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SEXO ANAL CON GUSTO El asunto puede resultar bien si el hombre es un ejemplo de dulce delicadeza. También puede resultar un desastre si, por el contrario, el hecho de sodomizar a una mujer despierta en él los instintos de un depredador. En ambos casos, sigue siendo un tabú, si resultó bien, no se va contando por ahí, si fue mal, no se vuelve a mencionar. Para el hombre, la curiosidad es el poderoso motor que le impulsa, para la mujer que recibe el homenaje, lo primero que siente es aprensión: me va a hacer daño. Tiene razón. el Esfinter no se dilata igual que una vagina y sin embargo, dicen los médicos, "el orificio anal no es más pequeño que el vaginal. Lo único que ocurre es que los músculos no están colocados de la misma manera, además resulta mucho más estrecho porque la mujer se contrae cuando lo que debería hacer es empujar para ayudar a la penetración".Pero esto es muy dificil, por simple pudor. La sodomía requiere una cierta habilidad y si el 18% de las mujeres afirma que no les gusta, se debe a que suele practicarse mal. "El acto no tiene nada de anormal, explican los expertos. La mujer puede pedirlo sencillamente porque provoca placer". Efectivamente, la zona anal posee numerosas terminaciones nerviosas, abundante riego sanguíneo, por tanto es especialmente sensible y se estimula rápidamente. Lo que ocurre, y se trata de una peculiaridad de esta zona, es que son los mismos nervios los que provocan el placer y el dolor. ¿Estarán ambos fatalmente unidos? Pues, sí. aunque existen reglas para disminuir el dolor y aumentar el placer. En principio el ano no está pensado para dilatarse de este modo. Hay que ayudarle. Primero con un dedo. Luego con un lubricante que puede ser desde la Saliva a la vaselina. Aunque es preferible un lubricante acuoso para no irritar la mucosa rectal. El tiempo de erotización del ano, al igual que el de la vagina, por otra parte, es más largo de lo que se cree. Por tanto, no conviene ir con prisas. Además de la técnica, la sodomía exige una enorme complicidad. Sin embargo, el 48 por ciento de los hombres confiesa haberla practicado con una pareja circunstancial y sólo el 19 por ciento con su compañera legítima. Hacer el amor es seguir el movimiento, dejarse ir, olvidarse de uno mismo. Ebrios de pasión, aumenta la excitación, el hombre orienta su sexo y demuestra sin palabras lo que busca. Se puede llegar a la penetración anal como se llega a la realización de un juego sexual. Pero con la pareja, la sodomía si no se ha practicado nunca debe ser un acto de negociación. Se habla del tema. A veces, demasiado, hasta el punto de que empieza a resultar molesto. El hombre insiste. La mujer se niega, duda. Acaba aceptando a regañadientes. A veces, llega incluso a reprocharle sus tendencias homosexuales: "Si no, ¿por qué insiste tanto?", se indigna ella. Pues sencillamente porque para el hombre es un acto verdaderamente placentero. "Porque viola una prohibición", dicen los psicólogos. "Simplemente porque es más estrecho y, por tanto, más agradable", dice un hombre. " La sodomía les permite a los hombres una multiplicación del placer. Pero las mujeres que no tienen ganas de probar cosas nuevas replican que en ella lo que se demuestra es el egoísmo masculino. Sin embargo, hay mujeres que solicitan la realización del acto. "Porque les gusta, pero también porque la sodomía puede utilizarse como una sexualidad sustitutoria, durante la regla, por ejemplo. O porque permite las relaciones sin perder la virginidad. Así se alejan del papel de esposa y se acercan al de amante. Lo mismo ocurre con la felación. Con un matiz: en el amor oral, la mujer dirige el placer y, por tanto, tiene menos reticencias para practicarlo. Pero, en ambos casos, la mujer no busca su placer sino que más bien pretende que su pareja no busque fuera lo que le niegan en casa. Dejando aparte el placer, la sodomía -sin duda transgresora, puede que dolorosa y probablemente agradable- es el acto que requiere mayores dosis de comprensión y complicidad, sin que sea necesario tampoco llevar diez años juntos. Es lógico percibir la resistencia del otro y respetarla. Como lo es aceptar el deseo, incluso insistencia, de la pareja. Sin repulsión, sin aceptar a la fuerza. Hay que pensarlo. Probarlo. Decidir si nos gusta. Da igual, lo importante es que es un asunto de dos. Y no olvides: o Evitar los juegos sexuales en frío. o Respetar el orden: primero penetración vaginal, luego anal. La flora microbiana que pasa del ano a la vagina puede provocar micosis e infecciones. o Utilizar un preservativo lubricado. |
Ultima actualización: 09/01/2004