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ARCHIVO VIRTUAL DE SEMIÓTICA
1. MANUAL DE ESTUDIOS SEMIÓTICOS
1.3 CONCEPTO Y DESARROLLOS DE SEMIÓTICAS PARTICULARES
1.3.1 SEMIÓTICA SIMBÓLICA
1.3.1.1. SEMIÓTICA VERBAL
____________________________________________Message 971
From: Eduardo Serrano Orejuela <eso@col2.telecom.com.co>
Date:
Thu Feb 8, 2001 12:12pm
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 1
Discurso, texto y contexto
I
En su libro Sémiotique du discours
(Limoges: PULIM, 1998), Jacques
Fontanille formula una interesante concepción de las diferencias y
relaciones existentes entre los conceptos de discurso, texto y contexto.
He aquí los pasajes pertinentes:
"El inventario de las distinciones entre estas dos nociones sería
fastidioso y estéril. Globalmente, la mayoría de entre ellas interpreta
el texto como un objeto material analizable en el que se pueden
identificar estructuras, y el discurso como el producto de actos de
lenguaje. Pero estos actos de lenguaje manipulan y producen estructuras,
y las estructuras no pueden ser actualizadas que por medio de actos de
lenguaje.
Como estas dos nociones recubren globalmente, de hecho, los mismos
fenómenos, nos consideramos autorizados a considerar que designan dos
puntos de vista diferentes sobre la significación. Hablaremos, por
consiguiente, del punto de vista del texto y del punto de vista del
discurso.
Si definimos la significación mínimamente como la reunión de un plano
de
la expresión (E) y de un plano del contenido (C), los dos puntos de
vista podrán ser entonces definidos así: el punto de vista del texto es
el que nos permite seguir el camino [E --> C], y el punto de vista del
discurso es el que nos permite seguir el camino [C --> E].
En una versión más elaborada, se puede considerar que el camino que
lleva
del contenido a la expresión (y viceversa) conlleva varias fases, y que,
en particular, conduce de las estructuras más abstractas (por ejemplo,
las estructuras llamadas elementales) a las organizaciones más
concretas, próximas del mundo natural y de la expresión (por ejemplo,
las organizaciones figurativas), o a la inversa. En esta perspectiva, el
camino que relaciona la expresión y el contenido es un recorrido,
llamado recorrido generativo, que atraviesa una serie de estratos en un
espacio teórico organizado verticalmente, y este recorrido es
susceptible de ser seguido en los dos sentidos. El camino [E --> C] es
entonces considerado como descendente, y el camino [C --> E] como
ascendente.
El recorrido generativo se presenta como un conjunto de niveles de
significación que se compone, según la concepción más frecuente, y en
lo
esencial, (1) de estructuras semánticas elementales, (2) de estructuras
actanciales, (3) de estructuras narrativas y temáticas, y (4) de
estructuras figurativas. Cada nivel es rearticulado de manera más
compleja en el siguiente, desde el más abstracto hacia el más concreto.
Así, por ejemplo, (1) la categoría [vida/muerte] (estructura semántica
elemental) será rearticulada (2) como [conjunción/disjunción]
(estructura narrativa elemental) gracias a la relación, en el seno mismo
de la primera categoría, de un actante sujeto y de un actante objeto
(estructura actancial), y ella misma dará lugar (3) a programas
narrativos de preservación, de pérdida o de reparación (estructuras
narrativas y temáticas); estas últimas, en fin, (4) serán consideradas
como "figurativas" desde el momento en que reciban
determinaciones
perceptivas, espaciales, temporales y actoriales (estructuras
figurativas): por ejemplo, [vida/muerte] podría en este nivel, al final
de su recorrido, ser manifestado como [luz/oscuridad] (percepción),
incluso [día/noche] o [verano/invierno] (temporalización). Esta
ilustración simplificada describe el proceso generativo "ascendente",
el
de la construcción de la significación; el proceso "descendente"
también
puede ser considerado, puesto que es el del análisis concreto, que parte
de las figuras directamente observables para desembocar en las grandes
categorías abstractas subyacentes. Así, partiendo de [día/noche],
ocurrencia figurativa en un texto concreto, podría hallarse
sucesivamente, y en el orden inverso: [luz/oscuridad],
[conjunción/disjunción], [vida/muerte], incluso, más generalmente,
[existencia/inexistencia].
El punto de vista del texto es el que sigue el recorrido en el sentido
descendente, desde las organizaciones concretas hasta las estructuras
abstractas. El punto de vista del discurso es el que lo sigue en el
sentido ascendente, desde las estructuras abstractas hacia las
organizaciones concretas. El punto de vista del discurso sería, pues, en
sentido estricto, generativo, puesto que parte de las estructuras de
contenido más generales para encontrar progresivamente la diversidad y
las particularidades de la expresión. El punto de vista del texto, por
el contrario, podría ser calificado de hermenéutico, pues está dirigido
por la búsqueda de una explicación y de una intencionalidad que serían
subyacentes a los hechos textuales propiamente dichos.
Pero hemos señalado ya que el camino que conduce de la segmentación de
las unidades textuales a las estructuras subyacentes estaba sembrado de
trampas; esta segmentación debe justamente ser "superada", sino
"olvidada", para poder acceder a las lógicas de la acción, de la
pasión
o de la cognición. Asimismo, el recorrido inverso, que debería conducir
de las estructuras elementales a la organización concreta del discurso,
se enfrenta a muchos obstáculos, y en particular al hecho de que la
enunciación interviene en todo momento para seleccionar y orientar las
estructuras subyacentes.
La aparente simetría entre los dos puntos de vista enmascara de hecho una
radical diferencia de pertinencia.
Desde el punto de vista del discurso, en cada etapa del recorrido se
plantea la cuestión de los actos que, bajo el control de la enunciación,
orientan, seleccionan y convocan las estructuras para inscribirlas en
una expresión. La semiótica del discurso está siempre, frente a un
conjunto significante, a la búsqueda de la instancia de discurso que le
procura su carácter de ocurrencia presente, actual y específica.
Desde el punto de vista del texto, estos actos aparecen en el mejor de
los casos como marginales, en el peor como obstáculos que es necesario
borrar progresivamente para hallar las estructuras más generales y
subyacentes. La semiótica del texto debe rebasar la especificidad de los
hechos textuales para estabilizar la lectura: Yuri Lotman sostenía
justamente, en La estructura del texto artístico, que la especificidad
de un texto no resulta sino de la intersección de un gran número de
estructuras que, tomadas aisladamente, son de carácter muy general.
Además de esta diferencia de pertinencia teórica, hay otra que influye
directamente en el método de análisis y el papel de lo que se llama el
contexto. Jean-Michel Adam propone razonar a partir de las dos
ecuaciones siguientes:
[Discurso = Texto + Contexto]
[Texto = Discurso - Contexto]
En esta perspectiva, el punto de vista del discurso integraría el
contexto, mientras que el del texto lo excluiría. No obstante, las cosas
se presentan de manera diferente. Se constata, por experiencia, que es
el punto de vista del texto, en una perspectiva hermenéutica, la que
obliga a añadir elementos contextuales: sin esto, la interpretación
queda incompleta, y la comprensión insatisfactoria. Por el contrario, el
discurso no necesita del recurso al contexto, no porque lo comprenda en
el sentido de una parte añadida, sino porque la noción de contexto no es
pertinente desde este punto de vista. En efecto, el punto de vista del
discurso neutraliza la diferencia entre texto y contexto; adoptar el
punto de vista del discurso es admitir de entrada que todos los
elementos que intervienen en el proceso de significación pertenecen de
derecho al conjunto significante, es decir al discurso, cualesquiera que
ellos sean. En pocas palabras, es el punto de vista del texto el que
"inventa" la noción de contexto.
Muchas de las discusiones sobre la necesidad de "salir de la
inmanencia"
de la lengua o del texto pierden interés si no se decide a priori cuáles
son los elementos de análisis pertinentes. Al haber decidido la
lingüística que sólo los elementos verbales eran pertinentes, descubre
de modo inevitable la necesidad de integrar elementos del
"contexto",
pues la significación no reposa exclusivamente sobre los elementos
verbales. Asimismo, ¿se debe decidir antes del análisis que, en un
cuadro, sólo la superficie pintada es pertinente? No, por cierto, pues
se correría el riesgo de deber añadir, con posterioridad, y en nombre
del "contexto", los otros cuadros de la misma serie, los otros
cuadros
del mismo pintor, después el marco, la cenefa, la colgada, quizás
incluso la arquitectura de la sala donde está instalado y las posiciones
de observación que impone.
Imaginemos a un semiótico que se esfuerza por analizar una conversación.
Si adopta el punto de vista del texto, va, para comenzar, a decidir los
límites de las expresiones a considerar y proceder a la segmentación.
Por ejemplo, su "texto" estará constituido por el conjunto de
los
enunciados lingüísticos; la búsqueda de las significaciones de esos
enunciados lo conducirá rápidamente a añadir informaciones de tipo
mimo-gestual y de tipo entonativo, dependientes de lo que llamará el
contexto para-lingüístico. Pero, si quiere dar todo su alcance a los
actos de lenguaje, en lugar de borrarlos progresivamente, también deberá
explotar las relaciones institucionales y sociales entre los
participantes de la interacción; y, por qué no, tener finalmente en
cuenta la historia de sus relaciones, de sus culturas respectivas, etc.
Es entonces el contexto socio-cultural el que es solicitado.
Por el contrario, si el semiótico adopta el punto de vista del discurso,
comenzará, a partir de un conjunto de expresiones no delimitadas y por
sondeos sucesivos, a elaborar hipótesis sobre las temáticas dominantes
del intercambio conversacional, sobre lo que está en juego en este
intercambio y sobre los roles desempeñados por los participantes. Sólo
acto seguido buscará las expresiones correspondientes, sin imponerse
ningún límite de género o de tipo significante. Es sólo al término de
su
análisis que podrá determinar los límites de su corpus, el cual tendrá
entonces la forma de una situación semiótica que comprende expresiones
lingüísticas, mimo-gestuales, espaciales, institucionales y culturales.
Puesto que no ha fijado arbitrariamente los límites de un texto, en
ningún momento de su empresa habrá recurrido a un contexto. Por el
contrario, habrá construido el discurso (aquí, la situación semiótica)
como un todo de significación que toma prestadas sus expresiones a
diversos tipos de significantes
La noción de contexto es, pues, una invención que sólo es necesaria
cuando se adopta el punto de vista del texto, y de la cual podemos
prescindir si se elige el punto de vista del discurso. Por el contrario,
desde el punto de vista del discurso se plantean otros problemas, en
particular debido a la conjugación, en un mismo proceso significante, de
varios modos semióticos: verbales, visuales, auditivos, incluso
olfativos, proxémicos, etc. Asimismo, en el seno del discurso cohabitan
varias lógicas y varios tipos de coherencia (Cf. Acción, pasión,
cognición). Es necesario entonces preguntarse si esos modos semióticos,
esas lógicas y esos tipos son o no tomados a cargo por las mismas voces
enunciativas, y si establecen relaciones de tipo simbólico,
semi-simbólico o retórico. Es necesario preguntarse cómo, en suma, se
constituye la red de relaciones inter-semióticas.
El asunto es, con todo evidencia, de otro alcance que el de una simple
"adición" del contexto al texto. Nadie pensaría decir, por ejemplo,
que
la representación de una obra de teatro, o de una ópera, o incluso de
una pieza musical, resulta de la adición del contexto de la
representación al "texto" verbal y/o musical. Intuitivamente,
acordamos
reconocer al conjunto de la representación el carácter de un conjunto
significante viviente, de una enunciación global que produce un
discurso. Ocurre lo mismo con una conversación y con cualquier otra
práctica social.
El punto de vista del texto crea, pues, una dificultad que en el mejor de
los casos no es sino un artefacto del método retenido. El punto de vista
del discurso suscita otras dificultades, en particular en el momento de
construir el sincretismo de los diferentes modos y lógicas semióticos,
pero estas dificultades dependen entonces de la cuestión de la
estructura plural y polifónica de la enunciación".
Jacques Fontanille: Sémiotique du discours. Limoges: PULIM, 1998, pp.
84-89. Traducción de Eduardo Serrano Orejuela.
Cordialmente,
Eduardo
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL
2
Discurso, texto y contexto
I
Bonjour,
pour compléter le message de Eduardo
Serrano, je proposerais
volontiers une conception différente des rapports Texte, Discours et
contexte :
Après le discrédit du positivisme logique, et de son aboutissement le plus
récent, le cognitivisme orthodoxe, le thème du contexte permet de révéler
ou de souligner des aspects du changement épistémologique que connaissent
les sciences du langage. Comme souvent dans l'histoire des idées
linguistiques, ce thème cristallise des oppositions qui relèvent de
l'ontologie . En l'occurrence, c'est l'ontologie statique et dogmatique du
positivisme qui se trouve contestée de toutes parts, soit par des
ontologies dynamiques (comme celle de Thom), soit par des courants
anti-ontologiques, comme celui de l'herméneutique matérielle.
Dans les sciences du langage, le recul graduel de l'objectivisme a été
marqué par l'abandon des grammaires context-free, l'usage croissant du
concept de contexte, notamment en sémantique et en pragmatique. S'il est
souvent invoqué au lieu d'être défini, le contexte a un effet de
problématisation, d'une part en marquant de fait une rupture avec le
principe de compositionalité, d'autre part en introduisant la question de
la situation (cf. la problématique de la cognition située). Il témoigne
d'une reconnaissance locale et partielle du problème de l'interprétation.
Aussi la réflexion sur le problème du contexte permet-elle de distinguer,
voire d'opposer, la tradition logico-grammaticale, centrée sur le signe, et
la tradition rhétorico-herméneutique, gagée sur le texte. Pour notre part,
nous entendons relier le problème du contexte à celui du texte.
I. Problématique
1. Contexte et complexité. - Le concept de contexte a deux fonctions en
quelque sorte contradictoires : il permet (i) de reconnaître une forme de
complexité dans la catégorisation des unités linguistiques, et (ii) de
localiser des interactions déterminantes entre les unités et leur
environnement ; mais il ne permet pas de les spécifier. En tant que théorie
des parcours interprétatifs, c'est à une sémantique interprétative de le
tenter.
Relativement à une unité sémantique de palier inférieur (sémie), on peut
certes distinguer selon la source des relations et l'orientation des
parcours interprétatifs les contextes actif (l'ensemble des sémies qui ont
une incidence sur l'unité choisie) et passif (l'ensemble des sémies qui en
reçoivent d'elle). Mais cette distinction doit être évidemment étendue aux
unités des paliers supérieurs, mésosémantique et macrosémantique. En
fonction des paliers de description, on peut alors définir des paliers de
contextualité immédiate, proche, ou lointaine, dès lors que l'on reconnaît
des relations sémantiques à longue portée.
2. Deux rapports au "réel". - S'il n'est plus guère de théories qui
dénient
l'importance du contexte, certains auteurs dans les sciences cognitives
agitent l'épouvantail du holisme, et en conséquence cherchent à localiser
étroitement et à réifier le contexte, comme à faire dépendre sa
réquisition
de principes a priori dont l'action serait indépendante du contexte (par
exemple le principe de pertinence selon Sperber et Wilson).
Le concept de contexte assume cependant diverses valeurs de
problématisation : il est utilisé soit pour réintroduire une forme limitée
de globalité dans l'interprétation, soit pour lier la langue à une
extériorité en conditionnant la construction du sens à la connaissance de
cette extériorité. Précisons les deux voies de cette alternative.
a) La linguistique est sans doute la seule discipline contemporaine à
placer le réel hors de son objet (cf. par exemple Siblot, 1990). Alors
qu'une science a précisément pour but de permettre l'objectivation critique
de son champ, elle reste en-deçà. Elle doit sans doute cette
externalisation du "réel" à l'antique péjoration platonicienne du
langage.
Selon que le réel se situe dans l'esprit ou dans le monde, elle construit
des théories de l'énonciation ou de la référence, voire combine les deux.
Comme les grammaires générales de jadis, aujourd'hui certaines grammaires
cognitives tentent de les concilier en se situant entre une phénoménologie
et une description transcendantale des schèmes de l'imagination "pure".
L'usage contemporain de la notion de contexte est tributaire de cette
ambiguïté. Tantôt le contexte est décrit comme rapport à la situation
d'énonciation, qui tient alors lieu de rapport au "réel". Faute
d'une
réflexion sur l'histoire et la tradition, comme la situation d'énonciation
et la situation d'interprétation ne sont pas séparées alors, la situation
est entendue comme un hic et nunc. D'où l'essor considérable de la
pragmatique, essentiellement consacrée à l'oral . En sémantique cognitive,
la situation est intériorisée sous la forme de scènes, mais elle n'en reste
pas moins extralinguistique .
Or, une situation n'est pas un simple état de choses, ni une relation
intersubjective qui échapperait à l'histoire : elle se définit et ne se
circonscrit que relativement à une légalité culturelle et sociale où elle
prend son sens initial. En d'autres termes, une situation est une
occurrence d'une pratique sociale.
b) Cependant, l'essor du thème du contexte laisse souvent dans l'ombre le
problème de l'interprétation des textes, dominée par le principe
herméneutique que le global détermine le local. A ce propos, on peut
opposer deux conceptions du contexte linguistique : comme zone d'extension,
relativement au signe ; ou de restriction, relativement au texte. Il
convient donc de distinguer nettement; avec les problématiques du signe et
du texte, deux conceptions du contexte, selon qu'il est rapporté au signe
ou au texte.
(i) Relativement au signe, il est supposé le modifier, et l'on considère
alors le signe comme un type. L'action du contexte utilisé rend compte de
la "déformation" du type dans l'occurrence. Cette déformation est
attribuée
à des facteurs externes, généralement considérés comme inessentiels, qui
modifient la signification mais ne la déterminent pas. Connaître la
signification d'un mot, c'est, par une démarche sémasiologique, pouvoir
convoquer des contextes analogues (dans le texte ou dans d'autres).
(ii) Relativement au texte, le contexte se définit comme une zone de
localité, et le choix de ne plus centrer le contexte sur un signe change
évidemment la perspective, si bien qu'un contexte n'est plus le contexte
d'un mot, mais un passage du texte. Un mot peut certes servir à choisir un
passage dans une recherche (de passages parallèles ou sous-corpus) ; mais
ensuite, c'est le passage qui devient l'unité étudiée.
3) Deux problématiques. - Au plan épistémologique, ces deux problématiques
relèvent de deux corps disciplinaires bien différents, pour lesquels le
concept de contexte joue le rôle de révélateur. Ils correspondent à deux
manières de traiter du langage, dont l'une a été mise en ¦uvre par la
grammaire et la logique, l'autre par la rhétorique et l'herméneutique.
La problématique logico-grammaticale a pris en ce siècle un tour formel :
elle transpose au plan sémantique les formes d'objectivité du signifiant
(position, valeur symbolique, interprétation syntaxique comme opération sur
les symboles, etc.). Elle propose du sens une image régulière, car
normative : elle ne conçoit pas d'inégalités qualitatives ni de paliers de
complexité, ou du moins postule l'isonomie de chaque niveau. Elle est
objectivante, et définit des unités discrètes par des procédures
d'identification. Enfin, elle est traditionnellement liée au rationalisme,
de la grammaire générale à la philosophie analytique ; mais comme elle fait
recours au critère de l'évidence, le seul à pouvoir justifier le sens
littéral, elle adopte un point de vue non critique et évite ainsi de
problématiser son lien avec les formes dogmatiues de ce courant
philosophique.
Dans le paradigme logico-grammatical, la production et l'interprétation
sont figurées par l'image du calcul, et les structures profondes sont
toujours logico-formelles : le problème du contexte se formule donc comme
celui du rapport des occurrences au type, et somme toute des manifestations
linguistiques à leurs idéalisations. D'où une attitude ambivalente : le
"bon contexte" désambiguise et permet de rapporter l'occurrence au
type
adéquat, rétablissant ainsi la transparence postulée d'un sens
littéral.
En revanche, le "mauvais" contexte est conçu comme une déformation
de
l'occurrence, relativement au type. Il est donc non seulement inessentiel -
puisque c'est le type qui, par définition, est essentiel - mais son action
est comprise comme une perturbation.
La problématique rhétorique / herméneutique échappe à l'isonomie du calcul
et conteste notamment le principe de compositionnalité. Elle insiste sur
les variations qualitatives : le point singulier, le détail, le tournant,
le kairos, peuvent assurer une relation non unifiante entre le tout et les
parties (contrairement à ce que permet une perspective ensembliste). Elle
n'est pas objectiviste, ou du moins ne conçoit l'objectivation que comme
une sommation (au besoin conflictuelle) de points de vue.
Pour ce qui concerne le contexte, elle admet plutôt le paradigme de de la
(re)connaissance de formes que celui du calcul. C'est pourquoi nous avons
posé le problème de la perception sémantique (1991). Au rapport du type à
l'occurrence se trouve substitué celui des "processus descendants"
aux
"processus montants". Le contexte supporte et suscite un faisceau
d'anticipations et de rétroactions, aussi bien inhibitrices
qu'activatrices. En d'autres termes, selon l'expression de Kosslyn et
Sussman, il n'y a pas d'immaculée perception, que ce soit pour l'expression
ou pour le contenu. La perspective interprétative conduit d'ailleurs à un
traitement unifié et corrélatif des deux plans du langage . Dans le
meilleur des cas, elle est plutôt liée à la philologie, qui n'a de cesse de
les unir, qu'à la philosophie qui n'a eu de cesse de les séparer.
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" Que ce soit au nom du bon
usage ou de la Raison, la grammaire a
toujours été normative. La linguistique le reste quand elle considère
encore que la grammaticalité et l'acceptabilité sont des "différentiels"
fondamentaux : cette ambition normative l'empêche alors de reconnaître que
son objet est fait de normes, qu'elle doit décrire plutôt qu'édicter. Dans
la mesure où précisément elles diffèrent des lois ou des règles, elles
échappent à son ambition nomologique. Et cependant l'incidence du contexte
relève plutôt de normes que de règles. Précisons cela aux trois paliers du
mot, de la phrase et du texte, pour voir comment la problématique
logico-grammaticale s'efforce de décontextualiser son objet pour objectiver
la Langue.
a) Le palier du mot- Les variations contextuelles posent problème, et selon
certains, leur attribuer de l'importance ruinerait la sémantique . Accorder
une part trop belle aux phénomènes contextuels conduirait à diminuer
l'importance de la langue conçue comme un système unique. Piotrowski (1997)
affirme ainsi qu'il n'est personne pour nier le bien fondé d'une forme
d'existence, et, corrélativement d'une forme de connaissance en langue
indépendante des contextes d'utilisation. Certes, rappelle J.-C. Milner, "
un tel savoir est nécessairement supposé par des pratiques langagières
ancestrales, telles que les dictionnaires ou les tableaux des paradigmes
morphologiques " (1989, p. 316) " ; mais les artefacts normatifs que
sont
les dictionnaires et les tableaux de conjugaison ne prouvent en rien un
mode d'existence décontextualisé de la langue - pas plus d'ailleurs que de
tout autre objet culturel.
De fait, la sémantique lexicale a cherché à décrire la signification
indépendamment de tout contexte, en définissant les traits sémantiques
comme des primitives. Définies indépendamment les unes des autres, comme
les stocheia antiques, elles sont impénétrables aux contextes : elles
sémantisent les formules qu'elles composent, sans être sémantisées en
retour.
En revanche, les sèmes (qui rappelons-le ne sont pas des primitives) ne
peuvent être définis "en langue" indépendamment de tout contexte :
les
oppositions lexicales s'établissent entre lexies et non entre morphèmes.
Plus précisément, on interdéfinit les morphèmes qui ont des contextes
comparables à l'intérieur de la lexie. Ainsi, on interdéfinit fourchette
avec cuiller et non avec cuillérée, sauter avec courir et non avec coureur,
etc. Par ailleurs, les sèmes inhérents ne sont hérités du type dans
l'occurrence que si le contexte n'y contredit pas ; les sèmes afférents
socialement normés sont actualisés s'il l'impose ; enfin d'autres sèmes
afférents sont propagés par le contexte.
b) Le palier de la phrase. - La phrase résulte également d'une
décontextualisation, et l'on accepte couramment de la définir comme un
énoncé dont on aurait (mystérieusement) retranché le contexte. On pose en
principe qu'il faut étudier la phrase comme douée d'une signification
autonome, et précisément cette autonomie en fait tout à la fois une
totalité close et une unité fondamentale .
La phrase se réduit alors pour l'essentiel à une structure syntaxique,
généralement celle de la prédication binaire représentant le jugement
(catégorématique). Or la décontextualisation est sans doute nécessaire à
l'apophantique qui depuis le Péri herméneias modèle les théories
occidentales de la prédication : en effet, un contexte bien choisi peut
toujours mettre en doute, par la modalisation par exemple, la valeur de
vérité de la proposition adjacente. D'où la notion de signification
autonome : elle suppose que l'on sache ce qu'est une signification complète
; et les exemples qu'on en donne sont toujours, circulairement, des
propositions.
Les stratégies d'autonomisation sont en même temps des stratégies
d'objectivation qui effacent tout rapport à une situation, et à des foyers
de l'énonciation et de l'interprétation représentés. Du point de vue
interprétatif, tout fragment de texte est incomplet, ou plus précisément
indéterminé, et ne sortira de son indétermination que par une
contextualisation maximale. Pourtant, en considérant que ce qui n'est pas
interprété existe indépendamment, la problématique logico-grammaticale fait
du refus de l'interprétation la condition même de l'objectivation
scientifique.
c) Le palier du texte. - La distinction entre phrase et énoncé peut
être
transposée au palier supérieur, quand on définit le texte comme un type et
un énoncé comme une occurrence. Adam (1992) établit ainsi les deux
équations : texte=discours-contexte et discours=texte+contexte. Certes, on
ne sait par quelle opération il serait possible d'ajouter ou de soustraire
le contexte. Mais en fait l'enjeu reste ontologique : le texte revêt alors
le statut d'un type, susceptible de diverses occurrences (à l'image de la
phrase en pragmatique intégrée). On sait que le concept philologique de
texte est absent de l'analyse du discours "à la française". Mais on
peut
douter que le texte sans contexte soit un "objet" distinct du genre,
qu'elle s'est traditionnellement refusée à décrire, car il relevait sans
doute d'une théorie des idéologies.
d) Bilan des paliers
Bref, aux trois principaux paliers de l'analyse linguistique, la
problématique logico-grammaticale conduit à distinguer deux séries de
concepts selon que l'on tient compte ou non du contexte :
Hors contexte
signification phrase
"texte"
En contexte
sens énoncé
discours
La décontextualisation devient ainsi à la fois condition et résultat de
l'activité du linguiste : ne subsistent alors que des "formes", des
"types", ou des "prototypes". Mais on ne saurait sous-estimer
l'essentialisme qui préside à ces abstractions : il s'agit d'en finir avec
les variations empiriques, pour rétablir l'Etre dans sa permanence, sa
non-contradiction et son identité à soi.
Evolution positive cependant, l'intérêt s'est déplacé de l'essence vers
l'existence et des substances vers les accidents. Si bien que les
linguistes qui cherchaient à cerner les significations, les phrases et les
structures textuelles, en viennent maintenant à faire le parcours inverse,
vers les sens contextuels, les énoncés, et les "discours". Ils n'en
postulent pas moins l'existence de points de départ décontextualisés,
artefacts des descriptions antérieures.
L'opposition logico-grammaticale entre type et occurrence doit selon nous,
dans la problématique rhétorique / herméneutique, le céder à l'opposition
entre occurrence-source et reprise. Les occurrences-sources peuvent devenir
canoniques, et se trouver promues au rang de parangons. Quant aux reprises,
puisque de fait le changement des contextes rend toute répétition
impossible, elles modifient et transforment les sources. Le rapport entre
occurrences est alors médiatisé par une série de réécritures (et
d'interprétations qu'elles concrétisent). Si bien que le problème de
l'interprétation ne trouve plus à se poser à propos du rapport atemporel
entre type et occurrence, mais mais dans le temps, scandé de ruptures,
d'une tradition. Ainsi, un thème littéraire n'est pas un type (au sens
onto-logique), mais une famille de transformations. La textualité elle-même
est faite de ces expositions, développements, reprises et variations.
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III. Contexte et problématique du texte
1. Le texte et l'écrit
Bien que la grammaire puis la linguistique soient principiellement liées à
l'écrit, qui seul jusqu'à une date récente permettait l'objectivation
critique des usages linguistiques, la linguistique contemporaine, en même
temps qu'elle se séparait de la philologie, a fait de l'oral son objet de
prédilection. C'est là un thème majeur de la pragmatique, qui se meut dans
le hic et nunc.; et de fait le concept de texte a été supplanté par ceux de
discours, d'interaction verbale, etc.
Le contexte se définit alors soit comme un voisinage local, soit comme une
situation. Comme le positivisme logique est compositionnel, il estime que
les sens littéraux des sous-expressions qui composent un texte sont
indépendants des contextes. Il "externalise" donc les contextes, les
réduit
aux situations et les traite en termes de référence. D'où l'importance
donnée à la théorie des indexicaux (devenus marques de l'énonciation dans
la tradition française), et les difficultés pour rendre compte des
discordances entre anaphores et coréférences.
Pour la problématique logico-grammaticale, l'écrit par lui-même est supposé
créer une décontextualisation (cf. Auroux, 1996, p. 70) ; et
remarquablement, cela est rapporté à la mort : "le texte écrit est
quelque
chose de mort" . De fait, l'écrit connaît une autre forme de
contextualité,
celle qui va de texte à texte - et qui d'ailleurs n'est nullement inconnue
de l'oral. L'écrit en revanche peut n'être pas attaché à sa situation
initiale, ou du moins s'en éloigner pour gagner d'autres contextes. Ainsi,
pour la problématique rhétorique / herméneutique, le contexte est fait non
seulement du hic et nunc, mais aussi de ce qui n'est pas là : il déborde
alors la situation.
Retenons une sorte d'inversion des rapports entre contexte et situation. A
l'oral, la situation domine le contexte (ou le supplée), alors qu'à
l'écrit, c'est le contexte (intra- et inter-textuel) qui domine la
situation - ou la supplée.
2. Contexte et intertexte
Dans la problématique du signe, le contexte n'est jamais défini comme une
relation entre textes ; et cependant, le contexte intratextuel doit être
complété par le contexte externe, qui ne se réduit pas à la situation, mais
consiste dans l'intertexte.
En revanche, dans la problématique du texte, le contexte, contrôlé par le
texte, se décline en zones de localité. Les éléments pertinents de la
situation sont requis par l'analyse du texte : tout texte, par son genre,
se situe dans une pratique. Le genre est ce qui permet de relier le
contexte et la situation, car il est à la fois un principe organisateur du
texte et un mode sémiotique de la pratique en cours. Les contigences
normatives que sont les genres déterminent le rapport du texte à sa
situation. En d'autres termes, le contexte situationnel agit par le biais
du contexte linguistique et par la médiation de normes de genre.
Si l'on reconnaît l'importance des normes de genre, le texte lui-même n'est
qu'une globalité transitoire. Tout texte est en effet interprété au sein
d'un corpus, et ce corpus est formé en premier lieu des textes qui relèvent
du même genre (et, au-delà, de la même pratique) : une conversation se
comprend au sein d'une histoire conversationnelle, un roman parmi les
autres déjà lus, etc. En bref, le texte est le lieu de rencontre entre le
contexte et l'intertexte.
Cependant, le concept d'intertexte n'est opératoire que si l'on se réfère à
un corpus. Le texte semble certes en linguistique une unité maximale. Mais
un point de vue plus philologique engage à considérer que l'ensemble des
textes relevant d'un même genre (et d'une même langue) constitue un "bon"
corpus au sein duquel il est possible de caractériser et d'analyser un
texte .
En somme, l'unité linguistique fondamentale (tant empirique que théorique)
n'est pas le signe, ni même la phrase, mais le texte (oral fixé ou écrit),
dont l'analyse commande l'accès aux unités de rang inférieur. Cependant,
l'unité supérieure est le corpus. Comme il dépend évidemment du point de
vue qui a présidé à son recueil, la déontologie de sa constitution
conditionne la validité des résultats de l'analyse linguistique. Les
méthodes contrastives de la linguistique de corpus permettent l'étude des
normes sémantiques particulières aux différents discours, et
complémentairement la contextualisation opérée par la sélection du corpus
permet l'interprétation caractérisante, impossible sur le texte isolé.
Pour admettre cela, il faut abandonner trois totalités romantiques,
séduisantes, mais infondées, sinon dans une ontologie : (i) Celle du texte
comme monade, encore présente chez des auteurs aussi différents que Adorno,
ou Jakobson - qui disait, sur le tard, avoir pris à Novalis la notion de
structure. La notion de "clôture textuelle" chez les contemporains
doit
beaucoup à cet unitarisme romantique . (ii) Celle de l'¦uvre, à laquelle
répond la notion de style individuel (chez Hamann, puis Novalis, qui forgea
en 1800 le mot Stylistik). Elle fut si bien admise qu'on ne pouvait naguère
en France commencer une thèse sur un auteur vivant. (iii) Celle de
l'Intertexte, qui dérive de la notion schlegelienne de totalité littéraire
. Par une modernisation radicale du concept d'Antiquité dans les
philologies totalisantes de l'Aufklärung, l'intertexte est venu à
comprendre l'ensemble de la littérature, comme on l'a vu avec le courant
déconstructionniste. Il n'est même pas exclu qu'aujourd'hui l'Hypertexte
soit le dernier avatar de la Totalité romantique des textes.
Remarque : Peut-être la langue comme Système unique est-elle une de ces
totalités, comme la Nation dont certains voulaient jadis qu'elle procède.
L'opposition de la langue et du style dérive de la contradiction entre deux
modes de l'unité : on met face à face l'hénade de la langue et la monade de
l'¦uvre ; mais bien entendu, on ne sort pas de l'ontologie. Aux catégories
philosophiques de Totalité et d'Unicité, nous préférons substituer
l'opposition entre global et local.
Pour ne pas hypostasier le texte, il faut articuler la macrosémantique qui
le décrit à une intersémantique qui traite des rapports entre textes. En
deçà du texte comme globalité, elle intéresse aussi localement les unités
textuelles construites au moyen d'interprétants externes au texte décrit.
Or, dans un corpus, les interprétants externes d'un texte sont des passages
d'autres textes. A partir d'un texte , l'intertexte est ce par quoi l'on
accède par l'ensemble des références (ou allusions) et plus généralement
par l'ensemble des connexions opérées par la lecture et que l'on peut
appeler l'anagnose .
Ces contextualisations apportent un complément, voire un supplément de
sens. Comme le régime de contextualité interne, le régime
d'intersémanticité (ou de contextualité externe) diffère selon les types de
textes. Cependant ces deux régimes semblent croître à proportion. Par
exemple, les textes littéraires ont de fortes liaisons intratextuelles et
intertextuelles.
Un roman se rapporte potentiellement à tous les romans qui l'ont précédé ;
une délibération de conseil syndical ne se rapporte, au plus, qu'aux
délibérations immédiatement antérieures du même conseil. Bref, la relation
entre textes est médiée par les genres. Pour les genres péremptoires (je
veux dire qui se périment), la relation au corpus se limite à la relation
au genre : le contraste avec les autres occurrences n'est pas pertinent.
L'identification est généralisante, non caractérisante. La finitude du sens
s'entend ainsi : quand les rapports entre types et occurrences sont forts,
il n'est pas besoin de recourir, pour interpréter une occurrence, à d'autre
connaissances que celles du type ; pour comprendre un testament, par
exemple, il est rarement utile de recourir à d'autres.
IV. Sémantique de l'interprétation et herméneutique matérielle
L'herméneutique matérielle (ou philologique) a de longue date problématisé
la précompréhension et les régimes de difficulté interprétative.
Soulignons, à titre de directions de recherche, quelques points où une
sémantique de l'interprétation peut tirer un parti critique de ses
réflexions.
(i) Le sens ne consiste pas en représentations mentales ou en description
d'états physiques, mais se construit dans des parcours au sein de textes.
L'interprétation n'est plus alors une relation entre un signe, un concept
et / ou un référent, mais une relation entre signes et entre passages. A la
sémantique différentielle "en langue" correspond ainsi une
sémantique
interprétative ("en discours"). Nous avons étudié en détail les
parcours
interprétatifs au palier du syntagme, qui se traduisent par des
inhibitions, activations et propagations de traits sémantiques. Au palier
de la période, la construction des cas, l'identification des anaphores, en
dépendent étroitement.
Au palier supérieur, ces parcours dépendent de régimes d'interprétation
propres aux pratiques dans lesquelles ils se déploient. A chaque régime
d'interprétation correspond alors un mode de contextualité et un type de
parcours interprétatif. Les régimes interprétatifs des types de discours
(politique, religieux, etc.) sont enfin spécifiés par des contrats
interprétatifs propres aux genres.
(ii) A la conception syntaxique de l'interprétation, nous opposons
qu'interpréter, c'est recontextualiser : ce qui sépare une interprétation
d'un simple transcodage, c'est le changement de contexte. La relation B
réécrit A doit devenir B dans le contexte Y réécrit A dans le contexte X.
Ce principe permet de redéfinir le métalangage comme une forme particulière
du commentaire, et pose le problème des relations intersémiotiques et de
leur articulation dans le texte scientifique.
(iii) Aux problématiques logico-grammaticale et rhétorique / herméneutique
correnspondent les deux principaux régimes de l'interprétation, celui de la
clarté et celui de l'obscurité. Ils peuvent être rapportés à deux usages du
contexte : pour éclaircir l'obscurité ponctuelle (par allusion à la
situation ou à d'autres textes) ou pour problématiser la difficulté
générale.
(iv) Les techniques interprétatives reposent, nous semble-t-il, sur
l'hypothèse de la diffusion sémantique : deux passages juxtaposés
recomposent par là même les saillances et les inhibitions de leurs sèmes.
Ainsi, le choix du contexte est un acte herméneutique majeur dans la mesure
où il détermine la construction du sens.
Il est lié en outre au mode de mimésis choisi par l'auteur comme par le
lecteur, en accord ou non avec les canons du discours et du genre. La
constitution des impressions référentielles est un aboutissement de
l'objectivation mimétique par laquelle on croit achever l'interprétation.
(v) Le contexte est toujours requis pour l'élucidation, en tant qu'il
permet une précompréhension. Il suppose alors, fût-ce pour les contester,
des connaissances partagées, c'est-à-dire une tradition. Du moins, son
efficace en dépend, et il en tire sa valeur explicative : soit parce
qu'appuyé sur cette tradition il permet de déterminer des ilôts de
confiance, points d'appui du parcours interprétatif ; soit parce qu'il
complète cette tradition. On retrouve ici le problème de l'Encyclopédie, à
ceci près qu'elle peut être définie comme une archive de situations
décontextualisées plutôt qu'un inventaire du "mobilier ontologique du
monde".
(vi) Dans la mesure où il relève d'une tradition, le choix du contexte
réinscrit le texte dans une culture. Aussi la dénégation du contexte
est-elle caractéristique du courant moderniste, qui entendait rompre avec
la tradition culturelle. Ce mouvement on le sait dépasse les sciences du
langage .
(vi) La pensée du contexte n'est pas une pensée de la cause mais des
conditions. Un contexte ne peut prétendre être "causal", tout comme
une
situation ne peut prétendre devenir déterminante. Il faudrait pour cela que
le sémiotique soit subordonnée au contexte non sémiotique : une sphère des
interactions physiques ou représentationnelles déterminerait alors la
sphère sémiotique ; mais en nous privant d'ontologie externaliste nous
refusons cette sorte d'étiologie.
(viii) La réflexion sur le contexte s'accorde avec la pensée critique . En
effet, le contexte se déplace avec l'empan du regard, et donc la pensée du
contexte est une pensée des points de vue. Or, pour la pensée critique
dans sa forme présente, le sujet et l'objet ne se préexistent pas, et se
produisent réciproquement dans leur couplage.
(xi) Le rapport au contexte peut enfin être décrit comme une part du
couplage entre le sujet et son "environnement". Cependant, de même
que
l'environnement est un concept intermédiaire entre celui de monde propre du
sujet et celui de monde objectif, il semble que le concept de contexte est
un pseudo-concept, qui tout à la fois souligne et voile l'unité entre le
mot et le texte, comme le lien entre la situation et la pratique en cours.
S'il reste un révélateur transitoire, retenons que la médiation dont il
rend si imparfaitement compte est la forme sémiotique du couplage de
l'homme avec son Umwelt.
NB : ces réflexions reprennent des passages de : (1998) Le problème
épistémologique du contexte et le problème de l'interprétation dans les
sciences du langage, Langages, 129, pp. 97-111.
-----
Pardonnez-moi si j'ai été un peu long : la question est complexe !
Bien cordialement
Francois Rastier
Message 975
From: Josiane Caron-Pargue <Josiane.Caron@mshs.univ-poitiers.fr>
Date:
Thu Feb 8, 2001 8:56pm
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 3
Discurso, texto y
contexto
Eduardo,
Merci pour ce texte, que je ne
connaissais pas. J'ai entendu parlé
de Jacques Fontanille, mais en fait je ne sais pas du tout ce qu'il fait,
bien qu'il soit à Limoges, très près de Poitiers ! (mais il est en
sémiotique et moi en psycho..)
Par contre je connais les travaux de Adam, j'ai des collègues psychologues
qui travaillent tout à fait dans cette optique.
En fait je trouve intéressant le
texte de Fontanille, et j'aimerais
le lire en français. Puisque c'est toi qui a fait la traduction, peux-tu me
le renvoyer en français ? en attendant de me procurer son livre, cela me
permet de commencer à l'aborder.
D'après ma lecture du texte en
espagnol, je trouve très pertinente
la façon dont il dépeint le texte et le discours. Je peux même y retrouver
les limites mêmes du travail que j'ai moi-même fait et que j'essaie de
dépasser.
Je me situe - et sans doute toi aussi
? - entre le texte et le
discours. Bien que je sois plutôt discours, ce qui me gêne un peu, c'est le
fait de dire que diverses logiques et divers types de cohérence, cohabitent
au sein du discours et ne sont pas exprimées par les mêmes voies
énonciatives; En effet partir de là, me semble réduire le problème de fond.
On a l'impression d'une diversité et variation à l'infini. je crois
fondamentalement qu'il y a des invariants, indépendamment des types, des
logiques, etc..... je préfère travailler pour rechercher ces invariants - au
sens où on en a déjà parlé -, ce qui peut permettre de revenir à ces
différents types pour mieux caractériser leur spécificité. Ce n'est pas leur
existence que je conteste, mais de se donner leur caractérisation comme
objet premier de recherche.
Amicalement
Josiane
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 4
Discurso, texto y
contexto
Chers sémioticiens, François,
Tout d'abord, merci à François,
pour son texte. Ce numéro de Langage
est un des quelques uns qui me manquent (à cette époque, j'achetais peu de
livres pour raisons financières). Mais j'ai deux des livres de François dans
ma bibliothèque ('sémantique interprétative' et 'sémantique et recherches
cognitives'). Jusque là je ne les ai que feuilletés. J'ai envie
d'approfondir, à la lumière de nos discussions.
Je suis tout à fait d'accord avec
toute la critique épistémologique
de François. Je retiens de son texte et aussi des autres que c'est au niveau
texte - tout simplement que je n'ai pas cherché à systématiser et aussi à
théoriser ma méthode d'analyse. C'est mon point faible, alors que je crois
que j'ai à peu près tout ce qu'il faut (cf mon autre mail - réponse à Juan).
Cependant j'ai quelques questions ou
quelques points que je n'ai pas
compris :
-La première concerne cette histoire de paliers. Moi ce qui m'intéresse ce
sont les paliers au niveau macro-sémantique (il me semble que j'ai ça dans
mes protocoles) : comment les caractériser ? (y a-t-il une méthode
consacrée), est-ce que cela correspondrait aux sémiotiques substituantes de
Juan ?
de même pour l'orientation des parcours interprétatifs et les contextes
actifs et passifs : mêmes questions que pour les paliers.
En effet j'ai remarqué des paliers
dans mes protocoles, et un sens
d'orientation -en principe- et aussi que certains éléments sont actifs ou
passifs, selon les cas. Et cela me paraît important, car tant que tout va
bien, on reste avec une orientation normale, et tout d'un coup, alors que
certains diraient il y a une impasse (je rappelle que l'on est en situation
de résolution de problème), eh bien c'est l'orientation qui change, ce qui
permet au sujet de construire une nouvelle règle de procédure à partir des
moyens dont il disposait jusqu'alors. Tout se passe comme si une espèce de
priorité entre les niveaux s'établissait progressivement, à mesure que
s'effectue l'apprentissage, et se renverse pour revenir à ce que j'ai appelé
'le niveau situationnel' en cas de difficultés, ou encore au fonctionnement
en parallèle (et de façon plus ou moins articulée) de plusieurs d'entre eux
(par exemple un niveau de traitement des informations correspondant à ce qui
est attentionnellement focalisé, et un autre qui se situe à l'arrière plan -
il m'est arrivé d'en relever trois qui fonctionnaient en même temps). Ce
mécanisme là sert à construire de nouvelles règles de procédures, et aussi
des procédures automatisées (avec passage progressif à l'arrière plan).
- François, quand tu parles de contexte rapporté au signe ou au texte,
est-ce que tu veux dire la même chose que Juan à propos de texte et système
? (ou bien Juan, est-ce que tu veux dire la même chose que François ?) sinon
quelles sont les différences ? D'après ce qui est dit là, je me situe des
deux côtés. je pense que c'est sûrement cela que je dois différencier dans
mes analyses pour faire le travail plus proprement.
Evidemment, je ne me place pas dans
une perspective
logico-grammaticale, mais plutôt rhétorique/herméneutique. Mais là il y a un
point sur lequel j'aimerais avoir plus de précision, c'est ce que tu
appelles 'les processus descendants' et les 'processus montants', qui font
que le contexte suscite un faisceau d'anticipations et de rétroactions,
aussi bien inhibitrices qu'activatrices.
En effet, il y a un autre point très
intéressant que j'ai remarqué
dans les protocoles c'est la façon dont la planification (explicite, cad
marquée à l'aide de modaux - falloir, vouloir, pouvoir ; aussi bien
qu'automatique, cad marquée par autre chose que des modaux -certains verbes
ou connecteurs) émerge peu à peu des premières structurations et s'organise
(les modaux ne marquant que des buts dans des 'moments critiques'-on est
forcément dans une 'cognition située').
- en ce qui concerne la décontextualisation, je crois profondément qu'il
s'agit d'un contexte parmi d'autres, mais qui résulte tout de même d'une
coordination entre contextes.
- O.K. pour dire que le contexte ne correspond pas à la cause, mais plutôt à
des contraintes (conditions).
Voilà. Ce que j'en retire, c'est une
espèce de stabilisation : en
effet je me rends compte que mes interprétations - un peu intuitives - sont
en fait menées correctement. Il ne me reste plus qu'à les mettre en forme.
J'entrevois mieux maintenant comment faire. Je vais en reparler bientôt dans
d'autres mails.
Amitiés à tous,
Josiane
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 5
DISCURSO,
TEXTO Y CONTEXTO
Estimados Semioticians:
Adjunto otros pasajes de Fontanille en los que retoma las diferencias y
relaciones entre discurso y texto:
"El discurso es el proceso de significación, o, en otros términos, a
la
vez el acto y el producto de una enunciación particular y concretamente
realizada.
El texto es la organización en una dimensión (texto lineal), dos
dimensiones (texto planar o tabular), o más... de los elementos
concretos que permiten expresar la significación del discurso.
Texto y discurso podrían ser considerados como dos puntos de vista
diferentes sobre el mismo proceso de engendramiento del sentido. En
efecto, para una semiótica cuyos objetos de estudio no son los signos,
sino los conjuntos y prácticas significantes, se ofrecen dos
perspectivas: (i) una perspectiva consistente en partir de las reglas de
construcción (semánticas, narrativas, etc.) propias al plano del
contenido y construir progresivamente, desde las articulaciones
semánticas más simples, el conjunto de un enunciado complejo: es la
perspectiva del discurso; (ii) una perspectiva consistente en partir de
las reglas de construcción propias al plano de la expresión (lineal,
tabular, verbal, no verbal, etc.) y examinar cómo esas reglas
condicionan la formación de un conjunto significante: es la perspectiva
del texto. Esta presentación en dos puntos de vista no debe ocultar el
hecho de que las dos perspectivas son controladas por una misma
enunciación, que las reúne en un mismo conjunto de actos de significación.
El discurso se propone investir el texto de una significación intencional
y coherente. El texto se propone tomar a cargo el discurso para
ofrecerlo a un lector o un espectador que busca aprehenderlo, y para
ello dispone de medios (expresiones, motivos, etc.) convencionales o
innovantes. Pero estos medios, las formas textuales, están disponibles
para toda clase de efectos de sentido, para toda clase de coherencias
discursivas: un motivo figurativo, como el diario íntimo, por ejemplo,
conocerá tantas significaciones cuantas veces entre en contextos
diferentes; para convencerse de ello, basta con comparar los usos que se
hace de él en Las relaciones peligrosas, El Horla o en El diario de Ana
Frank.
Por consiguiente, si el discurso se esfuerza por ser, sino mono-isótopo,
por lo menos coherente, el texto, y las formas que lo componen, son por
el contrario y por definición pluri-isótopos. La negociación entre
estas
dos instancias se convierte entonces en un problema de método central en
los estudios literarios; la polifonía, por ejemplo, es un concepto que
permite conciliar la pluri-isotopía del texto y la coherencia
discursiva: al proyectar, como lo hace Bajtín, la pluri-isotopía textual
sobre la pluralidad conflictual de las enunciaciones, se postula en
efecto que a cada isotopía textual le corresponde una sola coherencia
discursiva.
La teoría de los puntos de vista y de las perspectivas narrativas sería
la versión menos comprometedora de esto, en el sentido de que el
conflicto de las interpretaciones está regulado por transiciones entre
puntos de vista que se oponen o se relevan, que se contradicen o se
completan, es decir, en suma, que forman un sistema coherente en el
discurso. Por el contrario, la intertextualidad es su versión más
radical, pues ésta consiste en proponer en principio que la
pluri-isotopía textual resulta de la cohabitación no solamente de varias
coherencias discursivas subyacentes, sino de varios textos stricto
sensu, convocados juntos en la trama del texto analizado.
Coherencia, cohesión y congruencia aparecen a este respecto como las tres
dimensiones de esta «negociación» entre las dos perspectivas
semióticas
que son el discurso y el texto.
La coherencia interesa a la orientación intencional del discurso, y da
cuenta del hecho de que una enunciación pone la pluri-isotopía del texto
bajo el control de un solo universo de sentido que puede ser aprehendido
globalmente, incluso si no parece homogéneo.
La cohesión concierne a la organización del texto en secuencias, y a los
diversos procedimientos (encabalgamientos, inclusiones, paralelismos,
simetrías, encadenamientos, etc.) que ponen cada segmento textual bajo
la dependencia de los otros segmentos, próximos o lejanos.
La congruencia introduce, en el seno mismo de la pluri-isotopía textual,
homologías parciales entre diferentes capas de significación: por
consiguiente, se encuentra en el corazón mismo de la negociación entre
la perspectiva textual y la perspectiva discursiva. En la medida en que
varios dominios de pertinencia -varias isotopías- pueden estar
concernidos, la congruencia facilita su superposición, introduciendo
equivalencias locales; en el límite, permite traducir cada uno de ellos
en los términos de los otros. En este sentido, es la huella directa de
la actividad de la enunciación, considerada como la instancia
responsable a la vez de la reunión del texto y el discurso, del efecto
global de totalización significante. Un gran número de figuras
retóricas
(entre otras, la metáfora) participa de la congruencia, pues asegura la
conexión entre las isotopías.
Jacques Fontanille: Sémiotique et littérature. Essai de méthode. Paris:
PUF, 1999, pp. 16-18. Traducción de Eduardo Serrano Orejuela.
Cordialmente,
Eduardo
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL
6
DISCURSO,
TEXTO Y CONTEXTO 2
Eduardo,
En fait, ce qui m'interesse dans le travail
de Fontanille, c'est tout
cet acquis méthodologique, très différent de ce que je fais, et qui
certainement pourrait m'apporter beaucoup.
Je relève quelques éléments :
- le discours se propose d'investir le texte d'une signification intentionnelle
-l'organisation des isotopies (je ne savais pas ce que c'était, j'ai regardé
dans le livre de François), cad des différents niveaux du texte. En fait
j'aimerais savoir si on peux retrouver comme cela, une organisation voisine
de celle que j'ai repéré dans mes protocoles
- dans le même esprit, la théorie des points de vue et des perspectives
narratives : cela m'intéresserait de voir comment les transitions entre
points de vue peuvent réguler les conflits d'interprétations. Il y a
peut-être là quelque chose de voisin avec ce qui se passe lors de la
construction de nouvelles règles de procédures dans mes situations de
problème.
Enfin, je me demande si
l'énonciation correspond à la réunion du
texte et du discours, ou bien si elle se situe à l'interface, cad en
intersection ? cela dépend sans doute de la définition plus ou moins large
que l'on donne à énonciation.
Merci, en tout cas Eduardo, même si
en plus j'aurais aimé te voir
commenter toi-même le texte.
Amitiés
Josiane
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 7
DISCURSO, TEXTO Y CONTEXTO 3
Estimados semioticians:
En el libro Dictionnaire encyclopédique des sciences du langage (Paris:
Seuil, 1972), de Oswald Ducrot y Tzvetan Todorov, el primero de ellos se
refiere a los conceptos "situación del discurso" y
"contexto" de la
siguiente manera:
"Se llama situación de discurso al conjunto de circunstancias en
medio de
las cuales se desarrolla un acto de enunciación (escrito u oral). Debe
entenderse por ello a la vez el entorno físico y social en el que este
acto se sitúa, la imagen que tienen de él los interlocutores, la
identidad de éstos, la idea que cada uno se hace del otro (incluida la
representación que cada uno posee de lo que el otro piensa de él), los
acontecimientos que han precedido el acto de enunciación (en particular
las relaciones que han tenido con anterioridad los interlocutores, y
sobre todo los intercambios de palabra en que se inserta la enunciación
en cuestión).
N.B. Algunas veces se llama también
a estas circunstancias el contexto.
Pero es cómodo reservar este último término para designar el entorno
estrictamente lingüístico de un elemento (de una palabra por ejemplo, o
de una unidad fónica) en el interior de un enunciado, es decir, la serie
de elementos que lo preceden y lo siguen en este enunciado, o aún, en
términos más técnicos, los sintagmas a los cuales pertenece" (p.
417).
En el libro Nouveau dictionnaire encyclopédique des sciences du langage
(Paris: Du Seuil, 1995), de Oswald Ducrot y Jean-Marie Schaeffer, Ducrot
expone la misma concepción prácticamente en los mismos términos:
"Se llama situación de discurso al conjunto de circunstancias en
medio
de las cuales tiene lugar una enunciación (escrita u oral). Debe
entenderse por ello a la vez el entorno físico y social en el que se
sitúa, la imagen que tienen de él los interlocutores, la identidad de
éstos, la idea que cada uno se hace del otro (incluida la representación
que cada uno posee de lo que el otro piensa de él), los acontecimientos
que han precedido la enunciación (en particular las relaciones que han
tenido con anterioridad los interlocutores, y los intercambios de
palabra en que se inserta la enunciación en cuestión).
"Salvo indicación contraria, llamamos contexto, siguiendo la
terminología tradicional, al entorno lingüístico de un elemento (de una
unidad fónica en una palabra, de una palabra en una frase, de una frase
en un texto). [...] Pero ciertos lingüistas llaman contexto a lo que
nosotros llamamos situación [...] y fabrican cotexto para designar el
tradicional contexto. Por consiguiente, no podríamos comprender la
palabra contexto sin saber en qué pareja lo sitúa su utilizador ?lo que
verifica tristemente, en el interior mismo del lenguaje de los
lingüistas, la idea estructuralista de que el sentido es opositivo"
(pp.
764-5).
De estos pasajes se desprende que la situación es el conjunto de
circunstancias, en tanto que el discurso es el resultado de la
enunciación (escrita u oral) producida en dichas circunstancias. Pero
¿cuáles? ¿Las que han presidido la generación por parte del enunciador
o
las que han presidido la interpretación por parte del enunciatario? En
general, se presupone que se trata de las circunstancias generativas,
pero como hay enunciación, y por tanto discurso, tanto en la generación
como en el interpretación, la tajante claridad de la concepción se
complica: la situación de discurso de la interpretación puede ser muy
diferente de la situación de discurso de la generación.
Se piensa generalmente que en el caso de la conversación cara a cara, de
naturaleza oral, las circunstancias son las mismas para los
interlocutores, pues todos están presentes en el mismo entorno
espacio-temporal. La conversación telefónica, también oral, pone en
evidencia que las cosas no son tan fáciles. Yo converso, desde Colombia,
con un amigo que está en Francia: es obvio que el entorno
espacio-temporal no es el mismo. Igualmente ocurre si, desde Cali,
converso con un amigo que está en Bogotá, o, si en Cali y desde el
barrio El Ingenio, converso con uno que está en el barrio San Fernando,
y así por el estilo.
Pienso que incluir "el entorno físico y social" entre las
circunstancias
de la enunciación no hace sino complicar inútilmente las cosas. Lo que
realmente interesa, desde el punto de vista de la significación, es
"la
imagen que tienen de él los interlocutores", imagen que es a la vez,
y
por lo menos, cognitiva y axiológica: ¿cómo me represento y evalúo
dicho
entorno físico y social? Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta
"imagen" es un texto, producto de actos discursivos inscritos en
circunstancias anteriores, y así, potencialmente, hasta el infinito. En
consecuencia, las circunstancias pertinentes, desde el punto de vista de
la significación, son las circunstancias semiotizadas. Un lugar es
sagrado en la medida en que los sujetos lo consideran, y esto es ya un
acto discursivo, sagrado, y hacerlo entraña actos prescritos y
proscritos. Es por esto que un extranjero puede profanar, desde el punto
de vista de los nativos, un lugar sagrado para ellos: el extranjero no
sabía que ese lugar, precisamente ése, era sagrado, y por tanto no
tenía
bases para regular sus actos de tal o cual manera. En otras ocasiones,
la profanación (siempre según el juicio de un sujeto axiológico) puede
ser deliberada. Una vez supe de una pareja que había hecho, y lo
contaba, el amor dentro del confesionario de una iglesia. Mientras
estaban en lo que estaban, ella le decía a su compañero: "Le
confieso,
Papito, que estoy pecando"... Este tipo de carnavalización es muy
instructivo si se lo analiza semióticamente.
Con la identidad de los interlocutores pasa lo mismo que con el entorno
físico y social: no hay identidad por fuera de "la idea que cada uno
se
hace del otro (incluida la representación que cada uno posee de lo que
el otro piensa de él)". En semiótica se le llama
"simulacro" a esta
"idea" que un sujeto tiene de sí, del otro, de la idea que el
otro tiene
de sí y del primero, y así hasta agotar posibilidades. Los sujetos
interactuamos mediante simulacros, la mayoría de ellos preconcientes e
inconcientes, y es este entrecruzamiento de simulacros lo que
constituye, para cada sujeto, lo real de sí y de los otros. Ahora bien,
los simulacros son textos, productos de actos discursivos inscritos en
circunstancias... Ya conocen lo demás. Las bromas "actuadas",
al estilo
de las que presentan en programas televisivos como "Bloopers and
Practical Jokes", sólo son posibles gracias a la mediación de los
simulacros de sí, del otro, de las circunstancias, en la interacción
entre los sujetos participantes tanto en su calidad de
"víctimas" como
de "cómplices".
De lo anterior se desprende que la situación de discurso es discursiva
o, si se prefiere, semiótica, y sólo en la medida en que lo es (y no
puede no serlo) es pertinente. Considerar que la realidad no semiotizada
es pertinente semióticamente es una aporía, es decir, una "carencia
de
camino". Ciertas variantes de la pragmática dan prueba de ello.
Cali, VIII-2000/II-2001
Cordialmente,
Eduardo
Message 983
From: Eduardo Serrano Orejuela <eso@col2.telecom.com.co>
Date:
Tue Feb 13, 2001 1:49am
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 8
DISCURSO, TEXTO Y CONTEXTO
Estimada Josiane:
He aquí la relación de otros libros de François Rastier, o en los que él
tiene una importante participación:
Sens et textualité. Paris: Hachette, 1989
RASTIER, François; CAVAZZA, Marc; ABEILLÉ, Anne
Sémantique pour l'analyse. De la linguistique à l'informatique. Paris:
Masson, 1994.
SALANSKIS, Jean-Michel; RASTIER, François y SCHEPS, Ruth
Hernéneutique: textes, sciences. Paris: PUF, 1997
HOUDÉ, Olivier; KAYSER, Daniel; KOENING, Olivier; PROUST, Jöelle y
RASTIER, François
Vocabulaire de sciences cognitives. Paris: PUF, 1998
Cordialmente,
Eduardo
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 9
DISCURSO, TEXTO Y CONTEXTO
Chers sémioticiens, Cher Eduardo,
Ce mot pour dire que je connais ce
texte de Ducrot, mais cela ne
m'avance pas à grand chose. la position du linguiste et celle du psychologue
que je suis ne peuvent s'identifier. Je comprends très bien qu'un linguiste
puisse permuter le cotexte en imaginant une situation possible, et qu'il
puisse déterminer le contexte par comparaison. Mais alors là je dois dire
que je reste toujours parfaitement médusée, quand un linguiste demande si
l'énoncé va bien dans cette situation ! D'ailleurs en général les avis sont
partagés.
J'ai très bien compris par ailleurs
ce à quoi renvoie le contexte
et là je suis d'accord. mais l'objet du linguiste est de rendre compte du
fonctionnement du langage alors que le mien c'est de caractériser
l'apprentissage d'un sujet cognitif - en faisant attention de ne pas rester
au niveau de la situation proprement dite - auquel cas je n'apporterai pas
grand chose de plus que les travaux actuels et habituels sur la résolution
de problème.
Par contre je suis d'accord avec ce
que dit Eduardo à la fin, là où
il insiste pour dire que ce qui est important c'est la façon dont le sujet
se représente l'environnement physique et social ( j'avoue que je n'aime pas
le terme 'image' pour parler de représentation - bien que ce soit couramment
employé dans la littérature - à mon avis c'est une simplification abusive et
réductionniste). Il faut que les circonstances soient sémiotisées.
On est donc renvoyés à un problème
de méthode. Plusieurs méthodes
différentes, et je suppose insuffisantes chacunes en elles-même ont été
avancées. Il est donc intéressant de continuer à expliciter.
Je m'arrête pour aujourd'hui.
Amitiés
Josiane
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 10
DISCURSO
- TEXTO
Bonjour,
permettez-moi de revenir à un débat
un peu trop franco-français,
sur l'opposition discours/texte.
Petite doxographie sur l'énigmatique opposition discours/texte
On ne peut comprendre l'opposition discours /texte sans revenir aux
objectifs idéologiques explicites de l'Ecole française
d'Analyse du
discours.
Principal théoricien de l'Analyse du discours, Pêcheux, cherchant à énoncer
" les éléments structurants des conditions de production du discours
"
conclut : " il existe dans les mécanismes de toute formation sociale des
règles de projection établissant les rapports entre les situations
(objectivement définissables) et les positions (représentations de ces
situations) " (1990 [1969], p. 118). Cette projection permet la projection
du social sur l'individuel, l'énonciation permettant ensuite la projection
de l'individuel sur le linguistique. Cela explique pourquoi position
signifie ici tout à la fois position de classe et position de parole.
Le rapport entre situations et positions relève du matérialisme historique,
ce pourquoi l'analyse du discours s'appuie sur " l'analyse de la
superstructure idéologique dans son lien avec le mode de production
dominant la formation sociale considérée " (Pêcheux et Fuchs, 1975, p.
15).
Ce serait en effet à la théorie des idéologies, dépendant d'une instance
politique, et non à une sémantique, que revient la caractérisation du sens
textuel.
Du point de vue de ces déterminations sociales, que met en ¦uvre
le
discours, le texte fait pâle figure. En témoigne la directive de
Louis
Guespin : " La notion de texte, vague et inopérante (sauf à retrouver sa
validité à l'occasion du travail de D. Slakta), se verra substituer les
concepts d'énoncé et de discours " (1971, p. 3 ; parmi les nombreuses
reprises, cf. Viala, 1999, pp. 12-15, la section intitulée Discours plutôt
que texte).
D'où le schéma bien connu:
ENONCE + ENONCIATION (SITUATION DE COMMUNICATION) = DISCOURS
présenté par Maingueneau (1976 p. 12). Le texte n'est qu'une sorte
d'énoncé. Chareaudeau (1973, p. 28) synthétisait déjà ainsi
l'opposition
énoncé/discours.
ENONCE
+ situation de communication = DISCOURS
usage - consensus
spécificité
sens
signification
Chareaudeau (1988) reformule encore la séparation entre les notions de
discours et texte. D'après lui, le texte est "un objet qui représente la
matérialisation de la mise en scène de l'autre langage. Il est un résultat
toujours singulier d'un processus qui dépend d 'un sujet parlant
particulier et de circonstances de production particulières. Chaque texte
se trouve donc traversé par plusieurs discours qui s'attachent, chacun, à
des genres ou à des situations différents. Par exemple, le genre politique
peut être traversé par un discours didactique ou par un discours
humoristique " (p. 69). La confusion entre discours et genres est ici
patente.
Quoi qu'il en soit, l'opposition discours / texte reste aujourd'hui souvent
réaffirmée : " Nous admettrons, avec les tenants de l'Ecole française
d'Analyse du discours qu'un discours est une production linguistique
formant avec ses conditions de production socio-idéologiques un tout
accessible à la description. Nous admettrons en outre à la suite des
théoriciens de la linguistique textuelle (J-M. Adam, 1990) qu'il convient
de distinguer le discours (entendu avec l'acception précédente) du texte
(objet empirique et tout à la fois objet de la réception)" (Sarfati,
Remarques sur la notion de discours lexicographique, à paraître).
Bizarrement, cette distinction est tout bonnement reprise, d'ailleurs sans
mention d'origine, par Greimas et Courtès (1979, p. 389):
" Considéré en tant qu'énoncé, le texte s'oppose au discours, d'après
la
substance de l'expression - graphique ou phonique - utilisée pour la
manifestation du procès linguistique". Le texte serait alors un énoncé
qui
peut s'actualiser en discours. Autrement dit, le texte pourrait être
considéré comme un produit, une substance (du coté de la langue) et non
comme un processus ".
On voit mal cependant comment un texte pourrait préexister à l'énonciation
qui va le transformer en discours, alors même qu'il se trouve défini
comme
expression et produit.
L'essentiel demeure que Greimas et Courtés ont ici besoin de l'opposition
discours/texte pour créer un espace d'étude propre à la sémiotique
discursive, et autonome à l'égard de la sémantique textuelle, bien que jugé
cependant déterminant.
-----
Le contexte, c'est tout le texte
Le contexte d'un passage quelconque, tant pour le contenu que pour
l'expression, c'est le texte. Il est impossible de supprimer le contexte,
car du même coup on supprime la spécificité linguistique de l'objet, ou du
moins on le réduit à une chaîne de caractères. Or une chaîne de caractères
est ininterprétable, et n'a ni sens, ni même signification assignable.
Le problème reste que personne n'a encore expliqué comment faire pour
soustraire ou ajouter le contexte : un indice sans doute que le contexte
est constituant.
Dans l'opposition texte / discours, le contexte se réduit à la situation de
communication : c'est là un héritage du positivisme logique. En effet le
contexte linguistique n'est pas considéré : la preuve en est que le
discours n'a pas de textualité, et que le texte est conçu comme une
dimension du langage plutôt qu'un élément d'un corpus où il prend son sens.
On ne peut séparer texte et discours, ni théoriquement, ni méthodologiquement
Selon la tradition greimassienne, dont la position est utilement rappelée
par Fontanille - et Eduardo Serrano -, le texte est de l'ordre de
l'expression (unidimensionnel ou bi-dimensionnel) et le discours de l'ordre
du contenu. Le texte relèverait de la linguistique, le discours de la
sémiotique. Parler de " perspectives différentes " ne serait ici
qu'un
euphémisme, car une perspective ne peut s'opposer ou se concilier à une
autre qu'au sein d'une discipline.
Cette séparation des objets et des disciplines ne va pas sans difficultés
inextricables : d'une part, on parle des isotopies du texte et de la
polyphonie du discours - mais les isotopies sont bien des phénomènes
sémantiques. De même que les métaphores et autres figures de sens qui sont
censées concilier le texte et le discours.
En fait c'est le statut de la sémantique qui devient ici problématique :
impossible en effet de différencier la sémantique des textes et la
sémiotique discursive.
D'autre part, cette position conduit à une division de l'objet fort
difficile à soutenir. On sait que la tradition logico-grammaticale, ait
toujours maintenu la séparation de l'expression et du contenu, la première
assimilée au langage, le second à la pensée. Cette séparation
traditionnelle a été encore renforcée par le dualisme romantique.
Cependant tous les auteurs importants du courant saussurien, et
particulièrement Hjemslev, ont insisté sur le caractère indissoluble des
plans du langage. Notamment, les unités de l'expression ne sont
identifiables elles-mêmes que par des parcours interprétatifs qui mettent
en jeu des contenus. Même les grammaires formalistes, chomskiennes
notamment, ont fini par en convenir.
Si donc l'on sépare le discours et le texte, pour faire du texte une
manifestation superficielle, on revient, à nouveaux frais, à la situation
antérieure à la formation de la linguistique, celle des grammaires
philosophiques issues de Locke (Condillac, Tracy), qui se sont poursuivies
dans la philosophie analytique du langage.
On peut certes considérer que le but de la sémiotique est de concilier
texte et discours : mais il eût été plus simple de ne pas les séparer. La
sémiotique discursive a cependant tenté de le faire pour se créer un objet
disciplinaire indépendant de la linguistique. Mais il s'agit là de
politique académique, et non de problématique scientifique.
De fait la linguistique est la sémiotique des langues. Et le sens des
textes relève bien de la linguistique et non spécifiquement de la
sémiotique.
La sémiotique comme fédération
Dès lors que l'on cesse de postuler divers universaux ethnocentriques et
logocentriques qu'on lui donne pour organon, voire pour objet, la
sémiotique ne peut être que fédérative : l'iconologie, la musicologie, la
linguistique, la chorégraphie, etc. sont bien entendu parties prenantes de
cette fédération.
C'est ainsi qu'il convient d'entendre le propos saussurien. La création de
la sémiotique à partir de la linguistique s'autorise du caractère
exemplaire de cette discipline, qui occupe une place importante au sein de
la fédération sémiotique.
Mais ce n'est pas l'abstraction de formes à partir des langues qui permet
de décrire les fonctionnement propres aux images où aux musiques : cette
abstraction n'a pu de fait que retrouver le fonds métaphysique de la
tradition logico-grammaticale qui privilégie un petit nombre de relations
et de catégories, combinées en modèles constitutionnels, beaucoup trop
puissants, par leur trivialité même, et que l'on peut projeter sur des
objets quelconques, certes sans grand effort, mais sans gain descriptif
notable.
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La question des paliers (pour répondre en partie à Josiane Caron-Pargue)
Comme toute performance sémiotique complexe, un texte connaît des paliers
de complexité, qui sont à rapporter à des échelles diverses. Elles sont
telles que l'on ne peut transposer directement les propriétés d'un palier
sur celles d'un autres (par exemple, un texte est fait de mots, mais un mot
n'est pas une unité textuelle).
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Bien cordialement à tous
F. Rastier
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 11
DISCURSO, TEXTO Y CONTEXTO
Chers sémioticiens, François,
Comme d'habitude, j'ai apprécié le
texte de François, qui retrace
une histoire, que moi - venant d'une autre discipline et étant tout juste
étudiante à cette époque - j'ai bien du mal à digérer théoriquement. En
effet, j'ai pensé que depuis longtemps, il n'y a rien de plus obscur que ce
que l'on entend par 'énoncé' ou 'énonciation'. Je m'en suis rendue compte la
première fois en lisant le livre de Maingueneau, que François mentionne,
et
aussi lorsque j'ai réalisé mon travail sur 'bon' - dont on a eu l'occasion
de parler - A cette occasion j'ai approfondi la problèmatique de Chareaudeau
et Chabrol, puisque je suis partie de là pour caractériser à un premier
niveau les énoncés obtenus en situation d'interaction. Je dois dire qu'en je
n'ai pas vraiment compris, et que de ce fait j'ai du considérablement
aménager la grille d'analyse proposée, que je trouvais assez intéressante,
afin de l'adapter à mon propos.
L'opposition texte / discours s'est
greffée là dessus - je l'avais
oubliée. En ce qui me concerne, je me dissociais des textes à cause de
l'utilisation qu'en font les psychologues, en reprenant soit le modèle
propositionnel de Kintsch, soit les types de textes de Michel Adam - et donc
par rapport à eux, je disais que je faisais du discours. Mais par rapport à
une certaine façon de faire du discours - celle que critique François-, eh
bien je préfère dire que je fais du texte !
Le rapport entre social et individuel
est très à la mode, avec la
cognition située, mais en même temps il n'est pas, ou très peu, vraiment
abordé. Comment se font les rapports entre mémoire externe -déposée dans
l'environnement- et mémoire interne ? C'est une vraie question, à laquelle
les sémiologues devraient essayer de répondre. C'est bien la façon dont les
significations sont structurées et gérées qui crée ce lien. Et le langage
est un moyen parmi d'autres de véhiculer (au sens de construire, structurer,
etc ) ces significations.
Ma mince contribution se tient à deux endroits : le premier dans ce que j'ai
appelé paramètres contextuels à propos du schéma de sens, le second
correspond à ce que j'appelle 'la première structuration de la situation
problème' -cf mes mails précédents - qui me semble fonctionner comme une
mémoire externe instaurant un contrôle automatique, bottom-up, par
opposition aux autres niveaux -là où des éléments de la situation sont
sélectionnés, et organisés entre eux par mise en perspective.
D'ailleurs la remarque de françois
disant que les propriétés d'un
palier ne peuvent être transportées sur un autre, me conforte dans ma
position. En effet, sur le plan cognitif tout est à refaire -avec coût
cognitif très important- à chaque fois. La barrière entre les paliers se
déplace très lentement, au fur et à mesure que de nouvelles règles, voire
des automatisations se construisent.
Pour en revenir à texte/discours,
pour ma part je ne vois pas la
différence - il ne s'agit que d'une simple opposition de problématique, qui
devrait pouvoir se dépasser par ajustement et consensus méthodologique.
Je ne suis pas d'accord pour ramener
le contexte à une situation de
communication- ce qui amène à dissocier communication et représentation- et
à se situer dans le flatland de la représentation ; mais plutôt pour définir
cognitivement la situation de communication en en caractérisant
cognitivement ses composantes contextuelles.
Je n'avais pas compris que Eduardo et
Fontanille considéraient que
le texte c'était de l'expression, et le discours du contenu ! Pour moi ils
utilisaient tous les niveaux sémiotiques possibles, à partir du texte, pour
trier ensuite ce qui est effectivement énoncé à un moment donné. mais il est
vrai que je n'ai pas encore complètement assimilé les spécificités et les
différences de tout un chacun sémioticien !
Amicalement à tous
Josiane
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 12
DISCURSO, TEXTO
Chers collègues,
Dans les citations ici très bien
traduites et présentées par
Eduardo Serrano, j'utilisais évidemment les termes de texte et de discours
dans une acception et avec une problématique différentes de l'acception
définie par l'Analyse du discours à la française et reprise par la
sémiotique greimassienne : les textes et les discours (au pluriel !) se
trouvent (à mon avis) exactement au même niveau ontologique : par exemple,
le discours littéraire est fait de tous les textes littéraires ; le texte
littéraire n'est pas considéré comme l'énoncé produit par le discours
littéraire, et l'étude de ce discours n'est pas censée expliquer les textes
qui en relèvent.
Cela n'a rien que de compatible avec
l'usage général des termes
discours et texte, qui me paraît bien fondé.
Je conteste simplement une chose : il
est clair que dans l'Analyse
du discours (à la française), le discours a partie liée avec l'énonciation,
et le texte avec l'énoncé, si bien que le texte peut se définir comme du
discours décontextualisé, le travail du linguiste consistant alors à
remonter du texte vers le discours, et ultimement sur ses "conditions de
production" en s'appuyant notamment sur les prétendues "marques"
de
l'énonciation.
Dans la discussion sur l'opposition
texte-discours (selon les
acceptions définies par l'Analyse du discours à la française et reprises
par la sémiotique greimassienne), ce qui est en jeu c'est l'idée
(traditionnelle) qu'il y a un prélinguistique qui conditionne et détermine
le linguistique - que ce prélinguistique soit fait de conditions sociales
de production, d'un modèle constitutionnel sémiotique, d'un sujet
sémiotique, cognitif ou transcendantal (ce sont des triplés).
A la fin du parcours génératif
(greimassien), le texte était devenu
une variable, une manifestation "de surface", somme toute
inessentielle.
Cependant, il me semble que rien n'est plus "profond" que le texte :
un
moraliste disait d'ailleurs que dans l'homme rien n'est plus profond que la
peau.
Si l'on pose que le discours relève
de la sémiotique discursive et
le texte de la linguistique textuelle, on arrive à une division de l'objet
qui est un obstacle épistémologique tout à la fois inutile et
infranchissable.
C'est cette séparation théorique
qui est en jeu. Il y a là un
problème d'interdisciplinarité et de statut disciplinaire : il convient
d'éclaircir le rapport de la sémiotique (et de la "sémio-linguistique")
à
la linguistique ; de la socio-sémiotique à la sociologie; de la
psycho-sémiotique avec la psychologie clinique, etc.
Or l'interdisciplinarité est
incompatible avec une hiérarchie des
disciplines et des objets, fût-elle appuyée sur une détermination postulée.
Par exemple, le psychique (défini
comme prélinguistique) ne
détermine pas le linguistique : il se construit dedans, il opère avec,
etc., mais ce n'est pas pour cela que la sémantique se réduirait à la
psychologie cognitive (selon Jackendoff par exemple). Postuler une
détermination interdirait de véritables rapports interdisciplinaires entre
linguistique et psychologie cognitive.
Il en irait de même, toutes
proportions gardées, pour une
détermination de la sémiotique discursive sur la linguistique textuelle,
qui s'appuierait sur une hiérarchie entre texte et discours.
Bien cordialement à tous
F. Rastier
NB : --------
L'assimilation entre texte et
discours (discourse) chez Harris et
les positivistes équivaut à une disparition du concept philologique de
texte : le discours se réduit alors simplement une étendue de plusieurs
phrases ou propositions (cf. la théorie de Hans Kamp, celle de N. Asher,
etc.).
-------------------------------------
Francois RASTIER
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 13
DISCURSO,
TEXTO Y CONTEXTO
Chers sémioticiens,
Je pense que François a raison de
poser le problème du statut de
chaque discipline au sein de l'interdisciplinarité. L'important c'est
d'arriver à définir un objet commun de recherche, et de garder absolument
l'autonomie et l'indépendance des différentes disciplines (sans entrer dans
le détail des sous-disciplines parfois encore plus éloignées les unes des
autres !)
Personnellement, moi psychologue, si
je travaille avec un linguiste,
ou un informaticien, (ou sémiologue....), qui se met à faire de la psycho,
cela ne m'intéresse pas. Les méthodes, et les objectifs sont différents dans
chaque discipline, et c'est cette complémentarité qui me paraît importante.
En effet, les choses atteignent un
tel degré de complexité qu'il est
difficile d'être au courant de tout dans tous les domaines. L'important
alors est de pouvoir entendre et comprendre le langage des autres. Il est
souhaitable aussi de pouvoir élaborer progressivement un vocabulaire commun,
et surtout de s'ajuster au niveau méthodologique, face aux faits, même si le
cadre théorique de départ n'est pas le même.
Il ne faut pas oublier que en ce qui
concerne les sciences humaines,
on ne peut pas épuiser son objet de recherche. Il est malsain de présupposer
la prépondérance d'une discipline sur l'autre.
D'après nos discussions, notre objet
commun actuel se situerait
autour du texte et du contexte. Il vaut mieux entendre 'texte' dans un sens
très général, et dépourvu de problématique particulière. Si certaines
approches particulières le transforme en 'texte particulier', cad muni d'une
certaine théorie, et que cela apporte des éléments intéressants pour
caractériser le contexte, pourquoi nous en priverions nous ? D'autant qu'une
fois récupérée cette façon de caractériser le contexte peut se traduire -
ou
se reconstruire - dans les autres approches ou théories. Et généralement
cette reconstruction ne peut être sans intérêt. Mais en aucun cas on ne peut
dire qu'il y a hiérarchie de l'une des approches sur l'autre.
C'est sûr qu'on ne part pas de rien,
mais il n'y a pas plus de
social que de cognitif, que de linguistique dans ce dont on part. Je pense
que tout est étroitement mêlé, et qu'à chaque fois, on n'a qu'une face ou un
point de vue de l'objet.
Je ne pense pas que la sémantique
pourrait ou devrait se réduire à
la psychologie cognitive, et encore moins à celle de Jackendoff (qui m'a
paru correspondre au 'pays plat de la représentation' - pour reprendre une
expression de Clancey). Mais je pense que si elle ignore le cognitif,
certainement elle est amenée à se fourvoyer. Je crois qu'il y a une zone
commune, où sémantique et cognitif, peuvent s'éclairer l'un l'autre. Chaque
discipline devant retrouver sa cohérence et son autonomie sur son domaine
complet - y compris sur la zone commune.
Amicalement
Josiane
Message 1006
From: Eduardo Serrano Orejuela <eso@col2.telecom.com.co>
Date:
Wed Feb 21, 2001 4:12am
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 14
DISCURSO, TEXTO Y CONTEXTO
Estimados semióticos:
En Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo
(Barcelona: Lumen, 1981), Umberto Eco distingue entre contexto, cotexto
y circunstancia de enunciación.
Contexto es "la posibilidad abstracta, registrada por el código, de que
determinado término aparezca en conexión con otros términos
pertenecientes al mismo sistema semiótico" (p. 28).
Eco ejemplifica esta acepción de la siguiente manera:
"Por consiguiente, dado un término como /gato/, una buena representación
semántica debe considerar una selección contextual que advierta que,
cuando aparezca en conexión con expresiones como /coche/, /rueda/,
/neumático/, etc., dicho término designará determinado artificio
mecánico que se usa para cambiar una rueda de coche. En un contexto
biológico más amplio, donde aparezcan marcas como /animado/, etc., el
término en cuestión será desambiguado como referido a un animal
mamífero, carnívoro, etc." (p. 28).
En este sentido, "una selección contextual registra los casos generales
en que determinado término podría aparecer en concomitancia (y, por
consiguiente, coaparecer) con otros términos pertenecientes al mismo
sistema semiótico. Cuando, después, el término coaparece concretamente
con otros términos (vale decir, cuando la selección contextual se
actualiza), tenemos precisamente un cotexto. Las selecciones
contextuales prevén posibles contextos: cuando éstos se realizan, se
realizan en un cotexto" (pp. 28-29).
Esta acepción de cotexto coincide con la que Ducrot da de contexto:
"[...] llamamos contexto, siguiendo la terminología tradicional, al
entorno lingüístico de un elemento (de una unidad fónica en una palabra,
de una palabra en una frase, de una frase en un texto)" (Oswald Ducrot y
Jean-Marie Schaeffer: Nouveau dictionnaire encyclopédique des sciences
du langage. Paris: Du Seuil, 1995, p. 765).
En el sentido de Eco, el contexto es paradigmático (Cf. los dos
contextos de /gato/ entre los cuales el sujeto elige), en tanto que el
cotexto es sintagmático, pues aquí "el término coaparece concretamente
con otros términos" en el enunciado.
Respecto de las circunstancias de enunciación, Eco afirma:
"En cuanto a las selecciones circunstanciales, éstas representan la
posibilidad abstracta (registrada por el código) de que un término
aparezca en conexión con ciertas circunstancias de enunciación (la
posibilidad, para dar algunos ejemplos, de que un término lingüístico
pueda emitirse en el transcurso de un viaje, en un campo de batalla o en
el Ministerio de Obras Públicas; la posibilidad de que una bandera roja
pueda aparecer junto a una vía férrea o en una situación electoral: por
eso, un ferroviario comunista consideraría con aprensión el primer caso
y con confianza el segundo)" (p. 29).
Me interesa destacar esto: las selecciones circunstanciales representan
una posibilidad abstracta, no concreta, registrada por el código, es
decir, ya semiotizada. Podemos inferir que esta posibilidad abstracta se
concreta cuando un sujeto genera un enunciado en circunstancias
específicas, pero este paso de lo abstracto a lo concreto no equivale a
una salida desde lo semiotizado a lo no semiotizado que circunscribiría
al primero: las circunstancias concretas de un enunciado sólo son
significativas, por ejemplo, para el texto verbal, si ellas mismas son
semióticas o han sido semiotizadas por el sujeto. Es lo que podemos leer
en este pasaje de Eco:
"A menudo, estas circunstancias que coaparecen son elementos de otro
sistema semiótico: por ejemplo, la expresión verbal inglesa /aye/
inserta dentro del sistema ceremonial de una sesión parlamentaria
significa voto positivo, mientras que inserta dentro del sistema
ceremonial de la disciplina naval significa declaración de obediencia"
(p. 29).
Pues bien, estos sistemas ceremoniales, y los procesos a que dan lugar,
son sistemas y procesos semióticos. En la medida en que el sujeto los
conozca y los valore como los sistemas mismos lo prescriben, serán
pertinentes para la interpretación adecuada de la expresión verbal.
Más adelante, Eco añade:
"Reglas de hipercodificación como las reglas conversacionales (u otras
convenciones lingüísticas que establecen las condiciones de felicidad
para los diferentes actos lingüísticos) representan otras tantas
selecciones circunstanciales, donde la circunstancia aparece más o menos
semiotizada" (p. 29).
Insisto: si las circunstancias no son semiotizadas por el sujeto, no son
pertinentes para la interpretación del enunciado verbal. Ni siquiera son
circunstancias. Cuando escribo esto en mi apartamento, lo escribo al
mismo tiempo en el edificio en que está localizado, en el conjunto
residencial en que está el edificio, en el barrio El Ingenio en que está
el edificio, en Cali, en el Valle del Cauca, en Colombia, en Suramérica,
en América Latina, en el planeta Tierra, en... ¿Cuáles son las
circunstancias de mi enunciación? ¿Cuáles deben tener en cuenta Uds.
para interpretar mi texto? ¿Cuáles son las circunstancias en que Uds. lo
interpretan? Todo círculo concéntrico está incluido en otro: ¿en cuál
detenernos, y basados en qué razones?
El asunto se presenta de otra manera si tomamos conciencia que nosotros
decidimos, sobre bases no siempre claras para nosotros mismos pero
existentes, cuáles son las circunstancias de enunciación de un enunciado
concreto. Pero al hacerlo, estamos enunciando (es decir, poniendo en
enunciado) dichas circunstancias, y porque las enunciamos son
significativas y las consideramos pertinentes. Poner en enunciado no
implica necesariamente generar enunciados verbales: pueden ser, y de
hecho son en gran medida, enunciados no verbales. Tampoco implica
necesariamente generar enunciados comunicados a otros: pueden ser, y de
hecho son en gran medida, enunciados pensados, resultantes del proceso
de inferencias abductivas que está en la base de toda interpretación
realizada por el observador en todo momento de su existencia, momento
que es siempre un aquí y ahora, el de toda enunciación.
En este punto, recomiendo volver a leer los pasajes de Fontanille,
transcritos en mensajes anteriores, en los que reconsidera desde la
semiótica discursiva la distinción entre texto y contexto (que aquí es
sinónimo de circunstancia o situación de enunciación).
Cordialmente,
Eduardo
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 15
DISCURSO, TEXTO Y CONTEXTO
Chers sémioticiens, Eduardo,
Les réflexions sur la différence entre contexte, cotexte, et texte issues
de l'approche de Umberto Eco (J'ai plusieurs livres de Eco, mais pas celui
dont tu parles) sont intéressantes. Je reconnais là un certain nombre
d'éléments : les 'seleccion contextual' sont assez proches de ce que
j'appelle 'dimension contextuelles' (cf les discussions précédentes avec
Juan). La différence essentielle me semble résider dans le fait que ces
'seleccion contextual' me paraissent définies par des termes du lexique, ce
qui me paraît renforcé par la référence au 'code'. Il n'en est absolument
pas de même dans le cas des dimensions contextuelles qui sont caractérisées
à partir des cooccurrences sémiotiques possibles (parmi lesquelles les
relations syntaxiques signifiantes, et interprétées énonciativement,
apparaissent au même titre que les choix lexicaux). Sinon de la même façon
'seleccion' et 'dimensions' contextuelles sont abstraites.
De même pour moi l'entourage linguistique comprend des relations
syntaxiques signifiantes, dont certaines caractérisent la dimension
contextuelles en jeu. Je ne suis pas convaincue que la référence à
l'opposition paradigmatique vs syntagmatique soit vraiment éclairante.
Cependant, une autre très grande différence réside dans le fait que lorsque
je parle de possibilités abstraites, il ne peut s'agir en aucun cas de
possibilités que le sujet cognitif stocke dans sa tête en les passant en
revue les unes après les autres (cf ce que tu dis à la fin de ton
message
'enunciados pensados'). En effet pour le sujet cognitif, pour qu'il y ait
une possibilité pensée, il faut d'abord construire (ou au moins
reconstruire) cette possibilité dans la situation. Et cela n'est pas
évident, il y a un coût cognitif plus ou moins important pour y arriver, et
même le sujet peut ne pas y arriver, parce que des propriétés saillantes de
la situation privilégient toujours une dimension contextuelle de fait de
leur compatibilité.
En ce qui concerne les inférences, en général c'est un terme cognitif que je
ne comprends pas parce qu'il recouvre des tas de choses de nature
différente. je pense qu'il faudrait inventer un langage plus précis, à
mesure que les processus en jeu sont caractérisés et différenciés.
En ce qui concerne les circonstances d'énonciation, si je fais la
comparaison avec mes résolutions de problème, cela me semble correspondre
aux différents états possibles du problème, ou encore aux différents buts
possibles (cela dépend à quel niveau on se place). Mais je ne suis pour
autant pas plus avancée pour savoir quel est la propriété qualitative de cet
état qui est pertinente. Je ne sais même pas si c'est le bon grain
d'analyse. Cela m'amène à redire ce que j'ai déjà dit ailleurs, à savoir
que
'énoncé' et 'énonciation', si ce n'est pas défini le plus rigoureusement
possible, je ne comprends pas (à un certain niveau bien sûr je comprends,
mais je ne comprends pas quand même, car il y a d'un auteur à l'autre des
nuances qui se contredisent et que je n'arrive pas à situer- sans doute car
je n'ai pas pris le temps de faire le travail. Mais qui l'a fait ?)
En ce qui concerne les règles d'hypercodification, de règles
conversationnelles, de conditions de félicités, je m'en suis expliquée déjà,
il me semble. Je suis cognitiviste, et je regrette que l'on puisse
considérer la communication sans la situer cognitivement. Je crois que la
communication joue un très grand rôle sur le plan cognitif, mais encore
faudrait-il avoir la trace de composantes cognitives dans la communication.
pour moi représentation et communication sont indissociables. Il ne suffit
pas de faire une liste des connaissances possibles des sujets, et des actes
de langage avec leurs conditions d'application pour en rendre compte. Le
problème est beaucoup plus complexe et simple à la fois.
Je suis tout à fait d'accord pour dire que les circonstances non
sémiotisées ne sont pas 'à considérer' pour l'interprétation d'un énoncé.
Quand tu parles du terme 'pertinence', encore faudrait-il savoir ce que tu
entends par là ?
Pour moi, tout simplement, ce qui est pertinent c'est ce qui est focalisé,
cad qui est mis en avant dans le cadre d'une mise en perspective. Je
caractérise ce qui est pertinent à partir des marques linguistiques. Comme
en général il y a plusieurs mises en perspective je suis obligée de chercher
comment elles s'organisent entre elles (toujours à partir des marques), ce
qui peut donner des degrés dans la pertinence. A chaque fois il y a coût
cognitif.
Enfin pour en revenir à Fontanille, il me semble que j'avais bien compris
la différence entre texte et contexte comme la différence entre
circonstances possibles, sémiotisées dans le texte, et situation
d'énonciation, correspondant à l'occurrence à un moment donné. (En temps que
circonstances je veux lister mes états et caractéristiques du problème, au
niveau texte (proposition, en fait), voir comment cela s'organise dans les
énoncés et comment cela s'oppose pour définir les différents contextes. Cela
doit être quelque chose comme cela. Je n'ai pas encore le livre de
Fontanille. Il devrait être là, je n'ai pas eu le temps d'aller le chercher.
En ce qui concerne le message où tu me parles de Rastier, je suis désolée
que tu aies pensé cela, en fait je me suis défendue. Je pensais que p. 39
correspondait au même livre (Rastier, Cavazza et Abeillé),
malheureusement,
je n'ai pas 'Sens et contextualité', mais je te fais confiance, sinon je
suis sûre que François interviendrait. Je crois que je me suis déjà
expliquée dans un autre message, et d'ailleurs François l'a dit lui-même,
les mêmes mots n'ont pas le même sens .
A quoi cela est du ? A mon sens à un travail d'ajustement qui n'a pas
encore été fait car certainement les problématiques en vigueur n'ont pas
encore permis de le faire. Mais cela ne veut pas dire que cela ne devra ou
ne pourra pas se faire.
En ce qui concerne les types et les genres, je serais plutôt assez d'accord
avec ce que tu dis. On est bien obligé d'avoir recours à ces notions (et
d'ailleurs mes résolutions de problème, c'est un genre particulier - ou un
type pourquoi pas ?), je que je veux dire, c'est que il me paraît nécessaire
d'aller en deçà (pour mieux les caractériser ensuite, d'ailleurs) car je ne
crois pas que les opérations cognitivo-langagières qui leur sont
sous-jacentes soient distinctes. C'est la façon dont elles sont arrangées
pour donner tel ou tel résultat qui diffère.
Je m'arrête pour ce soir.
Amitiés
josiane
Subject:
SEMIÓTICA VERBAL 16
DISCURSO, TEXTO Y CONTEXTO
Estimados semióticos:
Van Dijk (1977: 272-273) distingue entre situación comunicativa y contexto:
"Mientras que una SITUACIÓN COMUNICATIVA es una parte empíricamente real
del mundo real en la que existen un gran número de hechos que no tienen
conexión SISTEMÁTICA con la expresión (bien como un objeto o como un
acto), como la temperatura, la estatura del hablante o si crece la
hierba, un CONTEXTO es una abstracción altamente idealizada de tal
situación y contiene sólo aquellos hechos que determinan
sistemáticamente la adecuación de las expresiones convencionales. Parte
de tales contextos será por ejemplo los participantes del habla y sus
estructuras internas (conocimiento, creencias, propósitos, intenciones),
los actos mismos y sus estructuras, una caracterización espacio-temporal
del contexto para localizarlo en algún mundo real posible, etc."
En un texto posterior (1978: 93) retoma esta distinción en los
siguientes términos:
"El concepto de 'contexto' se caracteriza como la reconstrucción teórica
de una serie de rasgos de una situación comunicativa, a saber, aquellos
rasgos que son parte integrante de las condiciones que hacen que los
enunciados den resultados como actos de habla".
Acto seguido, van Dijk precisa que las relaciones entre texto y contexto
"se extienden en ambas direcciones: por un lado, ciertos rasgos
textuales pueden 'expresar' o incluso constituir aspectos del contexto,
y por otro, la estructura del contexto determina, hasta cierto grado, de
qué rasgos deben disponer los textos para ser aceptables -como
enunciado- en el contexto".
Recientemente (1997: 45-46), van Dijk ha presentado el concepto de
contexto en los siguientes términos:
"Aunque no existe una teoría explícita del contexto y aunque la noción
es utilizada por distintos estudiosos del tema con una amplia variedad
de significados, podemos definirlo brevemente como la estructura de
todas las propiedades de la situación social que son pertinentes para la
producción o recepción del discurso. No sólo las características del
contexto influyen sobre el discurso; lo inverso también es cierto: el
discurso puede asimismo definir o modificar las características del
contexto".
A continuación, van Dijk distingue entre estructuras locales y globales
del contexto:
"Entre las restricciones contextuales locales del discurso tenemos, por
ejemplo, la situación (tiempo, lugar, circunstancias), los participantes
y sus diversos papeles comunicativos y sociales (hablante, coordinador,
amigo, etc.), las intenciones, metas o propósitos. El contexto global se
vuelve relevante tan pronto como identificamos el discurso y otras
acciones corrientes como una parte constituyente de acciones o
procedimientos institucionales u organizativos (legislación, sesión de
tribunales, enseñanza, comunicación de noticias, etc.), y cuando los
participantes interactúan en calidad de miembros de categorías sociales,
grupos o instituciones (mujeres versus hombres, negros versus blancos,
jóvenes versus adultos, supervisores versus subordinados; o los diversos
participantes en la educación, el parlamento, los tribunales o la
policía)".
El contexto, concebido como "abstracción altamente idealizada" de la
situación comunicativa, como "reconstrucción teórica de una serie de
rasgos de una situación comunicativa", como "estructura de todas las
propiedades de la situación social que son pertinentes para la
producción o recepción del discurso", es el resultado de un proceso
cognitivo complejo realizado por un sujeto observador competente.
Recordemos que en semiótica se define el observador como un sujeto
cognitivo que se apropia de saber relativo a un referente, lo que hace
de la observación un hacer reflexivo en el que los roles actanciales de
sujeto de hacer (agente de la observación) y de sujeto de estado
(paciente de la observación que pasa de la disjunción del saber a su
conjunción gracias al sujeto de hacer) son asumidos por un mismo actor.
Ahora bien, un sujeto semiótico no es nunca un puro sujeto cognitivo. Es
también, por lo menos, un sujeto semio-lingüístico (dotado de una
competencia semiológica -entiéndase no verbal- y una competencia verbal
-oral, escrita y/u otra) y un sujeto axiológico (dotado de una
competencia evaluativa). Esto hace que toda observación sea siempre una
observación enunciada, es decir, puesta en discurso (se trata, en primer
lugar, de un "discurso interior", enunciado por el sujeto para sí).
De
donde se infiere que el contexto, en el sentido de van Dijk, es el
resultado de una enunciación, no un dato bruto de la realidad, y por
tanto una construcción discursiva generada/interpretada/evaluada como
toda construcción discursiva.
Esto significa que es el sujeto quien decide (pero esto no entraña que
todas las operaciones que lleva a cabo sean conscientes y contingentes)
qué estados y procesos del mundo vivido constituyen el contexto de un
texto. Incluso cabe afirmar que es el sujeto quien decide qué
constituyentes de la situación comunicativa integran el texto y cuáles
el contexto. Cuando analizamos una conversación ¿por qué considerar a
priori que el texto es el conjunto de en