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Estanterías y más estanterías se extienden ocupando este lugar. Los libros, acumulando capas de polvo y antiguas telarañas, reposan sobre ellas. ¿Qué conocimientos se guardarán en la biblioteca de la posada? ¿Cuantos sabios habrán vertido su sabiduría sobre las amarillentas páginas de estos libros centenarios?


La doncella de los cristales

I

La doncella de los cristales

La débil figura de una mujer joven descendía, deslizándose por un camino pedregoso y oscuro, rodeada de árboles y rocas que proyectaban unas sombras amenazadoras que unidas al ensordecedor ruido del bosque componían un ambiente siniestro y lleno de peligros.

Aplastada por el cansancio, el hambre y el miedo, se dejó caer en lo que parecía el lugar más iluminado de aquellos parajes y se enroscó como pudo en su pesada capa empapada en su sudor y en la humedad de la noche. Solo la calentaba la gélida luz de la luna.

A pesar de sus esfuerzos por descansar, los aullidos de la noche la inquietaban afanándose en distinguir los más amenazadores y consiguiendo solo que su inquietud aumentase. Por fin el cansancio venció al miedo y se sumergió en un sueño cargado de pesadillas.

"Unos gritos de mujer la despertaron sobresaltándola; la niña comenzó a llorar y a llamar desesperadamente a su madre. Una figura que hubiera hecho palidecer de terror al más fiero de los soldados surgió dando una patada a la desvencijada puerta de la habitación; su revuelta cabellera parecía un cubil de llameantes víboras, sus desorbitados ojos asemejaban a los de una rana con el juicio perdido; el promontorio por el que resoplaba surgía de su cara destacando como un hacha amenazante.

Tambaleando su grasiento cuerpo se acercó hasta la cama y comenzó a zarandear bruscamente el delicado bulto que temblaba debajo de las pieles. La voz amedrentada de un hombre se oyó suplicando compasión desde el fondo de la choza, sin conseguir contener el destructivo ciclón que se abalanzaba sobre su pequeña"

Un suave roce sobre su mejilla hizo que se estremeciese y abriese los ojos lentamente, apareciendo ante ella, recortada sobre la tenue luz del amanecer, la silueta de un ser parecido a un gran murciélago. Un sonido metálico surge de su garganta, intentando despertarla. Ella se incorpora de un salto y empieza a retroceder hasta que su espalda se encuentra con un gran tronco, desde donde comienza a observar la figura de este ser: recordaba a un pequeño hombre- murciélago, tenía cuerpo y piernas de hombre y cabeza de murciélago, unas membranas a modo de alas surgían de sus brazos.

El sonido metálico volvió a oírse pero esta vez se hizo inteligible. La joven descubrió que le estaba diciendo su nombre y preguntándole lo que hacía en el bosque. Su voz y su actitud la tranquilizaron y acercándose un poco se presento a su vez:

- Mi nombre es Ealis, provengo de una pequeña aldea en las Oscuras Montañas y voy en busca del País de Cristal.
- Nunca había hablar de ese lugar, pero corres graves peligros adentrándote en este bosque y caminado tan sola por estos parajes.

De repente una sombra pasó por encima de sus cabezas, una gran mancha del color de la sangre oscureció el cielo. Nüng, aterrorizado, de un gran salto se escondió entre la espesura. Ealis, absorta, observaba como el magnifico dragón sobrevolaba el bosque en círculos. Desde detrás de un enorme árbol, Nüng empezó a llamarla con una voz temblorosa, instándola a esconderse. Tras unos momentos de incertidumbre el dragón desapareció de su vista.

Con cautela y mirando continuamente al cielo Nüng salió de su escondite. Ealis le preguntó la razón de su inesperada reacción.

- Lo ves, estos parajes están infestados de peligros y monstruos de toda clase. Eres muy temeraria al no haberte ocultado de Fulgörg.
- ¿Fulgörg?
- Si, el más terrible y sanguinario dragón de esta zona, ¡le encanta devorar batmergs!, así perdí a mi mejor amigo.
- No parece tan terrible, sino más bien hermoso aunque extraño; jamas había visto algo tan impresionante.

Continuará...

Aira

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