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El ángel vengadorY el hombre la empujó al precipicio, y ella caía caía y caía; era una gran caída. El ángel de tez pálida y de figura oscura, pues sus vestiduras no eran del blanco celestial que se atribuye a los ángeles, y no brillaba con luz alguna a excepción de sus alas, que si eran blancas y brillaban. Se lanzó al vacío, olvidando la venganza, se lanzó a salvar a aquella mujer. Descendió lo más rápido que pudo; pronto un instinto de que no podría alcanzarla y remontar el vuelo le taladró pero él solo siguió acelerando, esquivando los obstáculos que podía dentro del traicionero acantilado y destruyendo aquellos que no podía. Poco a poco se alcanzaba el final del acantilado, cuando la mujer abandonó toda esperanza de ser rescatada, el ángel la cogió en sus fuertes brazos y remontó el vuelo sin siquiera rozar el suelo y ascendió hasta la mitad del acantilado. Y con sus juguetones ojos que constantemente cambiaban de color, miró a los ojos de mirada triste y desvalida y dijo:
Y el hombre desde arriba del acantilado se arrepintió de haber empujado a la mujer y sobre todo de haberla empujado a los brazos del ángel vengador y temió la venganza del ángel, pues algún día descendería de los cielos portando la espada de muchos nombres y quizás le empujara al precipicio y tal vez el no tendría ángel que le salvará. MiChAeL
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