1898 Los Documentos de Puerto Rico

En defensa de nuestras tradiciones

A los jóvenes colaboradores del "Aguinaldo puertorriqueño"

Por Francisco Vasallo

Introducción de Luis M. Iriarte R.

Durante las fiestas decembrinas de 1843 se publica el primer "Aguinaldo puertorriqueño"(1) libro que se pretendía sirviera de regalo navideño o "aguinaldo" imitando una costumbre europea en boga por aquellos tiempos. El título del libro hace caer fácilmente en el error al que no lo haya leído puesto que podría pensar que es una colección o antología de aguinaldos, entendiéndose éstos como canciones de tema navideño. En realidad se trata de una serie de colaboraciones o ensayos en verso y prosa(2), que nada tienen que ver con la Navidad(3), escritas por los puertorriqueños(as), Francisco Pastrana, Carlos Cabrera, Martín J. Travieso, Benicia Aguayo, Mateo Cavailhon y Alejandrina Benítez, un desconocido M. A. y los peninsulares Ignacio Guasp, Juan Manuel Echavarría, Eduardo González Pedroso, Fernando Roig y Francisco Vasallo, padre.

1- Aguinaldo puertorriqueño: Varios autores. Imprenta de Gimbernat y Dalmau. San Juan, 1843.

2- Sobre este libro escribió Francisco Matos Paoli, en la edición publicada por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en 1946 para conmemorar el centenario: "El Aguinaldo puertorriqueño representa la incorporación de nuestra literatura a la del pueblo español. Espronceda, el Duque de Rivas y hasta un prerromántico, Juan Meléndez Valdés, influyen decisívamente en el estilo de esta obra. Literariamente hablando, el Aguinaldo se mueve en una órbita de excesiva pobreza estética, carece de originalidad creadora y solamente tiene importancia desde el punto de vista histórico por ser la primera obra que abrirá cauce a la influencia más constante de nuestra literatura: el Romanticismo".

3- Excepto una carta de Francisco Vasallo, padre.

En 1844 aparece el "Album puertorriqueño"; obra compuesta de 2 ensayos en prosa y 49 en verso de 5 estudiantes puertorriqueños en Barcelona, España, entre ellos Manuel A. Alonso y Santiago Vidarte(4). Estos querían manifestar mediante este trabajo, amén de la emoción y el agradecimiento que sentían por la aparición del "Aguinaldo puertorriqueño", su amor a la Isla y que en Puerto Rico sí se cultivaba la literatura.

4- Los otros son: Pablo Sáez, Juan Vidarte y Francisco Vasallo, hijo.

En 1846, con casi todos los mismos autores del anterior(5), aparece un nuevo "Aguinaldo puertorriqueño" y también los mismos responsables del "Album puertorriqueño" dan a luz en Barcelona el "Cancionero de Borinquen" con 37 composiciones o poemas. La importancia de las obras antes mencionadas es la de que son las iniciadoras de una literatura a la que podemos llamar puertorriqueña y cuyo primer gran exponente será el libro "El Gíbaro" de Manuel A. Alonso, publicado en1849.

5- Además se incorpora José Julián Acosta.

Nuestro interés en el "Aguinaldo puertorriqueño" de 1843 estriba en que al final del libro aparece una carta del 9 de noviembre de 1843 de Francisco Vassallo(6) remitida a "los jóvenes colaboradores del Aguinaldo puertorriqueño" en donde se les critica su poca estima por nuestras tradiciones al tratar de cambiarlas. En la carta Vasallo nos describe algunas de las tradiciones navideñas del Puerto Rico de entonces, así como también de España y Venezuela. El lector puede completar la visión de esas tradiciones navideñas con el artículo Aguinaldos de Manuel Antonio Alonso (1849).

6- Francisco Vasallo, natural de la península, para ese tiempo era capitán retirado del Regimiento de Granada, además de colaborar con el "Aguinaldo puertorriqueño" de 1843, con el seudónimo de El Buen Viejo escribió varios artículos (en diferentes épocas) en la Gaceta, El Investigador y por último en el Boletín Instructivo y Mercantil. Fracisco Vasallo es también padre de Francisco Vasallo y Cabrera uno de los autores del "Album puertorriqueño" (1844).

Entendemos que la carta de Francisco Vasallo es uno de los primeros escritos que sobre la defensa de nuestras tradiciones se hace en Puerto Rico y para entender mejor su tono colocamos primero el prefacio del "Aguinaldo puertorriqueño" en donde aparece el desafortunado párrafo que motivara la misma.


PREFACIO DEL "AGUINALDO PUERTORRIQUEÑO"

En fines de octubre último fue cuando, animados del más ardiente celo por todo aquello que pueda contribuir a dar lustre y gloria a esta venturosa Antilla, en una reunión de amigos improvisamos el proyecto de componer y publicar "un libro enteramente indígena que por sus bellezas tipográficas y por la amenidad de sus materias pudiese dígnamente, al terminarse el año, ponerse a los pies de una hermosa o en signo de reconocimiento y de cariño ofrecerse a un amigo, a un pariente, a un protector, remplazando con ventajas a la antigua botella de jerez, el mazapán y a las vulgares coplas de Navidad" según lo dijimos en nuestro prospecto publicado en el Boletín de esta Isla. Ya entonces preveíamos que la falta de elementos, la desconfianza que los colaboradores tenían de sus talentos y la premura del tiempo, cuando hasta entonces ningunos materiales había reunidos para la obra, serían escollos que habíamos de encontrar necesariamente. Sin embargo, firmes en nuestro propósito, nos dedicamos a escribir en los momentos que nos dejaban libres nuestras ocupaciones, y hoy tenemos el honor de dar a luz el Aguinaldo. El que piense encontrar en él grandes cosas, obras maestras, composiciones sublimes, se verá engañado en sus esperanzas. Ni lo hemos intentado nunca, si siquiera soñádolo, porque nos conocemos. Jamás nos ha ocurrido la idea de rivalizar con los grandes ingenios que con sus obras embellecen esta clase de libros en otros países, y mucho menos lo pretenderíamos en el presente caso, en que obligados a presentar nuestros trabajos en un plazo brevísimo, es decir, en los primeros días de noviembre, hemos tenido que entregarlos sin el pulimento que sólo puede darse a las obras del ingenio después de examinarlas y releerlas muchas veces. Virgilio leyó y castigó diez años su Eneida y aún no la encontró buena para publicarla.

Tampoco nos hemos puesto en comunicación con varios de nuestros amigos y compañeros, porque, residiendo fuera de la Capital y urgiendo el tiempo, no la ha habido para rogarles que embelleciesen el Aguinaldo con sus producciones, que unidas a las que insertamos debidas a la complacencia de algunos otros señores, hubieran formado sin duda su parte más interesante.

Por todas estas razones, imploramos la benevolencia del público y esperamos que habiéndola concedido a cada uno en particular no la rehusará a todos en general, y a fe que si se atiende al noble fin que nos hemos propuesto en esta publicación y que ya tenemos indicado en nuestro prospecto, nos asiste derecho a prometérnosla.

Si así sucediese, y este primer ensayo encuentra una benigna e indulgente acogida, el Agninaldo del año siguiente llenará mejor nuestros votos y el gusto del público. Las composiciones serán más correctas y de mayor mérito y aun quizás, si nos es dado conciliar las circunstancias, las adornarán elegantes grabados y litografías de que ahora va desnudo por carecerse de recursos para ello en el país, y que entonces nos proporcionaremos.

Al menos creemos que se nos agradecerá el buen deseo que nos anima en nuestra empresa, y aun cuando otra recompensa no reciban nuestras tareas, quedarán cumplidos los votos de: Los autores del Aguinaldo


A LOS JOVENES COLABORADORES DEL "AGUINALDO PUERTORRIQUEÑO" Puerto Rico, 9 de noviembre de 1843

Señores:

En la publicación del prospecto de la obra de ustedes, por medio del Boletín instructivo y mercantil de esta plaza, veo acometida una empresa digna de la civilización del día, y a todas luces merecedora de alabanzas. Ustedes, poseídos de una emulación plausible, tienen el noble deseo de hacer conocer nuestro país; se proponen dar una muestra del estado de la bella literatura en Puerto Rico, y llenos de laudable moderación, declaran, que si aún no pueden brillar, aspiran a lo menos a alternar en este inocente cuanto provechoso certamen.

Sea enhorabuena. Los felicito a ustedes con todo mi corazón por su bello propósito, y no puedo menos que encomiarlo. Bajen ustedes a esa arena cuyas armas inofensivas son el talento y la imaginación. Cúbralos a ustedes la égida de Minerva, y ojalá que salgan de su empresa como lucidos campeones y buenos caballeros.

Mas no vayan ustedes a creer por esto que estamos de acuerdo en todos los puntos de su prospecto. ¡Oh, no, señores! Yo me propongo disfrutar de su obra, a que me he suscrito uno de los primeros, porque también a mi me gustan esos pasatiempos en que, según el consejo de Horacio, se mezcla lo útil con lo agradable; pero algo menos entusiasta que ustedes, no les doy la exclusiva para saborearme con ellos solamente en los días de Navidad, si no que apegado a mis hábitos y añejas costumbres, y aun si ustedes quieren a mis preocupaciones, acepto estos goces del espíritu, sin renunciar a los del cuerpo. Soy hombre de temporal y eterno. En suma, me gustará la fruición del Aguinaldo de la juventud moderna; mas, me gustará, como adición, y no como "sustitución con ventajas a la antigua botella de jerez, al mazapán y a las vulgares coplas de Navidad de nuestros abuelos", como dice el Prospecto.

No, no, señores. Hablemos claro. Vengan libros de aguinaldo para divertir ratos ociosos; pero, por Dios Santo, no se atente a mi copa de jerez, mis turrones y demás niñerías de Nochebuena y Pascuas, o nos han de oir los sordos y habrá la de San Quintín.

Ustedes quieren imitar lo que se hace en Francia, en Inglaterra y Alemania. Está bien; me conformo.

Publícanse en estos países bellísimas obras para regalos de aguinaldo. Lucen en ellas el ingenio, la poesía, la prosa, la tipografía, la pintura, la litografía, la encuadernación, las pastas y hasta el lujo de los envoltorios y fundas de tafiletes preciosos y brillantes, con filetes de oro y con grabados de grecas, ondas, ramos, templetes y caprichos variados hasta lo infinito. Pero, según se dijo en otro tiempo en un artículo de esta misma materia, inserto en el Boletín, fieles aquellos pueblos a sus sabrosas costumbres y a las tradiciones de sus mayores a nadie le ocurre que las producciones de la literatura pugnen y se hallen mal avenidas con el gran noche buena (grueso tronco que en ella se pone a la candela para su celebridad); con las cajitas de bombones y confites; con el Noel, lleno de chucherías y dulces para sorprender a los niños el día de Pascua; con las festivas y ruidosas cenas de la noche de Reyes, en que figura en primer término el indispensable pastel que contiene una sola habichuela encarnada, la cual da la soberanía en el acto de la mesa al que la halla en la porción que le ha tocado, nombrando el rey o la reina inmediatamente su familia y servidumbre; y haciendo todos los comensales desde aquel momento con trisca y algazara cuanto hace S. M., si come, si bebe, si canta, si ríe.

Ya ustedes ven que, si hemos de seguir las huellas de las naciones que dan el tono a la civilización, es preciso respetar las costumbres tradicionales de nuestros padres, sin perjuicio de adaptar las nuevas, marcadas, si se quiere, con el sello de más cultura y mejor gusto.

De lo contrario, si ustedes insisten y se empeñan en proscribir las primeras, desplegando exclusivamente el pabellón triaufante de las segundas, vamos a tener aquí el campo de Agramante y la venta de Cárdenas, y ustedes se van a echar encima mucha gente que defenderá su terreno y obrará hostilmente contra el nuevo Aguinaldo puertorriqueño.

Por toda la biblioteca de los faraones, no renunciará con gusto el honrado castellano a su olla podrida del Día de Navidad, con asistencia, sin excusa ni pretexto, de la tierna garbanza y del jugoso carnero de Burgos; ni el madrileño a su cena de Nochebuena con la correspondiente sopa de almendra, turrones de Alicante y Gijona y demás adminículos; el navarro querrá sostener sus sabrosos corderitos; el malagueño sus uvas colgadas y sus batatines confitados; el extremeño sus morcillas, chorizos, longanizas, embuchados y lo más florido que gusta en esos días de la suculenta chacina; el valenciano no se dejará arrebatar impunemente sus nueces, castañas, bellotas, avellanas, almendras y garbanzos tostados con cañamones, sus deliciosos meloncitos de Foyos, sus ricas toñas y fogasetas de Nadal y sus delicadas cascas; y la caraqueña tirará los treinta dineros, y les echará a ustedes un guá, que hará temblar hasta al mismísimo regente de la imprenta, si ustedes le tocan sus hayacas de Nochebuena. ¡Ahi es nada lo del ojo! ¡Una hayaca(7) bien hecha....! Mucho podrá tener de bueno y apreciable su libro de ustedes; pero...., en fin, más vale callar, que toda comparación es odiosa y peor es meneallo.

7- Parecido a nuestro pastel pero su masa se hace solamente de harina de maíz colorizada con achote. Se rellena con carne de res, cochino (carne y tocino) y gallina y además lleva uvas pasas, alcaparras, garbanzos, almendras, habichuelas y varios ingredientes más al gusto de quienes las preparan. Al igual que nuestro pastel, se cocina hirviéndola envuelta en hojas de plátano.

¿Y qué diremos del terreno que pisamos? ¿Les parece a ustedes cosa de chanza echar abajo de una plumada las trullas, pidiendo aguinaldo en las noches de víspera y Día de Reyes, a pie en la ciudad, y a caballo en los campos (aunque llueva más que cuando enterraron a Larrauri), con la precisa música de cuatros, bordonuas, calabazas, maracas y rascadores? Pues, qué, ¿dejaremos escapar cobardemente de nuestras manos el puerquito asado de Nochebuena, el arroz con melao, los pasteles de hoja, el queso, arroz con perico (coco) y demás manjares, todavía en vigor en nuestros campos? ¿Y permitiremos que se hable sin el debido acatamiento de nuestros antiguos y venerables cantares?

Alabar a Dios
por ser lo primero,
y después de alabao
me siento en el suelo.

Naranjas y limas,
limas y limones,
más vale la Virgen
que todas las flores.

Por la yerba vengo
pisando el rosido,
y traigo el estógamo
bastante aflejido.

Naranjas y limas, etc.

Si nos dieren queso,
dénnoslo en tajadas,
porque en la otra casa
quiso haber trompadas

Naranjas y limas, etc.

¿Pretenderán ustedes también privarnos del alegre cuadro que presenta esta ciudad a las doce del Día de Reyes, con las visitas de ceremonia que hacen a la Fortaleza la guarnición, ayuntamiento, autoridades, corporaciones y funcionarios públicos, vestidos todos de gala, a dar Pascuas al Capitán General, y los recíprocos cumplidos que con igual motivo se hacen los mismos jefes y las personas notables del vecindario, y las músicas militares, y las bandas de tambores, y hasta las trullas de los negros con sus bombas y banderas, y ataviados con fajas de todos colores, sombreros de tres picos con plumas, y mil adornos raros con que les gusta engalanarse para pedir el aguinaldo en un lenguaje especial, que suele participar de varios idiomas confusamente amalgamados? ¿Quieren ustedes quitárnoslo todo en un día? ¡No nos espiritualicemos tanto, señores, que todo no ha de ser Numancia! No tanta finura, por Dios; menos borla y más limosna. Si seguimos el consejo de ustedes y por otra parte, en alguna indisposición que padezcamos, nos toca un médico de los de la escuela de Broussais, que nos plante quince días a agua de goma y alguno que otro atol, pronto no quedará quién lea el Aguinaldo puertorriqueño, y marcharemos en vapor a reunirnos con nuestros antepasados, que al vernos pasar la barca de Aqueronte, extenuados, tétricos y macilentos, se echarán a reir a carcajadas y se burlarán de nosotros en venganza del desprecio que hicimos a sus sabias, sesadas y sustanciosas lecciones.

No crean ustedes que soy alguno de esos profesores de gastronomía, capaces de manducarse a su mujer y sus hijos con tal que se los condimenten sabrosamente, así como tampoco puedo figurarme que ustedes, resucitando el fervor de los padres de la Tebaida, pretendan encaminarnos hacia una vida puramente contemplativa. Conque, caballeros, en esta inteligencia, seamos discretos y hagamos un tratado de paz: imitemos la prudencia de aquel chico que preguntándole su madre qué quería tomar, si pan o caldo, respondió con un poco de socarronería, que tomaría sopa. Bueno es un pan, aunque sea en dos pedazos. De ningún modo está mejor frito un huevo que revuelto con otro. Y en esto de aritmética aplicada a los aguinaldos, yo, pecador de mí, estoy por la operación 3 más 4 igual a 7: con preferencia a la de 7 menos 4 igual a 3. En suma, voto por el nuevo Aguinaldo puertortiqueño, como adición al antiguo; pero mirando como sustitución exclusiva, y "ainda mais", con ventajas, soy de la oposición.

Sin embargo, de esta también soy de ustedes en todos los casos muy atento afectísimo servidor Q. B. S. M.

F. V. (Francisco Vasallo, padre)

Vease también: Aguinaldos del escritor puertorriqueño Manuel Antonio Alonso. Costumbres navideñas en el Puerto Rico del Siglo 19.

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