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La muerte Ajena, Propia y Fingida
Movíanse sus labios para pronunciar inentendibles palabras, que más tarde yo repetiría a la hora de mi muerte. Sus manos, heladas por el sudor que las cubrían, trataban desesperadamente de aferrarse a la vida por medio de las mías: estaba muriendo.
Yo sentía el estremecimiento recorrer todo mi cuerpo al verle así, sumido en la profunda oscuridad de la muerte, que no quería dejarle a mi lado.
No hubo funeral, sólo el entierro solitario en un recóndito paraje, donde yo le haría compañía en su último adiós: 23 de octubre, la fecha.
Así mis días pasaron: tristes, lúgubres... y su habitación se convirtió en la mía. Sólo había silencio y yo moría, lento, callada y sin dolor... pero mi alma carcomida no soportaba más, cada día me pesaba más llevarla conmigo. Un día, cansada mi alma de tal sepulcro en vida, se fue de mí, huyo y se liberó, y yo me quede sin alma, sin vida y sin amor.
Mi vida era fingida: una mentira dolorosa, hasta que ya no pude soportarlo... lo mío no podía llamarlo vida. El viento movía las hojas de los árboles, y estas caían lentamente, dnado vueltas en su trayectoria hasta el suelo. Entonces me dí cuenta de que estaba sola. Y mi más grande miedo se convirtió en cierto... mis lágrimas gritaban a cada momento ¡estás sola! ¡estás sola! y sin contenerme yo también me repetía ¡estás sola!
toda mi vida pasaba ante mis ojos, confusos borrones del pasado, me dí cuenta de mi destino y me estremecía al pensarlo... pero ya no importaba. Mi vida sin rumbo, mi enferma silueta se dibujaba en el suelo cubierto de hojas, frente a mi tumba que decía con oscuras letras: ha muerto en un dia de octubre, 23 de Octubre la fecha correcta.
Estaba mi tumba llena por una muerte fingida, pero verdadera.