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Distintos circuitos españoles han sido el escenario de varios Grandes Premios fascinanates. Hace algunos años se vió en Jerez su épico final en el que el Lotus de Ayrton Senna batió sobre la misma línea de llegada y por el escaso margen de 0.014 segundos, al Williams de Nigel Mansell.
Cinco años más tarde los mismos pilotos protagonizaron la imagen de la temporada 1991 al recorrer la recta de boxes del Circuit de Catalunya completamente en paralelo, siendo Mansell quien en aquella ocasión ganó la partida. Y hace solo dos años, Michael Schumacher demostró su impresionante maestría con una clara victoria en condiciones torrenciales, de nuevo en el Circuit de Catalunya.
Mucho más allá en el tiempo, recordamos al Ferrari de Mike Hawthorn ganando en el circuito de Pedralbes en 1954, a Jackie Stewart dando a March la primera victoria en un Gran Premio, en 1970 en el Jarama y a Jochen Mass ganando su único Gran Premio, en 1975 en el circuito del parque de Montjuïc. Sin embargo, el Gran Premio de España más memorable, de de hecho una de las carreras más famosas de toda la historia de la Fórmula 1, fue el que se disputó en 1981.
Para la mayoría de fans de Fórmula 1, el nombre de Gilles Villeneuve invoca imágenes de un Ferrari conducido coducido con genio rimbombante. Pero en aquel 21 de Junio de 1981 en el Jarama, Gilles condujo con la serenidad de un chófer para poder resistir a un grupo de cuatro coches claramente superiores, y así ganar el Gran Premio de España.
El Ferrari 126CK de 1981 era un coche espantoso. Su motor turbo de 1.5 litros era uno de los más potentes de la Fórmula 1 pero estaba en el inicio de su desarrollo y la llegada de la potencia era un todo o nada, lo que acentuaba el ya de por si pobre comportamiento del coche. Todo ello, hacía que el Ferrari fuera muy duro con los neumáticos y excesivamente difícil de controlar.
En teoría, el virado circuito del Jarama no debía ser el más adecuado para una máquina tan poco manejable como aquella. A pesar de ello, en el anterior Gran Premio, disputado en el tortuoso circiuto de Mónaco, se había visto al Ferrari nº27 clasificarse segundo en la parrilla y ganar la carrera. Con Gilles Villeneuve al volante, "cualquier cosa" era posible.
Tras obtener la séptima plaza en la parrilla del Gran Premio de España, parecía improbable que Gilles pudiera repetir su éxito de Mónaco. Sin embargo, en la salida ganó cuatro posiciones y pasó tercero por la primera curva, al tiempo que Jacques Laffite que partía en "pole", se quedaba atrás. El Campeón del Mundo de entonces, Alan Jones, y Carlos Reutemann, ambos con un Williams Ford, rodaban primero y segundo hasta el inicio de la segunda vuelta, cuando Gilles adelantó a Reutemann por el exterior al entrar en la primera curva, en una maniobra que dejó al público boquiabierto.
Durante las 13 primeras vueltas, sin embargo, poco parecía que el pequeño canadiense pudiera hacer con el otro Williams, pues Jones se escapaba mientras que el Ferrari castigaba sus neumáticos más de la cuenta. Pero en la vuelta 14 Jones perdió la concentración, yéndose a una puzolana, y a pesar de que consiguió volver a la pista, perdió toda opción a la victoria.
Así que Villeneuve de repente se encontró liderando la carrera pero teniendo que afrontar la situación de tener que resistir por todo el Jarama, a toda una hueste de buenos pilotos en coches superiores al suyo. A medida que los neumáticos del Ferrari se deterioraban, se formó tras él un grupo de coches más rápidos, con Carlos Reutemann, Jacques Laffite y el McLaren de John Watson intentando desesperadamente encontrar un hueco para adelantarse y, al mismo tiempo, ansiosos por mantener detrás a los otros.
Lofrustrante para los perseguidores de Villeneuve era que teoricamente sus coches podían dar la vuelta al circuito del Jarama al menos un segundo más rápido que el Ferrari. El coches de Villeneuve se comportaba de forma horrible al tomar las incontables curvas del circuito madrileño, lo que permitía al Williams, al Ligier y al McLaren a acercársele. pero en las rectas, el Ferrari turbo se mantenía fuera de su alcance, lo justo para llegar haste la siguiente curva.
En un momento dado, Reutemann se la jugó, ¡pero Villeneuve no estaba dispuesto a ceder el liderato sin luchar! Los neumático de Carlos se ensuciaron, peridendo el ritmo al entrar en la recta de boxes, y tan cerrada era la lucha que para el final de la recta le habían pasado Laffite y Watson.
Le tocó el turno a Jacques Laffite. Maldiciendo su mala salida, se colocó segundo y se dispuso a atacar a Villeneuve con entusiasmo. Sin embargo y a pesar de que intentó todos los trucos posibles, no consiguió que Villeneuve le dejara ningún hueco por donde pasar. Nadie frenaba más tarde que Gilles, por algo el canadiense era el más valiente entre los valientes, con lo que lo único que le quedaba por hacer a Laffite era acosar al lider y forzarle a que cometiera un error.
El fallo nunca llegó. Gilles cruzó la meta con Jacques Laffite, John Watson, Carlos Reutemann y el Lotus de Elio de Angelis pisándole los talones, todo el grupo separado por sólo 1.24 segundos. Durante 67 vueltas Gilles había conseguido que el coches más torpe de Fórmula 1 marcara la pauta, batiendo brillantemente a sus rivales mejor equipados. Aquella fue la última carrera de Fórmula 1 celebrada en el Jarama y gracias a un pequeño franco-canadiense con un talento enorme, es un circuito que jamás será olvidado.