Variabilidad y biología de los Iberodorcadion de la Sierra de Guadarrama (España)




Con más de 35.000 especies descritas, la familia Cerambycidae es una de las más numerosas dentro del orden Coleoptera, encontrándose repartida por todo el mundo, aunque de forma considerablemente más abundante en las regiones tropicales del globo.


Encuadrados sistemáticamente dentro de la superfamilia Chrysomeloidea, los Cerambycidae poseen ocho subfamilias, cinco de ellas presentes en la Península Ibérica.


A partir del escaso registro fósil conocido, su origen se establece en el jurásico tardío, momento en que el tronco de los primitivos Chrysomeloidea se escinde en tres grupos que llegarán hasta nuestros días como Cerambycidae, Bruchidae y Chrysomelidae.


Como señalan PANIN & SAVULESCU (1961), se puede indicar como comienzo de los estudios científicos sobre cerambícidos la aparición en 1758 del Systema Naturae, ed. X de Linneo, en el que todas las especies de este grupo se agrupan en los géneros Cerambyx, Leptura y Necydalis. Podemos remitirnos a esta obra de PANIN & SAVULESCU (op.cit.) para encontrar una referencia histórica del estudio de este grupo de Coleópteros.


Con respecto a la fauna ibérica, es de destacar que el único catálogo general de coleópteros (DE LA FUENTE, 1918-1936), se interrumpe al llegar a los primeros géneros de Cerambycidae. El resto de publicaciones posteriores hacen referencia a zonas muy determinadas de la península (principalmente Cataluña y Portugal), hasta que en 1984, VIVES publica Cerambícidos (Coleoptera) de la Península Ibérica y de las Islas Baleares, primer catálogo completo de nuestra fauna de Cerambycidae. En esta obra podemos encontrar una relación de los principales estudios generales realizados sobre este grupo en la Península Ibérica.


En la fauna ibérica se distinguen seis grupos de especies según su distribución (VIVES, 1984):

a) Grupo boreal-ártico, con representantes en los Pirineos y alguna presencia localizada en la zona cantábrica y Sistema Central.
b) Grupo centroeuropeo, localizadas en las regiones de bosque húmedo.
c) Grupo mediterráneo, distribuido por toda la Península Ibérica, pero con mayor presencia en la región mediterránea y menor hacia el Cantábrico.
d) Grupo bético-rifeño, que aparece principalmente en la mitad meridional de la Península.
e) Endemismos ibéricos.
f) Especies ubiquistas.



Al igual que en la fauna francesa (VILLIERS, 1978), lo primero que destaca de la composición faunística ibérica es la gran abundancia de tribus y géneros en comparación con el número de especies existente. Esto se debe a que, como ya hemos comentado, los Cerambycidae son esencialmente una familia tropical, cuyos representantes europeos son, en su mayor parte, especies relictas de etapas geológicas más calurosas.


De esta forma, son pocos los grupos que presentan un origen paleártico, destacando entre estos últimos la tribu Dorcadionini Thomson, 1860, con cuatro géneros y un elevado número de especies, así como multitud de subespecies y formas infrasubespecíficas descritas. La tribu mantiene una distribución paleártica y todas las especies presentan apterismo. Un trabajo fundamental en el estudio de este grupo es la revisión de la tribu realizada por BREUNING (1962), pudiendo destacar, más recientemente, el trabajo de CHEREPANOV (1983), donde se aportan interesantes observaciones sobre la biología de los Dorcadionini norteasiáticos.


El taxón Iberodorcadion, prácticamente limitado a la Península Ibérica, fue establecido por Breuning como subgénero de Dorcadion en 1943, basándose para ello en la peculiar forma del edeago, siendo posteriormente elevado al rango genérico por VIVES (1976). Las dos obras que podrían considerarse básicas en el estudio de los Dorcadionini ibéricos, son la revisión de la tribu realizada por BREUNING (1962) y la revisión del género Iberodorcadion de VIVES (1983). La fauna ibérica de este grupo de cerambícidos fue estudiada exhaustivamente a finales del siglo pasado y primer cuarto del actual, aunque de forma parcial y casi exclusivamente descriptiva, por parte de destacados entomólogos que contribuyeron considerablemente a su conocimiento, describiendo la mayor parte de las especies conocidas. Entre ellos podemos destacar a ESCALERA (1900, 1901a, 1901b, 1902a, 1902b, 1908, 1911, 1914, 1924), GRAËLLS (1849, 1858), PIC (1898, 1900, 1910), CHEVROLAT (1862, 1870), DE LA FUENTE (1903), LAUFFER (1898, 1901, 1911), SCHRAMM (1910,1911) y PÉREZ ARCAS (1874), entre muchos otros. A partir de 1925 son pocas las obras existentes sobre la fauna ibérica de Dorcadionini, destacando, además de la revisión de la tribu (BREUNING, opus cit.), el trabajo de LAGAR (1963) sobre los Dorcadion Dalman, 1817, de Cataluña, los de HEPP (1934) y QUENTIN (1951) sobre algunos aspectos de la biología de Iberodorcadion (Iberodorcadion) fuliginator (Linné, 1758) y otros sistemáticos o faunísticos como LEPESME (1949), BREUNING (1967, 1976), VIVES (1976, 1979, 1983) o GFELLER (1987). Mas recientemente podemos citar los trabajos del autor (HERNÁNDEZ, 1990, 1991a, 1991b, 1991c, 1991d, 1994; HERNÁNDEZ & ORTUÑO, 1992, 1994) así como los de BAHILLO DE LA PUEBLA (1993) y VERDUGO (1993b, en prensa).


En cuanto a la biología de la familia Cerambycidae, la totalidad de las especies son fitófagas, mayoritariamente xilófagas, muchas de las cuales excavan en estado larvario galerías características en los troncos sobre los que se desarrollan. Esta exclusividad hace que su dispersión se encuentre íntimamente ligada a la distribución de la vegetación, así como a la climatología de cada región.


La práctica totalidad de las especies poseen alas bien desarrolladas en ambos sexos, mientras que algunos grupos (p.e. Dorcadionini) se encuentran totalmente incapacitados para el vuelo, debido a una atrofia alar que reduce el segundo par de alas a unos esbozos sin ningún tipo de nerviación y completamente inútiles para el desplazamiento aéreo.


Los factores considerados en los dos últimos párrafos determinan los dos tipos principales de dispersión en los Cerambycidae; en primer lugar el vuelo, que como método activo, presentan la casi totalidad de las especies; en segundo lugar las especies xilófagas presentan además un método pasivo: el transporte, principalmente de huevos, larvas y ninfas, en troncos de árboles o en maderas ya cortadas que son distribuidas por todo el planeta por la actividad comercial humana.


De esta forma, encontramos especies cosmopolitas, que aprovechan los dos tipos de dispersión y que se encuentran presentes prácticamente en todas las regiones del globo, frente a otras (como de las que se ocupa el presente trabajo) que careciendo por un lado de un desarrollo alar que les permita el vuelo y, por otro, no desarrollándose sobre maderas de interés comercial, presentan una distribución mucho más reducida, llegando incluso a estar limitada a un único sistema montañoso o a parte de él. Como ejemplo del primer caso podemos citar a la especie de Cerambycinae Hylotrupes bajulus (Linneo, 1758), que siendo de origen europeo se encuentra actualmente distribuida por prácticamente todo el planeta; presenta alas metatorácicas desarrolladas que permiten el vuelo y se alimenta de maderas muy secas e incluso trabajadas, principalmente muebles y recubrimientos domésticos de pino. Como ejemplo del segundo grupo podemos referirnos a las especies estudiadas en el presente trabajo, con el segundo par de alas atrofiado y alimentándose de gramíneas de montaña que no soportan ningún tipo de actividad comercial y cuyas larvas viven en el suelo; estas especies se encuentran muy poco extendidas, de hecho, la totalidad de especies del género Iberodorcadion, a excepción de Iberodorcadion (Iberodorcadion) fuliginator (Linneo 1758) e I.(Hispanodorcadion) molitor (Fabricius, 1775), son endémicas de la Península Ibérica. Como caso extremo entre las especies estudiadas, I.(H.) perezi (Gräells, 1849), aparece, por el momento, únicamente en una pequeña zona cercana al municipio de El Escorial (Madrid).


Es evidente que a la expansión de una especie contribuyen multitud de factores además de la mera posibilidad de movimiento, como son tolerancias ecológicas, fenómenos de competencia, predación y parasitismo, etc., pero como señala VILLIERS (1978), las especies ápteras, con larvas que viven en el suelo en lugar de en troncos de árboles, presentan una menor dispersión y, por lo tanto, una distribución más estable; PICARD (1929) señala a su vez, que la mayor capacidad de expansión en los Cerambycidae alados produce una mayor uniformidad de las especies debido a la facilidad de intercambio interpoblacional, mientras que la menor capacidad expansiva de aquellos Cerambycidae que son ápteros, origina una mayor variabilidad, que se traduce en un elevado número de especies, subespecies y razas geográficas.


Esto último es lo que ocurre con el grupo de los Iberodorcadion, siendo el género presente en la Península Ibérica que presenta un mayor número de especies y formas infraespecíficas entre todos los Cerambycidae.



Debido a todo lo expuesto, el género Iberodorcadion representa un grupo de Cerambycidae muy característico por cuatro factores fundamentales: en primer lugar, presentan un origen paleártico, poco común en la familia. Por otro lado, la ausencia de vuelo debida a la atrofia alar, produce una movilidad muy reducida a estos pequeños insectos, hecho éste que se ve magnificado por el tipo de alimentación que presentan, basado exclusivamente en gramíneas pratenses, con sus larvas desarrollándose en el suelo y sin posibilidad de dispersión mediante la actividad humana. Esta dispersión y el intercambio interpoblacional, se encuentran muy reducidos, produciendo una mayor variabilidad y como consecuencia la aparición de un gran número de especies, subespecies y formas infrasubespecíficas que, por otro lado, presentan áreas de distribución bastante reducidas.


Como ya hemos mencionado, a pesar de la abundancia de descripciones de formas infraespecíficas y la buena representación que los Iberodorcadion tienen tanto en colecciones públicas como privadas (debido tanto a su particular belleza estética como a sus reducidas áreas de distribución geográfica, que los convierten en interesante objetivo para coleccionistas), no se ha llevado a cabo ningún estudio numérico sobre la variabilidad de estas especies que permita conocer la naturaleza de la misma. Aunque algunos autores (ESCALERA, 1902; VIVES, 1976) han resumido las líneas de variación más habituales, incluso señalando de forma general ciertos gradientes en algunos caracteres, no se ha definido el tipo de variación de éstos ni la relación existente entre ellos, y se han seguido considerando determinados fenotipos más o menos abundantes como formas infrasubespecíficas con denominación.


Con respecto a la biología de estos insectos, la situación es similar: sus estados inmaduros son desconocidos, el ciclo biológico simplemente se intuye (VIVES, 1976), no existe ninguna referencia sobre su comportamiento, relaciones ecológicas, etc. Un factor que puede ser determinante de esta ausencia de estudios sobre el tema, es el hecho de su prácticamente nula importancia económica, al no atacar maderas comerciales o constituir peligro para cultivos, productos almacenados u otros recursos directamente relacionados con la actividad humana.


De esta forma, la elección del grupo sistemático para el desarrollo del presente trabajo tiene una doble motivación: de un lado, la singularidad de los Iberodorcadion dentro de los Cerambycidae, interesantísimos para la realización de un estudio sobre polimorfismo y con unos hábitos de vida considerablemente distintos a la mayor parte de la familia y por otra parte, el casi total desconocimiento que sobre estos aspectos tenemos en la actualidad.



Ante la imposibilidad material de abordar en este trabajo todas las especies conocidas de Iberodorcadion, se ha elegido como área de estudio la Sierra de Guadarrama, en el norte de la provincia de Madrid, por cinco razones fundamentales: