Relatos de Supervivientes

Titanic

TESTIMONIO DE UN SUPERVIVIENTE

Luego pedí a mi tío,
Louis Garrett, que me relatara lo que sucedió cuando estuvo en el Titanic.

"Déjame retroceder hasta el principio,"

- dijo él.

"Nací en 1900, en Hakoor, Líbano, una pequeña aldea montañesa situada a unos 135 kilómetros al norte de Beirut. Mi familia poseía y operaba un molino de piedra movido por agua que molía el trigo hasta convertirlo en harina. Mi padre era el molinero de la aldea. Se llegó a la decisión de que la familia emigraría a los Estados Unidos. En 1904 mi madre y mis dos hermanas dejaron el Líbano. Luego, en 1906, mi hermano mayor partió para los Estados Unidos. Para completar la emigración de la familia, mi padre, mi hermana y yo habíamos de partir para los Estados Unidos en 1912.

"En marzo de 1912, navegamos a Marsella, Francia. Mientras estuvimos allí, reservamos pasaje en el Titanic para navegar en la primera travesía de éste a Nueva York. La fecha de partida era el 10 de abril de 1912. Tuvimos que dejar a nuestro padre en Marsella porque, debido a una infección en el ojo, no pasó el examen físico que se requería."

Mi tío sonrió y exclamó:

"¡Fue un cambio de sucesos muy afortunado para él!"

- A continuación, dijo:

"Mi hermana tenía 14 años de edad y yo tenía 12 años cuando nos embarcamos en el Titanic. Nos entristeció el dejar a nuestro padre, pero nos entusiasmó el estar a bordo del paquebote real Titanic, el navío más grande, más rápido y más lujoso de aquella época... ¡y, según se decía, no podía hundirse! Había más de 2.200 personas a bordo, entre las cuales estaba alguna de la gente más acaudalada y más influyente de aquel tiempo.

Muchos estaban a bordo del Titanic para celebrar el viaje inaugural. El hacer esto era como un símbolo de distinción entre las personas prominentes de la sociedad. El barco iba a la velocidad que se esperaba. La llegada a Nueva York se había fijado para el miércoles 17 de abril. El agua estaba tranquila y el tiempo fresco, como era de esperar en abril.

"El domingo 14 de abril, nuestro quinto día en el mar, el tiempo se puso excepcionalmente frío... era un frío tan crudo que muy pocas personas estaban afuera en la cubierta de paseo. Supimos que se había advertido que había icebergs en la región. No se creía que apareciera ninguno en el rumbo del barco, de modo que el Titanic siguió adelante a toda velocidad. Pero, el capitán del Californian, otro barco que se hallaba en el Atlántico Norte, envió al Titanic una advertencia por radio de que se habían visto icebergs en nuestro rumbo. No se hizo caso de este mensaje. El precio que se pagó por la confianza excesiva del capitán Smith ciertamente fue muy alto: casi 700 compañeros tripulantes y más de 800 pasajeros.

"A eso de las 11:45 de la noche del domingo 14 de abril mi hermana y yo nos despertamos al sentir una sacudida. Ella estaba en la litera superior del camarote y gritó:

'¡Algo está mal!'

"'Vuelve a dormir,' - le dije a ella -. 'Te preocupas demasiado.'

Poco después, cierto hombre de edad avanzada, a quien conocimos a bordo del barco y que mostró un interés paternal por nosotros, vino a nuestro camarote y nos dijo de manera tranquila:

'Salgan del camarote y suban a la cubierta superior. No se molesten en llevar sus pertenencias por ahora. Vendrán por ellas más tarde.'

"Teníamos boletos de tercera clase, lo cual significaba que podíamos subir a la cubierta de segunda clase. Pero los que tenían boletos de segunda y tercera clase no podían pasar por una entrada custodiada que llevaba a la cubierta superior de primera clase. No obstante, se nos dijo que sería prudente que subiéramos a la cubierta superior de primera clase a fin de tener mayor oportunidad de meternos en un bote salvavidas. La única manera de lograr esto era por medio de subir cinco o seis cubiertas desde la cubierta de tercera clase por una escalera de hierro hasta llegar a los botes salvavidas que quedaban arriba. Hicimos esto con mucha dificultad, pues a mi hermana se le hizo difícil subir la escalera de hierro. Pero con la ayuda de otros pasajeros logramos hacerlo.

"¡Qué espectáculo! Quedaban pocos botes salvavidas. La tripulación solo estaba permitiendo que las mujeres y los niños subieran a bordo de los botes salvavidas... no había suficientes botes para todos. Vimos a mujeres llorando porque no querían abandonar a sus esposos; esposos suplicando a sus esposas e hijos que se apresuraran a meterse en los botes salvavidas. En medio de este tremendo desorden e histeria en masa estábamos mi hermana y yo, dos niños inmigrantes que no sabían hablar inglés, que estaban más asustados de lo que uno pudiera pensar, y que iban llorando en busca de ayuda.

"Estaban llenando el último bote salvavidas. Un caballero de mediana edad estaba con su esposa jovencita que estaba encinta. Le ayudó a entrar en el bote salvavidas, luego echó una mirada hacia la cubierta y vio que otros querían ir a bordo. Dio un beso de despedida a su esposa, y, al regresar a la cubierta, agarró a la primera persona que halló en su paso. Felizmente, yo estaba en el lugar apropiado al tiempo apropiado, de modo que él me puso en el bote salvavidas. Grité para que ayudaran a mi hermana que se había quedado paralizada de miedo. Con la ayuda de otras personas, a ella también la metieron en el bote salvavidas. ¿Quién fue el valiente que ejecutó este acto de bondad? Se nos dijo que fue John Jacob Astor IV.

En aquel entonces, él tenía 48 años de edad y su esposa, Madeleine, tenía 19 años de edad. Estaban viajando a los Estados Unidos porque querían que su hijo naciera allí. Se escribieron muchos relatos en los periódicos acerca de cómo John Jacob Astor dio su vida por un inmigrante joven. Los registros de la familia Astor indican que, según la señora Astor, el señor Astor había reñido con un miembro de la tripulación que trató de impedir que él ayudara a su esposa a entrar en un bote salvavidas. El la ayudó de todos modos. Y, como dije, la besó y, al regresar a la cubierta, se puso a ayudar a otros a entrar en el bote salvavidas.

"Yo estaba feliz de estar en el bote salvavidas, pero aún sentía tristeza por los que quedaron en el Titanic. Al mirar atrás hacia aquel barco grande y hermoso pude observarlo desde una perspectiva diferente y, como algunas de las luces todavía estaban encendidas, pude ver el tamaño y la belleza del barco. En la quietud de la noche, y puesto que el agua conducía tan bien el sonido, podíamos oír la orquesta tocando en la cubierta y a la gente cantando 'Más cerca de ti, Dios mío.' La tripulación de los botes salvavidas alejó éstos del barco lo más que pudo. Se temía que hubiera una succión cuando el buque se hundiera por completo en las profundidades del océano. Eso no ocurrió, y tampoco hubo una explosión como habían creído algunos que habría. Las aguas estaban excepcionalmente tranquilas aquella noche, y eso fue afortunado, porque la mayoría de los botes salvavidas estaban requetellenos de gente.

"Según los registros, el Titanic se hundió a eso de las 2:20 de la mañana del 15 de abril de 1912. Lo vi hundirse poco a poco en el océano hasta que llegó a su horrible fin. El momento en que se hundió me dejó con el recuerdo de algo que me atormenta hasta el día de hoy. Es el recuerdo del sonido horripilante de los gemidos y gritos de la gente que pedía ayuda con desesperación al ser arrojadas violentamente a las aguas glaciales. Casi todos murieron debido a la exposición al agua fría. Los sonidos duraron unos 45 minutos y luego desaparecieron."

Mi tío se quedó callado por un rato mientras recordaba el suceso. Luego continuó diciendo:

"Se había enviado la señal S.O.S., la petición de auxilio, a eso de la medianoche. El barco Carpathia de la Cunard White Star Line la recibió. Este buque se hallaba a unos 93 kilómetros de distancia e inmediatamente dio la vuelta, abandonó su rumbo hacia Gibraltar y se dirigió a toda máquina al rescate. Llegó a las 4:30 de la mañana. Es de interés que el buque Californian estaba solo a 32 kilómetros de distancia de donde se hundió el Titanic, pero el radiotelegrafista no recibió la S.O.S. debido a que estaba libre de servicio. Los informes posteriores revelaron que el Californian sí vio cohetes de señales en la noche, pero creían que los pasajeros del Titanic estaban celebrando el viaje inaugural con fuegos artificiales.

"El Carpathia completó las operaciones de rescate a eso de las 8:30 de la mañana. Nuestro bote salvavidas fue uno de los últimos que rescataron. Después que se nos puso a bordo del barco, se nos arropó bien, se nos dio té caliente y nos acomodaron lo mejor posible dadas las circunstancias; me sentí feliz de estar vivo, aunque el abrigo y los zapatos que tenía puestos eran demasiado grandes para mí.

"Luego el capitán del Carpathia llamó a todos los sobrevivientes para que subiéramos a la cubierta y viéramos el iceberg. Según el recuerdo que se grabó en mi mente de niño de 12 años de edad, el iceberg era tan alto como una casa de dos pisos, mucho más ancho que ésta y tenía una especie de enorme chimenea. El barco nos dejó en Nueva York antes de continuar su viaje a Gibraltar, acto muy bondadoso de parte de la administración de la Cunard White Star Line. Llegamos a Nueva York el jueves 18 de abril a las 8:30 de la noche, y se nos llevó a los muelles de la Cunard White Star.

"Al recordar aquellas largas horas durante las cuales estuvimos en el bote salvavidas, ahora me parece milagroso que pudimos llegar a la seguridad del Carpathia. El frío crudo era casi insoportable. Nos apiñamos para mantenernos calientes. Las personas se comportaron amablemente las unas para con las otras. Recuerdo lo ventoso que estuvo sobre la cubierta del Carpathia. Los vientos habían aumentado a varios nudos por hora. Felizmente, los vientos no se desataron sino hasta que se terminó de ejecutar la misión de rescate. Si las aguas no hubieran permanecido tranquilas y sin olas durante ese tiempo, es dudoso que las operaciones de rescate se hubieran efectuado con tanto éxito."

"¿Murió alguno de los que estaban en los botes salvavidas?,"

- le pregunté.

"De entre las personas que estaban en nuestro bote salvavidas, supe de solo una que murió a causa del frío. Envolvieron el cuerpo en una sábana y lo echaron por la borda."

"¿Había algunos hombres en tu bote salvavidas?"

"Con la excepción de unos cuantos miembros de la tripulación que sirvieron de remeros, solo había mujeres y niños, tal como lo ordenó la tripulación. Una pareja joven que tenía un bebé engañó a la tripulación. La esposa fue muy lista; hizo que su joven esposo se vistiera de mujer, le cubrió la cabeza con un chal y le entregó el bebé. El estaba en un bote salvavidas y ella en el nuestro. Ambos fueron rescatados por el Carpathia.

"Al llegar a Nueva York, creíamos que se nos llevaría a la isla de Ellis para que pasáramos por los trámites de la inmigración. Pero, este procedimiento se suspendió debido al dolor y sufrimiento que ya habían aguantado los sobrevivientes. La Cruz Roja se encargó de la tarea de unirnos con nuestras familias. Mi hermano mayor, Isaac, estaba en Nueva York, y al encontrarnos con él sentimos una mezcla de gozo y tristeza. Mi padre seguía en Francia. Pero, llegamos a la conclusión de que si él hubiera estado en el Titanic con nosotros, no habría sobrevivido debido a la regla de solo dejar subir a los botes salvavidas a las mujeres y niños. Quizás hasta hubiera afectado el que nosotros estuviéramos entre los sobrevivientes. Se nos habría hecho difícil abandonar a papá a bordo del Titanic mientras procurábamos nuestra propia seguridad. Felizmente, él llegó sano y salvo en otro buque tres meses después."

 

Doy las gracias a José A. García Varilla por hacer posible esta sección en las páginas de
LA HISTORIA DEL TITANIC.Gracias Compañero.


Testimonio aparecido en el Diario EL PAIS y la revista PRONTO

Si James Cameron, director de la película "Titanic", hubiera conocido con anterioridad la historia de los Peñasco, una rica y aristocrática pareja española que se embarcó en el último momento en el «Titanic» ,estamos seguros de que la hubiera escogido como argumento central de su historia cinematográfica. No falta de nada en esta gran historia de amor envuelta en el lujo descarado de la época: Víctor Peñasco, de 24 años, de profesión «gentleman», tal y como figura en su certificado de defunción, y su esposa, María Josefa Pérez de Soto, de 22, embarcaron por casualidad en el «Titanic» como colofón a un viaje de luna de miel que duraba ya 17 meses, siempre acompañados de su sirvienta, Fermina. Mientras, otro criado se quedaba en París para fingir la coartada de que seguían en la Ciudad de la Luz y no se habían embarcado como les habían prohibido sus padres; ella se salvó y él perdió la vida por ceder su sitio en los botes a otra mujer con un niño en brazos. Por si esto fuera poco, hay incluso una negra trama en la que, por motivos de herencias, la familia se ve obligada a comprar un cadáver para hacerlo pasar por el hombre fallecido en el naufragio y cuyos restos nunca se recuperaron.

Ocho españoles figuraban registrados. como tales en el libro de pasajeros del «Titanic», el gigantesco buque que, en abril de 1912, se dirigía desde Europa a Nueva York en su viaje inaugural. Todos viajaban en segunda clase, excepto una pareja de recién casados, Josefa y Víctor Peñasco, los únicos españoles que, junto con su doncella, se acomodaron en la lujosa primera clase. Elena Ugarte, sobrina de la pareja y miembro de honor de la Asociación Internacional Titanic, que intenta recuperar las historias personales de todos los pasajeros del mítico buque, narra los recuerdos que su tía, una de las supervivientes de la catástrofe y fallecida en 1972, relataba a la familia. «Una historia que no quiso contar hasta muchos años después de que sucediera».

Víctor Peñasco y Josefa Pérez de Soto se encontraban en plena luna de miel.
Como en la famosa película, ella se salvó y él murió.
Matrimonio Peñasco, Víctor y Josefa.
(Foto de la época)


«¿Porqué no nos embarcamos en el Titanic?»

Víctor Peñasco y Castellana, rico heredero de una de las grandes fortunas españolas, nieto de José Canalejas, primer ministro de Alfonso XIII, se casó con otra rica heredera, Josefa Pérez de Soto. «Tras la boda celebrada en Madrid salieron de luna de miel por toda Europa acompañados de su criado, Eulogio, y su doncella, Fermina Oliva, en un viaje que iba durar 17meses. Antes de salir de viaje, la madre de Víctor le hizo una advertencia tras tener una premonición: "Ir en todo lo que queráis, menos en barco... "».

La ruta les llevó por todos los grandes centros de moda de la época: Biarritz, Viena (donde tenían un palco en la Opera), jugaron en el casino de Montecarlo, visitaron Londres, viajaron en el «Orient Express» y, por supuesto, todo acababa en el Maxim's de París "Allí se encuentran con toda la propaganda del "Titanic': Que si el barco más grande del mundo> que si una preciosidad... Les entra el gusanillo del viaje en barco, pero, como aún faltaban unos días para que zarpara, deciden embarcarse en otro lujoso buque que partía inmediatamente Mandan a su criado a por los pasajes, pero ya estaba completo. Y en el Titanic aún quedaban plazas... ¿Porqué no?».

En aquel año y medio de viaje de novios se habían gastado, al equivalente actual 111 millones de pesetas, así que no les impresionó demasiado que el billete de su camarote de lujo costara 108 libras de entonces (equivalentes hoy a 1.122.145 pesetas), para un viaje de una semana. «. Su madre les había dicho que no subieran a un barco, así que tramaron una coartada. Compraron un montón de postales de París y les pusieron las fechas de los siguientes días. Dejarían a su criado, Eulogio, en París con el único encargo de que, cada día, enviara a Madrid una de las postales donde decían que hoy habían ido a la Opera, otro a Versalles... Y aquí no ha pasado nada».

Así lo hicieron y la feliz pareja, acompañada de la sirvienta, se dirigió al puerto francés de Cherburgo, segunda escala del "Titanic" en su viaje desde Southampton (Inglaterra) a Nueva York. Josefa, a pesar de estar acostumbrada al lujo explicaría años después lo maravilloso que era aquel buque. «Era todo increíblemente precioso y la gente, bueno, lo mejor de lo mejor de todo el mundo ... ».

«Ella estaba ya en la cama y él todavía se desvestía»

Y llegó el fatídico 12 de abril de 1912. El «Titanic», el mejor y más seguro barco de la historia, orgullo de Inglaterra, debía romper el récord de travesía del Atlántico para obtener la ansiada «blue ribbon»(cinta azul) y así acreditarse también como el barco más rápido. Normalmente se necesitaban siete días para atravesar el océano y su capitán quiso hacerlo en cinco. Para ello se fue muy al norte, para hacer el camino más corto, y con las máquinas a toda potencia, desoyendo los mensajes de otros barcos que avisaban de la presencia de «icebergs» en la ruta. El capitán creía que era una estratagema de las otras compañías para obligarle a ir más despacio. Ya con el récord en la mano, la víspera de la llegada, el capitán, como era costumbre, organizó la cena de gala de despedida a los pasajeros de primera.
«Aquello era una muestra del mayor lujo que podía verse. Los hombres, de rigurosa etiqueta, las mujeres con sus mejores galas y todas las joyas que sus cuerpos fueran capaces de cargar explicaba Josefa a sus familiares. Una gran cena amenizada con una gran orquesta. Como buenos españoles, fuimos los últimos en abandonar el salón, ya que nos quedamos charlando con un matrimonio argentino, los únicos con los que hablamos congeniado en el viaje».
Eran las 11 de la noche cuando se dirigieron hacia su camarote. Pocos minutos después, uno de los vigías divisaba una montaña de hielo apenas a 600 metros de la proa del buque. No le dio tiempo a virar...

«Mi tía estaba ya en la cama y mi tío todavía estaba desvistiéndose - explica Elena Ugarte siguiendo el relato de Josefa - Oyeron un ruido enorme que no le gustó nada a mi tío. Salió del camarote y se dirigió a cubierta, donde se encontró con un marinero al que le preguntó qué pasaba y dónde estaban los chalecos salvavidas. El marinero simplemente se echó a reír. Volvió al camarote, recogió a Josefa, que sólo tuvo tiempo de ponerse un chal por encima del camisón y a la doncella, que se encontraba en el camarote de enfrente».

Todos se dirigieron a cubierta. El mar estaba tranquilo, como un espejo, pero las máquinas habían parado.«A los diez minutos aquello era una casa de locos, toda la gente gritando y corriendo, prisas y peleas, no había botes para todos... Alguien dio la orden de que primero subieran a los botes las mujeres y los niños, los de primera y, luego los de segunda y tercera clase. Recordaba un oficial sacando una pistola y disparando al aire para intentar poner orden en aquel caos». A Josefa, y su doncella las metieron en el bote número 8. «Víctor se dispuso a subir, pero vio a una mujer con un niño en brazos y le dejó paso para que entrara en el bote. Josefa ya no volvió a ver a su esposo, se perdió en el barullo».

«Víctor dejó pasar a una mujer con un niño en brazos»

Josefa era incapaz de recordar lo que pasó después pero, curiosamente, en aquel mismo bote le tocó subir a la famosa condesa de Rhodes, personaje que, por cierto, también sale en la película de James Cameron, y hizo un relato de aquellos momentos en una revista publicada en el «New York Herald» el 20 de abril de 1912 en al que habla, precisamente, de Josefa: «... Entonces la señora Peñasco empieza a chillar el nombre de su marido. Fué terrible. Le pasé el timón a mi prima y me puse acurrucada junto a la señora Peñasco, tratando en lo posible de consolarla. Pobre mujer. Sus sollozos ablandaron nuestros corazones y sus palabras eran imposibles de entender debido a su tristeza (...) Cuando el terrible final llegó, utilicé lo mejor de mi misma para intentar distraer a la señora española y que no oyese los agonizantes sonidos de los que se ahogaban en el mar».

A Josefa, no se le borró nunca la imagen de «Aquel coloso, totalmente iluminado y que poco a poco se iba hundiendo junto a ella. Oyó a la orquesta que había subido a cubierta tocando música para intentar calmar a los pasajeros y las órdenes de que se retiraran del barco para evitar que se les tragara el remolino que produciría al hundirse. Vio gente saltar al agua y gritar de dolor». La temperatura del agua, de 4 grados, los mataba en 15 minutos interminables. Ella y su doncella no fueron capaces de mirar cuando el imponente navío se fue hacia el fondo del mar, cuatro mil metros por debajo de ellas.

«De pronto, se oyó un ruido enorme. Como si una montaña se viniera abajo. Cuando me decidí a volver la cabeza, el barco había desaparecido como si se le hubiera tragado una garganta misteriosa». Habían pasado dos horas desde el brutal choque.

«La compra de un Cadáver»

La única esperanza de doña Josefa y de su doncella era que don Víctor hubiera subido en otro bote. Cuando amaneció, fueron recogidos por el vapor «Carpathia», el buque que oyó las llamadas de socorro del «Titanic» y que acudió a toda maquina a auxiliarles. Cuando llegó solo pudo recoger a los que habían logrado subir a los botes, los únicos supervivientes, 705 personas de un total de 2.228. Ninguno era Víctor Peñasco.

Al llegar a Nueva York, Josefa y su doncella se dirigieron al hotel «Plaza», donde habían reservado habitaciones desde París. Aún no había pasado todo. Tenía que llegar otro barco con los muertos del «Titanic». «La doncella fue a identificar los cadáveres. Tuvo que mirar uno por uno, pero don Víctor no estaba». Nunca apareció.

Superada la primera impresión de la tragedia, surge un nuevo problema que se encargaría de resolver la propia madre de Víctor. Si no aparecía el cadáver, según las leyes de época, no se podía declarar la muerte hasta 20 años después de la desaparición. Eso era un problema para una chica que se había quedado viuda con 23 años y que tenía todo el derecho a rehacer su vida. No podría casarse hasta que tuviera 43. Y, además, no sería heredera de los bienes de su marido hasta pasada la fecha. Así que decidieron comprar un cadáver...

«Uno o dos meses después, apareció un cadáver flotando en la zona de la tragedia. Pertenecía al «Titanic». La madre de Víctor pagó mucho dinero por él y la doncella fué la encargada de "reconocerlo". El condado de Halifax pudo así expedir un certificado de defunción a nombre de Víctor Peñasco y Castellana. Curiosamente. aún hoy día no se ha podido encontrar la tumba donde está enterrado este supuesto Víctor, ya que el cementerio de Halifax que se nombra en el certificado de defunción no existe, y en el de Fairview, donde está enterradas las víctimas del "Titanic", no hay ninguna tumba con el nombre de Víctor Peñasco».

Josefa pudo rehacer su vida y se casó de segundas nupcias en 1918 con Juan Barriobero y Armas Ortuño y Fernández de Arteaga, barón del Río Tovía, con el que tuvo tres hijos. Falleció en 1972 a los 83 años de edad. Fermina Oliva, la doncella que también sobrevivió al «Titanic», murió en 1968 en su casa de Uclés (Cuenca), cuando contaba 98 años de edad. Ella nunca se casó.

Como se ha dicho al principio de este Relato, había un total de Ocho Españoles (contabilizados, pues la lista no es fiel, ya que la servidumbre no consta con nombres y apellidos y es posible que entre ellos hubiese algún español, pero esto es imposible saberlo) de los cuales todos se salvaron exceptuando Víctor Peñasco. Ahora paso a citar los nombres de dichos pasajeros.

- Las hermanas Asunción y Florentina Duran Mone : De 30 y 34 años respectivamente, leridanas, cuya familia tenia una tienda de comestibles. En la relación figuran con domicilio en Barcelona. Embarcaron en Cherburgo, viajando en segunda clase, destino final La Habana. Se salvaron el en bote número 12.

- Emilio Pallas Castello: También de Lérida. Embarcó en Cherburgo, destino final, La Habana. Pasajero de segunda clase.

- Julian Padro Manent: De Olérdola (Barcelona). Embarcó en Cherburgo, con destino La Habana. Pasajero de segunda clase.

- Encarnación Reinaldo: De 28 años. Embarcó en Southampton. Viajaba en segunda clase.

- Víctor Peñasco y Castellana, Maria Josefa Perez Soto y Vallejo «y criada»: (así figura en el libro de a bordo), domiciliados en Madrid. Embarcados en Cherburgo, destino Nueva York. Pasajeros de primera. La señora y la sirvienta se salvaron en el bote numero 8.

 

Doy las gracias a Joaquin Ruiz y Enrique Renedo por facilitarme esta INCREIBLE historia.



Los siguientes relatos me han sido enviados por E-Mail por Rafael, al cual tengo que dar mis mas sinceras gracias por contribuir a esta seccion de la web, la cual considero muy importante por las conclusiones que de esta se pueden sacar.

Muchas Gracias Rafael.

Testimonios de los Españoles supervivientes en Cuba

EL RELATO DE CUATRO SUPERVIVIENTES ESPAÑOLES, RECOGIDO EN UN PERIÓDICO CUBANO A SU LLEGADA A LA HABANA QUINCE DÍAS DESPUÉS DE LA TRAGEDIA, CUENTA LA BRUTALIDAD DEL SALVAMENTO Y LAS HORAS DE ANGUSTIA.

La conmoción que sacudió al mundo al conocerse el hundimiento del Titanic, en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, ha sido sustituida por la curiosidad. Desde esa fecha, en que perecieron 1.513 personas de las 2.224 que transportaba el transatlántico Titanic en su viaje inaugural desde Southampton, en el sur de Inglaterra, hasta Nueva York al colisionar con un gigantesco iceberg, el interés por conocer los detalles del desastre no han cesado.

Y cada día reviven viejas historias. Como la de cuatro emigrantes españoles que sobrevivieron al naufragio del vapor y que emigraron a Cuba tras las tragedia.

El relato de su angustia está en las páginas del periódico cubano "La Discusión" del 29 de abril de 1912. Fue el día en que llegaron a La Habana, quince días después de que se hundiera el lujoso transatlántico.

Emilio Pallás, un panadero de 29 años, las hermanas Florentina y Asunción Durán, de 30 y 26 años, de Lérida, y Julián Padró, un chófer barcelonés de 26 años, fueron algunos de los afortunados supervivientes españoles.

A los cuatro les costeó el viaje desde Nueva York a La Habana una compañía naviera norteamericana (les dio pasajes en primera clase en el buque "Monterrey") y a su llegada a la capital cubana se alojaron en el hotel "Perla de Cuba". Nunca más cogieron un barco. Se quedaron en Cuba hasta su muerte.

Emilio Pallás y Julián Padró relataron que, después de la cena el domingo 14 de abril de 1912, "nos recogimos en nuestros camarotes y cuando ya habíamos conciliado el sueño, fuertes golpes dados a la puerta nos despertaron".

"Salgan enseguida que hay peligro afuera", les comunicó un amigo argentino, y "en ropa interior y envueltos entre sábanas salimos a uno de los pasillos".

Los dos describieron como "algo verdaderamente horrible" la lucha que se estableció entre los pasajeros para ganar los botes salvavidas.

"Los marineros y empleados, con hachas unos y con revólveres otros, hacían retroceder a los hombres mientras conducían a las mujeres y a los niños".

En aquél dramático cuadro, recordaron que "el que caía al suelo se podía considerar muerto y si lograba ponerse de pie, era manando sangre de las heridas que recibía por los pisotones de los demás".

Padró relató que se dejó deslizar por una de las sogas y "llegué al bote con toda felicidad", pero su compañero no tuvo igual suerte y fue detenido por un marinero que lo echó hacia atrás, "pero con una maniobra logró ganar la barandilla y se dejó caer sobre el bote, lo que provocó que se dislocara un pie".

"La balsa salvavidas -precisó Padró- por fin llegó al agua no sin antes recibir a otros náufragos que caían del cielo. Nuestra salvación fue un milagro, pues fuimos de los últimos en separarse del Titanic".

Las hermanas Florentina y Asunción declararon que "no a todos se les permitió subir" a los botes salvavidas y como ejemplo citaron el caso de una persona que "llegó nadando hasta nuestro bote y le cortaron de un cuchillazo la mano", mientras que "a otras hubo que matarlas a tiros".

(Este último parrafo, está todavia por confirmar.).

Las dos hermanas relataron con mucha claridad los últimos momentos del Titanic. "se hundió de proa, las luces se apagaban poco a poco, hasta que se oyó un estampido y una enorme columna blanca".

"Recordamos con horror los desesperados gritos de los que se hundierón con el barco", dijeron.

Los cuatro supervivientes españoles calificaron de "horribles" las escenas de los náufragos cuando eran trasladados a Nueva York en el buque "Carpathia" que los salvó de morir congelados.


El vigía del Titanic

Frederick Fleet, que en la noche del 14 de abril dio el grito de ¡iceberg! cuando ya era demasiado tarde para evitar la colisión, aunque sobrevivió a la tragedia -se suicidó en 1965-, nunca dejó de autoinculparse por no haber visto la enorme montaña de hielo antes. "Si hubiera tenido unos prismáticos habría podido evitar muchas muertes", no se cansaba de repetir a los que querían escucharle.

Este año la British Titanic Society y la norteamericana Titanic Historical Society han querido honrar su memoria colocando una lápida en su honor, con su nombre seguido de la frase "Vigía del Titanic" y una imagen del barco. Lo han hecho sobre la tumba de beneficencia, sin nombre, donde hace más de 30 años reposan sus restos.

Y mientras millones de personas van al cine a ver la película ganadora de once Oscar, los supervivientes afirman que no tienen intención de acudir a ver la película ante el temor de revivir uno de los momentos más trágicos de su existencia, el dramático abandono del barco, dejando atrás a seres queridos y las horas pasadas en los botes salvavidas a la espera de ser rescatados.

¿Una profecía?

La tragedia del «Titanic» fue relatada por un escritor 14 años antes de que sucediera con una exactitud sorprendente. En 1898, Morgan Robertson describió en «El naufragio del "Titán" o inutlidad» el hundimiento de un barco llamado «Titán» tras chocar con un iceberg. Como el «Titanic», este barco literario era de origen británico, realizaba su primer viaje, era el más lujoso y más grande jamás diseñado y chocaba con un gigantesco bloque de hielo cerca de Terranova una noche de aparente calma del mes de abril. Uno y otro recibieron el impacto también por el lado de estribor.

Otras de sus novelas, describían batallas entre Inglaterra y Alemania en las que intervenían submarinos, aviones y cohetes, como sucedería en la Segunda Guerra Mundial.

Robertson era un marino retirado que estaba convencido que eran unos «guías espirituales» -es asombroso- los que le indicaban lo que debía escribir. Lo cierto es que su relato llega a coincidir incluso en los avances técnicos del «Titanic». El «Titán», igual que el transatlántico que se hundió en 1912, era el primero en llevar tres hélices y un avanzado sistema para la época de bloqueo automático de las puertas con la fuerza del agua. Sin embargo, Éste no fue el único presagio de este escritor que fue encontrado muerto a la edad de 54 años, apoyado de pie en una cómoda mirando al mar. En 1909, escribió sobre un ataque sorpresa de Japón a una base norteamericana que daba comienzo a una guerra, describiendo el ataque a Pearl Harbor en 1941.



Historia de la camarera del Titanic


El RMS TITANIC y sus gemelos el BRITANNIC y el OLYMPIC

 

Le presentamos a Violeta C. Jessop, la argentina que navegó en los tres paquebotes y sobrevivió al naufragio del TITANIC y al de su gemelo el BRITANNIC...!!! Su increible historia concluye con un gran dolor de cabeza....por Marcelo Morard jazmy@bluewin.ch corresponsal de Inter-N@utica en Europa.


Violeta C. Jessop había nacido en Buenos Aires en 1888, ella retorna a Londres con el resto de su familia ya que su padre había muerto de tuberculosis en la Argentina y era un pobre trabajador de una estancia que criaban ovejas, descendientes de las familias que se establecieron en Buenos Aires despuÉs de la segunda invasión inglesa a comienzos del siglo XIX. Para ayudar a su madre ella es contratada en la compañia White Star como camarera, y con ese titulo comienza a trabajar 17 horas por día por un salario de 2 libras y 10 peniques.
Para entonces ella estaba embarcada en el "Olympic", hermano gemelo del "Titanic". Justamente ella se encontraba a bordo el día de la colisión entre el "Olympic" y el "Hawk" en 1911 (
ver primera colisión). Ya comenzaba su historia...

Ella tenia 24 años y sus amigos la convencen de que se pase al "Titanic", pues trabajar en un barco como ese podía ser una "experiencia inolvidable".
La noche que el paquebote choca contra el iceberg, Violeta estaba durmiendo en su litera, alguien ordena subir a la cubierta principal y trepar a la chalupa Nº16 junto a otras mujeres para que estén a salvo. Después de más de 8 horas a la deriva en el frío Atlántico Norte, Violeta es salvada junto a 19 de las 23 mujeres que ocupaban el bote por el buque "Carpathia".

Y no hay dos sin tres...

La primera guerra mundial había comenzado y
Violeta C. Jessop se enrola en la Cruz Roja Británica, esta vez como enfermera, su nuevo destino: el ex "Gigantic", ahora transformado en buque hospital y con otro nombre, el HMHS Britannic (ver hospital flotante).

El Britannic navegaba por el mar Egeo cuando una violenta explosión sacude al buque,
Violeta es lanzada contra el techo de su camarote, luego el barco se hundiría mas rápidamente que su hermano el "Titanic" (ver hundimiento más rápido), y una vez más ella salva su pellejo subiéndose a otra chalupa.
Años mas tarde ella descubriría que sus continuos dolores de cabeza habían sido provocados por una fractura de cráneo originada por aquella explosión en el "Britannic".
Retirada en una estancia en Suffolk, Inglaterra, Violeta C. Jessop criaría gallinas hasta su muerte y ella recordaría sus 42 años de servicio en el mar ... y sus dos naufragios!!!


El Olympic hunde un submarino

Después del hundimiento del Titanic, el Olympic pasa seis meses en el astillero de Harland and Wolff para mejorar su seguridad y de dotarlo de mas botes salvavidas suplementarios. Cuando la Primera Guerra Mundial estalla el Olympic ya se encontraba en servicio en la ruta del Atlántico Norte. En 1915 comienza a transportar desde América tropas para el frente europeo fletado por la Royal Navy eludiendo ágilmente los ataques de los submarinos alemanes.
En mayo de 1918 el Olympic va cometer un acto de bravura casi inigual en la historia de los mercantes ingleses, perseguido por un submarino alemán, el U-130, esquiva un torpedo y vira a babor bruscamente; encara al atacante alemán chocándo levemente de costado; igualmente eso fue suficiente para hechar a pique al U-130 en pocos minutos. Después de su explotación como transporte en la guerra, el Olympic volverá a surcar los mares del norte realizando viajes durante 16 años sobre la línea a Nueva York. Hasta que en 1934 la densa neblina lo hace chocar contra un inofensivo barco-faro a lo largo de las costas americanas, siete de los once tripulantes del pequeño barco-valiza mueren en la colisión. Es el fin de otro grande, luego en 1935, después de su viaje a Nueva York es enviado a desguace, y así el primero de los gigantes de Bruce Ismay termina su historia.


Hundimiento mas rápido

El martes 21 de noviembre de 1916, el Británnic atraviesa el estrecho de Koa. Son las ocho horas de la mañana y el mar esta perfecto.
De repente el navío es sacudido por una fuerte explosión. Como en el Titanic, el agua penetra por un boquete a estribor en forma descontrolada, pero desafortunadamente se irá a pique mucho mas rápido que su hermano mayor el "Titanic". Tan solo en cincuenta y cinco minutos el Britannic estaría en el fondo del mar.
El Britannic se hunde de la misma manera que el Titanic, elevándose por la popa de una manera impresionante, de los mil cien tripulantes que viajaban a bordo solo perecen treinta marinos a causa de que sus botes son destruidos por las gigantescas hélices que aun giraban fuertemente.
Entre los náufragos que se salvaron se encontraba otra vez nuestra Violeta C. Jessop.

Que es lo que ocurrió realmente?
Muchos le adjudicaron las causas a un torpedo o a una mina flotante, pero un equipo de Cousteau investigó el caso en 1976 y las imágenes que obtuvieron muestran una desgarradura que parece originada desde el interior hacia el exterior. Aparentemente una explosión en el pañol de carbón o una fuga en sus calderas generaron la explosión, pero no fue ningún agente exterior.

Porque naufragó más rápido si el Britannic era tres veces más seguro que el Titanic?
Por la simple razón que aquel martes 21 de noviembre hacia calor y todas las escotillas estaban abiertas para facilitar la aireación de la cubiertas repletas de enfermos de guerra, además las puertas estancas estaban abiertas para dejar correr el aire entre los pisos inferiores. De esta manera el aire atrapado en el interior del buque salió mas rápidamente permitiendo el ingreso del agua velozmente.
De los tres gigantes, dos se hundieron y Bruce Ismay que había logrado escaparse del naufragio del Titanic no sobrevivió al escándalo del Britannic, luego renunciaría a su cargo en la White Star en 1915. Finalmente en 1935, la Cunard (su competidora) se fusionaría con la White Star.


Primera colisión

Cierta noche de 1907, convidado a cenar por Lord Pirrie, el gran constructor naval de Belfast Bruce Ismay, patrón de la White Star Line no se anojaría más. La White Star era sobrepasada por la competencia en el trafico de pasajeros entre Gran Bretaña y Estados Unidos, la Cunard Steamship Company y su "Lusitannia" arrasaba los mercados.
Cual era entonces la solución..? construir tres navíos gigantes que puedan transportar más gente a mayor velocidad y con mayor confort, así nace el primer gran paquebote de clase "Olympic".
Puesto inmediatamente en el astillero el RMS (Royal Mail Ship) Olympic será el primero en tomar contacto con el mar. Doble signo del destino, una de sus dos primeras salidas de prueba estará al borde de la catástrofe. Al amanecer del 20 de septiembre de 1911, el Olympic sale del puerto de Southampton bajo las ordenes del capitán E.J. Smith (el mismo que más tarde comandaría el Titanic) y al atravesar Bramble Bank colisiona con el crucero británico "Hawke".
Los dos navíos tratan de evitar la colisión pero es tarde, el "Hawke" choca contra el Olympic y lastima gravemente su hélice de estribor provocando dos grandes brechas en su estructura a nivel del agua. Por suerte no hubo ninguna víctima. El Olympic retorna entonces a Belfast al astillero para ser reparado junto a su hermano mayor: el "Titanic". Nada va a afectar a su reputación ni a su comandante, ya que la investigación del accidente da por hecho que la responsabilidad del mismo corresponde al "Hawke".


Hospital flotante

El ultimo de la serie, el Britannic, no portara jamas las siglas "RMS" , al mismo tiempo se comienza su construcción en los astilleros de Belfast bajo el nombre original de "Gigantic", se anuncia la noticia del hundimiento del Titanic, rápidamente se toman las mismas medidas de refuerzo para los otros colosos de la serie Olympic: doble quilla, doble fondo, remaches especiales, compartimientos estancos y mas botes salvavidas. La Gran Guerra comienza y es transformado en buque-hospital, y es allí donde nuestra amiga
Violeta C. Jessop se embarca para trabajar como enfermera de la Cruz Roja Británica. El ex "Gigantic" pasa a ser el HMHS (His Majesty's Hospital Ship) Britannic. Transferido al estrecho de los Dardanelos comienza a operar desde el 28 de diciembre de 1915 y realiza incesantes "ida y vuelta" entre Southampton, Nápoles (donde carga carbón) y la isla de Mudros, en el mar Egeo. Cada viaje que realiza transporta 3.000 heridos y enfermos, hará seis veces la "ida y vuelta", pero la ultima será sin retorno.


Rumores

Otros testimonios recopilados por el escritor George Behe, miembro de la Sociedad Histórica del Titanic, revelan que numerosas personas predijeron la tragedia, lo cual ha sido calificado como "probables fenómenos parapsicológicos".

Behe cita el caso de la esposa de un norteamericano, Brian Shepherd, quien iba a embarcarse en el Titanic para regresar a Estados Unidos, pero previamente fue advertido por su esposa, a través de una carta y un telegrama, de no abordar, porque "ese barco nunca va a llegar a Nueva York". Shepherd hizo caso a su esposa y salvó su vida.

Otro relato es el de Henry Harris, importante empresario del teatro en Estados Unidos, quien reservó pasajes en el Titanic, y a pesar de las advertencias de un amigo que le telegrafió desde Nueva York, de devolver los pasajes y tomar otro barco, Harris se embarcó con su esposa en el Titanic. Ella se salvó, pero él no corrió con la misma suerte.


Rumor sobre el Capitan Smith


Un cocinero, un tal Maynard contó que vio al capitán Smith acercarse a nado al bote volcado llevando en sus brazos a una criatura. También el radio operador que se salvó sintió como le daba ánimos cuando estaba en el agua flotando, cerca del bote volcado.

Conoces webs en inglés sobre testimonios de supervivientes? El famoso panadero/pastelero, oficiales como Lightoller, Lowe, pasajeros como el coronel, la condesa de Rothes, artículos de prensa con testimonios de la Época, los procesos que se siguieron para esclarecerlo todo.


Renace el Titanic

Anuncian que realizarán una réplica fiel al trasatlántico con un costo de 500 millones de dólares y emprenderá su primer viaje en abril de 2002, fecha en que se conmemoran 90 aniversario de la tragedia. El costo del billete esta entre 10.000 y 1.000.000 de dólares.

Associated Press / The Hollywood Reporter.

-Nueva York-
Un consorcio formado por suizos y norteamericanos proyecta construir una réplica fiel del transatlántico Titanic a un costo de 500.000.000 de dólares, más de dos veces lo que costó la película, dijo ayer un periódico neoyorquino. El buque atravesará el Atlántico en abril del año 2002, al cumplirse el 90 aniversario de su naufragio, que causó la muerte de 1.500 pasajeros.

"No puede hundirse", declaró al periódico New York Post Walter Navratil, presidente de la empresa White Star Line Ltd., con sede en Suiza. Navratil dijo que la embarcación hará un viaje de ida y vuelta entre Southampton, en Inglaterra, y Nueva York, en Estados Unidos. El buque hará una pausa en el Atlántico norte, a 900 kilómetros de Newfoundland, donde el Titanic original, considerado insumergible, se hundió el 15 de abril de 1912. Los pasajes costarán entre 10.000 y 1.000.000 de dólares, dijeron los organizadores. Despues del viaje inaugural, el buque será utilizado en cruceros de placer. La construcción del buque original costó 10.000.000 de dólares en 1912.

 
Introducción
El viaje hacia la Eternidad
Construcción
El Descubrimiento
A bordo del Titanic
Objetos Recuperados
Personajes Relevantes
Visita Virtual
Lista de la Tripulación
Agradecimientos
Lista de Pasajeros
Libro de Visitas
Relatos de Supervivientes
'TITANIC' de James Cameron