|
Aún hoy día el pueblo de Baler, en la isla de Luzón en Filipinas, está aislado de Manila, capital del país. A vuelo de águila, hay más o menos a unos 100 kilómetros entre Baler y Manila, pero por carreteras modernas con numerosas curvas, subiendo y luego bajando la Sierre Madre, hay que transitar unos 230 kilómetros. Póngase a pensar cómo sería de largo y difícil el viaje en el siglo 19 cuando no había carreteras ni autos. Inmediatamente se dará cuenta de lo pobre que era la comunicación terrestre durante la guerra Filipino-Americana que comenzó pocos días después de rendirse las fuerzas españolas tras la batalla de Manila el 14 de agosto de 1898.

En esos tiempos se pude decir sin exagerar que Baler era prácticamente inaccesible pues no había carretera de ninguna clase; sólo unos senderos que muchas veces desaparecían por las inundaciones causadas debido a las frecuentes tormentas. Además del intenso calor y furiosas lluvias, los viajeros tenían que cruzar a pie o a caballo, ríos desbordados, altas montañas y selvas peligrosas (nota 1). Estas condiciones explican por que los soldados españoles, miembros de un descatamento del 2do Batallón Expedicionario en Baler no supieron de la rendición de Manila y de la entrega de las Filipinas a los Estados Unidos por parte de España.
N. del E. 1: La comunicación entre Manila y Baler se llevaba a cabo principalmente por mar.
El destacatamento de Baler consistía de unos 57 militares bajo el mando directo del teniente, Don Juan Alonso Zayas, natural de San Juan de Puerto Rico. Este joven criollo de 29 años, hijo de don Juan y doña Elisa, era fotógrafo de profesión cuando ingresó como voluntario al ejército en noviembre de 1888 en el Regimiento Infantería de Luchana Nº 28. En mayo de 1889, pasa a Cuba en donde primero forma parte del Batallón Cazadores de Isabel Segunda y luego en el Regimiento de Infantería de Cuba. En esta última unidad sirve como escribiente obtieniendo primero el rango de cabo y después el de sargento. Al comienzo de la Guerra de Cuba de 1895 lo destinan al Colegio de Sargentos de la Guardia Civil en Getafe, Madrid. En mayo de 1897 se encuentra en Manila, Filipinas, ya con el rango de 2do teniente de la Escala de Reserva de Infantería. Con él está, entre otros, el 2do teniente Saturnino Martín Cerezo que lo acompaña a su último destino, Baler.
Allí, Alonso Zayas, como comandante del descatamento, planifica la defensa de Baler y convierte la humilde Iglesia de San Luis de Tolosa en un fortín capaz de resistir los ataques filipinos, llamados insurrectos o tagalos, que luchaban para liberar a su patria del dominio español. En la mañana del 28 de junio de 1898 aparecieron tres columnas de insurrectos bajo el mando del coronel indígena, Calixto Vilacorte quien demandó la rendición del descatamento ibérico. La demanda fue rechazada por Don Enrique de Las Morenas y Fossi, comandante político militar de la entonces provincia de Nueva Ecija donde estaba situada Baler. Desechada la oferta, inmediatemente comenzaron la hostilidades que duraron hasta la rendición de la guarnición el 2 de junio de 1899, casi un año después.
Alonso Zayas no fue uno de los 32 sobrevivientes españoles que regresaron a la península. Desafortunadamente el valiente puertorriqueño murió de beriberi el 8 de octubre de 1898. El 22 de noviembre también murió víctima de enfermedades Las Morenas y Fossi y el mando pasó al teniente Martín Cerezo que resistió por otros 7 meses todos los ataques filipinos hasta que al fin, en la víspera de un desesperado intento nocturno de romper el cerco, leyó un periódico que lo convenció de que la guerra entre los gobiernos de los Estados Unidos y España y de ésta con los filipinos, había terminado a medios de agosto de 1898. Una vez que se aclaró la realidad política, Martín Cerezo se rindió el 2 de junio de 1899 y comenzó el difícil viaje hacia Manila donde él y los otros sobrevivientes zarparon para España.

| 1- Puerta | 9- Sacristía aspillerada | 17- Trinchera con su foso |
| 2- Baptisterio con 3 aspilleras | 10- Puerta de la Sacristía al corral | 18- Ventanas aspilleradas |
| 3- Puerta que da al camino del río | 11- Salida a la trinchera de la Sacristía | 19- Horno para cocinar |
| 4- Entrada a las trincheras | 12- Paso del primer patio al corral | 20- Barandilla del Presbiterio |
| 5- Plantaciones de pimientos y tomates | 13- Pozo construido por los defensores | 21- Parapetos encima de los muros |
| 6- Línea del Coro | 14- Letrina hecha en una de las ventanas | 22- Pozo de aguas negras |
| 7- Altar Mayor | 15- Urinario | 23- Entrada del Convento tapiada |
| 8- Puerta de entrada a la Sacristía | 16- Cuarto de ¿Asco? | 24- Atrincheramiento aspillerado |
|
|
||
La defensa de Baler fue una increíble aventura. El destacatamento español irónicamente y heróicamente defendió por 337 días, con escasos recursos materiales y de tropa, territorio que supuestamente ya pertenecía a los Estados Unidos. Sitiados por una fuerza mucho más numerosa, ellos sufrieron calor, hambre, sed, pestilencia, enfermedades, bombardeos, heridas y muertes de compañeros queridos. En ningún momento fueron derrotados y sólo se rindieron al saber que España se había retirado de Filipinas.
Los sobrevivientes al llegar a Barcelona en noviembre de 1899 fueron recibidos con aplausos, laureles, condecoraciones y méritos. De Las Morenas y Fossi, póstumamente, fue honrado con la condecoración más alta de la corona española, la Cruz de San Fernando, laureada, más una pensión anual de 5,000 pesetas para su viuda e hijos. Martín Cerezo recibió condecoraciones, fue ascendido a capitán y luego nombrado general. Los otro sobrevivientes también recibiron medallas y recompensas. No obstante y a pesar del tremendo valor y sacrificio de ese puñado de soldados españoles de diferentes provincias, entre ellas Las Canarias, Baleares y Puerto Rico, el tiempo ha borrado su memoria y hoy día pocos saben de Martín Cerezo y de los demás heroes de Baler.

Juan Alonso Zayas el primer comandante de la tropa, quien planificó e implementó la defensa de Baler por casi 5 meses, no fue roconocido. El gobierno español nada le concedió y en la olvidada historia de Baler será eclipsado por el oficial político militar, Las Morenas y Fossi y por el último comandate del descatamento Martín Cerezo. Nos preguntamos ¿por que no recibió alguna condecoración póstuma Alonso Zayas y pensión sus padres? No lo sabemos, pero aquí recordamos el dicho puertorriqueño "el que no tiene pala, no va pa'lante" (nota 2). Posiblemente Alonso Zayas carecía de un "padrino" como bien lo tuvo Las Morenas y Fossi en la persona de su suegro el redactor del periódico, "El Imparcial".
N. del E. 2: también se dice que "el que no tiene padrinos no se bautiza"
Además de lo relacionado con su carrera militar, no sabemos mucho de Juan Alonso Zayas. Su padre Juan Alonso también había sido militar y posiblemente era natural de Barcelona ya que cuando Alonso Zayas llega a Manila en 1897 hace gestiones para que su paga militar llegue a manos de su progenitor avecinado en Barcelona. Juan Alonso Zayas en su vida civil era fotógrafo de profesión e indudablemente en algún momento tomó su propio retrato, pero hasta la fecha no ha aparecido fotografía de el, u otras que haya tomado. Es poco probable pero pudira ser que Juan fuera familia del fotografo puertorriqueño Feliciano Alonso del que aparecen algunas imágenes en el libro "Fotografías para la Historia de Puerto Rico."
Rogamos a los lectores se comuniquen con nostoros para explorar la posibilidad que España reconozca a este desconocido heroe puertorriqueño que sin laures ni gloria sacrificó su vida por la Madre Patria. La dirección electrónica es mjh@bestweb.com y mjh@bestweb.com .