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El Cantar del mio Cid

El Cantar de mío Cid (myo Çid en su grafía original) es el máximo exponente de la épica castellana, y una de las obras clave de la literatura española medieval, junto con el Tirant lo Blanc o, en otros géneros, el Libro de Buen Amor o El Conde Lucanor. Constituye también un interesante contrapunto, por su realismo, con otras obras épicas más fantásticas como el Beowulf o la Chanson de Roland.

La épica medieval

En el siglo XII (fecha de la posible primera versión del Cantar de mío Cid, como ya veremos más adelante), y en la Alta Edad Media en general, nos encontramos en un periodo de formación de una nueva sociedad, distinta a la establecida en el caído Imperio Romano, basada en las relaciones de vasallaje y dependencia (entre los campesinos y el señor feudal, entre un señor feudal y otro, entre la nobleza y el rey). Esta nueva sociedad necesita unos nuevos valores, y un medio para expresarlos.

Uno de estos medios fue el cantar épico o cantar de gesta. El proceso de creación de un cantar épico es extenso y complicado, pero se podría resumir de la siguiente forma: Se toma un hecho o un personaje que haya tenido una trascendencia medianamente importante (un héroe de una batalla, un rey legendario o, en nuestro caso, un infanzón rebelde). Estos hechos son rápidamente convertidos en pequeños poemas o cancioncillas, que van siendo recogidas por juglares, quienes las van cantando de pueblo en pueblo. Poco a poco, estos distintos poemas van tomando unidad, formando finalmente el cantar de gesta.

Por supuesto, al igual que ocurre en nuestros días, durante todo este proceso lo sucesos reales se deforman, o se inventan sucesos ficticios, algunas veces tomándolos de antiguas leyendas griegas, romanas o autóctonas. Esto tiene dos funciones: Por un lado sirve para entretener al público (un combate con un dragón tiene más "gancho" que una correcta contabilidad); por otro, para convertir al héroe épico en un modelo de los nuevos valores medievales. Así, los héroes épicos son siempre fervientes cristianos, buenos señores y vasallos, valientes en combate y ejemplos de castidad y unidad familiar, independientemente de la realidad histórica.

El Cantar de myo Çid

Manuscrito del Cantar del Mio Cid

La obra que nos ocupa cumple con la mayoría de las características de la épica medieval, con algunos aspectos particulares que la diferencian de los cantares de gesta del resto de Europa.

El proceso de creación del Cantar de mío Cid comenzó a comienzos del siglo XII, aún en vida del propio Ruy Díaz de Vivar, con las canciones cantadas por los juglares en torno a acontecimientos de la historia reciente; este era el medio más común por el que el pueblo se mantenía informado de lo que ocurría fuera de su entorno más cercano. Así, pequeñas canciones sobre el destierro del Cid, la conquista de Valencia y otros hechos estaban en boca de prácticamente todo el mundo.

Pronto se vio que las composiciones que hablaban acerca del Cid tenían especial aceptación, y no faltaron juglares que decidieran crear historias mayores uniendo varias de estas canciones con las que entretener más al público y ganarse sus buenas monedas. Para "darle más jugo" a la historia, cada cual añadía su "toque" personal. El episodio del engaño de los judíos Raquel y Vidas, o el más famoso de los leones son muestras de esta "pimienta" añadida. Cabe destacar lo comedido de los juglares castellanos, pues al fin y al cabo, el Cid no hace nada imposible o fuera de lo creíble, cosa que no ocurre en otros cantares épicos medievales -recordemos el cuerno que Roland usa para llamar a sus tropas ¡desde el otro lado de los Pirineos!, o la lucha de Beowulf contra un dragón- A mediados del siglo XIII, ya existía algo parecido a un texto "oficial", que los juglares aprendían y recitaban con pocas o nulas variaciones.

El texto que nos ha llegado data del siglo XIII, y es una copia manuscrita fechada en 1207 y firmada con un enigmático Per Abbat -¿Pedro Abad, Pedro el abad, para el abad...?-. Existen indicios, sin embargo, de que el texto estaba fijado antes de 1148. Esta ha sido la única copia conservada, y en ella falta la primera página, que teóricamente incluiría el mandato del rey por el que destierra a Ruy Díaz (influenciado por nobles molestos con él). El libro probablemente pertenecía a un juglar, que lo utilizaba como texto de referencia.

La historia

Jura de Santa Gadea (detalle)

El Cantar de myo Çid está dividido en tres partes, presumiblemente para ser recitadas en tres días consecutivos.

El primero, el Cantar del destierro, nos narra la expulsión de tierras de Castilla sufrida por el Cid bajo el mandato de Alfonso VI, su salida de Burgos junto a unos cuantos caballeros leales, sus pendencias y saqueos en tierras castellanas y musulmanas, y sus conquistas que va ofreciendo al rey en busca de su perdón.

El segundo, el Cantar de las Bodas, contiene la conquista de Valencia y el perdón real, la feroz campaña militar para evitar que Valencia volviese a caer en manos musulmanas, y culmina con el casamiento de las hijas del Cid con los infantes de Carrión

El tercer y último cantar, el Cantar de la afrenta de Corpes, comienza con el episodio en el que dos leones que tenía el Cid en su castillo se escapan, con la puesta en evidencia de la cobardía de los de Carrión. Éstos deciden vengarse del Cid a través de sus hijas, a las que dejan ultrajadas en el robledo de Corpes. El Cid pide justicia al rey, y tras un azaroso juicio en Toledo, que acaba en retos y duelos, que vencen los aliados del Cid. Tras ello, el rey otorga nuevos maridos a las hijas del Cid, y con estos matrimonios nuestro héroe acaba perteneciendo a la alta nobleza.

El primer cantar y el segundo ofrecen el mayor verismo histórico, contando las múltiples victorias del Cid, aunque añade ciertos elementos, como el episodio de los judíos a los que engaña con cofres llenos de arena y piedras, y omite inteligentemente datos que "afearían" la historia, como el segundo destierro que sufrió el Cid por no acudir en auxilio de Alfonso VI en una batalla...

El episodio de la afrenta de Corpes es, sin embargo, totalmente ficticio. Las hijas de Ruy Díaz jamás se casaron con los infantes de Carrión, aunque sí es cierto que éstos pertenecían a una familia que sentía antipatía hacia el Cid. Tampoco tuvieron lugar las cortes de Toledo, aunque el sistema de cortes existía, y funcionaba de modo no muy distinto al descrito en el Cantar. Vemos entonces la mezcla de elementos reales e imaginarios, que en ningún momento hace la historia poco creíble.

Trascendencia del Cantar de myo Çid

La narración de la pérdida y recuperación de la honra de Ruy Díaz tuvo gran aceptación, tanta que muy pronto el público pedía más aventuras del Cid Campeador. Así, se compusieron nuevos poemas sobre los periodos no tratados en el Cantar: la juventud del Cid y su vejez.

En las Mocedades de Rodrigo, compuestas hacia 1350-1375, se narran las aventuras de un jóven e impetuoso Rodrigo Díaz, un infanzón (miembro de la baja nobleza) que mata a un conde por una afrenta que éste realiza contra su padre, es desposado con doña Jimena por Fernando III el Santo (padre de Alfonso VI), y se va a cortar cabezas de reyes moros. En esta obra, compuesta casi 200 años después de la muerte del Cid histórico, el autor deja volar su imaginación para mostrarnos un héroe épico más afrancesado, de furioso ímpetu frente al sosegado y calculador Cid del Cantar. Ni que decir tiene que, si el Cantar de myo Çid no puede ser tratado como un manual de historia, estas Mocedades de Rodrigo tienen una verosimilitud nula, aunque su lectura resulta apasionante.

El Cid también está presente en el Romancero popular. Juan de Escobar, en el Romancero del Cid (1605) nos ofrece una muestra de los muchos romances en los que la figura del Cid es protagonista. Uno de los más famosos es aquel en el que Rodrigo toma juramento a Alfonso VI de su inocencia en la muerte de su hermano Sancho II de Castilla, el antiguo rey. Esta osadía provoca un malestar en Alfonso que le lleva a condenar a Rodrigo al destierro (enlazando con el comienzo del Cantar).

En la Estoria de España de Alfonso X, se narra un hecho (de veracidad bastante dudosa) en el que el Cid, después de muerto, echa mano a la espada para evitar que un judío le tocase la barba. Esta es una de las leyendas en torno a la figura del Cid incluso tras la muerte. (Tampoco es cierta la leyenda del cadáver del Cid atado a Babieca que hace huir a las tropas musulmanas...)

Finalmente, la figura del Cid ha sido rescatada esporádicamente como símbolo del pasado histórico de Castilla a lo largo de los siglos de Oro y más adelante.

Bibliografía y ediciones

  • Poema del Cid, edición y notas de Ramón Menéndez Pidal, Espasa Calpe (Clásicos Castellanos), 1980
  • Ramón Menéndez Pidal, La epopeya castelana a través de la literatura española, Espasa Calpe, 1959
  • Carlos y Manuel Alvar, Épica medieval española, Cátedra, 1991
  • Cantar de mío Cid, edición de Juan Carlos Conde, Espasa Calpe (Austral), 1976
  • Poema del Cid, texto modernizado y prólogo de Francisco Lopez Estrada, Castalia (Odres Nuevos), 1967
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