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I - MAQUINAS ANTECESORAS DE LA ARTLLERIA - ARTE TORMENTARIA Y POLIORCETICA
II -INTRODUCCION A LA HISTORIA DE LA ARTILLERIA
IV - SEGUNDA EPOCA. ARTILLERIA DE BRONCE (Siglos XVI y XVII)
V - TERCERA EPOCA. ARTILLERIA DE ORDENANZA (Siglo XVIII y primera mitad del XIX)
VI - CUARTA EPOCA. ARTILLERIA RAYADA (Segunda mitad del siglo XIX y primer cuarto del XX)
Cómo surge este trabajo sobre la historia de la artillería
Para beneficio de nuestros visitantes comenzamos esta historia de la artillería con una explicación del autor sobre el porqué de la misma y su utilidad:
Amigo Luis
Esta mini-historia de los materiales de Artillería nació como consecuencia de un curso que se desarrolló en el Museo del Ejército de Madrid en el año 1993 organizado por el Ministerio de Defensa en colaboración con la Universidad Complutense. Tenía por finalidad formar a los alumnos, cuidadosamente seleccionados entre numerosos aspirantes (que eran licenciados en Geografía e Historia, Bellas Artes, Arqueología), en las variadas ramas de la museología militar, y para ello se articulaba en las áreas de vexilología, uniformología, indumentaria, heráldica, artillería, armas blancas, armas de fuego portátiles, pertrechos, armaduras, miniaturas, modelos y maquetas militares, cerámicas, metales, textiles, fotografía, inventario, catalogación y demás documentación de museos militares, etc.
El periodo intenso de clases de formación y prácticas tenía por objeto la capacitación de los alumnos para la ejecución de lo que se llamó Plan de Salvaguarda del Patrimonio Histórico Militar. Una vez terminado el curso los alumnos ya titulados se repartieron en diversos equipos que recorrieron todas las unidades, centros y dependencias del Ejército donde inventariaron objetos de todo tipo, para prevenir su posible pérdida o destrucción, y que en su día se podrían considerar como fondos para las colecciones de los museos militares españoles. Estos inventarios se conservan en el Ministerio de Defensa y muchos de los objetos poco a poco se van incorporando a los museos.
Este Coronel de Artillería que suscribe, destinado entonces en el Museo del Ejército de Madrid donde dirigía la Planta de Artillería, fue designado para desempeñar el cometido de profesor en el área de Artillería antigua, materia en que se le considera un experto.
Pues bien, la preparación de los textos para el estudio de esta área dio lugar a un libro de edición muy limitada, que sirvió para tal fin. Para escribirlo consulté unas cuarenta obras, las más representativas y valiosas de ilustres artilleros, desde Tratados del siglo XVI hasta los más recientes. De esta valiosa bibliografía salieron el texto y las ilustraciones.
Las explicaciones didácticas de aquel curso se convirtieron después en conferencias que impartí en el Museo y otros lugares del ámbito nacional y de estas conferencias saqué los resmenes que, aplicados a los fondos del Museo del Ejército de Madrid, se editaron después en cinco pequeñas separatas ó libretos que se colocaron en varios atriles en los lugares adecuados de la Planta de Artillería, de tal forma que el público visitante las recogía y, por tanto, al terminar la visita, había reunido una mini-historia de la evolución cronológica de los materiales de Artillería que habían contemplado en la mejor colección de Artillería del mundo. Estas separatas todavía se siguen distribuyendo en el Museo y son las que os envío por si las consideras de interés para su estupenda página en Internet.
Esta es la procedencia del ejemplar de la Cuarta época, que hace unos años se publicó en su página y que ahora se podrá completar con los cuatro que le preceden.
En esta breve síntesis, con algunas mejoras, tenemos una historia resumida de la evolución de los materiales, especialmente de la Artillería de Campaña. Cada vez que doy estas conferencias, es un placer para mí, disfruto reviviendo lo que ha significado en mi vida profesional, el tiro con los cañones. En mi época de activo tuve el privilegio de tirar con todos los materiales reglamentarios en nuestra Artillería, que no es poco. Los cañones y su historia y el tiro de Artillería son unas de mis grandes pasiones.
Un fuerte abrazo
Antonio de Sousa y Francisco
Coronel de Artillería
I - MAQUINAS ANTECESORAS DE LA ARTILLERIA - ARTE TORMENTARIA Y POLIORCETICA
LOS ORIGENES DE LAS MAQUINAS DE GUERRA
Cuando los hombres vieron que en el campo raso fácilmente eran derrotados por los más fuertes o numerosos, se protegieron mediante la fortificación y entonces los sitiadores tuvieron que buscar medios para atacar a los que en ella se protegían.
En Asia aparecen por vez primera las máquinas de guerra. Los chinos las emplearon en la más remota antiguedad, sin que se pueda asegurar con certeza en qué época ni a qué país se debe su invención. Los hebreos en la defensa de Jerusalén, ocho siglos antes de nuestra era, emplearon máquinas para lanzar proyectiles, construidas, al parecer, por caldeos, sirios y fenicios.
En Europa, la Tormentaria y Poliorcética, no son tan remotas. No hay indicios de su empleo hasta después de las Guerras Médicas, hacia el año 480 a.J.C., en que las emplearon los griegos importadas de oriente. Los ingenieros griegos y romanos llegaron a un perfeccionamiento de las máquinas bélicas muy superior al que habían tenido en los imperios Babilónico y Asirio, que era de donde procedían y en tiempo de los emperadores se multiplicó su empleo, llegando a formar parte de la dotación de las legiones de Roma. Perfeccionada la mecánica sucesivamente en los Tiempos de Filipo de Macedonia, del gran Alejandro, de Demetrio Poliorcetes, de Arquímedes, las máquinas de proyección o de tiro se hicieron móviles, del mismo modo que la tosca bombarda (primitiva pieza artillera que empleó la pólvora en el siglo XIV) rodó al poco tiempo por los campos de batalla. Alejandro ya se sirvió de catapultas y balistas, Escipión en Cartago, Silas en Atenas, César en Marsella, usaron grandes parques de máquinas que los historiadores enumeran y describen.
En cuanto al origen de su denominación, en la Milicia Romana el sustantivo tormentum comprendía genéricamente todas las máquinas para el ataque y defensa de fortalezas. De forma que Arte Tormentaria podemos considerarlo como la habilidad en la construcción y manejo de las máquinas bélicas.
Demetrio, rey de Macedonia, uno de los sucesores de Alejandro Magno, llevó el sobrenombre de Poliorcetes (palabra griega que bien puede venir de polis, ciudad, y encos, cierre o cerco), es decir, tomador de ciudades, por la cantidad de ellas que rindió. Sea como quiera, Poliorcética viene a ser el arte de sitiar y tomar las plazas fuertes.
Respecto a la organización de estas máquinas, es indudable que no han sido iguales en todos los tiempos y que hasta llegar a su perfeccionamiento hubo grandes diferencias en las mismas máquinas, variando hasta de nombre. Con la invasión de los bárbaros, mediado el siglo III, y la decadencia de la Milicia Romana, prácticamente desaparecieron, aunque no por completo, hasta los siglos X y XI, en que volvieron a surgir, conviviendo con la Artillería que emplea la pólvora desde mediado el siglo XIV y así se emplearon hasta bien entrado el siglo XVI.
NECESIDAD DE LAS MAQUINAS DE GUERRA
La primera acción que se ideó para apoderarse de un punto fortificado, fue cercarlo, obligando a los defensores a rendirse por falta de recursos.
Para abreviar la duración del sitio de una fortaleza, que se podía prolongar durante años, había que apoderarse de ella a viva fuerza, y para eso fué preciso acercarse a sus murallas. En tanto, los defensores debían impedirlo lanzando sus armas arrojadizas y proyectiles a los asaltantes. Por esto el sitiador tuvo que buscar los medios para cubrirse y llegar sin grandes pérdidas al pie del muro.
Una vez conseguido esto, había que escalar o demoler el muro para lograr la entrada en el recinto. Mientras tanto, el sitiado tenía que oponer al avance todos los medios de que dispusiese para destruir las máquinas enemigas, impedir el asalto y alejar del muro a los defensores, lanzando proyectiles que inutilicen las obras y máquinas que le obstaculizan. Así sitiado y sitiador necesitaban armas y máquinas con que lanzar a considerable distancia cuerpos de bastante peso, con la fuerza y precisión necesarias para lograr estos objetivos.
CLASIFICACION DE LAS MAQUINAS DE GUERRA
Las antiguas máquinas de guerra se pueden agrupar, según su misión, en:




Máquinas de tiro de acción horizontal. Su objeto era, principalmente, el ataque a las murallas para abrir la brecha. Son los antecedentes mecánicos del cañón en las armas de fuego. Entre estas máquinas están las llamadas neurobalísticas ó nebrobalísticas, que aprovechaban la energía acumulada por la torsión de cuerdas hechas con nervios de animales. La más mortífera es la catapulta (voz latina derivada del griego ìkatapeltesî, máquina de proyección ó de tiro) (Fig. 6), estaba destinada a lanzar piedras y se reducía a un bastidor de madera sobre el que iban unos tornos para tensar el cable que proporcionaba la fuerza a un brazo giratorio con una cuchara en su extremo donde se colocaba la piedra. Lanzaba piedras de hasta 500 Kg. a una distancia de 1.000 m., si bien, las que utilizaban normalmente los romanos eran de 45 a 130 Kg. y su alcance de 400 a 600 m. Los romanos las utilizaron mucho, hasta el punto que una Legión llegó a contar con 55 de estas máquinas. Una variedad de la catapulta era el onagro, que provisto de una canal servía también para lanzar dardos. Otra máquina neurobalística de acción horizontal era la balista (Fig.7) de dos brazos giratorios, que deslizando por una canal guía, podía lanzar piedras, pelotas de hierro, dardos de diversos tamaños y falaricas (dardos con punta incendiaria). La carrobalista iba dotada de ruedas para su transporte y la manubalista, de menores dimensiones, podía ser manejada por dos hombres.


Máquinas de tiro de acción parabólica. Su finalidad era ofender en el interior de la fortaleza sitiada. Son los antecedentes mecánicos del mortero y el obs. Su sistema de lanzamiento era de contrapeso, como el empleado por el fundíbalo ó fustíbalo (Fig. 8), máquina pedrera, también llamada trabuco en la Edad Media. Lanzaba el proyectil por medio de una honda sujeta en el extremo de un gran mástil que se impulsaba por un rápido movimiento de rotación al liberar el contrapeso que llevaba en el extremo opuesto del mástil. Los proyectiles podían ser piedras, cestos de piedras a modo de metralla, elementos incendiarios, cadáveres de animales en descomposición, e incluso cadáveres de prisioneros para intimidar al enemigo. Estas máquinas podían ser de contrapeso fijo u oscilante, y las hubo, con el tiempo, de diseños verdaderamente complicados y de enormes dimensiones.

Como vemos, desde hace más de dos milenios, ya en la época de las máquinas e ingenios de guerra de la llamada Arte tormentaria, se manifiestan necesidades muy similares a la artillería de hoy, es decir, máquinas de tiro de trayectoria tensa como los actuales cañones y otras de trayectoria curva como los obuses y morteros.