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Periodista y misionero

El 31 de agosto de 1922 entró en Bujedo, Héctor Valdielso. Era vivaracho, valeroso y confiado. Apenas comenzaron los trabajos escolares se manifestó con grandes cualidades de observación y de expresión. Su mente ágil y observadora le facilitó la tarea escolar.

Hacia la mitad de su segundo año en Bujedo surgió una posibilidad que agudizó su fantasía. Se cursó por parte de los Superiores una invitación a los aspirantes a la vida de Hermanos para seguir estudios en el Centro Internacional que poseía la Congregación en la Casa Central que entonces se hallaba en Lembecq-lez-Hall, en Bélgica. Se pretendía educar allí personas abiertas, que estuvieran dispuestas a ir después a cualquier nación en que se pudieran requerir sus servicios educativos, sobre todo en los países del Tercer Mundo, o como entonces se decía, en las misiones.

Que la fantasía de Héctor era fácil de encender lo demuestra el hecho de que inmediatamente escribió a su padre, a Méjico, y a su madre, a Briviesca, solicitando de ambos la autorización para ofrecerse para la empresa.

El hecho de haber nacido en Buenos Aires y de tener a su padre en Méjico, parece que le impulsaba a mirar el mundo como pequeño, pues ya desde entonces habla de su deseo de ser misionero en Brasil o de regresar a la Argentina, "nuestra patria", como él la llama en la carta a su padre.

En octubre de ese año de 1924, salió con otros compañeros y un profesor hacia Bélgica, llegando a Lembecq a los pocos días.

Las múltiples alusiones que hace Héctor a problemas, personas, situaciones de diversos países del mundo, demuestran que era progresivamente sensible a temas que le enriquecían enormemente.

Carta del Hno. Héctor del 20/12/1925 Carta del Hno. Héctor a su madre. Fué escrita el 20 de Diciembre de 1925 en Lembec-Iez-Hall, Bélgica.

Sería interesante analizar todos los hechos y sentimientos que recoge en las decenas de cartas que se conservan dirigidas a su padre o a su madre. El corazón de Héctor se hacía cada vez más universal y se hallaba generosamente más disponible para dirigirse a cualquier país pues, desde una atalaya como la casa generalicia de un instituto internacional, todos los lugares le parecían cercanos y el mundo le resultaba pequeño.

El 7 de octubre de 1927 emitió los primeros votos religiosos en la hermosa capilla de Lembecq-lez-Hall. Supuso, para él, la coronación de una etapa importante de su vida. Y por eso se sintió lleno de alegría y de afanes misioneros, ahora alentados por su compromiso religioso.

El 10 del mismo mes de octubre se le inscribe en la Comunidad del Escolasticado de Bujedo, a donde fue enviado para realizar sus estudios de profesor.

El 14 de agosto de 1929 es enviado a ejercer su apostolado educativo a la Escuela de Astorga. Cuando llegó, trabajaban en aquella escuela cinco Hermanos que atendían a casi trescientos alumnos.

El Hermano Héctor no se acobardó por el trabajo ni por las dificultades. Puso en juego toda su inteligencia práctica y su energía creadora para conseguir resultados eficaces.

Al poco tiempo de llegar, se había ganado ya la reputación de excelente educador, pues atendía con singular cuidado a todos los escolares, y sobre todo a los más retrasados.

Carta del Hno. Héctor Valdivielso a su padre. Carta a su padre

Su apostolado era como la coronación de su piedad y siendo lector infatigable, se dio cuenta del valor que podía tener la buena prensa. Por eso hizo lo posible por comprometerse en lo que entonces se llamaba el "apostolado de la prensa" y se dedicó, en la medida de sus fuerzas, a promover las revistas católicas y combatir las malas lecturas, que resultaban peligrosas para los niños y para las familias.

Sus dotes literarias, manifestadas ya en su paso por Lembecq, sobresalían por la elegancia con que se expresaba oralmente y la precisión con que lo hacía por escrito. Sus trabajos eran modelo de claridad, de orden y de limpieza. Y esas dotes, las puso al servicio de la prensa católica. En Astorga, ciudad pequeña y patriarcal, salía cada dos días el periódico: "La luz de Astorga". Recogía noticias y comentarios de la localidad y también de los pueblos comarcanos.

En este periódico publicaba, el Hermano Héctor, con calurosa acogida de la Dirección, frecuentes crónicas y comentarios sobre los Tarsicios y sobre la educación de los escolares de su Colegio. Le dominaba y alentaba un verdadero sentimiento religioso y apostólico. Por eso su línea estaba alejada de resonancia o intencionalidades políticas y se proyectaba en los sentimientos y criterios católicos.

Hay que recordar que la política sectaria que dominó la primera parte de la República, que a él le tocó vivir en Astorga, le inclinó personalmente a ciertas actitudes algo encendidas. Los horizontes políticos se fueron oscureciendo cada vez más, debido a la Ley de Confesiones Religiosas que se discutía en el Parlamento y que era la más sectaria de cuantas había proyectado la República. El Hermano Héctor era especialmente sensible a los avatares políticos y seguía con cierto interés los hechos y los comentarios.

La difusión de la buena prensa llegó a convertirse para él en una verdadera obsesión. Junto con la atención primordial a su clase y la animación, sus Tarsicios constituían su centro de esfuerzos y de inquietudes.

Mapa de Asturias Mapa de la región de Asturias, España. En el mismo, se encuentra señalado Turón, próximo destino del Hermano Benito de Jesús (Héctor Valdivielso Sáez).

Al terminar el curso había que someterse a la nueva dinámica que imponía la situación. Los cinco religiosos que se dedicaban a la educación de los alumnos de las Escuelas, hubieron de dar por concluidas sus labores, por las prohibiciones religiosas.

La prensa se hizo amplio eco de la despedida. Un homenaje popular se tributó a los Hermanos que, después de 24 años de trabajo en la Escuela, tenían que ausentarse y dejar el paso a otros profesores seglares. Que se atuvieran a las leyes vigentes.

"La Luz de Astorga", con quien tanto había colaborado el Hermano Héctor, recogió, el solemne adiós, los sentimientos de la población.

En su número del 3 de setiembre de 1933, escribía entre otras cosas:

"El Hermano Héctor cerró con broche de oro el brindis. En síntesis nos dice que no debe aceptar el homenaje que se les tributa, pues ello no es propio, estando la Iglesia de luto y siendo ella madre queridísima. Y como el hijo que, mientras la madre llora él ríe, no obra bien, los Hermanos no pueden reír mientras la Iglesia llora.
Sin embargo, bajo otro aspecto, el aspecto de la gratitud, no puede menos de aceptar las muestras de amor y cariño que se les tributan, las cuales no pueden rechazar y agradecen de todo corazón". Cfr. Texto en M. Valdizán, lugar citado pag.717