|
1898 Los Documentos de Puerto Rico
El caso Maine -Parte 2
En esta parte colocamos el segundo de una serie de reportajes aparecidos en la revista "La Ilustración Española y Americana" que tratan sobre el Maine. En esta ocasión tratamos la catástrofe ocurrida en el barco americano el 15 de febrero de 1898, el entierro en La Habana de algunos de los marinos fallecidos en la tragedia y la comisión americana que vino a investigar las causas.. En la próxima entrega veremos las posteriores investigaciones de la explosión y las teorías presentadas sobre las posibles causas del incidente.
La catástrofe del Maine
Reportaje de la revista "La Ilustración Española y Americana", Año XLII núm. X, págs. 151-154, del 15 de marzo de 1898.

La honda impresión que producen siempre los siniestros marítimos por lo espantoso de sus consecuencias, ha sido esta vez todavía más grande por las especiales circunstancias que en el deplorable accidente concurrieron. Tratábase precisamente del barco de guerra cuya llegada al puerto de La Habana dio motivo a muy distintas interpretaciones, y ha querido la fatalidad que en los momentos en que más extrañaba su presencia en frente de la capital de nuestra gran Antilla, en medio de la bahía y en la obscuridad de la noche una formidable explosión destrozó aquella poderosa máquina de guerra, que se hundió en las ondas y arrebató la vida a numerosas víctimas.
Los despachos que el cable trasmitió en seguida y las correspondencias después, han sido minuciosamente reproducidos por la prensa diaria, y están tan presentes en la memoria de todos que sería aquí ocioso repetir detalladamente el relato de tan espantosa catástrofe.
Pero hoy, cuando la distancia que de aquellas latitudes nos separa ha permitido que lleguen a nuestro poder los datos gráficos auténticos que con toda solicitud pedimos; hoy que, sin recurrir a conjeturas ni fantasías más o menos artísticas, pero nunca exactas, podemos ofrecer una información verdadera a nuestros lectores, publicamos en las páginas de la ilustración los grabados de palpitante actualidad que creemos habrán de satisfacer cumplidamente su natural curiosidad.
En la página 152 reproducimos con fotográfica
exactitud el estado actual del Maine.
El buque se halla completamente sumergido, quedando a flor de agua, desde el departamento de máquinas a la popa, la cubierta de ésta. En esa parte el buque no sufrió, viéndose las ruedas del timón, el cabrestante y las lumbreras de la cámara; en la extremidad del castillo de popa se encuentra fuera del agua el reflector eléctrico y un cañón Hotkins.
El departamento de máquinas y toda la proa han quedado completamente destrozadas; sólo presentan al nivel del mar las calderas en estado deplorable, y una masa informe de hierro y de material de artillería. De los dos palos sólo existe el mayor. Esos tristes restos quedan no más del hermoso acorazado que ya describimos en nuestro núm. IV, construido en 1890, y cuyo coste fue de 2.500.000 pesos.
¿Cuál fue la causa de tal desgracia? ¿Un
descuido? ¿Una imprudencia? ¿La combustión
espontánea de las materias sumamente
inflamables que existían a bordo?
¿Un accidente en los dinamos o en los circuitos de su alumbrado
eléctrico? Una comisión norteamericana, compuesta
del capitán
Sampson, capitán Chadwic, y tenientes Schroeder y Marix,
ha sido encargada de investigar cuál de aquellas causas
ha sido la verdadera, a las cuales la opinión de los que
desconocen en absoluto el carácter del pueblo español
añaden, en el arbitrario terreno de la sospecha, la de
un atentado por medio de un torpedo o una mina.
Nosotros, como todos los nacidos en tierra española, protestamos contra tan descabellada hipótesis. Los que más heridos consideren el corazón de la madre patria por el proceder de los yankees en la insurrección cubana; los que más deseo sienten de rechazar amenazas o vengar afrentas, podrán desear la lucha, la franca y noble lucha cara a cara, sin parar mientes en el éxito, ni considerar si son más o menos poderosos los enemigos; pero ni ellos ni ninguno son capaces de pensar en resolver con cobardes y viles atentados cuestiones que al honor afectan y sólo honradamente pueden resolverse.
En uno de los grabados de la citada página 152 publicamos el retrato del presidente de la citada comisión, Mr. William T. Sampson.

También incluímos en la página 154 una sección vertical del acorazado Maine, con todos sus interiores compartimientos, y por ella pueden nuestros lectores formar idea del sitio que ocupaban las carboneras, los dinamos y los pañoles de municiones a proa, donde, a juzgar por los destrozos, la explosión debió ocurrir.

|
|
|
|
|
Sección longitudinal del acorazado Maine |
|||
Oponiendo hechos nobles y generosos a insidiosas sospechas, recordaremos la conducta observada por nuestros bravos marinos, por las autoridades y por el pueblo de la Habana en el auxilio de las víctimas, y las elocuentes muestras de sentimiento sincero ante tal desgracia que las clases todas de la población dieron en el entierro de los que en la catástrofe perecieron.
Dedicaron coronas a las víctimas del Maine: El pueblo de La Habana, la escuadra y apostadero de las Antillas, el Comandante y oficiales de la Capitanía del Puerto, el Capitán del Puerto, la Corporación de Prácticos del Puerto de La Habana, el Habana Yacht Club, La Discusión, el Diario del Ejército y otras muchas particulares.
Abrían la marcha de la fúnebre comitiva cinco batidores de la Guardia Municipal montada, en traje de gala.
Seguían a continuación secciones de bomberos, camisetas rojas y del comercio, con su banda de música y escuadra de gastadores los primeros, y bandas de cornetas y redoblantes los segundos.
Los veinticinco sarcófagos, que fueron colocados:
seis en el carro de auxilio de los bomberos municipales; cinco
en el de los del comercio, y los catorce restantes en otros tantos
coches fúnebres, pertenecientes a las diversas agencias
funerarias de la Habana.
Detrás marchaban dos compañías de desembarco, formadas por fuerzas de infantería de Marina y de marinería de nuestra escuadra, destinadas a hacer los honores correspondientes a las víctimas, y después la música del regimiento de Isabel la Católica.
La Corporación Municipal en pleno, con sus maceros y presidida por el gobernador regional, D. José Bruzón y por el Alcalde Municipal, señor Marqués de Esteban, iban a continuación.
Cerraba la comitiva el acompañamiento, a cuya cabeza,
en primer término, figuraba el cónsul Lee, el vicecónsul
Mr. Springer, varios oficiales de la Marina americana y el personal
del consulado; y en segundo término el general Sr. González
Parrado representando al general Blanco, el Sr. Obispo diocesano,
el Comandante General del Apostadero, el Presidente y Secretarios
del Gobierno Colonial, Secretario del Gobierno general, Subsecretarios,
la Audiencia territorial, cuerpo consular, claustro universitario,
el Gobernador del Banco, Comisión de la Diputación
Provincial, Consejo de Administración, Sociedad Económica,
clero, Diario de la Marina, empleados de las diversas Secretarías
de despacho. Cámara de Comercio, Unión de
Fabricantes de Tabaco, caracterizadas
personas del Partido Autonomista, Junta de Obras del puerto con
todo su personal y una sección de marineros, Alcaldes de
barrio, lonja de víveres, sociedades de beneficencia y
recreo, y numerosas comisiones del ejército y voluntarios,
con los generales que se encuentran en la plaza.
El Capitán del Puerto, Sr. Pastor y Landero asistió al entierro con toda la oficialidad de nuestra Marina franca de servicio.
La fuerza de Marina, que acompañaba el entierro, hizo la descarga de ordenanza.
Ya en el cementerio, el Ilmo. Sr. Obispo cantó un solemne responso, y acto continuo se procedió a dar sepultura a los cadáveres en varias fosas, que fueron cedidas sin percibir derechos de ninguna clase.
Del aspecto de las calles de La Habana al paso del fúnebre cortejo, pueden formar idea nuestros lectores por el segundo grabado de la página 153. En la misma publicamos un retrato del comandante del Maine, Mr. Charles D. Sigsbee, reproducción de una fotografía hecha a bordo.
Imágenes e información transmitidos via e-mail por el Coronel de Artillería Francisco Rodríguez Padrón de la Academia de Artillería en Segovia. El Coronel Rodríguez Padrón también tiene la página Gran Atlas de la Artillería Española Siglo XX.
<Página Principal> / <Historia> / <Partes - Informes Oficiales - Listas - Inventarios> / <Telegramas>
<Mapas y Planos> / <Fotografías>