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Entre los servicios públicos de más importancia de la sociedad moderna, está el Servicio de Correos. Como todas las grandes instituciones modernas, el Servicio de Correos tuvo cuna humilde y se fue formando lenta y gradualmente a tra-vés de los tiempos hasta llegar al indiscutible grado de excelencia de que hoy disfruta. Su historia en Puerto Rico, como en la del resto del mundo, fue penosa, interesante y hasta romántica, en muchos aspectos, si la observamos desde la perspectiva de este Siglo 20, tan pletórico en valores materiales. Pero su historia en Puerto Rico está íntimamente relacionada con su historia mundial y muy especialmente con la historia de España, la Madre Patria. Veamos...
A principios de la Edad Moderna se formaron en Europa lo que se conocía como Cofradías, o sea, instituciones que tomaban a su cargo la conducción y distribución de la correspondencia oficial y particular. La Cofradía de San Marcos, en Barcelona, España, era una de éstas.
En el año 1505 en Austria se creó el oficio de Correo Mayor en todos sus dominios, y luego, en 1514, los Reyes Católicos de España designaron Correo Mayor de las Indias, con privilegios perpetuos, a don Lorenzo Galíndez de Carvajal. 249
Desde el 1541 ya existía un sistema de correos entre España y sus colonias en América. Éste era libre de pago y supuestamente libre de la intervención de civiles u oficiales gubernamentales, so pena de la confiscación, despido de empleo o destierro de las Indias a los violadores. En 1592 el Rey recordó que ni las justicias ni las altas autoridades civiles ni eclesiásticas tenían derecho a violar la correspondencia considerándose ese hecho como un delito grave. Las cartas y pliegos se ponían en cajones bien sellados e impermeables, se registraba su contenido y se le entregaba a generales, almirantes y maestres que conducían las naos, mayormente, naos militares, que entregaban el correo con puntualidad en el puerto de Sevilla. En esta ciudad residía el correo mayor por Real Cédula de 1574. Cada carta sencilla pagaba un real. 250
Eso no dejaba de ser un sistema primitivo, ya que más bien se limitaba a rendir servicios al Gobierno, y a altos dignatarios y residentes de las Indias. No se ofrecía servicio alguno por tierra el cual no se instituyó en Puerto Rico hasta fines del Siglo 18. El Siglo siguiente, o sea el Siglo 17, prácticamente no vio progreso notable alguno el Sistema de Correos en Puerto Rico.
Al principio del Siglo 18 Felipe V dio los primeros pasos para
modernizar el servicio postal de América. Echó a
un lado el monopolio del Correo Mayor del que había venido
disfrutando los descendientes de la Galíndez de Carvajal
por cerca de dos siglos, arrendando el Servicio Postal de Indias,
en 1707, a don Diego de Murga. Éste quedó en la
obligación, entre otras cosas, de construir seis fragatas-correo
para el servicio de Indias. Se estableció una tarifa de
un escudo de plata por cada carta que circulara entre España
y América, o viceversa, disponiéndose el establecimiento
de oficinas postales en los puertos de Veracruz, Cartagena, Portobelo
y Panamá. El arriendo a Diego de Murga cesó en el
año 1718 en que el servicio se incorporó al Estado,
nombrándose un Administrador General del Reino. 251
Tras la Cédula Real número 237 de octubre de 1764,
el Rey Carlos III instituyó el sistema de Buques-Correo
de Indias, formalmente, saliendo de La Coruña un barco
cada mes con dirección a la Habana; pero éste no
estaba supuesto a hacer escala en San Juan. Además de correspondencia
se podían traer también algunas mercancías
ligeras por correo, retornando los buques con correspondencia
y productos de América. El Rey nombró Subdelegado
de Correos, Postas y Estafetas al Gobernador de Puerto Rico que
en aquel entonces lo era don Ambrosio de Benavides, para que lo
representara en la Superintendencia referente a ese ramo de Gobierno.
En el año 1765 se autorizó el uso de nueve puertos
de la Península Española para el comercio con Puerto
Rico, dándose libertad de comercio a los habitantes de
la Isla. 252 Muy pronto se vio la necesidad y la conveniencia
de que los buques correo procedentes de La Coruña tocasen
en San Juan antes que en la Habana. Se acordó entonces
una medida de transacción mediante la cual se recibía
y se entregaba la correspondencia mientras el buque estaba a la
vela, sin obligarlo a entrar al puerto de San Juan. 253
Con anterioridad al año 1764, cualquier persona que deseaba enviar una carta de un pueblo a otro en Puerto Rico, tenía que hacerlo a través de un mensajero especial que, por lo regular, iba a pie o a caballo; o tenía que valerse de algún jíbaro que viajara de un pueblo a otro para vender sus productos.
El correo terrestre se inició allá por el año 1764 con un servicio rudimentario al cuidado de los Tenientes a Guerra, quienes eran la autorida indiscutible en cada uno de los pueblos de la Isla. Se les permitió a éstos emplear postillones o conductores, de a pie y de a caballo, para conducir el correo de un pueblo a otro. Las fuertes lluvias que caían durante ocho meses del año en la mayor parte de la Isla y la cual estaba cubierta casi enteramente de bosques y malezas, hacían casi intransitable la veredas y caminos herradura que era lo único que comunicaba a los pueblos entre sí; la despoblación de la Isla que para esa época estaba prácticamente deshabitada; la pobreza extrema de la población y de la Real Hacienda, etc., eran circunstancias que hacían el servicio de postillones sumamente penoso y sacrificado, forzándoles a éstos a abandonar sus hogares durante largos días teniendo que vivir en una aventura constante. 254 Se intentó aliviar su situación eximiéndoles del Servicio Militar Obligatorio 255 provenyéndoles de pasaportes expedidos por los Tenientes a Guerra para acreditar su tránsito entre pueblo y pueblo, pero los infelices postillones no podían soportar las penalidades de estas tareas y con frecuencia abandonaban de imprevisto el cargo, perdiéndose la correspondencia que tenían a su cargo. 256
En el año 1770 el Gobernador don Miguel de Muesas publicó un Directorio General en que aparecían las nuevas reglas que debían seguirse con relación al Servicio de Correo. 257
En el año de 1775 la Administración de Correos
de Puerto Rjco estaba bajo la responsabilidad de un Administra-dor
Principal con un sueldo de 1,300 pesos al año y un interventor
o contador con un sueldo de 500 anuales. 258
Para el año 1777 se ratificó la Real Ordenanza del
Correo marítimo que incluía claramente a Puerto
Rico dentro de la jurisdicción de la administración
principal de La Habana. 259 Estaba, por lo tanto, obligado
el administrador principal de Puerto Rico a rendirle cuentas y
a remitirle el monto de la renta a su superior en la capital cubana.
Para aquella época, cuando circulaba alguna carta clasificada como "emergencia", o sea, de "preferencia", se marcaba el sobre con una "P". Las cartas oficiales circulaban libre de franqueo pero las sencillas entre particulares le pagaban un real al cartero al entregarse. 260 (1898SAHPR)
Se tornó tan deficiente el trabajo de los conductores de correo que se hizo necesario militarizar el servicio, sustituyéndoles, en 1783, por soldados de las Milicias Urbanas de Caballería. Con este propósito el Gobernador, don Juan Dabán, quien había tomado posesión de su cargo en abril de ese mismo año, utilizaba las milicias, que ya estaban organizadas en varios pueblos de la Isla, entre éstos Coamo, Ponce, Bayamón, etc., etc. El Gobernador lo único que hizo fue dar cumplimiento a la Real Cédula de 26 de agosto de 1774 que extendía a la Isla el Servicio de Correos de los dominios de España.
Los postillones salían del ayuntamiento de San Juan y entregaban la correspondencia a los de Bayamón y Río Piedras que conducirían el Correo a la parte oriental y occidental de la Isla, respectivamente, retornando a la capital con lo que venía de la Isla. Miembros de las Milicias Urbanas montados a caballos se relevaban en las áreas donde estaban apostados para conducir el correo al pueblo siguiente. De Bayamón, un miliciano urbano llevaba el correo a La Vega, y retomaba con la correspondencia que venía del oeste de Puerto Rico. Por el lado de Río Piedras, pasaba lo mismo. Esta ruta era la que conducía la correspondencia por el centro de la Isla pasando por Cayey, Coamo hasta Ponce. El relevo de los milicianos urbanos de Ponce, por ejemplo, traía la correspondencia a caballo de dicho pueblo a Coamo, a su vez, cogían entonces la correspondencia, y la llevaban a Cayey. Cabe indicar que en cada pueblo los Tenientes a Guerra eran los encargados del recibo y despacho de los postillones en la Casa Rey, o Alcaldía. El Teniente a Guerra revisaba el pasaporte y las valijas que el miliciano del pueblo anterior traía, quedándose con la correspondencia dirigida a su pueblo. Luego expedía un pasaporte al nuevo conductor y en el mismo documento anotaba el número de cartas y pliegos que éste conduciría al siguiente pueblo. Así, sucesivamente, se iba repitiendo la escena hasta llegar el Correo a la Capital.
Como en aquella época aún no existía el sello ni el servicio de apartados de correo, había un cartero de servicio a domicilio destacado en cada pueblo que se encargaba de repartir la correspondencia cobrando cinco centavos por la entrega de cada carta, la cual era pagada por el recipiente de la misma.
Durante el año 1794 el Gobierno Español publicó la Ordenanza General de Correos que regulaba todo el sistema en España y sus colonias. Desde esa fecha en adelante y hasta el 1856 cuando se introdujo el sello postal, se utilizaba una marca con letra de imprenta con el sello del pueblo donde se sellaban y originaban las cartas. Además, se indicaba el peso o unidad monetaria. 261
Indudablemente que todas estas disposiciones tomadas por el régimen español hasta el año 1794 marcaron o produjeron un adelanto sustancial en el sistema de Correos en Puerto Rico si se toma en cuenta lo primitivo que estaba el mismo un siglo antes. El siglo 18, como hemos visto, marcó muchos adelantos en el sistema de Correos de Puerto Rico, pero, como veremos más adelante, dicho servicio se mejoró mucho más durante el siglo siguiente.
El 22 de noviembre de 1811 la Regencia del Reino le ordenó a don Salvador Meléndez, Gobernador de Puerto Rico, que por cuantos medios estuviesen a su alcance favoreciese a los emigrados venezolanos, la mayor parte de ellos españoles, que arribaban a Puerto Rico huyendo de la guerra revolucionaria que tan mal le iba a la Madre Patria. De mutuo acuerdo con el Intendente Ramíerz, el Gobernador Meléndez, en el año 1815, designó distintos pueblos de la Isla para hacerse cargo de la administración de la Estafeta, que era como se les llamaba a las Oficinas de Correos, relevándose así a los Tenientes a Guerra de esta responsabilidad, como había sido hasta entonces. 262
En el 1794 y hasta que se introdujo el sello, en Puerto Rico se usaba el nombre del pueblo en letra de imprenta con la cual se sellaban las cartas que circulaban por el Correo. Además del nombre del pueblo la correspondencia se sellaba con unas marcas que indicaban su peso y el valor monetario del franqueo. El que recibía la carta era el que pagaba el franqueo y no el que la enviaba, trayendo esto grandes problemas, pues muchas veces el receptor se negaba a pagar el correspondiente cargo, o no podía pagarlo.
En las instrucciones de la Villa de San Blas de Illescas a don Ramón Power, en el 1809, se recomendaba el establecimiento de Correos semanales para facilitar la comunicación del interior de la Isla con su ciudad Capital. Esto confirma que la entrega de la correspondencia de la Isla en aquellos tiempos era sumamente lenta tardando hasta meses en entregarse las cartas enviadas. 263
Según don Alejandro Tapia y Rivera, durante el primer tercio del siglo 19, el servicio de Correo marítimo entre los puertos de Cádiz y San Juan se hacía con cuatro bergantines-goletas, "bastante veleros, conocidos por los núneros del uno al cuatro". Luego de estos veleros partir hacia La Habana, dejaban a la ciudad de San Juan sin comunicación directa con la península hasta el próximo viaje, siendo la comunicación con España, por lo tanto, sumamente lenta. En estos intérvalos, las personas que interesaban enviar cartas a sus familiares en España o al extranjero, confiaban las cartas a las manos de algún pasajero o capitán de barco, como se había venido haciendo desde el siglo 16, para que le llevase esa carta a su destino. Como no había otro remedio, se apelaba a este recurso. Según don Raúl Gándara, con anterioridad al uso de las estampillas, cuando un residente de la Isla enviaba una carta al extranjero ésta primero arribaba a España para ser cancelada antes de enviarse a su destino final. Por ejemplo, en el 1845 una carta enviada desde Naguabo arribaba a Connecticut sólo por vía de España, tardando esto considerable tiempo. Las cancelaciones que se hacían en el sobre por la Oficina de Correos en esta época tenían el nombre de "Indias", en vez de tener el nombre de Puerto Rico, al identificar su sitio de origen. Por eso era que alguna gente creía que nuestra Isla era parte de la India. 264
El 6 de septiembre de 1843 el Gobernador, don Santiago Méndez Vigo, dispuso que los empleados de Correos permanecieran en las oficinas hasta después de la oración de la noche para así poder mejor activar el despacho de la correspondencia a su llegada a la Capital en los BuquesCorreos. Esto fue aprobado por su Majestad por Real Orden del 30 de octubre de 1844. Se refería más bien a los encargados de Correos de la Capital.
El 1 de agosto de 1844 se hizo extensiva a Puerto Rico la Ordenanza General de Correos de 1794 y se establecieron los Administradores principales y particulares de Correos: se les llamaba Administradores de Estafetas. Los que conducían el Correo entre los pueblos lo hacían guardándola en valijas bien cerradas y forradas de latón para protegerlo de las inclemencias del tiempo. Los que viajaban por la costa lo hacían a caballo pero en el interior de la Isla casi todos los conductores lo hacían a pie debido a las pésimas condiciones de los caminos de herradura y veredas, que era lo único que había en aquella época. Claro, este servicio fue mejorando según se fueron mejorando las condiciones de los caminos. En cada pueblo había un cartero para la entrega de las cartas y pliegos, cobrando medio real de plata fuerte por cada carta. Había buzón en las oficinas de los Administradores de Correos para recoger la correspondencia del público, que era bastante limitada, por cierto. Los certificados se entregaban a la mano del Administrador, teniendo éste el deber de presenciar la apertura de las valijas. Estaba prohibido circular dinero, alhajas y cualquier cosa que no fueran papeles. Todas las personas que desempeñaban el cargo de Administradores de Correos tenían que prestar fianza.
Por Real Orden del 16 de diciembre de 1840 se concedió a la Administración de Correos de Puerto Rico el título y la categoría de "Administración General", en su respectivo departamento, elevándola a la misma categoría que la de La Habana y Manila. 265
Desde el año 1842 se venía empleando en la correspondencia el llamado timbre de fecha; en la parte superior de la carta figuraba el nombre de la población, o tres estrellas; en la parte iinferior el nombre de la demarcación postal, a los lados el número de ésta y en el centro, la fecha, que era lo único que cambiaba de día en día. Se conocían en aquella época 31 demarcaciones postales, siendo la isla de Puerto Rico la número treinta, juntamente con la isla de Cuba.
Establecida para mediados del siglo 19 1a línea de vapores correo de la Península Española a La Habana, el ayuntamiento de San Juan elevó una petición a la Reina Isabel Segunda, solicitando que dichos vapores hicieran escala en este puerto. Al año siguiente, al tener éxito estas gestiones, se formalizó un contrato para el transporte del Correo en el vapor Fernando el Católico.
La década del 1850 trajo un adelanto extraordinario en la Administración de Correos que hasta cierto punto revolucionó este servicio en forma positiva. Éste fue el uso de la estampilla o sello. En el año 1837 el pedagogo inglés, Sir Roland HilI produjo la idea de utilizar "pequeños" recibos impresos valorizados según los portes, y engomados en el reverso con el propósito de que pudiesen ser pegados a los sobres de las cartas." Éstos certificaban el pago previo del franqueo en su punto de origen en lugar de ser pagados por el destinatario como se había venido haciendo hasta esa fecha. Para evitar su doble uso, sugirió Hill que éstos deberían ser anulados con un matasellos de tinta. Así nacieron los sellos postales, cuya circulación comenzó el día 1 de mayo de 1840 en Inglaterra, el mismo día que se pusieron a la venta. Luego su uso se fue extendiendo a otros países. 266 Luego siguió Ginebra y Zurich en Suiza. Brasil emitió y usó sellos en el 1843 y los Estados Unidos en el año 1847. España introdujo el sello en el 1850 pero el uso del mismo no se hizo efectivo en Puerto Rico hasta el año 1857, o sea, 17 años después de haber comenzado su uso en Inglaterra. Por Real Orden de fecha 7 de mayo de 1856 se autorizó en la Isla el uso de dicho sello, declarándose obligatorio el franqueo para la correspondencia pública a las posesiones de Ultramar, mediante estampillas. Por decreto del Gobernador Lemery, del 5 de junio de 1856, se ordenó el Cumplimiento de la Real Orden citada, a contar desde el 1 de enero de 1857. Los primeros sellos que vinieron a Puerto Rico tenían el retrato de Isabel II y los había de medio real y dos reales. Las estampillas se vendían en las receptorías de Rentas Internas y otros sitios escogidos por la Intendencia. 267
Con la introducción de los sellos de Correos se introdujeron también varios matasellos. Estos primeros matasellos que se utilizaban eran ovalados, o circulares.
Por Real Orden del 13 de julio de 1866 se comunicó al Gobernador de Puerto Rico el Real Decreto de 12 de junio del mismo año reorganizando el ramo de Correos en la Isla. Se estableció un Administrador General para la Capital; tres principales para Ponce, Mayagüez y Humacao; cuatro de primera clase para Arecibo, Aguadilla. Guayama y Caguas; tres de segunda clase para Arroyo, Fajardo y San Germán; y 26 de tercera clase para los pueblos restantes, entre éstos el pueblo de Coamo.
Debido a los caminos infernales que existían en Puerto Rico, se dispuso por Real Orden de abril de 1866 que el Gobernador, por medio de remate o subasta pública, estableciera el servicio de un vapor costanero, destinado a hacer viajes periódicos alrededor de la Isla tocando y dando servicio en la Capital, Arecibo, Aguadilla, Mayagiiez, Guánica, Ponce, Arroyo, Humacao y Fajardo. Remataron este servicio los señores Pelayo, Pardo y Compañía y don Ramón Herrera, de La Habana, siendo aprobada la misma por Real Orden de 11 de junio de 1867. 268
El sistema de apartados postales, que es uno de los pilares del correo moderno en todo el mundo, se estableció en el año 1860. El 13 de enero de 1873 por fin se implantó en toda la Isla un servicio diario de Correos. 269
Entre los años 1855 y 1873 Puerto Rico y Cuba compartían las mismas estampillas las cuales tenían el nombre impreso de "Ultramar". En el año 1873, no obstante, el precio del oro vino a menos en Cuba, mientras se mantenía con un precio alto en Puerto. Por lo tanto, comerciantes de Puerto Rico comenzaron a comprar sellos en Cuba para venderlos luego con una gran ganancia en nuestra Isla. Entonces fue cuando el Rey Alfonso 12 decidió que sus dos colonias del Caribe deberían tener estampillas con sus nombres respectivos en las mismas para lograr una mejor identificación. 270 Esta anomalía la notó el gobierno al producirse una reducción notable aquí en la venta de sellos postales. Una investigación efectuada reveló que se estaban introduciendo sellos de Cuba y vendiéndose a menos de su valor facial.
Por Real Orden del 29 de julio de 1886 se fundó el Cuerpo de Comunicaciones de Puerto Rico fundiéndose los Servicios de Correos y Telégrafo. En el 1880 la Administración de Correos de San Juan preconizaba la conveniencia de establecer en las oficinas postales el moderno sistema de cajas metálicas, usado en los Estados Unidos. Es de inferir que el sistema de cajas o apartados postales que se usaba entonces eran de madera. Para el año 1879 la Administración de Correos ya cursaba casi un millón de cartas, 25.000 paquetes de periódicos y 26,200 certificados. Esto demuestra el volumen de negocios que ya había adquirido el servicio de Correos en nuestra Isla. 271
El 8 de mayo de 1893 el Gobierno General aprobó un nuevo itinerario postal para el servicio diario de la correspondencia en Puerto Rico. La línea del Oeste, o sea, los pueblos de la costa norte hasta Mayagiiez, utilizarían de esta fecha en adelante las facilidades del ferrocarril, que ya estaba construido. La parte Central, o sea, la línea de Caguas, Cayey, Aibonito, Coamo, Juana Díaz a Ponce se haría de ahí en adelante en carruajes, debido a que ya se había terminado la construcci6n de la Carretera Central y podían circular por ella los coches y carros de bueyes y mulas, etc., etc. La línea de Río Piedras a Humacao a Ponce pasando por los pueblos del este y costa sur de la isla se haría a caballo debido a que no existían carreteras que permitieran el uso práctico de vehículos. De Punta Santiago a Vieques y de Vieques a Culebra, los martes, jueves y sábado, los viajes se efectuarían en bote.
Al constituirse el Gobierno Autonómico por decreto de 9 de febrero de 1898 pasó el Servicio de Correo a la Secretaría de Obras Públicas y Comunicaciones. Fue designado para dirigir la misma don Juan Hernández López con título de Secretario de Despacho y como Subsecretario al también puertorriqueño Tulio Larrínaga. Cuando el cambio de nacionalidad, después de la Guerra Hispanoamericana, pasó el Servicio de Correos a la Secretaría de Fomento cuyo Jefe era el Dr. Salvador Carbonell. Después se estableció este servicio al estilo americano subordinado el mismo al Gobierno de Washington. 272 Pero básicamente, ya para el año 1898 el Servicio de Correos se había modernizado grandemente y su mecanismo operaba poco más o menos como operaba en cualquier otra parte del mundo civilizado.
Del 1899 en adelante el Correo se mejoró considerablemente siguiendo el patrón impuesto por el Sistema de Correos de Estados Unidos. Su administración y servicio fue mejorando gradualmente según fueron mejorando las vías de comunicación en Puerto Rico, la educación y preparación del personal postal y el equipo utilizado en las oficinas de Correos para expeditar más rápidamente la correspondencia.
El avance más notable en el siglo veinte ha sido la introducción del Correo Aéreo que vino a revolucionar el Servicio de Correos Internacional. Este servicio se generalizó allá para la década del año 1930 cautivando inmediatamente las simpatías de todos los públicos del mundo. Decía don Hugo D. Storer, distinguido filatelista, que no fue hasta el 28 de abril de 1938 que se pusieron sellos aéreos para el uso general. 273 La mecanización de las operaciones de oficina se hizo imprescindible luego debido al creciente volumen de la correspondencia entre una población cada vez más numerosa.
El Servicio de Correos no tendrá el colorido que tienen otros servicios públicos, pero como cualquiera de los otros se puede clasificar de sumamente valioso e imprescindible en la sociedad moderna. Su historia está llena de lentos, pero consistentes avances a través de los tiempos hasta arribar al día de hoy en que cumple una de las misiones más valiosas, preciadas y nobles entre toda la humanidad.
Notas:
249 El Tesoro de la Juventud: T-2, p. 171, Ed.- 1962,
Buenos Aires.
250 Coll y Toste: B.H.P.R., T-5, p. 224.
251 Adolfo de Hostos: Ciudad Murada, p. 494.
252 Coll y Toste: B.H.P.R., T-1, p. 28.
253 Real Cédula Núm. 293 de 24 de junio de
1768
254 Hostos: San Juan, Ciudad Murada, p. 495
255 Real Cédula Núm. 236 del 18 de octubre
de 1764
256 Directorio General del Gobernador Muesas, año
1770, artículo18, Cartas y Correos.
257 Coll y Toste: B.H.P.R., T-l p. 109.
258 Adolfo de Hostos: Opus Cit, p. 483.
259 Tratado III, Título 1, Art. 1, en Hostos; Ciudad
Murada, p. 493.
260 Coll y Toste: B.H.P.R., T-5, p. 225.
261 Ing. José A. Márques: Revista del Café,
julio de 1973.
262 Coll y Tose, B.H.P.R., T-5, p. 226.
263 Coll y Toste: B.H.P.R., T-10, p. 123.
264 Raúl Gándara: San Juan Star, Sec. Portfolio,
Sept. 25, 1974.
265 Coll y Toste: B.H.P.R., T-5, p. 226.
266 El Tesoro de la Juventud: T-II, p. 172, Ed. 1962, Buenos
Aires.
267 Coll y Toste: B.H.P.R.., T-5, p. 226.
268 Coll y Toste: B.H.P.R.., T-5, p. 227.
269 Acuerdos del Ayuntamiento de la Capital, 1869, Folio
35, Vto.
270 Raúl Gándara: Sección Portfolio,
Sept. 25, 1973, Ed. San Juan Star.
271 Lidio Cruz Monclova: Historia de P.R., Siglo LXXM 19,
T-2, p. 818
272 Coll y Toste: B.H.P.R., T-5, p. 228.
273 Hugo D. Storer: "Las estampillas aéreas
de Puerto Rico": Artículo en la Revista Filanoticias,
año 1973, Boletín oficial de la Sociedad Filatélica
de Puerto Rico. (1898SAHPR)