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Este miniespacio dedicado a dar consejos caseros, consejos populares para prevenir, tratar o mejorar nuestras dolencias más leves, nace como consecuencia de la necesidad de aliviar nuestros males con aquello que tenemos más a mano: cebollas, naranjas, limones, bicarbonato, un buen caldo de pollo, etc.
Son consejos tan viejos que vienen avalados por la tradición, por lo que hemos oído a nuestros abuelos. En definitiva, se trata de medicina popular en la que se entremezclan mundos tan dispares como la religiosidad, la superstición, las creencias mágicas, el entorno natural, los antecedentes históricos, etc.
Esta medicina popular, en muchos casos avalada y reconocida por grandes y prestigiosos especialistas médicos, nos enseña que para aliviar los efectos de la resaca es bueno comer una rebanada de pan untada con miel, o que para combatir las nauseas leves se aconseja comer dos o tres galletas saladas, o que para desatascar la nariz congestionada puede ser suficiente oler una cebolla, o que podemos aliviar el estrés contemplando un acuario o acariciando a un perro o un gato.
Y ante casi todos los padecimientos y dolencias qué bien sienta el caldo de pollo de la abuela, sin aditivos ni conservantes, sin química, es una fórmula barata e inocua, y lo más importante: sin efectos secundarios.
Como quiera que no somos investigadores de estos temas, solo somos ávidos lectores, curiosos y humildes comunicadores, hemos necesitado beber de las fuentes de la sabiduría popular. Hemos acudido a diversas publicaciones para documentar nuestros comentarios.
Estas son algunas de ellas:
Sólo queda agradecer a quienes investigaron antes de que naciera nuestra curiosidad; y ellos si, publicaron sus investigaciones, sus trabajos, sin cuya lectura esta sección no sería posible.
Gracias. En nombre propio y en el de aquellos que puedan beneficiarse de su trabajo y de nuestros comentarios.