Mary's Homeworks Corner | Inicio
Capítulos 3 y 4
Capítulo Tres
Hitomi despertó violentamente de su sueño. Miró a su alrededor escudriñando cada rincón, pues tenía esa sensación de haber sido transportada nuevamente. Tuvo que encender la luz para darse cuenta de que en verdad estaba en casa.
- Fue solo un sueño.
Sin embargo sentía, sabía que había sido real esa fuerza misteriosa que la había arrebatado una vez más del suelo y llevado de vuelta a Gaea, de regreso a Fanelia, de nuevo con Van...
Volvió a recostarse, pero ya no quiso volver a dormir, el recuerdo de Van estaba ahí, en ese punto donde ahora clavaba su mirada, en el espacio infinito, más allá de ella, más allá de todo... no quería dormirse y dejar ese recuerdo que le daba paz a su alma.
- Todo va a estar bien Hitomi... Tienes tanto porque vivir aquí en este mundo... Tu familia, grandes y maravillosos amigos, un trabajo que adoras... ¡No tienes nada de que quejarte: la vida es maravillosa contigo!... - "Pero tampoco puedes engañarte... aún lo extrañas" aceptó al fin con cierta tristeza.
De repente, todo se tornó oscuridad a su alrededor, podía escuchar que alguien la llamaba... pudo ver de quien se trataba, era un ángel alado que no podía verla a ella. Era Van, estaba perdido, buscando a Hitomi sin poder encontrarla...
Absolutamente perdido.
- ¡Van! ¿Me escuchas? ¡Usa el pendiente, Van!
- ¿Hitomi? - Van pareció escucharla, y trataba de encontrarla... La visión desapareció.
Hitomi se levantó de un salto y corrió en busca del teléfono, pero cuando lo tuvo en las manos, se dio cuenta de que no había a quien llamar...
"Si tan sólo Allen y los demás estuvieran aquí para ayudarme... seguramente Allen sabría qué hacer"... "Si tuviera mi pendiente, podría buscarlo yo misma... oh Van! ¿Dónde estas?"
Al devolver el teléfono a su sitio, su vista quedó atrapada en el diario "Han emprendido la búsqueda" "Océano Pacífico" "Atlántida..."
- ¡Ay Van! ¿Qué va a suceder?
La noche estaba muriendo, Afuera el viento jugaba con las hojas muertas de los árboles. Dentro de la casa no se oía nada, sólo el hueco sonido del refrigerador y el lento caminar del reloj.
ÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ
Se dejó caer pesadamente sobre la banca del parque. Miró al cielo, cubriéndose de la luz del sol con una mano. Hacia calor, pero a ella le agradaba. Cerró los ojos para descansar y dejar que el sol penetrara por su piel, relajando sus músculos; su respiración agitada y su pulso comenzaban a normalizarse.
- ¡Hitomi!
La voz de Yukari la hizo volver a abrir los ojos. Se dio cuenta de que amaba la perfección de ese momento, lleno de paz en un día hermoso. Se sentía relajada y Yukari seguía ahí. Sonrió al contestar a su amiga
- Decidí sentarme a esperarte.
- ¡Hitomi - dijo entre jadeos - Definitivamente, nunca podré alcanzarte!
De pronto, una jovencita con cabellera roja se acercó al par de amigas, y abriendo al máximo sus (ya de por sí grandes) ojos azules llenos de emoción, abordó a Hitomi
- ¿Es usted Hitomi Kanzaki? - Dijo, visiblemente emocionada.
- Así es... - Hitomi no pudo evitar ruborizarse al ser reconocida en público.
- ¡Por Dios! ¡No lo puedo creer... Es usted tan joven! ¡Ah, yo soy su más grande admiradora! He leído sus libros, y son mis favoritos, ¡en verdad!
Hitomi no sabía cómo reaccionar ante la carga de Orgullo, Vanidad, pena y humildad, que mezclados, le daban un delicioso color rojo a sus mejillas... nunca pensó en llegar a tener fans... La chica, sin embargo, no parecía prestar atención a este hecho, pues su emoción era más grande que eso.
- En realidad, son maravillosos... Sus personajes tienen tanta vida, como si fueran reales... y por Dios, siento que si existiera el mundo de "Gaea" y yo fuera a ahí, no me perdería nunca... ¿Puedo preguntarle de Dónde saca sus ideas?
- ¡Si te lo dijera, no me lo creerías! - Contestó Hitomi, sonriendo, paseando la mirada del rostro de la chica al cielo. Ahora que la observaba mejor, la chica le recordaba a Merle, incluso en su actitud...
- ¡ Tengo que irme! - Dijo con un tono de pena al fin - ¡ Ha sido un placer conocerla! - La chica volvió a su camino, volteando una y otra vez sobre la marcha, aún emocionada de ver a su ídolo y seguramente lamentándose de tener alguna cita importante.
- Pues yo no estoy de acuerdo con ella - Dijo repentinamente Yukari, muy seria. Hitomi la vio con sorpresa - Yo soy tu más grande admiradora, no ella.
Hitomi sonrió ante el halago
- En verdad Hitomi, eres admirable: Te has dado tiempo para todo lo que has querido lograr, Estudiando una carrera, tomando cursos aquí y allá de que se yo cuántas cosas, y ahora incluso eres reconocida por tus libros... Te admiro porque aún con todas esas actividades, has sabido darte tiempo para nosotros tus amigos y para tu familia.
Hitomi se sintió abrumada ante la enumeración de sus actividades.
- Yukari, haces que todo suene como si yo fuese algo excepcional... Hago todo esto porque son actividades que me hacen sentir feliz y satisfecha conmigo, y lo de mi "éxito literario", bueno, bien sabes que eso te lo debo completamente a ti ¿Quién me convenció de publicar mis historias? Sólo necesitaba expresar mis ideas, sin que nadie pensara que estaba loca, y tu me ayudaste a hacerlo...
Yukari tomó asiento junto a su amiga
- Hitomi: a veces quisiera ser tan fuerte como tú - Hitomi pasó su brazo sobre los hombros de Yukari, haciéndola recargar su cabeza en ella.
- Lo extrañas mucho ¿No es así? Extrañas a Amano.
- Sí, lo extraño mucho
- ¿Está en California ahora?
- Sí... pero vendrá a tomar unas vacaciones
- Entonces no deberías estar tan triste Yukari, ¡ pronto lo verás, y estarán juntos!
- Lo sé, pero... Hitomi: Falta casi un mes...
Hitomi sonrió... Comprendía a su amiga mejor de lo que ella se imaginaba, así que contestó socarronamente, arremedándola
- ¡Falta un mes Hitomi! - No contuvo su risa - ¡Yukari! Hablas como si se tratara de años... un mes se pasa rápido, ya lo verás. ¿Qué te parece si vamos por una nieve de chamoy... o un pastel de frambuesa?
- Muy bien ¡Pero tú pagas eh!
- Por supuesto!
Mientras caminaban, Hitomi pensaba en silencio. Estaba preocupada por Van, pero no quería que Yukari lo notara. Yukari vivía en la creencia que lo que Hitomi escribía se trataba sólo de locos sueños, pero no imaginaba que esos personajes fantásticos, y mucho menos Gaea, fueran reales. Nadie podría imaginárselo.
Miró nuevamente al cielo, una parvada de aves cruzaba en ese momento. Era un día despejado, sin viento. El paisaje mostraba orgulloso sus vívidos colores... El mundo era un lugar hermoso, sin duda.
Capítulo Cuatro
Abrir los ojos le pareció una tarea casi imposible: sentía un poco de dolor al intentarlo; le dolía la cabeza y entre más despejaba su mente, otros dolores seguían apareciendo.
Cuando finalmente consiguió abrir los ojos por completo, sintió una gran confusión. Sentía que todo se movía de arriba a abajo, casi con el ritmo de una canción de cuna… el aire, era diferente era casi pegajoso, o tal vez era una sensación de su propia piel. Algo le quedaba muy claro: no sabía dónde estaba.
La habitación era muy pequeña, los muebles eran pocos: una cama estrecha en la que se encontraba, y una mesa algo vieja, al otro lado de la habitación. La ventana a un lado de la cama llamó su ateción "Una ventana redonda, en un cuarto como este… Esto se pone más raro a cada minuto" Se incorporó con dificultad, para poder dar un vistazo hacia afuera "Por lo menos sé que es de día" El sol era demasiado molesto para sus aún débiles ojos. Lo único que pudo ver al fin fue el mar, uniéndose con el cielo en la distancia. "¿Estoy en un barco? ¿Cómo llegué aquí?"
El graznido de las gaviotas y el sonido arrullador de las olas le traían recuerdos de Asturia y Hitomi ataviada con un vestido ajeno… Fue entonces que se dió cuenta de que la chica no le era indiferente. Van no entendía lo que estaba sucediendo ¿Por qué Hitmoi no estaba ahí, con él? El pendiente, sin embargo, brillaba aún con más fuerza que antes, indicando que algo estaba por suceder.
"Mmh, ¿Qué tenemos aquí?" Pensó la mujer que lo observaba despreocupadamente desde la puerta "ni siquiera se ha dado cuenta de que estoy aquí"
Van no pudo evitar fijar su mirada en el rostro desconocido, pues buscaba en él indicios de que se trataba de alguien más, pero supo de inmediato que la mujer que ahí se encontraba, no era Hitomi. Se sintió avergonzado por su imprudencia.
- ¿Dónde estoy, qué estoy haciendo aquí?- Preguntó demandante, como era costumbre del Rey de Fanelia. Sólo obtuvo un incómodo silencio por respuesta, el rostro de la mujer revelaba cierta impotencia. "Al parecer, no entiende lo que digo… Debo estar en la luna fantasma, pero… ¿Por qué no está ella aquí?.
- Hola, ¿Oye, no hablas Inglés?
Van oía los sonidos, pero no entendía el significadode las palabras. Tuvo el fatal presentimiento de que sólo había una persona en ese mundo que podía entenderlo y no estaba ahí para ayudarlo. Las fuerzas lo abandonaron. Todo se tornó oscuro nuevamente… Debió quedarse dormido, con el arrullo de las olas.
"""""""""""""""""""""""""""""""""
William echó un vistazo al periódico del día anterior. Sonrió satisfecho, dio un giro de 180 grados en su silla ejecutiva de lujo, para poder observar el paisaje que la enorme ventana (que abarcaba toda la pared) y la ubicación: a 20 pisos de altura; podían ofrecerle. No era una vista espectacular, de cualquier forma; sólo podían verse enormes y elegantes edificios aquí y allá…
Pero William encontraba la belleza en lugares inesperados: Le parecía exquisita la forma en que las grandes ventanas reflejaban la vida, que transcurría fuera de los edificios, y admiraba sobre todo el arte de sus diseños arquitectónicos. Hubiera dado todo lo que tenía ( y eso era mucho) con tal de haber sido arquitecto ¿Por qué no lo fue? Reconocía su falta de talento, y sabía muy bien que Eso, no lo podía comprar…
No. Lo suyo eran las ciencias exactas… Le encantaban desde siempre, y las amaba por ser lo contrario a las ciencias sociales y humanistas. En las ciencias exactas todo se rige por leyes, basadas en axiomas que pueden ser probados… no cambian: 2 y 2 suman siempre cuatro. "En cambio la humanidad" pensaba él.
Amaba al mundo, es verdad, pero hacía mucho tiempo que dejó labúsqueda de una respuesta para la humanidad. Al estudiarla y tratar de entenderla había descubierto que le pareciá demasiado triste.
- Señor - La secretaría interrumpió su contemplación sin preocuparse. Estaba acostumbrada - Nos ha llegado un reporte desde "El Viajero".
William permaneció en la misma posición, dando la impresión de no estar oyendo las palabras de Beg.
- Hace un par de días ocurrió un fenómeno… poco común.
Ante estas dos últimas palabras a William le fue imposible resistirse, giró nuevamente su silla, para prestar toda su atención
- Según la Doctora Vesta… Pudo divisarse un fenómeno luminoso en el sielo… Sin embargo, no había señales de tormenta o algo parecido.
- ¿Eso es todo?
- No señor, también informa que han encontrado a un náufrago. Creen que su aparición pueda estar relacionada con la luz que observaron, pues no había señales de embarcaciones cercanas…
- Muy bien Beg, puedes retirarte.
La secretaría obedeció de inmediato. Al oír que la puerta se cerraba tras ella, William se puso de pie. La oficina era muy grande, tal vez de dimensiones exageradas para ser sólo una oficina. Las puertas eran de madera fina, al igual que el resto del mobiliario, gruesas de tal modo que dentro no se oía ruido alguno, sólo sus pasos cuando se dirigía al librero.
Tomó entre sus manos un vieja caja de madera muy delgada que tenía el aspecto de un libro. Acarició su tapa, con ilustraciones desgastadas por el paso de los años. Le gustaba recordar cómo su abuela le contaba la historia de esa vieja caja. La abrió con cuidado y contempló la joya que guardaba en su interior "La ciudad de los ángeles" pensó con cierta tristeza inundando su rostro. Cerró la caja y volvió a colocarla en su lugar.
"Así que un náufrago" una débil sonrisa asomó a sus labios " No pensé que llegaría tan rápido, no estaba preparado" volvió a su escritorio y presionó un botón del intercomunicador.
- Beg, comuníqueme con el capitán de "El viajero"
Se reclinó en su cómoda silla y volvió a asomarse por la ventana. Había comenzado a llover violentamente. William tenía algunos asuntos que meditar.