Fernando González, el príncipe de París
 

        La fama le llegó de pronto, pero hace mucho que su talento le ha permitido triunfar. Fruto del sacrificio, con la ayuda de sus padres y en la soledad de sus viajes, maduró su tenis que ya deslumbró en Francia.

        Fernando González es un buen ejemplo para confirmar que el determinismo histórico se da.

        Sus padres fueron tenistas y compraron una casa frente a un club de tenis. Lo lógico era que el hijo fuera tenista. Sólo
el destino le agregaría el adjetivo "bueno". Pero para llegar a eso fue necesario muchísimo trabajo, el espíritu aventurero de su familia y la dosis de suerte que toda empresa necesita.

        De bueno, Fernando González pasó a ser un campeón, tras lograr las coronas en singles y dobles de Roland Garros.

        Se siente afortunado. Tuvo la oportunidad de surgir y ser alguien en el tenis, cosa a la que no todos tienen acceso. Eso sí, sin su talento, ningún esfuerzo habría servido de mucho.

        "Fernandito" Ya a los siete años era campeón de menores de 10. Claudio González le enseñó a jugar tenis y de ahí muchos técnicos estuvieron con él : Alvaro Santander, "Pipo" Puelma (el primer coach de Marcelo Ríos) y los del rancho de Hans Gildemeister.

        En el ambiente hablaban de "Fernandito". Porque era un niño y también para diferenciarlo de su padre, del mismo nombre, ex tenista y presidente del Club La Reina. Se anunciaba como niño prodigio, pero veían que en Chile eran pocas las oportunidades que tenía de surgir. El tenis chileno vivía con el recuerdo de dos generaciones brillantes anteriores, pero con un presente oscuro.

        Cuando la Federación de Tenis iniciaba un proyecto con Francisco Ruiz, Patricio Delgado, Gabriel Silberstein y Marcelo Ríos, la familia González vislumbró el potencial talento de "Fernandito" y estudió la opción de no desperdiciarlo. La oportunidad de ir a Estados Unidos se dio y la tomaron de inmediato.

        En 1992 viajaron a Florida para establecerse en Key Biscayne, allí mismo donde se juega el Lipton. Fue cuando Fernando tuvo la posibilidad de ver a su ídolo Stefan Edberg, en vivo y en directo.

        Se vislumbró el primer cambio, ya que el tenista vivía en La Meca del tenis. Después, se le hicieron habituales las canchas de cemento, donde pudo alternar el juego de ataque con el de fondo típico de la arcilla. Su buen servicio, su potente derecho plano y su revés a una mano le permitían acercarse con mayor facilidad a la red que en la tierra batida.

        Las canchas verdes pasaron a ser sus favoritas.

                   "Siempre me gustó salir a buscar el punto y no esperarlo. Desde chico
                   recuerdo haberle pegado palos a la pelota. Me ayudó mucho estar en
                   Estados Unidos, así como también me sirvió el volver a Chile", explica.

        "Fernandito" aparecía por Chile en los veranos, para jugar la Copa Milo del circuito Cosat. Mamá Patricia lo acompañaba y el departamento de la abuela materna, en la Villa Olímpica, era el centro de operaciones. Allí se ganó el torneo en la categoría 16 años, pero cuando aún tenía 14. Su padre lo acompañaba en los periplos europeos. Pasó a integrar las selecciones para los sudamericanos y siempre fue campeón. En Guayaquil ganó el de 14 (con Luis Becerra y Carlos González); en Porto Alegre, el de 16 (con "Charly" González y Nicolás Massú), y en Bogotá su último de 16 (con "Charly" y
Luis Hormazábal).

                   -¿En Brasil fue donde Massú le dedicaba los puntos al público?.

                   -Sí. Sólo Massú puede hacer algo así. Cuando terminó el partido de la final
                   contra Brasil le empezó a hacer señas al público de que se habían quedado
                   callados. Imagínate que le gritaron. -¿Es buen amigo Nicolás?.

                   -Sí. Es un personaje. Me hace reir mucho. Una vez, jugando en Wimbledon,
                   estaba tan embalado por salir que empujó a Sampras y casi lo botó. Yo
                   estaba en el baño y cuando salí me contaron. Massú no sabía dónde
                   meterse Con él jugamos los mismos torneos en 1995 y 1997. Es un buen
                   amigo, como también lo es el "Yogurt" de Mora (el encordador Exequiel
                   Carvajal).

                   -¿El los cuidaba en las giras?.

                   -A veces era peor que nuestros papás, pero siempre lo hizo porque nos
                   quería. El nos ha visto crecer a todos: al "Chino", a Massú, a mí y todos lo
                   queremos. Es un excelente encordador y un gran amigo. Esta es la primera
                   gira que no estoy con él.

                   -A lo mejor era la mala suerte.

                   - Ja, ja, ja ¿A lo mejor? No lo había pensado Pero no, él fue conmigo al
                   Banana Bowl, donde no perdí ningún set Aunque el se vino en semifinales
                   ¿Podría ser? Incomodidad -¿Supongo que ahora todo el mundo te
                   reconoce en las calles?.

                   -Sí. Me siento incómodo. Es que se dio todo tan rápido. Después de la
                   Copa Davis algo me reconocían, pero ahora, en todas partes. El otro día fui
                   a la inauguración de un pub y no podía sentarme a conversar. Todo el mundo
                   se acercaba. El dueño me invitó a que fuera con mis amigos al día siguiente y
                   que me iba a anunciar en la radio -¿Y eso te desagrada?.

                   -No, pero me incomoda. Como que no soy yo mismo. Es que fue tan rápido
                   el cambio.

                   -¿Vergonzoso?.

                   -A veces. Otras soy car`epalo. El problema es que la fama conlleva que se
                   metan en tu vida privada que inventen cosas -Hablando de vida privada,
                   ¿estás pololeando?.

                   -No, hace tiempo que no.

                   -¿Sabías que tienes muchas admiradoras?.

                   -(Risas) Bueno, espero tener tiempo para todas.

                   -¿Tienes algún ideal de mujer?.

                   -Que sea rica.

                   -¿Con algún atributo especial?.

                   - No. Que sea rica no más.

                   Roland Garros -¿La experiencia de Copa Davis en Argentina sirvió
                   para aprender a superar momentos complicados?.

                   -Tenísticamente no, pero me sirvió para saber afrontar los "cagazos".

                   Los he tenido, pero sé que puedo salir de ellos. Cuando estás tan
                   presionado, tensionado y con todo en contra, es como no sé. Si superas
                   eso, consigues la mejor sensación que te puede dar el tenis.

                   -¿Como el triunfo de semifinales de Roland Garros, después del 0-5
                   en el tercer set ante el ruso Derepasko?.

                   -Sí.

                   -¿Sientes que te falta una mayor regularidad?.

                   -Es que depende de tantos factores. Cuando jugué Copa Davis me tomó de
                   improviso. Tenía una camiseta con cuello en el bolso por si acaso. Tomé un
                   desayuno pesado y eso, sumado a la fatiga... Contra Derepasko tomé
                   desayuno mucho antes y me quería morir. La lluvia me salvó. Y en la final, lo
                   hice normal y no tuve inconvenientes. Por ejemplo, antes de la gira no metía
                   ningún servicio, pero empecé en Milán y anduve cerca del ciento por ciento.
                   Creo que el mejor referente de mi juego es el segundo servicio. Cuando no lo
                   meto, no estoy en mi día.

                   -Impresionó lo acertado y violento del "Gran Willy" (responder con la
                   raqueta entre las piernas) que le puso a Ferrero en la final.

                   -No me quedaba alternativa. Fue en un momento que me tenía loco
                   tirándome al revés arriba. Estaba 6-4, 2-0 e iguales, arriba él y sacándome.
                   Me hizo un globo con top, salí corriendo con todo y le pegué bien desde
                   atrás. Salió súper rasante. Casi siempre lo meto, pero te lo ganan fácil en la
                   red. Ahora iba muy fuerte y rasante.

                   -¿Fue como hacer un gol de chilena?.

                   -Sí. Además que fue sicológico Pero hay que decir que sin suerte ese tiro
                   no resulta y yo tuve mucha.

           De la irreverencia de intentar una jugada mágica en un momento complicado, Fernando González se traslada al joven sincero y abierto que siempre ha sido. Sobrepasa el 1,85 metro de estatura, sus golpes son más potentes, pero sigue teniendo la cara de niño. Pese a ello, para su madre seguirá siendo "Fernandito" . En el tenis será Fernando González, integrante de Copa Davis, futuro tenista profesional y el primer chileno que ganó dos títulos en las canchas de Roland Garros.
 

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