1898 Los Documentos de Puerto Rico

El caso Maine - Parte 1

Aunque el incidente del Maine no está relacionado directamente con Puerto Rico y no fue la causa de que Estados Unidos entrara en guerra con España, el mismo tiene una importancia decisiva en los incidentes del 98 ya que preparó a la opinión pública americana para aceptar la guerra como una justa y necesaria y alentó de gran manera el enlistamiento de voluntarios en las fuerzas armadas así como el deseo de combatir de las mismas.

Este primer reportaje está relacionado con la visita que hiciera el Maine a La Habana, Cuba, la devolución de la visita hecha por el buque español Vizcaya a la ciudad de Nueva York y también una reseña un tanto premonitoria. En las partes 2 y 3 "entregas" trataremos la catástrofe ocurrida en el barco americano, las posteriores investigaciones de la explosión y las teorías presentadas sobre las posibles causas del incidente.

Maine

Reportaje de la revista "La Ilustración Española y Americana" (Año XLII núm. IV del 30 de enero de 1898. Páginas 55 y 56)

El acorazado norteamericano Maine, fondeado actualmente en la bahía de La Habana

En la página 56 damos a nuestros lectores un dibujo del acorazado Maine, que la exquisita cortesía de nuestros cariñosos amigos de América nos ha enviado a las aguas de la Habana en calidad de tarjeta de visita, y en prueba de la franca y sincera cordialidad que con España los unen.

Hay espíritus suspicaces que presumen que el envío de este acorazado se acordó cuando los sucesos de la Habana hicieron creer en una oportunidad aprovechable, y hasta añaden que como, a Dios gracias, la tranquilidad en la Habana sucedió muy pronto a aquella efímera revuelta, la que se engendró hostil tuvo que nacer amable, y el barco que partió amenazador arribó afable, cortés, y como se trataba del Maine....., amainó.

Ello es que, hasta la presente, nada que no sea cumplimiento y finura ha ocurrido, y Dios nos libre de formar temerarios juicios sobre las ulteriores intenciones de nuestros cariñosos y caritativos amigos.

Es el Maine un buque de combate de segunda clase, que tiene 318 pies de eslora, 57 de manga y 22 de puntal; desplaza 6,682 toneladas y tiene una marcha de 17 nudos por hora.

Tiene dos torres a barbeta, y lleva cuatro cañones de 10 pulgadas, seis de 6, ocho de tiro rápido, cuatro Gatlings, cuatro lanzatorpedos y 510 hombres de tripulación.

Fue botado al agua en 1890.


MARINA ESPAÑOLA DE GUERRA

Vizcaya

Reportaje de la revista "La Ilustración Española y Americana" Año XLII núm. V del 8 de febrero de 1898. Fotografía en página 80, texto en página 74.

El crucero acorazado Vizcaya en viaje para Nueva York.

En la página 80 incluímos un dibujo de Caula representando el acorazado de segunda clase Vizcaya que va a Nueva York a devolver la cortés visita del Maine a la Habana.

El Vizcaya fue construído en los astilleros de Bilbao y botado al agua en 1890. Desplaza 7,000 toneladas, tiene una fuerza de máquina de 7,000 caballos y lleva 20 cañones y 10 ametralladoras. En condiciones normales puede desarrollar una marcha de 18 millas por hora.

La dotación del Vizcaya la forman: el comandante, Sr. Eulate; segundo, Sr. Roldán, y tercero, Conde de Villar de Fuentes; los tenientes de navío, Sres. Suances, Ristori, Magaz, Pazos y Cugo; y los alféreces de navío, Sres. Fajardo Sobrino, Castro González y Manjín.

El contador, Sr. Urdapilleta; los médicos, señores Jurado y Gómez Tornell; el capellán, Sr. Riera; el capitán de infantería de Marina, Sr. Baleato; los guardias marinas, Sres. Sánchez, Jossi, Vega, Saralegui, Manjín y Cherigueri, y el maquinista mayor, Sr. Fontela, formando un total de 492 tripulantes.


En la página 70 de la misma revista y número que el artículo anterior, figura el siguiente:

Mientras el crucero Vizcaya marcha a devolver la visita del Maine, aletean en la proximidad de Cuba, a manera de cuervos, otros buques de guerra norteamericanos. Nuestra impresión personal no es muy pacífica, y por sí o por no, suponemos que no sólo estarán previstas toda clase de eventualidades en lo referente a nuestra escuadra, si no a la defensa de nuestro litoral, sobre todo en las poblaciones de importancia, y aunque la marina mercante haya calculado la posibilidad de un choque imprevisto, y la manera de transformarse de instrumento de paz en arma de combate; que cuando la seguridad de la navegación cesa, los desarmados y los débiles no pueden hacer otro papel que el de víctimas, y muchos pequeños esfuerzos constituyen una fuerza temible. Porque España, cargada de razón hasta los topes, y cansada de sufrir perfidias y una hostilidad hipócrita, no puede menos de estar dispuesta y prevenida a lo que sobrevenga, si al fin se desemboza el encubierto. España ha demostrado hasta la saciedad que no quiere guerra, que no puede ser responsable ante la civilización de las catástrofes que ocurran; pero si se la provoca y se la obliga, ¡qué habría de hacer! Lo que en todas ocasiones.

Acaso nuestro pesimismo es infundado; tal vez desconfiamos con exceso; como, de todos modos, más vale prevenir que descuidarse, repitamos lo de siempre. Confiemos en el Gobierno que dirige, y tengamos disciplina y unión: tiempo queda de combatirle a los que lo deseen; hoy corresponde a todos patrióticamente darle fuerza. Esto es lo sensato y nacional. Ni le neguemos nuestra cooperación, ni le empujemos a extremidades: la guerra es un mal, aun saliendo bien; y como no tenemos, fuera de la defensa legítima, ningún objetivo útil que alcanzar, debemos evitarla; para ello lo principal es estar dispuestos a no tolerar lo intolerable, y, sobre todo, como no nos cansaremos de repetir, a prestar fuerza, no a debilitar la acción de los que nos representan y dirigen. Ellos saben lo que ignoramos; a ellos corresponde la vanguardia y la dirección, y a nosotros coadyuvar a sus propósitos. Si tienen motivos para confiar en el Gobierno norteamericano, alegrémonos bajo su responsabilidad; pero temamos los tratados de comercio que se estipulen cuando los buques de guerra puedan influir en ellos.


Imágenes e información transmitidos via e-mail por el Coronel de Artillería Francisco Rodríguez Padrón de la Academia de Artillería en Segovia. El Coronel Rodríguez Padrón también tiene la página Gran Atlas de la Artillería Española Siglo XX.

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