Los primeros trazos de la personalidad de una mujer que se atisban justo antes de una invitación para compartir mesa me han inspirado algunos platos. Platos con nombre, o al menos alma, de mujer. En algunos casos ha sido tan fácil como ajustar algún plato tradicional, o una receta conocida, a la persona que lo inspiraba. Otros, son pura invención, caso de que alguien acepte la posibilidad de que queda algo por inventar en la cocina.

Todos intentamos captar la esencia de la mujer amada, procurarlo para elaborar algo comestible es la muestra de un delirio cuasi antropofágico, de la voluntad atávica de devorarla más que de amarla. Quizás es algo que resalta mi dimensión femenina, ¿o no son las hembras las que siempre devoran al macho? -Viuda negra, mantis religiosa,...-. Convertirla en algo comestible para luego devorarla es realmente excitante, pero todavía lo es más el hecho de compartirlo con ella misma. Es incorporar un tercer elemento a la pareja, un tercer elemento que pretende contener el espíritu de ambos, la sublimación de lo que somos juntos, para incorporarlo a nuestro organismo. Me la imagino a veces en la caldera de un alambique, donde se desprende su pura esencia, el espiritu, que luego bebemos juntos hasta embriagarnos. Y lo sorprendente, o quizás no tanto, es ver que siempre el plato premeditado y confeccionado a medida con la precisión de un sastre de Bond Street produce el efecto deseado en la pareja. Jamás he tenido que calificar de indigna a una mujer con la que haya compartido mesa. Utcumque ferculum, eximii et benè noti saporis, appositum fuerit, fiat autopsia convivoe; et nisi facies ejus ac oculi vertantur ad ectasim, notetur ut indignus.

Todavía diré más, creo que cabe una cuarta manifestación, válida para las tres series que propone Brillat Savarín a partir del método de las medidas gastronómicas. Considero que la cuarta manifestación es de carácter absoluto, por ello afirmo que nada tiene que ver con la facultades y costumbres fruto de la condición social. La tesis sobre la existencia de esta cuarta manifestación se basa sólidamente en mi propia experiencia pero recoge sus bases en la enumeración de los seis sentidos que se plantea en la Fisiología del Gusto. Brillat Savarín los relaciona en la primera meditación de esta obra de manera que parecen fruto de una evolución, del progresivo enriquicimiento del espíritu humano a medida que los desarrolla. Así, tras el gusto, el cual dice que nos sirve para apreciar todo lo sápido o comestible, Brillat menciona el tacto y, por último, el que denomina sentido generador, es decir, el amor físico que atrae a ambos sexos opuestos.

Así pues, la manifestación que se debe producir en la cuarta serie de las medidas gastronómicas es: ¡Si sois capaz de alentar así uno de mis sentidos que no haréis con el sex(t)o!. Manifestación a la que cabe dar curso con presteza pero con el cuidado necesario para no alterar la digestión. Esta condición enriquecerá el sentido generador, puesto que invita a amar con la laxitud y la serenidad de los viejos amantes, huyendo de las prisas adolescentes.