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Capítulos 5 y 6
 Capítulo Cinco
Merle, necesito que me digas algo - La voz de Allen resonó en la amplitud de la habitación. Era de mañana y Van no había regresado.
En esos momentos los soldados de Fanelia tenían órdenes de estar alertas, mientras otros, agrupados en cuadrillas, realizaban una búsqueda exahustiva. El castillo estaba lleno de movimiento, podían oírse fuera de la habitación en que se encontraban, el murmullo, el ir y venir de los oficiales, cambios de guardias, entregas de reportes...Allen y Merle sabían que perdían su tiempo, pero ambos tenían razones diferentes para creerlo así.
- Necesito saber si ese hombre, Yolza es realmente de confianza.
- ¡Por supuesto que lo es! El señor Yolza es un buen Hombre. Él fue quien se hizo cargo de organizar nuevamente a los sobrevivientes, cuando se vieron obligados a huir a las montañas, aún cuando él mismo estaba herido. Fue uno de los pocos combatientes que sobrevivieron, y es sin duda un hombre honorable.
- De ser así, debo hablarle inmediatamente.
- Señor Allen ¿Qué es lo que sucede? Señor Allen, sé que para usted puedo parecer tan sólo un animal o una sirviente… Pero señor Allen yo puedo entender si usted me lo dice, por favor, confíe en mi… En este lugar no hay nadie que se preocupe más por el amo Van que yo - La voz de Merle se quebraba en esta súplica, que encontró su camino al corazón de Allen.
- Eso lo sé muy bien - Allen miró con dulzura a la mjer en que Merle se había convertido - y tienes razón, es mejor que tú lo sepas. Merle - Puso su mano en el homro de ella, y mirándola a los ojos continuó - Fanelia puede estar en peligro, es sólo una posibilidad pero…
Merle se sintio débil… "Fanelia en peligro, de nuevo" Allen la hizo sentarse frente a él, e inclinándose prosiguió
- Hace unas semanas llegó un extraño visitante a Asturia y anduvo indagando, acerca de los Riuujins… Nosotros, por supuesto no dijimos una palabra acerca de Atlantis, y Van, pero, tú lo sabes Merle, la leyenda es conocida por cada habitante de Gaea, y hoy, después de la guerra, los rumores acerca de Van y la chica de la luna fantasma…
- ¿Qué quiere decir? ¿Quién era ese Hombre?
- No lo sabemos con certeza. Dijo llamarse Hess
- ¿Hess?
- Lo sé, es un nombre extraño… Es un hombre extraño.
- Entiendo ¿Cree que este hombre tenga algo que ver con mi amo Van?
- Espero estar equivocado en mis sospechas. Es por eso que he venido sólo con los hombres del Crucero. Ni Millerna ni Dryden, ni yo mismo queremos causar una falsa Alarma
- Será mejor que hable con el señor Yolza, el sabrá qué hacer…
Merle fue en busca de Yolza. Su rostro mostraba su evidente preocupación, pero lo que sólo Yolza podría comprender era el dolor que el miedo le causaba.
Sahu la observaba desde un punto en el segundo piso de palacio, su mirada la acompañó a través de la plaza frontal, hasta encontrarse con la de Yolza, y al darse cuenta de haber sido sorprendido, desvió su mirada hacia otro punto.
Yolza rió para sus adentros. Le sorprendía que Sahu tratara de ocultarle algo, cuando sabía a la perfección que era imposible.
- Señor Yolza, el señor Allen tiene algo importante que hablar con usted. Lo está esperando…
- Es verdad, ahora me dirigía hacia allá. Vamos, ven conmigo - Sahu ya no se encontraba ahí cuando lo buscó con la vista. Yolza confiaba en él, ya que en la guerra había quedado huérfano, y él mismo se hacía cargo del muchacho ahora.
Sahu era un Aldeano inquieto que aprendió a pelear sólo por que las circunstancias lo requerían así, para poder defenderse en la soledad. Si las circunstancias hubiesen sido diferentes él sería un felíz campesino, nunca hubiese pensado en ser soldado, pero ahora lo era y debía aprender a comportarse como tal.
Allen mientras tanto divagaba, pensaba en Valgus: Fanelia había sido su hogar y había muerto defendiéndola y protgiendo a Van. Valgus había sido maestro de ambos… Le parecía curioso el darse cuenta de que los dos, Van y él, Tenían vidas tan similares: Su padre había muerto, sus madres habían muerto después de que sus hermanos habían desaparecido y luego aparecido, en circunstancias extrañas…
Celena se encontraba a salvo en Paras, bajo la protección de la princesa Eries. Confiaba en Eries más que en nadie, incluyendo a Gadess, "pero no puedo siquiera comparar" Sonrió ante ese pensamiento. Celena era una hermosa mujer ahora, pero su estado era aún… delicado. No era su costumbre dejarla, pero se encontraba en Fanelia y sabía que no era bien recibida por el rey…
Si a Van le había costado la muerte de Folken para perdonarlo, perdonarla a ella le era aún más difícil. Sabía que no era culpa de Celena nada de lo que habia pasado, que era una verdadera víctima, pero simplemente, no podía olvidar…
Y ahora que ella había dejado atrás a Dilandú… su estado no era lo que Allen hubiera deseado: solía despertar por las noches, y sin hacer ruido se levantaba para evitar dormir y tener pesadillas; la pobre creía que Allen no sabía nada de esto, pero él lo sabía y no decía nada, para no hacerla sentir peor. Era un ser complétamente inocente, sólo buscaba complacerlo a él y a quienes le rodeaban… Era todo lo contrario a lo que le habían obligado a ser.
- ¿De qué quiere usted hablar conmigo? - Yolza interrumpió las divagaciones del caballero Schezar
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No podía entender qué era lo que sucedía. Algo no estaba bien, eso era obvio. Este sentimiento le oprimía el alma.
Hacía calor , pero la brisa del norte era fresca. En otras circunstancias estaría en el jardín, observando la noche y disfrutando del clima, pero no esta noche, en que una parte de su ser se encontraba perdida.
Era como estar parada en medio de la nada, tratando de guardar el equilibrio sobre una vara alta y delgada. Sentía que podía caer en cualquier momento, y esta vez Van no estaba ahí para rescatarla. No se preocupaba tanto por sí, sino por él, porque se sentía impotente, y eso era algo a lo que no estaba acostumbrada.
"Hitomi, tienes que calmarte y pensar… Si sigues así solo estarás desperdiciando energía" Se tranquilizó ella misma "No. No puede ser que se trate de Atlantis… no. ¿Quién? Yo no escribí nada acerca de Atlantis para evitar algo así… pero" tenía la nota del periódico en sus manos " ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué de repente alguien decide buscar? ¿Por qué ahí y no en el Atlántico?" No encontraba respuestas.
Algo, de pronto, le hizo sentir que debía salir de su habitación, así que sin hacer ruido se deslizó escaleras abajo y abrió la puerta del jardín, en busca de una respuesta; pero lo único que encontró fueron recuerdos de su infancia. "Qué distinto era todo entonces, cuando vivía mi abuela"
Se sentó en los escalones de la puerta, apoyando la cabeza entre sus manos " Recuerdo que cuando no podía dormir venía aquí, y ella me contaba historias maravillosas… hacía calor y los grillos no dejaban de rechinar ni un momento. Con algo de suerte podía ver a una rana…
"Hitomi, no debes tener miedo, porque ¿Sabes guardar un secreto? "
Al recordar esto Hitomi sintió un sobresalto , algo se había revelado ante sí, ahora podía entender que su abuela decía la verdad… Lo había dicho sólo para hacerla dormir, pero sabía " y ahora puedo comprenderlo bien" que era algo real.
"¿puedes guardar un secreto Hitomi? No debes tener miedo, por que los ángeles, si existen… "
Sus ojos, ahora fijos en el horizonte, la sensación de impotencia había desaparecido, para dar lugar a la determinación y el valor… presentía que el destino tenía nuevamente una tarea difícil deparada para ellos, pero esta vez estaba lista para enfrentar al destino. Comenzaba a amanecer. Había tomado una decisión.
Capítulo Seis
Eso que dice puede tratarse de algo peligroso, ¿No cree?.
La pregunta de Yolza fue lanzada con la cautela de quien pregunta por la salud de un enfermo, ante el miedo de recibir una mala noticia, pero en realidad la pregunta era sólo para confirmar lo que él sabía ahora de sobra. No mostraba su inquietud, no era su costumbre hacerlo ante nadie.
- Es por eso que temo por la seguridad de Fanelia.
-¿Eso es todo lo que saben acerca de ese hombre?- Necesitaba saber todo lo que este hombre pudiera decirle, aunque no fuera de toda su confianza. Yolza no confiaba en cualquiera, aún cuando el Caballero de Asturia fuese un visitante conocido y amigo además del Rey, no era merecedor de su confianza, para eso primero debía probar que era digno de ella.
- Lamentablemente lo único que pudimos averiguar de él, es que su nombre es Hess.
- No lo conozco, no se ha presentado por aquí. Daré aviso para que sea aprehendido cuando se presente, porque me parece obvio que vendrá, tarde o temprano.
- Tal vez no sea de importancia, pero usted debe entender nuestro proceder. En lo personal me parece demasiado peligroso, y con la desaparición de su majestad mis sospechas sólo pueden incrementarse. Tal vez ya obtuvo lo que buscaba…
- Haré que se informe a la población de inmediato. ¡Sahu!
- ¿Sí Yolza?… A sus órdenes señor - Sahu entró en la habitación sin observar siquiera a quienes estaban dentro,después de haber estado esperando en el corredor por un largo rato.
- Necesito que informes al Capitán Bastet que estamos en una situación de emergencia, y pídele que reúna a las tropas para dar instrucciones. Debemos mantener vigiladas las Fronteras y mantener resguardado a Escaflowne. La población no debe saber de la desaparición del rey, si se nota su ausencia tendremos que decir que se ha ido a Asturia, acompañado por el Caballero Schezar
Allen reconoció en Yolza a un gran líder. Era muy inteligente de su parte haber pensado en Escaflowne, que seguramente correría tanto peligro como lo corrió en la Gran Guerra. No sabían qué era exactamente lo que ese hombre quería
- Muy bien señor
Sahu se dirigió a la puerta, pero antes su mirada reparó en Merle, y ante este descubrimiento precipitó su salida.
-Es muy joven - Comentó Allen, sonriendo, pues la escena le había parecido un tanto chusca.
- Muy joven, pero es el mejor en su rango…
- Claro, los demás murieron - Comentó Merle, con cierto desprecio en su voz.
- Merle, no deberías juzgarlo tan duramente, Sahu es un joven noble y en el fondo te aprecia.
Merle lo miró con incredulidad - Muy, muuuy en el fondo…
-Pues, por lo que vi yo no diría eso - El comentario de Allen la hizo enrojecer de coraje.
- Es mejor que me retire
Merle salió de la habitación. A pesar de que el clima era frío ella había omenzado a sentir calor ahí dentro, y necesitaba respirar aire fresco "Una caminata no me caerá mal…"
Caminó un buen rato por los jardines, hasta llegar a una balaustrada que remataba una pendiente. Se apoyó en ella, inclinándose para ver la ciudad. El sol se deslizaba rápidamente por el cielo, plagado de nubes blancas "Como pueden decir esas cosas… Sahú ¡ ja! Sanguijuela engreída…"
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La copa vacía en su mano había captado toda su atención. La sostenía entre sus dedos con firmeza, observando cada detalle, definiendo cada línea y delineando con fuerza la curva que la hacía ser una copa. Luego examinó la transparencia del cristal, que se transformaba en un juego de colores al mirar a través del dibujo que el artista había impreso en ella.
La vista era, sin duda, el sentido que más apreciaba, porque le permitía maravillarse cada día con el descubrimiento de lo más sencillo y de la belleza que otros no alcanzaban a ver.
Eso era en parte lo que le hacía sentir tristeza por la humanidad: La incapacidad de ver lo más hermoso, lo bello en lo sutil de los detalles que Dios nos regala día a día, y que brindan instantes de felicidad. Los momentos se forman de instantes y los momentos forman la vida.
Volvió a llenar su copa y a acomodarse de la mejor manera en el sillon. La habitación sólo estaba iluminada por una puerta corrediza de cristal, detrás de él a su izquierda. La tarde caía, así que no podía verse mucho ahí adentro.
William no tenía muchos amigos, pero eso no le molestaba, porque él se percibía a sí mismo diferente, pero para su beneplácito. Era muy joven y había logrado amasar una impresionante fortuna, por si sólo a los 27 años de edad: Era un genio, todos lo sabían, se comentaba aquí y allá a su alrededor.
Desde hacía un año era un genio en orfandad, suceso que le hizo aún más rico; tras la muerte de su padre heredó su fortuna… Pero lo que más valía para él era aquella caja en forma de libro y lo que ella contenía, y lo que gracias a ella había logrado descubrir.
"No hay nada más triste que no saber quién eres" pensaba William, y Gracias a esta herencia había descubierto quién era él.
El aire olía a tierra mojada, hacía frío y el amiente estaba cargado de humedad" El vino sabe mejor cuando hace frío… Su calor inunda el sentido del gusto… el paladar, la garganta y todo lo que toca en su camino"
"Así que es un hombre. Es él, sin duda…" El reporte más reciente que el capitán de "El viajero" había enviado se encontraba frente a él, en la mesa de cristal. A su lado, se encontraba un pequeño libro, mostrando la contraportada, en la que aparecía la fotografía de una mujer: la autora. "Me pregunto cuánto más tardará ella"
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A través de esa ventana la joven observaba con genuino interés a los paseantes: gente común que transitaba por las calles, ocupada en diversos menesteres; niños traviesos que corrían de un lado a otro, jugando un juego desconocido para ella. Sus ojos azules se llenaban de deseos de conocer esos juegos. Los sonidos de la naturaleza se mezclaban con esos gritos de diversión infantil y con el ir y venir de los demás en sus ocupaciones cotidianas, sus voces y sus pasos de muchedumbre.
Su cabeza reposaba entre sus manos, a la altura de las mejillas. Su mano derecha comenzó de pronto, sin pensarlo, a acariciar su mejilla con ansiedad, como si buscara algo que debiera estar ahí… Sus ojos azules revelaban angustia por lo que pudiera encontrar, pero suspiró con cierto alivio al darse cuenta de que no había tal cicatriz en su rostro. Sin embargo el miedo aún estaba ahí,su pulso acelerado y la palidez en su rostro. El miedo, lo sabía bien, venía de dentro de sí misma… ese miedo que no la dejaba dormir por las noches y que no podía entender.
Aún persistía en ella la fascinación por el fuego… pero no en la misma forma, pues al descubrir tal atracción no pudo evitar atemorizarse al darse cuenta de que no podía dejar de observarlo con detenimiento, embebiéndose en ello. Evitaba hacerlo, para no trastornar a Allen. Celena sabía que no era normal… pero esa anormalidad no era visible, no. Se trataba de algo muy dentro de sí, de su mente, de su alma.
Tenía miedo de sí misma y eso no lo podía comprender… Recordaba recuerdos que no le pertenecían y le hacían sentir que iba a enloquecer… pero luego todo estaba bien: una visita al espejo, una sonrisa de su hermano y ahí junto a él, su protector y guardián, se sentía tranquila y podía descansar.
Pero en su ausencia todo era distinto: Se sentía insegura, ante el presentimiento de lo que había sido capaz de ser.
"Hermano, Vuelve pronto por favor" La tristeza era tan grande que dolía.
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