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Capítulos 11 y 12
Capítulo Once

Van observaba sin interés alguno los peces que saltaban a lo lejos saliendo del agua,  y volviéndose a ocultar en el verdeazul del océano.

- Bonito pendiente

Van atrapó su mano antes de que ella pudiera tocarlo, mirándola con fuerza a los ojos, haciéndola enrojecer.

Había algo en esa mujer que a Van no le agradaba. La forma en que lo observaba  y cómo aparecía de pronto, sin dejarse notar, de una manera que ni siquiera Merle había logrado nunca… y sin embargo agradecía contar con su compañía, pues dentro de sí sentía que podía confiar en ella, al menos eso era lo que podía pensar al ser ella la única persona que realmente se había acercado a él.

El resto de la tripulación lo veía con desconfianza y cierto recelo. Nninguno deseaba perder su tiempo con él, quien nisiquiera hacía ya el intento de hablar. Se había encerrado dentro de una pared de silencio que sólo Jennifer se atrevía a romper, con sus ojos grises siempre llenos de curiosidad, siempre examinándolo… tal vez ella no se daba cuenta de que lo incomodaba, y él tampoco hacía algún esfuerzo por hacérselo saber.

En ese momento, cuando sostenía  su muñeca pudo percibir un súbito temor en ella, pero no hubo tiempo de reaccionar, pues el pendiente en su pecho comenzó a brillar de extraña manera, despidiendo no sólo luz sino cierta clase de energía que hizo a Van liberarla y  que Jennifer se alejara unos cuantos pasos atrás, sin poder comprender qué sucedía

- ¿Qué es eso? - Jennifer, impresionada por lo que veían sus ojos, se impresionó aún más al percatarse del súbito cambio en el ambiente, su mirada se llenó de certeza, de certeza de que el hombre frente a ella poseía un poder desconocido y sorprendente - ¡Tú! ¿Quién eres tú?!

"¿Hitomi?" fue lo primero que cruzó por la mente de Van, pero casi de inmediato se percató de que todo a su alrededor comenzaba a cambiar repentinamente. El mar comenzó a embrabecerse y el cielo se pobló de nubes de tormenta que aparecieron de la nada. La tripulación corría de un lado a otro de la embarcación, siguiendo las instrucciones de su capitán, quien las gritaba sin perder el control. El viento del norte comenzó a soplar con más fuerza aún, haciendo de ellos lo que un niño con un barco de papel.

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Miedo. "Él tiene miedo". El miedo parecía haberse convertido en algo más que un sentimiento, más allá de una elocubración, y envolver los sentidos. La noche lo envolvía todo en oscuro manto y ella, desde su cama pensaba, aún sin abrir los ojos, pues temía lo que no podía ver.

"Él tiene miedo"… los gritos de los hombres al ser embestidos por la espada, la sensación de la sangre ajena en su ropa… y esa mirada en los ojos de su hermano "tiene miedo… de mí". Recordó el ímpetu, la fuerza encegucedora que la arrastró a blandir la espada, los rostros de aquellos hombre gritando sus últimas palabras de dolor, maldiciendo la espada que ella blandía con furia, con una furia que no era suya.

Abrió los ojos: cualquier cosa que pudiera ver no podría ser más horrible que sus recuerdos. Buscó sus manos, observándolas con angustia, como si fuesen las de un desconocido, esperando encontrar la sangre: nada. Habían sido lavadas por su hermano, que al parecer había decidido retirarse a descansar.

Comenzó a llorar con gran pena, en silencio, como había aprendido a hacerlo desde su regreso, como lo hacía cada noche, como lo hacía cada día de su vida sin saber porqué. Limpió sus lágrimas y se incorporó, sin hacer ruido. Salió de ahí, ayudándose de las paredes para sostenerse y no caer en la oscuridad del pasillo.

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Sahu meditaba frente a una ventana. Las mandíbulas fuertemente apretadas, reprochándose sus errores, sin dejar por un minuto de pensar en la humillación. Pero no era eso lo que le dolía, sino el haberse visto en la necesidad de luchar. Deseaba con fuerza volver a Fanelia, no deseaba luchar, nunca fue su deseo.

Cerrando los ojos podía recordar las imágenes de su familia en el campo. Ayudando a su padre con los animales, y a su madre con sus pequeños hermanos… pronto el humo nubló sus recuerdos, invadiendo no sólo sus ojos, sino el aire que respiraba, causándole la sensacion de asfixia… y ¡los gritos!… Sahu corrió tan rápido como pudo contra la muchedumbre que huía hacia las montañas… demasiado tarde…

Abrió los ojos, pero la imagen estaba ahí, frente a él… podía sentir el calor del fuego en su rostro, aún cuando en la realidad, el cristal en que apoyaba su mano se encontraba frío. Podía ver el fuego,  y el olor a quemado llenaba su respiración, causándole asco. La luz de las llamas danzaba caoticamente ante sus ojos. Frente a él,  se encontraba el cuerpo sin vida de su madre, quien murió trantando, si suerte, salvar la vida de sus hijos más pequeños, quienes yacían junto a ella también, como si fuesen sólo muñecos de trapo… Sahu cerro con fuerza los ojos nuevamente, tratando de evitar el llanto, dejando escapar una lágrima que ya era imposible detener. Volvió a abrir los ojos y elevó la vista al cielo, que se abría a través de la ventana.

Pronto un ruido atrajo su atención hacia el pasillo lateral, donde enmedio de la oscuridad pudo ver una figura a punto de desplomarse, así que se apresuro a atraparla en sus brazos, pero ambos terminaron en el suelo: Celena en brazos de Sahu, quien logró evitar que se lastimara al caer.

- ahh… lo siento - Se disculpo ella
- ¿Se siente bien?
- Ah… al parecer ha sido simplemente un mareo, pero ya ha pasado.

La respiración de Celena era un poco esforzada y sus ojos miraban a la lejanía en lugar de verlo a él. Sahu en cambio inspeccionaba la delicadeza de sus facciones, y la transparencia de sus ojos atrajo con tal fuerza los suyos, que no podía evitar mirarlos fijamente, incluso cuando ella al fin correspondió a esta mirada.

- Permítame llevarla a una habitación

- ¡No! no…por favor, estoy bien. En verdad, puedo sostenerme.

- Dejeme ayudarla entonces- Celena se incorporó, apoyándose en Sahu, quien pasó su brazo alrededor  de su cintura. Pronto Celena se sintió bien para sostenerse por sí sola y se adelantó hacia la ventana.

- Ha anochecido ya…- su mano acarició el cristal de la ventana, como desenado acariciar el mismo cielo. Sahu no dijo más nada, sólo podía contemplarla: una figura tan fina, llena de gracia… y esos ojos que parecían explorar lo que veían con una avidez casi infantil, e incluso el peinado que había cedido ya, dejando caer algunos cabellos, haciendola lucir  bella e inocente.

- Mi nombre es Sahu Astat Kadriu,  al servicio del reino de Fanelia y  a sus órdenes - Interrumpió la contemplación de Celena quien volteó el rostro para verlo, volviéndo complétamente en sí, como si apenas despertase de su sueño. Le dirigió una dulce sonrisa y se presentó:

- Yo soy Celena Schezar… - No terminó de hablar cuando se percató que algo ocurría a lo lejos

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- Veo que te has hecho cargo muy bien, tú sola

- Mmmm, cuando se ha trabajado tanto tiempo en estas cosas, una aprende a hacerlo bien- Merle respondio con un pequeño ronroneo y una débil sonrisa. Eries no podía evitar sentir cierta ternura por ella, y al mismo tiempo admirarla. Era muy bella, graciosa y hábil, sabía cuidar de otros y también de sí misma. Era libre de hacer, de aprender, de amar…

- Fanelia… ¿Es ahí a dónde nos dirigimos?

- No, no podemos regresar a Fanelia… ¿Qué diablos! - El rostro de Allen mostraba su sorpresa mejor que sus palabras.

- ¡Vaaan! - Merle deseaba pensar que esa luz que se veía a lo lejos traía consigo a Van, antes que otra cosa.

- ¡¡Gadeth!! ¡Fija el rumbo, nos dirijimos hacia el norte!

- ¡A la orden jefe!

En su corazón Allen deseaba tanto como Merle que esa luz significara el regreso del rey de Fanelia. En eso pensaba cuando su vista pasó del punto donde había aparecido la columna luminosa, hacia un lado, donde vio a Celena y a su acompañante

¡Celena! ¿Qué haces fuera de la cama?

Celena se limitó a seguir observando a través de la ventana hacia donde el pilar de luz había desaparecido hacia tan sólo un momento, hasta que Allen se aproximó a ella y tocó su hombro, entonces volvió su rostro y lo miró a los ojos

Hermano…- Bajó la mirada, meditando acerca de la verdadera pregunta "¿Qué me ocultas? ¿qué es lo que te hace temerme así?" Volvió a dirigir la vista hacia la ventana, percatándose de que no tenía el valor para hacerla - ¿Qué ha sido esa luz?

No lo sabemos, hacia allá nos dirigimos ahora… podría tratarse de Van

¿El rey de Fanelia? - Sahu rompio su largo silencio, sorprendido

¿Van! - "Van, Van,Van, ¡VAN!…" Confusos borrones del pasado.. de un pasado inexistente… La expresión de Celena cambió drásticamente, sintiendo que un calor interno la envolvía, como si un impulso en su interior la lastimara. Se llevó una mano al pecho y otra a la frente, recorriendo con fuerza su rostro, frotando su mejilla

Sahu sintió  una preocupación que no había sentido antes, un temor confuso de que algo pudiera sucederle a Celena - ¿Se encuentra bien?

-¡Celena! - Allen la rodeo con sus brazos, hasta que la sintió nuevamente en calma. Ella, desde la seguridad de sus brazos elevó la mirada hasta encontrar los azules ojos, llenos de preocupación del caballero Caeli, y con voz trémula sólo preguntó una cosa:

¿Por qué hermano? - Él sólo la estrechó con fuerza, acariciando su cabeza. Recordó la presencia de Sahu, quien contemplaba la escena conmovido, tal  vez deseando ser él quien la tranquilizara. Los dos intercambiaron miradas, como sellando un juramento sin palabras, un pacto de honor que obligaba a Sahu a no hablar , a no decir nunca lo que acababa de presenciar.

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La llama de la vela jugueteaba entre las paredes de Cristal que la contenían, como danzando al compás del viento de fuera, que mecía violentamente las copas de los árboles. El discontinuo destello hizo que abriera los ojos. Contempló la llama or unos instantes, aún un poco adormecida, inspeccionó todo a su alrededor.

 Era una amplia habitación, cuya única iluminación eran esa vela y la luz que penetraba por la ventana frente a ella. Cerro los ojos un momento y aspiró profundamente, como si deseara saborear el aliento de la tierra. Al fin abrió los ojos y se inclinó un poco para ver el cielo a través de la ventana.

¡Gaea!

Se levantó rapidamente y se aproximó al cristal que la separaba de la intemperie, acariciándolo, percatándose de que no había forma de abrir la ventana. Tras contemplar el paisaje de atardecer, se volvió para tratar de encontrar una puerta, una salida, pero la luz de la vela no iluminaba la gran habitación por completo. Tomó la vela entre sus manos y caminó alrededor de la habitación encontrando la puerta, sólo para corroborar que se encontraba cerrada. Así que, apoyando su espalda contra la puerta se tiró al suelo, abrazando sus rodillas, y continuó observando a través de la ventana el anochecer en Gaea; conteniendo dentro de sí el deseo de Gritar, el deseo de desvanecerse y convertirse en polvo, para poder dejarse a la voluntad del viento, el viento que, tras el cristal de la ventana, mecía las copas de los árboles, en la azúl noche de Gaea.

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