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La Guerra Hispano Americana en Puerto Rico
tuvo consequencias que todavía afectan las vidas de los
puertorriqueños de hoy día. Me refiero en particular
a la diáspora puertorriqueña en la cual tras los
años, millones emigraron al continente directa o indirectamente
a causa de la política colonial de los Estados Unidos.
Por ejemplo, terminada la guerra, empresas norteamericanas de
todas clases, arribaron a la Isla para capturar los recursos agrícolas
como el café y la azúcar o para establecer nuevos
mercados para vender sus productos manufacturados. En turno, el
Congreso norteamericano hizo varias leyes que favorecieron a sus
comerciantes y esto entre otros acontecimientos, aceleró
la emigracion de los puertorriqueños al continente.
De todos modos, el principal impedimento para estos intereses
comerciales era la escasez de transporte civil entre el continente
y la Isla. En corto tiempo esta deficiencia fue resuelta por el
Sr. Archibald Bull, dueño de Bull Lines y su amigo don
Juan Ceballos, natural de España y dueño del Ceballos
Line de Nueva York. En realidad, Ceballos había establecido
la Porto Rico & New York Steamship Company como línea
de vapores de carga en 1895 pero no tuvo mucho éxito hasta
el 1899 cuando se dio cuenta que había demanda para transportes
de pasajeros, los cuales complementaban y vinieron a superar el
negocio de carga. En ese año Bull y Ceballos se combinaron
y la compañía compró dos vapores para servicio
exclusivo de pasajeros. Cada uno era capaz de llevar 96 personas
abordo y fueron nombrados, respectivamente, SS Ponce y SS San
Juan. (SS significa steamship -- barco a vapor en inglés.)


En 1901 la compañía añadió el famoso SS Coamo, un vapor con capacidad de 140 personas, y luego Bull y Ceballos vendiron sus intereses al Sr. John Berwinden. En 1905 él se apoderó del SS Carolina que tenía capacidad de 240 personas. Con cada año, aumentaba el negocia y en 1907 la empresa compró el SS Arkadia para servicio entre San Juan y New Orleans con escala en Key West, Florida. Más adelante Berwind vendió la empresa a un tal Charles Morse y él expandió la compañía aún más, comprando el SS Puerto Rico, SS San Lorenzo y el SS Borinquen y varios otros. Se puede decir sin lugar a dudas que la empresa Neoyorquina prácticamente controlaba todo el abundante y creciente negocio de transporte de pasajeros entre Puerto Rico y el continente norteamericano.

No obstante su éxito comercial, la compañía sufrió consecuencias dolorosas. El 28 de mayo de 1918 , durante la Primera Guerra Mundial, el vapor Carolina salió de su muelle en San Juan rumbo a Nueva York con más de 250 pasajeros y tripulantes. Todo marchaba bien pero a las cinco y treinta de la tarde del 2 de junio, un domingo, ocurrió el evento más triste de la corta historia de la New York & Porto Rico Steamship Company. A esa hora el barco estaba más o menos a unas 200 millas de la costa de New Jersey cuando de momento apareció de la prufundidad del Océano Atlántico un submarino de la marina alemana identificado como U- 151. Una vez en el superficie, el submarino se acercó y sin perder un momento disparó su cañon sobre la proa del vapor. El capitán del Carolina, T.R. Barbour, imediatamente dio órdenes de parar motores. Luego, el alemán hizo signos de bandera de rigor y el Capitán Barbour lanzó los botes salvavidas. En unos 10 minutos los pasajeros y tripulantes del Carolina abordaron sus lanchas y obedeciendo las órdenes que el alemán dio por altoparlante, comenzaron a distanciarse del vapor. En pocos minutos el submarino rodeó al SS Carolina y disparó su cañón varias veces, primero a la maquinaria en la popa y después al centro del barco donde estaban las calderas. El resultado fue inmediato y no tardó más de veinte minutos hundirse el SS Carolina.

Ya estaba bajando el sol y sin otra alternativa los tripulantes y pasajeros comenzaron a remar hacia el oeste, dirección de la costa Americana. Como a las diez de la noche surgió una tormenta y la intensa lluvia, combinada con el viento causó que se llenaran de agua los botes y volteándose dos de ellos y cayendo la gente al mar. Según los relatos hubo seis que se ahogaron. Después de varias horas la tormenta pasó y casi amanciendo el día los sobrevivientes del Carolina fueron rescatados cerca de Atlantic City en la costa de New Jersey por la Goleta Eva Douglas que luego los condujo a Nueva York.

