La Villa de San Germán

San Germán en 1782

Tomado de: Historia Geográfica, Civil y Natural de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico

Por Fray Iñigo Abbad y Lasierra

CAPITULO XXIV

DESCRIPCION TOPOGRAFICA DE LOS PUEBLOS DEL PARTIDO DE LA VILLA DE SAN GERMAN PERTENECIENTES A LA COSTA DEL SUR.

Nota: En el texto se mantiene la forma de escribir de la época.

La Villa de San Germán dista poco más de dos leguas de Cabo Rojo. Está situada a lo largo de una loma entre otras que la circunvalan: El río de Juanajivos corre entre ellas y sale a la vega, que cae a su norte y poniente. Fundóla primeramente en 1510 el Capitán Don Cristóbal de Sotomayor junto a la bahía de Guánica; poco después la trasladó él mismo a la parte de la Aguada con el nombre de Sotomayor, y fué abrasada por los indios en la noche de la sublevación general en 1511.

El Capitán Miguel del Toro estableció los vecinos que le pertenecían en el sitio que hoy ocupa. Tiene una grande plaza cuadrada y dos calles, que se extienden hasta el Convento de Santo Domingo, que está en el extremo de la loma; la iglesia parroquial es muy pequeña y en nada corresponde al lustre y antigüedad de la Villa. Frente de la parroquia hay una buena capilla dedicada a Nuestra Señora de la Concepción; en la calle que va a Santo Domingo, hay un hospitalillo muy reducido y tan pobre, que rara vez mantiene algún enfermo.

El Convento de Santo Domingo, situado sobre un precipicio, es poco más que una casa particular. Nada tiene de recomendable su fábrica; en él habitan tres religiosos que ayudan a la administración del pasto espiritual al párroco de esta Villa, que es vicario eclesiástico con jurisdicción en todo su distrito, hasta los ríos Jacagua y Camuy, igualmente que la del Cabildo secular, que es el segundo de esta Isla.

El sitio en que está la Villa es una loma larga y desigual: hay 411 casas, las demás de sus vecinos, que ascienden a 1,166, con 7,958 almas, están derramadas por todo el territorio, que es extenso, aunque no igualmente bueno. La parte que corresponde al oriente y mediodía es árido y pedregoso; la hermosa vega, que se extiende a su oriente y norte hasta Cabo Rojo y Monserrate, es la más fértil de toda la Isla; las márgenes de los dos rios que la riegan, se ven pobladas de naranjos, limones, achiotes, tamarindos, aguacates, cacao, añil y de variedad de palmas y plantas, que sin cuidado ni cultivo arroja en abundancia la tierra.

Los hacendados tienen las casas en sus respectivas posesiones, éstas por la mayor parte las destinan a la cría de ganados, que por la abundancia y buena calidad de los pastos se multiplican admirablemente. Con todo, hay muchos plantales de café, algodón y caña, que muelen en los trapiches para melado, aguardiente y algún azúcar. Igualmente cosechan todo género de legumbres, plátanos y demás frutos comunes en la Isla; cuyos sobrantes pasan al Guarico, retornando en cambio ropas y otros efectos.

En esta villa se mantienen algunas de las familias más antiguas y distinguidas de toda la Isla. De los indios naturales hay formada una numerosa compañía, bien que son ya pocos los que no estén mezclados con otras castas. Hay dos compañías de milicias disciplinadas, la una de infantería y la otra de caballería. En las ocasiones en que los enemigos de la Corona han llegado a sus costas, los han resistido con valor. Ultimamente el año de 1743 desembarcaron los ingleses en el puerto de Guánica y sin más muralla que la de sus pechos, les hicieron una constante oposición, hasta precisarlos a reembarcar, tomándoles un paquebote. El Rey, cerciorado del denuedo con que se habían defendido, por Real Cédula de 28 de enero de 1748, asignó sueldo a las viudas de los que habían muerto en esta ocasión, premiando igualmente a todos los que se habían distinguido por su valor.

Siguiendo la costa del sur hacia el oriente se encuentra a tres leguas de la villa la bahía de Guánica, que es la mejor, por todas sus circunstancias, de cuantas hay en la Isla. Su entrada es larga y angosta, sin bajo, ni escollo, que la dificulte; en lo interior se extiende a uno y otro lado, formando una dilatada bahía, en donde pueden fondear muchos navíos con toda seguridad y buen fondo. El rio Guánica, que desagua en ella por la parte del norte, proporciona hacer aguada y leña con comodidad, y toda la costa muchas maderas, frutos y otros efectos para surtir un comercio lucido, cual lo hacen hoy en aquella parte los extranjeros. En su inmediación se forma una abundante salina, que está franca al que quiere utilizarla. Aquí tuvo su primera situación la Villa de San Germán bajo el nombre de Guánica, por las abundantes minas de oro, plata y estaño que se encontraron en esta parte, y tanto útil rindieron en los primeros años, hoy no hay habitante alguno y menos fortificación, como supone Baysete en su Geografía Universal.

Tres leguas más adelante, después de pasar el río Caña, se llega al pueblo de Yauco, situado en la ladera de unos montes que lo circunvalan por el norte y poniente; el río Ventanas por el oriente y una llanura que corre hasta la mar por el mediodía. El pueblo consiste en un cuadro que forman 40 casas en terreno pendiente; a un lado está la iglesia, que es reducida, el río pasa inmediato, es abundante de pescado y riega una buena vega.

Las tierras de este pueblo por la mayor parte son muy quebradas, de poco útil, cerradas de bosques, en los cuales tienen algunos hatos con mucho ganado de todas especies; pero la vega inmediata al pueblo y 1a de Guayanilla son muy buenas para el cultivo de la caña, tabaco, arroz y café, de que cosechan algunas porciones para su consumo. Los sobrantes de todo con muchas y excelentes maderas pasan a las islas a cambio de ropas, de que surten toda esta costa.

El vecindario asciende a 348 vecinos, con 2,299 almas. Habitan por la mayor parte en el territorio de la bahía de Guayanilla, que es muy grande y de fondo suficiente para navíos de línea. Esta y la de Guánica ofrecen admirables situaciones para erigir pueblos con todas las ventajas y comodidades que pueden apetecerse, y respecto que en una y otra hay establecido suficiente número de colonos para efectuarlas, sólo resta la división de términos y autorizarlas en la forma ordinaria. Ni son estas solas las poblaciones que podían erigirse en muchas partes de la Isla con igual facilidad y sin costo del Real Erario, ni de los particulares, como se demostrará en capítulo separado.

Después de la bahía de Guayanilla al oriente de la punta del Manglar, que la cierra por esta parte, está el puerto de Tallaboa, que es mediano; pero algunas isletas que lo circundan y cubre la marea, lo hacen peligroso, aunque estos escollos no impiden a los extranjeros el frecuentarlo para hacer sus contrabandos.

Todo este territorio es fértil, poblado de excelentes arboledas en que hay algunos hatos de ganado; 80 vecinos del pueblo de Ponce, que habitan aquí, cultivan algunas tierras de un dilatado valle, que baja de las montañas de la cordillera, hasta la punta del peñón, que bate la mar y es paso indispensable y peligroso. En él parece vuelve a cambiarse el clima y temperamento de la Isla, como advertí en el Cabo de Mala Pascua, después del rio de Guayama. De una tierra húmeda y gredosa, cubierta de abundante yerba, se pasa de repente a otra arenisca, árida y desnuda de los pastos y praderías, que se pisan en la anterior. A los frondosos bosques de árboles eminentes, hermosos y cargados de varias frutas, suceden otros pequeños, espinosos, sin frutas y aun sin hojas, incómodos por sus espinas y desagradables a la vista; el calor se siente con más viveza y en todo se ve trocado el clima y la tierra que es muy llana en esta costa.

A distancia de dos leguas del peñón, está el pueblo de Ponce: es de los más antiguos de la Isla; está situado en una grande llanura cubierta de arboleda. El río de su nombre lo ciñe por el oriente; por el norte tiene las montañas de Utuado, al occidente pasa un pequeño arroyo, y a una legua por el sur tiene la mar; 115 casas forman un cuadro dilatadísimo. La iglesia parroquial, que es pequeña y deteriorada, lo cierra por un lado; en el centro de él hay una capilla, que lo divide, dejando dos plazas menos solitarias que las de los otros pueblos, pues en éste y en su circunferencia vive mucha parte de los vecinos, que ascienden a 735, con 5038 almas, y de ellas hay formadas dos compañías de milicias disciplinadas.

El clima es muy ardiente y seco: aquí las niguas, aradores, abuses, garrapatas y otros insectos incomodan grandemente y pueden causar funestas consecuencias, si no se sabe manejar su curación, aunque en algunas circunstancias en toda la Isla son peligrosos. Los naturales hacen poco caso y algunas veces experimentan malas resultas. Cerca del pueblo hay una cantera de yeso, que podía ser útil, si quisieran aprovecharlo.

La principal cosecha es de café: asciende algunos años a 187,932 arrobas, que pasan a los extranjeros, igualmente que las maderas y ganados sobrantes. Toda la tierra, que se extiende a lo largo de la costa, está poblada de haciendas de café, que fructifica pasmosamente. Prefieren el cultivo de este fruto a todos los otros de que es susceptible el país, por el poco trabajo que necesita y por la segura extracción que tiene para las islas extranjeras, en donde estiman más el de Puerto Rico que el de cualquiera otra parte de América.

En diferentes lugares de la Isla, especialmente en esta costa del sur, es muy común una planta llamada marunguey. Esta tiene un tallo del largo de una vara, tierno y que remata en una flor menuda de color musco; sus hojas muy largas y puntiagudas; de su raíz, que es como una batata, hacen pan en esta forma: rallan las raíces hasta que quedan bien deshechas; luego las amontonan hasta que se pudren, crian gusanos y se secan; entonces parecen un montón de barro de color rojo obscuro: estando seco lo muelen hasta reducirlo a polvo, del cual hacen bollos o panecillos, con que socorren la falta del maíz, plátanos o yuca en tiempo de los huracanes.

Este socorro les es muy perjudicial: esta planta demasiadamente ardiente, según se cree, o por alguna otra cualidad oculta, causa siempre cursos de sangre tan violentos, especialmente en algunas complexiones, que los años en que usan esta especie de pan, mueren muchos de este accidente; quizá si lo hicieran de batatas no sentirían tan fatales resultas.

En la falda de las montañas tienen algunos planteles de caña, algodón, tabaco y legumbres, y aunque son algo escasos los frutos, son de mejor gusto y más substancia, que en lo demás de la Isla, especialmente la caña, los melones y sandías.

Crían porción de ganado de todas especies; pero flaco y de inferior calidad por la falta de pastos. Desde el pueblo hasta la mar se ve un bosque de palmas, con cuya fruta mantienen algunos cerdos de poca substancia.

La punta de Salinas, y la del Gato, forman el puerto de Ponce, de bastante extensión, con fondo para navíos. A su frente corre la Isla de Caja de Muertos, de tres millas, o poco más de extensión; al Levante de ésta, corren otras muchas que no embarazan la entrada: todas están incultas y despobladas.

En los montes que pertenecen a este pueblo, se encuentra el árbol guayacán, malagueta, el de la nuez de especie, tabonuco, maria, úcares y otros apreciables de que está cubierto el territorio hasta los ríos Ynabón y Jacagua, limítrofe entre los dos partidos de Puerto Rico y San Germán.

Estos dos ríos se incorporan media legua antes de desaguar en el puerto de Boca-chica, que es capaz de muchos navíos, de buen fondo y bien resguardado. A su frente por la parte del este, tiene la isleta de Yautías, que se extiende más de un cuarto de legua, pero deja paso desembarazado por la punta del oeste.

Aquí dejamos la descripción de los pueblos pertenecientes al partido de Puerto Rico en esta costa; y en el mismo río de Jacagua concluye la de los que pertenecen a la jurisdicción de la Villa de San Germán por esta parte, en la cual se ha referido cuanto contiene de particular e interesante a la Isla en general y sus pueblos en particular, sin haber omitido cosa que merezca comunicarse en cuanto corresponde a su descripción topográfica. Resta dar noticia del gobierno, población, agricultura, comercio, usos y costumbres de sus habitantes, para que se pueda formar la más completa idea de cuanto se contiene en ella.

-Volver a Historia-


-Página principal-