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Curiosidades y
anécdotas
Si conoces
alguna anécdota interesante, envíanosla por e-mail
En la Pequeña Crónica
de Ana Magdalena Bach hay una simpática anécdota referente a
las enormes dotes de improvisación y lectura a primera vista de
Johann Sebastian. El gran maestro había dado a entender en
muchas ocasiones que todo buen músico debe interpretar a primera
vista cualquier clase de música. Su colega de Weimar, el
organista municipal Sr. Walther, meditaba la forma de tenderle
una trampa, para después reirse los dos de la broma. Sebastián
almorzaba algunas veces en casa de Walther y, una de ellas,
mientras esperaban que les sirvieran la comida, Sebastian se
dirigió al clave, vio allí una partitura y,
naturalmente, se puso a descifrarla. Pero no había avanzado
mucho cuando llegó a ciertas notas que le hicieron tropezar y,
muy sorprendido (pues no estaba acostumbrado a tropezar ante
ninguna música, por complicada que fuese), repitió la pieza
desde el principio y tuvo que detenerse en el mismo punto. En
alquel momento, el Sr. Walther, que había estado escuchando tras
la puerta entreabierta, no pudo contener la risa. Sebastian se
levantó de un salto y dijo, un poco avergonzado: "Aún no
ha nacido el hombre capaz de tocarlo todo a primera vista. Este
pasaje es imposible". En años posteriores contaba con
frecuencia esta anécdota, para animar a discípulos tímidos.
La extraordinaria obra de Manuel de Falla
(que, por cierto pocos saben que su segundo apellido era Matheu),
El Sombrero de Tres Picos, se estrenó el 22 de Julio de 1.919 en
el Teatro Alhambra de Londres, con un reparto excepcional:
Ballets de Diaghilev, coreografía de Massin, dirección de Ernst
Ansermet y telón, decorados y trajes de Picasso. Poco antes del
estreno se reparó en que la calidad del telón pintado por el
genio malagueño merecía una contemplación muy atenta. Para
ello, D. Manuel escribió la fanfarria inicial del ballet.
Durante la época de Weimar, Bach llegó
a ser un maestro insuperable del órgano. Inventó incluso una nueva forma
de colocar y mover la mano, mucho más cómoda. Su fama había
llegado a Dresde. Fue en esta ciudad donde se presentó en
aquella época un famoso músico francés, Jean Louis Marchand,
hombre muy capaz pero a la vez muy vanidoso, y anunció que
estaba dispuesto a competir con todos los músicos del país,
sobre los que esperaba demostrar su superioridad. Esta forma de
actuar no despertaba el interés de Johann Sebastian pero algunos
músicos alemanes se sintieron ofendidos por el presuntuoso
desafío del francés y le agobiaron a súplicas para que
defendiese la música alemana y se midiese con él. Vacilante y a
disgustó se dejó convencer y acabó por aceptar el reto de
Marchand. El encuentro debía celebrarse en casa del conde
Flemming. Acudieron muchas damas y caballeros de la corte. Bach
entró tranquilo como siempre dispuesto a someterse a cualquier
prueba musical que le propusiera el francés. Pero aquel señor
extranjero se hacía esperar y no hubo más remedio que mandar,
al cabo de un rato, a un lacayo a su casa, para buscarlo. Pronto
regresó el criado con la noticia de que el monsieurse
había ausentado de Dresde aquella misma mañana en una silla de
posta especial. Se sospechó que había tenido ocasión de oir
tocar a Sebastian sin ser visto y reconocería en él a un hombre
con el que no podía competir, llegando a la conclusión de que
lo más conveniente para su fama ea no acudir al concurso.
Bach era un gran admirador de George
Frederich Haendel. Pasaba horas enteras copiando sus partituras.
En Leipzig dirigió la ejecución de la cantata de Haendel sobre
la Pasión de Nuestro Señor.
Ambos habían nacido en Sajonia y en el mismo año. Johann tenía
la sensación de que fuera de la música existía un lazo entre
ellos e intentó en varias ocasiones encontrarse con Haendel,
aunque jamás fue posible. En cierta ocasión se desplazó desde
Cöethen hasta Halle pero llegó al anochecer, cuando Haendel ya
había partido. Lo mismo ocurrió un par de veces más. Haendel
era un músico suficientemente grande para reconocer la
importancia de las obras de Sebastian, aunque la fama de éste
quedaba limitada a Alemania, mientras que su nombre sonaba hasta
en Italia e Inglaterra. Pero es que Haendel buscaba al público,
viajaba mucho y ganó gran cantidad de dinero, mientras que
Sebastian huía del ruido y del mundo y se dedicaba al trabajo
tranquilo y silencioso en el seno de la familia.
La generosidad de Johann Sebastian Bach
para con los otros músicos era sobradamente conocida. En cierta
ocasión, estando en Erfurt, oyó hablar mal de J.L. Marchand, y
contuvo las críticas con estas palabras: "Os voy a enseñar
lo hermosas que son sus suites
para clave, que tanto despreciáis". Se sentó
al clavicordio y supo elegirlas y tocarlas con tanta delicadeza,
que parecieron muy superiores a lo que realmente eran.
El "Concierto para Orquesta",
obra compuesta por Bela Bartok en 1.944 y estrenada en diciembre
de ese mismo año se ha estado ejecutando y grabando
erróneamente durante casi cuarenta años. Concretamente, el
error estaba en la velocidad del segundo tiempo "Giuocco
delle coppie".
En 1.981, durante los ensayos para la grabación de esta obra y
de la Suite de Danzas del mismo compositor (DECCA 9-40002), el
recientemente fallecido Sir Georg Solti, ya había observado que
el tempo indicado en la partitura, negra=74 era excesivamente
lento pero él siempre ha sido muy escrupuloso en cuanto los
tempi, sobre todo de B. Bartok, al que conoció muy directamente.
Durante una pausa en los ensayos el intrumentista que tocaba el tambor se acercó al director y le dijo: "Maestro, mi parte indica 94 la negra". "¿Cómo, debe ser un error. Ninguna otra partitura indica esa velocidad". La única forma de comprobarlo era consultar el original. Solti logró una copia del manuscrito, por cortesía de la Library Of Congress de Washington. Con sorpresa pudo ver que no sólo viene la indicación de negra = 94 sino que se trata de un Allegro Scherzando en lugar del Allegretto Scherzando que figura en la partitura editada(Como aclaración diremos que todos los términos italianos que indican la velocidad de ejecución terminados en 'etto' son más lentos que sus correspondientes sin esta terminación). Además, Bartok había escrito en la cabecera "Presentando le coppie" (Presentando los pares de instrumentos) y no Guiocco delle copie (El juego de las parejas". Estas 20 pulsaciones por minuto de más cambian totalmente el caracter de la obra.
A pesar de las importantes
transformaciones sufridas por el gusto musical en el tránsito
del siglo XVIII al XIX, aún existían en Alemania compositores,
pedagogos y teóricos que veneraban a los "clásicos".
Uno de estos personajes era Carl Friedrich Zelter (1758-1832),
amigo personal de Goethe y, aunque de inspiración musical pobre,
con grandes cualidades como pedagogo. Fue maestro del joven Felix
Mendelssohn-Bartholdy y le dio a conocer fragmentos de la obra de
Bach. Zelter tenía en su biblioteca una copia de la Pasión
según San Mateo, que probablemente fue mostrada a Mendelssohn a
muy temprana edad porque en 1.823, su abuela hizo sacar una copia
íntegra de la partitura y se la regaló a su nieto, que
enconteces tenía catorce años.
Felix estudió cuidadosamente la partitura y la releyó en los
años siguientes. Primero con curiosidad y luego con admiración
hacia esta obra fundamental, considerada hoy día como una de las
más grandiosas obras de arte (de "todas las artes")
creada por el ser humano.
En algún momento Mendelssohn cayó en la cuenta de que faltaba
poco tiempo para una efemérides importante: el centenario del
estreno de "La Pasión". Habló de ello con Zelter.
Este le dijo: "¿Podía Bach gustar todavía
en 1.820?. Para Mendelssohn la pregunta era distinta: ¿ Podría
gustar Bach ya en
1.820?
El 11 de marzo de 1.829, en Berlín, el propio Mendelssohn
dirigió el magno acontecimiento. El resultado fue óptimo y la
obra se interpretó dos veces más, el 21 de marzo y el 17 de
abril de 1.829, esta tercera vez bajo la batuta de Zelter.
Esto fue el detonante de un abrumador interés por la obra de
Bach.
Cualquier estudiante de piano conocerá
sobradamente el Pequeño libro para órgano de J.S. Bach, pero pocos sabrán
que su título completo, que Bach escribió en sus tapas de
cuero, era: "Librito para órgano, que
servirá de guía los principiantes para las diversas maneras de
ejecutar un coral y les dará la posibilidad de especializarse en
el manejo del pedal, pues en algunos de los corales que en él se
encuentran, el uso del pedal es obligado. Para honrar a Dios y
enseñar al prójimo."
También "El Clave bien Temperado" tiene un
título poco común: "El Clave bien
Templado, o Preludios y fugas en todos los tonos y semitonos,
tanto con la tercera mayor o DO, RE, MI como con la tercera menor
o RE, MI, FA. Para uso y provecho de músicos jóvenes deseosos
de aprender, así como para entendimiento de aquellos que ya son
expertos en el arte."
Según nos cuenta Ana Magadalena en su
"Pequeña Crónica" Sebastian tenia unas manos
verdaderamente notables. Grandes, muy anchas y de un alcance
extraordinario. Podía pulsar una tecla con el pulgar, otra con
el meñique y al mismo tiempo tocar cualquier cosa con los otros
dedos. Ejecutaba trinos con la mayor naturalidad con cualquiera
de los dedos de ambas manos y, simultáneamente, tocar los más
complicados contrapuntos.
Muzzio Clementi fue uno de los más famosos
maestros de su tiempo. Field, Cramer, fueron discícupos suyos.
Beethoven lo tuvo en gran estima como compositor de sonatas
para piano.
Incluso prescribía sus obras a su sobrino para la práctica
diaria. En cambio, Mozart despreciaba como ejecutante y
compositor a Clementi. Fue un pianista prodigio en Inglaterra,
donde llegó con 14 años. Próximo a los 60 años abandonó la
actuación pública y se dedico a la fabricación de pianos,
también con gran éxito.
Nadie duda de que Lucciano Pavarotti es
uno de los grandes tenores del siglo XX pero pocos conocían
hasta hace poco tiempo (1.997) que !no sabe música!. Así como
suena. Es incapaz de leer una partitura. "Ya soy demasiado
viejo para aprender...", dijo en una entrevista, con su
inseparable pañuelo blanco. Y cómo lo hace, preguntaréis. Pues
tiene establecido un sistema de símbolos y líneas de colores
ascendentes y descendentes que indican la evolución de la
melodía, que le sirve como recordatorio a la hora de
interpretar. Algo así como la notación pneumática del gregoriano.
Isaac Albéniz fue uno de los más grandes
niños prodigio españoles. Su padre, Angel Albéniz, quería
hacer de él un virtuoso, como lo habían sido Pagannini o
Sarasate. Con solo 7 años, en 1.867 se traslada con su hermana
Clementina y su madre a París. Su madre busca influencias y
logra que un prestigioso profesor, Marmontel, le de lecciones y
le prepare para su ingreso en el Conservatorio. Marmontel había
sido profesor de Geroge Bizet y pronto lo sería de Claude
Debussy. Isaac trabaja intensamente. El profesor ve en él unas
virtudes de posible gran músico. Los ejercicios para el ingreso
en el Conservatorio se celebran a primeros de octubre. Nuestro
músico los realiza brillantemente. De pronto, tras muchos días
de esfuerzo y tensión, se enciende en el un irreprimible afán
de desquite. Se siente poseído de una alegría impetuosa que
siempre le acompañará en su vida. Saca del bolsillo una pelota
y la lanza contra un cristal de la sala. Risas, voces, un gran
alboroto. Pero también indignación del tribunal. La travesura
le cuesta a Albéniz su ingreso en el Conservatorio. Los
profesores acuerdan aplazar la admisión por dos años. De vuelta
a España. !Cosas de niños!
La hermana de I. Albéniz, Clementina, lo
sentaba junto a ella en la banqueta del piano. el niño apenas
sabía andar y primero golpeaba las teclas por diversión. Pero
al cabo de unas cuantas veces se sorprendió al observar cómo
Isaac arrancaba del piano acordes maravillosos. Sus progresos
fueron tan extraordinarios que con cuatro años daba un concierto
en el Teatro Romea. Los espectadores quedaron tan sorprendidos
que no faltó quién se desplazara detrás del escenario para ver
quién tocaba realmente el piano !
Es muy conocido el carácter aventurero
de Albéniz. Con tan sólo 8 años dio recitales en Avila,
Salamanca y Zamora, obteniendo grandes éxitos y algunos ahorros.
Penso que este dinero haría que pudiese volver a casa sin que su
padre lo castigara y decidió regresar a Madrid. Pero en el
camino, la diligencia donde viajaba fue asaltada por unos
bandoleros que le robaron todo su dinero. No quiso presentarse en
casa con las manos vacías y prosiguió su aventura en
Valladolid, Palencia, Galicia, Logroño, Zaragoza, Barcelona y
Valencia.
Albéniz cosecho grandes éxitos, con
sólo 13 años, en América Latina. Pero no le fue tan bien en
Nueva York. Ningún empresario se atrevía a contratarlo y
volvió a la miseria. Incluso se albergaba en dormitorios
públicos. El único dinero que ganaba lo obtenía llevando el
equipaje de los viajeros de algún vapor español que llegaba al
puerto En las tabernas del puerto tenían a veces piano y le
dejaban tocar a cambio de una cerveza o una taza de café. Un
día se le ocurrió, valiéndose de su privilegiada habilidad con
el piano, ponerse de espaldas a él y tocar con el dorso de los
dedos. Este truco propio de un payaso de circo le proporcionó
algunos conciertos (mejor dicho "exhibiciones") en
cabarets y music-halls con los que obtuvo unos cuantos dólares
para poder viajar a Inglaterra.
W.A. Mozart es el niño prodigio musical por
excelencia. Nació el 27 de enero de 1.756 en Salzburgo. Fue
bautizado con el nombre de Johannes
Chrysostomus
Wolfgangus Theophilus (este último nombre es sinónimo de
Amadeus). Con trece años, durante un viaje a Nápoles con su
padre, pararon en Roma y allí escuchó el Miserere
de Allegri en la Capilla Sixtina. Esta obra sólo podía ser
ejecutada allí y estaba prohibido copiarla o reproducirla bajo
pena de excomunión. Mozart fue capaz de transcribirla de memoria
en una sola audición, un auténtico prodigio, escribiendola
después al llegar a sus alojamientos. Esto nos da una idea de su
procedimiento de composición. Se ha dicho que era capaz de
escribir música en medio de una partida de bolos o de billar.
Pero en realidad sólo estaba pasando al papel lo que ya estaba
perfectamente terminado y organizado en su cabeza. Sus
manuscritos son tan limpios que nadie podría imaginarse que son
la primera y una copia de la obra. Qué diferencia con los
originales de Beethoven, llenos de borrones e incluso de
trozos de papel cortados y vueltos a pegar con las notas
correctas. Los que podríamos considerar como los tres grandes
genios de toda la historia de la música, Bach, Mozart y
Beethoven fueron tres personalidades totalmente distintas pero,
para el oyente, complementarias y se podría decir que
necesarias. Podemos estar durante horas escuchando el prodigioso
dominio del contrapunto Bachiano y sus incesantemente modulantes
melodías pero en algún momento necesitamos pasar a la sencillez
(?) y frescura de Mozart, de la cual también nos
"cansamos" en favor de la fuerza arrolladora del
temperamento dramático de Beethoven.
El primer Editor Musical, o sea, quién
primero editó una partitura de música, fue Octavius Petroucci,
en 1501
Durante los siglos XIV y XV la música
había alcanzado un complejidad polífonica enorme. El Concilio
de Trento insiste en que la complicación contrapuntística del
estilo flamenco apenas deja entender a los oyentes el texto de
los que se cantaba, centrada como estaba toda la atención del
compositor en resolver los problemas técnicos. Como reacción,
sólo se admitirá aquella música religiosa que sirva, más que
para halagar los sentidos, para realizar el significado devoto de
los textos que se canten, y que las palabras
sean claramente percibidas. Esto lo lleva a
cabo Palestrina (1525-1594), maestro de capilla de San Pedro de
Roma. Su reforma consiste en sustituir los alardes de
complicación que había alcanzado la polifonía en manos de la
escuela flamenca por una construcción sobria y de contrapunto
sencillo, con voces melódicas de gran elegancia que canten los
textos nítidamente. Este compositor es el más representativo
del Renacimiento Musical.
Todos los grandes adelantos musicales se
han producido siempre en la música profrana, al no pesar sobre
ella ninguna prohibición. Al final, la música religiosa siempre
acaba copiando estas innovaciones (cromatismos, etc.)
En la actualidad los grandes compositores
del pasado (Mozart, Bach, Haydn, Beethoven) nos parecen genios
inigualables, artistas sublimes, nuestros ídolos. Pero esto no
siempre ha sido así. En el siglo XVIII el concepto de artista
como ahora lo entendemos no existía. El músico era como un
sirviente más. La aristocracia se consideraba con un nivel muy
superior al del artista. Además, la música se consumía
en el sentido estricto de la palabra. Una vez escuchada una obra
ya no tenía interés volver a oirla. Se requería otra nueva.
También ocurría esto en el siglo XVII, afortunadamente para
nosotros, ya que esta fue la causa por la que BACH compuso cerca
de 300 cantatas en menos de seis años, una para cada domingo de
cada año. (Desgraciadamente, a causa de un comportamiento no muy
correcto de su hijo Carl Philipp tras la muerte de su padre,
sólo se conservan apenas 200)
Uno de los grandes ídolos de J.S.Bach
era el famoso organista de Lübeck, Dietrich Buxtehude. Siendo
Bach organista de la "Iglesia Nueva" de Arnstadt,
pidió cuatro semanas de permiso, dejando a su primo Johann Ernst
como sustituto, para viajar a Lübeck y asistir a los famosos
Abendmusiken (conciertos vespertinos) organizados por Buxtehude.
El viaje, hacia el norte, era de 400 kilómetros. Según cuentan
las crónicas de la época, el camino fue recorrido a pie, pero
esto es muy improbable ya que el tiempo de que disponía Bach no
hubiera sido suficiente. Las expectativas del maestro fueron
sobradamente satisfechas. Los 40 músicos que componían la
orquesta estaban dispuestos en cuatro plataformas especialmente
diseñadas para tal acontecimiento. Pudo escuchar maravillosas
obras, como el estreno del Castrum doloris, de Buxtehude, escrito
en memoria del difunto emperador Leopoldo I. Fueron días
gloriosos, llenos de estimulantes descubrimientos.
Los conocimientos de Bach sobre el órgano no se limitaban a la ejecución
sino que era un gran conocedor de los más mínimos detalles
referentes a la construcción de tan importante instrumento. Era
requerido habitualmente para probar órganos en las iglesias. Lo
primero que hacía era sacar todos los registros y tocarlo con
todos sus acoplamientos. "Me gusta saber si tiene buenos
pulmones..", decía bromeando. Luego escogía un tema y lo
trataba en todas las formas de la composición, aunque para ello
tuviera que estar durante más de dos horas tocando sin
interrupción.
Forkel, basándose en testimonios de Carl
Philippe Emanuel, nos cuenta: "Bach comenzaba por ensañar a
sus discípulos el método de pulsar el intrumento. con este
objeto les hacía tocar durante largo tiempo ejercicios simples
para todos los dedos de las dos manos, pidiéndoles una atención
constante a la claridad y limpieza de la pulsación. Todos los
alumnos sin excepción debían practicar estos estudios, que no
debían interrumpirse antes de seis meses o un año. Solamente en
los casos en que veía que uno de sus discípulos se
impacientaba, llevaba su bondad hasta el punto de escribirle
pequeños trozos en los cuales se encontraban como engarzadaos
los ejercicios necesarios. Así nacieron los Seis pequeños
preludios para los principiantes y las Quince invenciones a dos
voces."
En 1738 Lorenz C. Mizler, antiguo miembro
del Collegium Musicum de Bach fundó la Societät der
musikalischen Wissenschaften (Sociedad de las ciencias
musicales). Al principio J. Sebastian fue reacio a formar parte
de esta sociedad, pero su actitud cambió cuando Häendel
ingresó en 1745 y se convirtió en el socio número once. Aun
así Bach esperó dos años y se decidió a ingresar en junio de
1747. Para su ingreso presentó como prueba de su saber un
complicado triple canon en seis partes y su retrato pintado por
EG Haussmann, donde aparece con el canon en la mano. Esta demora
en adherirse a la sociedad es muy probable que se debiera a su
afición por los ludus ingenii (juegos de ingenio), que era
también compartida por el fundador de la sociedad. Era una
práctica común en la época sustituir por números las letras
del alfabeto y expresar un nombre por un múmero. La palabra BACH
corresponde al número 14, ya que B es la segunda (2), A la
primera (1), C la tercera (3) y H la octava (8), lo que suma 14.
Por lo tanto demoró su entrada en la sociedad hasta que su
número de socio fuera el 14.
Las "Variaciones
Golberg",
Aria con 30 variaciones canónicas BWV 988, fue un encargo del
Conde Kyeserlingk, gran admirador de BACH y que vivía en Dresde
como embajador de Rusia ante la corte electoral de Sajonia. El
alumno de Bach, Joahnn Theophilus Goldberg, joven y brillante
clavecinista, sería encargado de su interpretación. Tenía que
tocar esta obra una y otra vez para el Conde, que sufría
insomnio.
He aquí una anécdota sobre J.S. Bach
poco conocida. Cuando escribió el Concierto para dos clavicémbalos y cuerda en Do menor BWV 1062 se
encontró con que la partitura no llenaba por completo las hojas
de su manuscrito. Al pie de cada página quedaban vacías tres
líneas. Nuestro ahorrativo maestro pensó que una sonata para
flauta y clave vendría de perlas para rellenar
este espacio. Es la Sonata para flauta en La mayor BWV 1032. Por
desgracia, los pies de las páginas 9 a la 14 fueron arrancados
durante la II Guerra Mundial, habiéndose perdido
irremediablemente cerca de 50 compases del primer movimiento.
Los Seis Conciertos de Brandemburgo
fueron dedicados en la primavera de 1721 a Christian Ludwig
Margrave de Bandemburgo. No son conciertos para solistas sino
ejemplos de formas más antiguas de música concertante. El nº
5, escrito para flauta, violín y clave, está dominado por el teclado.
Incluso hay una cadencia sin acompañamiento de 65 compases
ejecutada por el clave y escrita por el propio Bach, en contra de
la práctica habitual, que era escribir varios acordes para que
el ejecutante improvisara sobre ellos. Puede considerarse como el
primer concierto original para teclado que se haya escrito. Otra
curiosidad. En el 6º concierto no hay violines. Su papel está
desempeñado por las violas.
En 1.926 Igor Stravinsky escucha a su
hijo de 10 años, Soulima, una pieza para piano de R. Schumann.
Cuando termina la interpretación le dice: "tu profesor no
sabe nada de Schumann. El debería enseñarte a tocar mis piezas.
Yo te enseñaré a tocar a Schumann....". Esta anécdota
continúa cuando compone duetos para piano para poder tocar con
su hijo.
La grandiosidad de las obras de
Stravinsky compuestas en los primeros años del siglo XX (El
pájaro de fuego, La Consagración...) contrasta con la
simplicidad y la formulación casi matemática de las notas en la
década de los 50. Las composiciones sonaban desnudas,
trepidantes y tan extrañas que parecían mal interpretadas. El
compositor canadiense Harry Somers dice: " ... es música
para la gente que prefiere el vino seco y el Whiskey
solo..."
El entorno de trabajo de Stravinsky nos
da idea de su genio. Trabajaba de nueve a doce todos los días de
la semana. Su estudio estaba organizado rigurosamente: pianos, un
escritorio con retratos de familia de de N. Rimsky-Korsakov, una
mesa de trabajo con montones de papeles, plumas, tinteros, gomas
de borrar, tijeras, un cronómetro, pegamento... y un diván para
la siesta de la tarde. Es bien conocida su naturaleza
hipocondríaca. No podía dormir sin una luz encendida fuera de
su dormitorio ni trabajar si pensaba que alguien le estaba oyendo
tocar. Se ponía tan nervioso al actuar en público que una vez
se olvidó de las notas de su propia composición.
Iba al médico en cada ciudad que visitaba y tomaba incesantemente pastillas qu él mismo se recetaba. En 1.934, poco después de que su hijo mayor, Theodore, tuviera que ser operado de apendicitis, Stravinsky se hizo extirpar su propio apéndice sano "como precaución". Y a continuación ordenó que hicieran lo mismo a sus otros tres hijos.
En 1.966, Leonard Bernstein, después de
dirigir espectacularmente La Consagración..., se acercó
apresuradamente a Stravinsky y se arrodilló ante él, a modo de
dramático homenaje. El maestro reaccionó diciendo bruscamente:
Lenny, todos tus tiempos estuvieron mal."
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