de física; no añadiremos a lo expuesto
absolutamente nada más.
Capítulo V. Desgracias y accidentes causados por los pedos diptongados.
Historia de un pedo que hizo huir al diablo y le volvió completamente
tonto. Casas liberadas de diablos por la mediación de pedos diptongados.
Razones y axiomas. Si bien es cierto que el pedo diptongado es más
terrible que el trueno, no lo es menos que sus efectos descomunales han
malogrado a una infinidad de personas, ha vuelto sordos a unos, alelados
a otros, y está fuera de toda discrepancia que un pedo diptongado,
si no llega a fulminar, es capaz de causar, no solamente todos los accidentes
del trueno, si no incluso de eliminar sobre el terreno a gentes débiles,
de un genio pusilánime y suceptibles de prejuicios. Elevamos esta
sentencia en virtud de los ingredientes de que está formado y de
la aguda compresión del fenómeno del aire, que, liberado
trastorna de tal modo, escupiendo columnas de aire al exterior, que puede
destruir, masacrar y arrasar en un abrir y cerrar de ojos las fibras más
delicadas del cerebro, ejercer un rápido movimiento de rotación
a ala cabeza, hacerla girar sobre los hombros como una noria, quebrantar
a la altura de la séptima vértebra el estuche de la médula
espinal y producir la muerte. Todo ello se deriva del uso exagerado de
rábanos, nabos, ajos, guisantes, habas y en general de todos los
demás alimentos ventosos conocidos por sus maléficas virtudes
y que son los responsables de los sonidos diáfanos, cortos y sucesivos
que se escuchan en la eructación del pedo. ¡Cuántos
pollos reventados en el interior de sus huevos, cuantos fetos abortados
o atufados en el seno materno por la magnitud de la explosión!.
El mismo diablo ha tenido que huir más de una vez. Entre las numerosas
historias que se conocen a este respecto, voy a transcribir una cuya veracidad
está comprobada. Desde hacía mucho tiempo el diablo atormentaba
a un infeliz que se había dejado seducir por él. No pudiendo
soportar más las persecuciones del maligno espíritu, determinó
venderse al demonio bajo tres condiciones: 1.- Le pidió una gran
cantidad de oro y plata, lo cual recibió al instante.
2.- Le exigió volverse invisible a voluntad; el diablo le enseñó
los medios para conseguirlo y le hizo ensayar la experiencia sin abandonarle.
La situación era embarazosa para el hombre, ya que ignoraba qué
proponerle como tercera condición; intentaba dar con algo que situara
al diablo en la imposibilidad de satisfacerle; pero su talento no le inspiraba
nada en ese momento; se tuvo que sentar presa del pánico y fue esa
situación azarosa la que le libró de sus garras.
¿Cómo?. Se cuenta que en este momento crítico
se le escapó un pedo diptongado cuyo alboroto se asemejaba a una
descarga de artillería. Entonces, balbuceando, pero con presencia
de espíritu, se dirigió al diablo: -Si enhebras todos esos
pedos, seré tuyo. El diablo, desesperado, trató de hacerlo,
pero cuando tomó de un lado el agujero de la aguja y tiró
del otro con los dientes, no pudo llegar jamás al extremo. Por otra
parte, asustado a causa de la horrible algarada de ese pedo, que el eco
había multiplicado por las cercanías, y confuso e incluso
furioso al verse engañado, huyó dejando a sus espaldas un
pedo infernal que infectó todos los alrededores y libró de
su triste suerte y de un peligro inminente al pobre desgraciado. No es
menos cierto que a lo largo de todo el universo, en todos los reinos, repúblicas,
ciudades, pueblos y aldeas; en todas las familias y haciendas campestres
donde existen siervos, viejas y pastores, en los libros de historias antiguas,
se han encontrado infinidad de casas liberadas de los diablos por el auxilio
de los pedos, que fueron, sin duda, pedos diptongados. En efecto, se trata
del mejor dotado espécimen que conocemos para ahuyentar a los demonios;
y el arte de peerse que nosotros presentamos hoy, que nos procurará
nuevos y numerosos amigos, atraerá sobre nuestras cabezas la bendición
de los pueblos y gentes atormentadas por este mal. Estamos persuadidos
de que hace falta enfrentar el arte con el arte, lo pérfido con
lo pérfido; que un clavo empuje a otro clavo; que la luz potente
anegue a la pequeña y que los sonidos, los olores, etc., absorban
otros menos fuertes; el ángel de las tinieblas será ofuscado
por el tesoro llameante que ponemos en manos de los desdichados a los que
intentará seducir, de tal manera que ya no tendrán nada que
temer en el momento que intente sorprenderles. El pedo diptongado es un
arma valiosa, es un pequeño trueno de bolsillo que se abre según
las necesidades; su virtud y su salubridad son activas y retroactivas;
tiene un precio incalculable y así ha sido reconocido desde la antigüedad
más remota; de ahí el proverbio romano de que un pedo vale
más que un talento. Usualmente, el pedo diptongado no ofrece mal
olor, a menos que sea engendrado de alguna substancia putrefacta localizada
en los intestinos, o que se haya incubado durante largo tiempo dentro o
bajo un ser muerto que empieza a descomponerse, a menos que los alimentos
ingeridos estén ellos mismos corrompidos. Para discernir esta cuestión
hacemos una llamada a los olfatos más finos; el mío no serviría,
me veo ahora aquejado de reuma del cerebro, no creo que el lector se encuentre
en esta misma situación.
Capítulo VI. Del semi-vocal o pequeño pedo.
El pequeño pedo o semi-vocal, es aquel que expira con menor estrépito
que el grande, sea a causa de la embocadura o de la salida excesivamente
estrecha del canal por donde se expresa -como el caso de las damas jóvenes-;
o sea, a causa de la exigua cantidad de vientos que se encuentran encerrados
en los intestinos. Este pedo se divide en Neto, Medio y Aspirado. Del pedo
Neto. Se trata de un semi-vocal o pequeño pedo, compuesto de materia
muy seca y esbelta, que se desliza con dulzura a lo largo de un canal de
salida muy angosto y donde apenas entraría una paja. Se le denomina,
vulgarmente, pedo de señorita; no llega a alarmar a las narices
sensuales y no es indecente como el flato o pedo de albañil. Del
pedo Aspirado. El pedo aspirado es un pequeño pedo semi-vocal compuesto
de una materia húmeda y obscura. Para hacerse una idea de él
debería compararse al pedo de la oca, y poco importa que el calibrador
que lo produce sea amplio o estrecho. Se presenta tan enclenque y raquítico
que no es sino un aborto. Es el pedo ordinario de los panaderos. Del pedo
Medio. Este último se sitúa en un término medio entre
el Neto y el Aspirado; la materia homogénea de la que está
compuesto es de calidad mediocre, está bien dirigida y emerge sin
el mínimo esfuerzo por parte del orificio, que en este caso presenta
una embocadura media. Es el pedo de los que se hastían del celibato
y también de las mujeres de los burgomaestres. Causas de los pedos
precedentes. Existen, al igual que en todos los demás, tres causas
principales que dan cuenta de la variedad de modulaciones sonoras y rítmicas
de estos tres géneros de pedos, a saber: la materia del viento,
la naturaleza del canal y la fuerza del sujeto.
1.- Cuanto más árida se presenta la materia del viento,
más claro resulta el sonido; cuanto más húmeda, más
obscuro es este; cuanto más uniforme y de similar naturaleza, más
simple es el resultado; cuanto más heterogénea ésta,
más multisonoro aquel.
2.- En relación a la naturaleza del canal, cuanto más
estrecho sea, más agudo será el sonido; si por el contrario
el viaducto goza de amplitud, el sonido ganará en gravedad, e incluso
en casos límites, casi en solemnidad. El resultado de la emisión
descansa en la delicadeza o el grosor de los intestinos, la inanición
o plenitud de estos confieren carácter al sonido; se sabe que si
están vacíos el estampido es más sonoro que cuando
están llenos.