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1898 Los Documentos de Puerto Rico
El caso Maine - Parte 3
Aunque el incidente del Maine no está relacionado directamente con Puerto Rico y no fue la causa de que Estados Unidos entrara en guerra con España, el mismo tiene una importancia decisiva en los incidentes del 98 ya que preparó a la opinión pública americana para aceptar la guerra como una justa y necesaria y alentó de gran manera el enlistamiento de voluntarios en las fuerzas armadas, así como el deseo de combatir de las mismas.
Con este colocamos el tercero y último de la serie de reportajes que tratan sobre el Maine. En esta ocasión tratamos las posteriores investigaciones sobre la explosión y las teorías presentadas de las posibles causas del incidente.
La catástrofe del Maine
Publicado por D. Severo
Gómez Núñez en el Memorial de Artillería.
Serie IV Tomo IX, año 1898, páginas 281- 290.
Gómez Nuñez, además de ser artillero e Ingeniero
Industrial, era Licenciado en Ciencias y eminente químico,
siendo autor de diversos libros sobre la química de los
explosivos.

Del Diario del Ejército de la Habana copiamos el adjunto artículo, escrito por su director y compañero nuestro D. Severo Gómez Núñez, acerca de la voladura del citado barco norteamericano en el puerto de la Habana la noche del 15 de febrero de 1898, en cuyo escrito se pone en claro con imparcialidad y conocimiento cuánto puede servir para esclarecer las circunstancias de tan desgraciado accidente.

LA PRENSA
Como lo preveíamos todos, así
está sucediendo. La prensa de los Estados Unidos, o si
no toda al menos varios periódicos de gran circulación,
siguen su campaña difamante contra España, valiéndoles
ahora de pretexto la explosión del Maine, acerca de la cual inventan las más criminales
falsedades.
Y lo más lamentable del caso es, que los periódicos
que así mienten, lo hacen fundados en correspondencias
que de aquí les remiten, quienes, sin reparo de ningún
género, se dedican a esforzar su inventiva a sabiendas
de que es falso cuanto trasmiten y propalan en contra de nuestra
patria, así en éste como en cuantos asuntos se desarrollan
en la Habana.
El procedimiento no puede ser más ruín ni miserable.
Tampoco faltan periódicos sensatos de los Estados Unidos,
que salen a desenmascarar a esos vampiros del periodismo, aplicando
a las publicaciones que tan infamemente proceden, los más
despreciantes calificativos, pero esto no basta. Parece desde
luego racional que no se consienta la permanencia en Cuba de aquellos
que esgriman la calumnia y atenten por medio de ella a su sosiego.
Y no queremos exponer nada más acerca de esto, porque esperamos
que con lo dicho baste. La condescendencia y la bondad tienen
sus límites.
FALSEDADES Y OFENSAS
Como expresábamos antes, la fantasía de algunos
periódicos americanos se ha echado, enseguida que ocurrió
la explosión del desgraciado Maine, a inventar hipótesis y a dar por ciertos
los más estupendos absurdos, llegando la infamia hasta
el punto de que el senador Mason nos haya dirigido groseros insultos
en plena Cámara.
Hay quien lanza la teoría de que el barco fue volado por un torpedo;
otros dicen que por un submarino, y pintan tan campantes el artefacto;
otros dan por seguro que fue por medio de una mina,
y cada uno disparata a su antojo acerca de los detalles del hecho.
Son despreciables, en efecto, esas hipótesis, que sólo
caben en conciencias embrutecidas por la costumbre de usar el
falso testimonio, así que en nuestra información
de hoy vamos únicamente a enterar a nuestros lectores de
los datos interesantes y serios que encontramos en aquella prensa
acerca de esta catástrofe accidental.
ESQUEMAS DEL MAINE
Publicamos hoy algunos grabados del Maine y su corte transversal, datos que tomamos de un
notabilísimo trabajo inédito que
de las marinas de guerra ha realizado a fuerza de constancia,
estudio y talento, nuestro querido amigo el capitán de
Artillería de este ejército D. Adolfo Martínez
Jurado. Dicho trabajo, que constituye una verdadera obra de gran
utilidad, merece las mayores celebraciones y tiene un mérito
indiscutible, digno del mayor premio.
A él se refieren los cuatro primeros grabados.

El cuarto representa la reproducción de un corte de la parte de proa del Maine, publicado por el Herald, en el que se ve la disposición de los almacenes cuya explosión produjo la catástrofe.

MUNICIONES, POLVORAS Y EXPLOSIVOS QUE TRAIA EL MAINE
El New York Herald del día 17 del
actual, periódico que generalmente brilla por su sensatez
honrada en las informaciones, publica un Memorándum dado
al comandante F. W. Dickins, jefe del Boureau de Navegación,
por el capitán Charles O'Neil, jefe del Boureau de Ordnance,
relacionando las municiones almacenadas a bordo del Maine, en Nueva York. Dice así ese Memorándum:
"El Maine tenía un almacén hacia la popa sobre
el costado de babor, y un depósito de municiones en el
costado opuesto, rodeados y protegidos ambos por una de las carboneras.
Este almacén de popa contenía cerca de 50,000 libras
de pólvora parda. También a popa, y hacia el centro
del barco, había un depósito de municiones que contenía
la de los cañones de 1 y 6 libras, cargadas con pólvora
negra, cuya cantidad sería próximamente 8,500 libras."
"Hacia proa, había a estribor el otro almacén
que contenía 50,000 libras de pólvora parda y en
el costado opuesto tenía su correspondiente depósito
de proyectiles, rodeados asímismo los dos por otra carbonera.
Justamente delante de este almacén se hallaba otro depósito
de municiones de cañón de 6 libras, cargadas con
pólvora negra, cuya cantidad sería unas 8,500 libras.
Delante de éste, y al centro del barco, se hallaba la cámara
de torpedos conteniendo ocho cabezas cargadas con algodón-pólvora
húmedo, en cantidad total de 800 libras. A cada costado
de estos depósitos de municiones y de algodón-pólvora,
había almacenes separados de ellos por planchas recubiertas
de cuero."
"Además de todo lo anterior, el Maine llevaba 7,500 libras de pólvora negra para
saludos y otros usos, la cual es presumible que estuviese repartida
entre esos dos almacenes. Había también cierta cantidad
de municiones de pequeño calibre cargadas con pólvora
sin humo, probablemente divididas entre los almacenes descritos.
Llevaba el Maine un número de espoletas para los torpedos
que en junto darían 32 libras de algodón-pólvora
seco, que presumiblemente irían almacenadas a proa sobre
cubierta. Los proyectiles estaban cargados con pólvora
negra ordinaria."
OPINIONES DEL PROFESOR
PHILIP B. ALGER, DEL BOUREAU DE ORDNANCE.
Este distinguido técnico dice que
"la destrucción del Maine se debe indudablemente a un accidente."
"La explosión de un torpedo
no pudo haber taladrado la plancha acorazada y doble fondo para
comunicar el fuego a los almacenes." "Mi teoría
es que el destrozo fue causado por la explosión de las
800 libras de algodón-pólvora almacenadas a proa,
o por la explosión de alguna caldera de proa de las situadas
en compartimentos adyacentes a las carboneras y a los almacenes
de pólvora parda."
"La espontánea combustión del carbón
en las carboneras, también puede haber sido la causa, pero
esto paréceme imposible."
"El algodón-pólvora de servicio, había
sido colocado húmedo en su compartimento, pero su condición
puede haber cambiado, hacerse ácido y espontáneamente
explosivo. Frecuentes exámenes de la humedad del algodón-pólvora
está mandado hacerlos para evitar que llegue a esta condición.
Si las usuales precauciones eran tomadas en el Maine, no pudo haber sido ésta la causa de la
explosión". "La explosión de una caldera
Scotch, en uso en el Maine para mover sus dinamos, pudo, en mi opinión,
producir el origen del daño."
Este mismo profesor Alger, en el número del Herald del
día 19, ocupándose de la hipótesis malévola
de que un torpedo
fuese causa de la explosión del Maine, se expresa en la forma que sigue:
"No conozco ningún torpedo
de los que se usan en la guerra moderna que pueda causar por sí
mismo una explosión del carácter de la que tuvo
lugar a bordo del Maine. Por la explosión de un torpedo
o de una mina
submarina bajo el fondo de un barco, no sabemos que hayan
explotado nunca los almacenes que están dentro de él.
Lo que producen simplemente estas explosiones es un agujero en
el costado o en el fondo, a través del cual penetra el
agua y en consecuencia de ello el barco desciende."
"Las explosiones de los almacenes de pólvora producen
por el contrario efectos análogos a la explosión
del Maine. No se deben buscar causas improbables, sino lo
que es usual y que guarde relación con hechos pasados.
La más común de éstas es
la que se funda en el fuego en las carboneras."
"Muchos de nuestros barcos han estado en peligro varias veces
por esta causa, y hace poco que un fuego en las carboneras del
Cincinnati
fue causa de que se prendiesen las cajas y otras partes de madera,
dentro de sus almacenes, y si no hubiera sido descubierto a tiempo,
indudablemente hubiese resultado una catástrofe a bordo
semejante a la del Maine."
"Puedo con énfasis añadir que ningún
torpedo ha producido, que yo sepa, la explosión de un almacén
de pólvora dentro de un barco."

PRECAUCIONES DE LAS MARINAS
EXTRANJERAS
"El teniente comandante de la Marina de los Estados Unidos,
Mr.
Wainwright, que pertenecía al mando del Maine como segundo, tenía presentado un trabajo
acerca de las medidas que toman otros gobiernos para precaver
los barcos de semejantes peligros."
"Wainwright
explica cómo Inglaterra protege los almacenes de pólvora
de sus barcos contra el calor por medio de telas de amianto, dejando
espacios entre los compartimentos, los que se rellenan con silicato
de algodón y otras materias no combustibles y malas conductoras
del calor y por el uso de ventiladores y amoniaco."
"Francia usa máquinas refrigeradoras, dobles pisos,
y dobles tabiques y aplica el amianto. Los expertos franceses
declaran que no basta renovar el aire de los almacenes, sino tener
espacios huecos entre los mamparos y los pisos para hacer pasar
la circulación de aire todo alrededor."
"Alemania tiene en sus barcos sistema especial de ventilación
para inyectar aire frío por medio de bombas en los almacenes
y extraer el aire caliente. También tiene máquinas
especiales de frío, para refrescar las carboneras y evitar
las combustiones espontaneas."
"Los constructores italianos, atienden muy especialmente
a procurar la salida de los gases que se generan en las cámaras
donde hay encerrados explosivos. Asímismo aplican máquinas
refrigeradoras y recomiendan que la renovación del aire
no puede hacerse con demasiada frecuencia. Lo mismo los italianos
que los franceses, describen el gran peligro que representa el
que los depósitos de carbón estén yuxtapuestos
a los almacenes de explosivos, y recomiendan aislarlos con amianto,
silicato de algodón, etc., colocando estas substancias
entre las carboneras y las Santa Bárbaras."
"Serios fuegos han ocurrido hace algún tiempo, como
es bien sabido en el New
York y en el Cincinnati
por espontánea combustión de las carboneras, y hace
dos semanas que una Junta recomienda la radical reconstrucción
de las carboneras de nuestros buques de guerra."
OTRAS OPINIONES
El Herald trae otras opiniones diversas, de hombres de ciencia,
que en su mayoría concuerdan con las anteriores, y también
publican algunas disparatadas, sin otro fundamento que el odio
contra España de sus autores.
Es justo y noble indicar que las manifestaciones de los Oficiales
del Maine, aunque muy reservadas y cortas, vienen a coincidir
en atribuir la causa de la explosión a un accidente casual.
También el capitán
Sigsbee, dentro de su delicada posición,
que de veras lamentamos, ha estado discreto en las manifestaciones
prudentes que envió por cable, siendo de esperar que su
corrección no se rompa por nada ni por nadie.
OTRA OPINION
Mr. B. F. Isherwood, que ha sido ingeniero
jefe de la Marina de los Estados Unidos, ahora en situación
de retirado, y a quien se considera como la más eminente
autoridad de los Estados Unidos en materias navales, es de opinión
que la explosión del Maine fue puramente accidental.
"Es muy poco definida, dice a la información que tengo
para basar mi parecer, pero, aproximadamente, puedo venir a que
el Maine fue destruido por la explosión de uno de
sus propios almacenes, causada por combustión espontánea."
"Recuerde usted que los explosivos que ahora usa la Marina
no son como la vieja pólvora de guerra. Ellos son combinaciones
nuevas y variadas para lanzar los proyectiles con distintas fuerzas
y a diferentes distancias. Estos explosivos son compuestos químicos
muy inestables y muy delicados y son capaces de desintegración
y explosión espontánea. Un descuido que cambie la
temperatura o un pequeño rozamiento o vibración
puede producir la explosión sin que se pueda señalar
ninguna causa."
Preguntole el redactor del Herald si no había medios de
prevenir estos accidentes y Mr. Isherwood contestó:
"Ninguno. Todos nosotros tomamos grandes precauciones en
el almacenaje y manipulación de los explosivos. Podrían
almacenarse distribuidos en pequeñas cantidades en distintos
sitios del barco. Mas esto, que se ha ocurrido, entorpecería
mucho el servicio de los cañones en el momento del combate.
Estos accidentes son de esos que no tienen remedio."
El Almirante Gherardi's también rechaza la hipótesis
de que un torpedo
sea la causa de la explosión y se inclina a la de la combustión
espontánea del carbón.
LA MALA SUERTE DEL MAINE
Relata el Herald los accidentes que ha sufrido
el Maine desde que empezó a construirse, y después
de citar algunos defectos de construcción por él
señalados a su debido tiempo, que ocasionaron diferentes
modificaciones, dice:
"El Maine fue destinado a la escuadra del Atlántico
del Norte en febrero de 1896, y se comportaba tan mal en el mar
que el Almirante Bunce comunicó al Departamento de Marina
que su cabeceo y balanceo era excesivo y se atribuía a
defectos del trazado y a llevar demasiado peso en los extremos.
La batería principal, decía también Bunce,
no podía ser usada en la forma en que estaba."
"Hallándose en el arsenal de Brooklyn tuvo fuego,
pero las llamas se extinguieron pronto."
"Entró en la bahía de Key West en Julio de
1896 y chocó con un banco de coral que produjo desperfectos
en algunas de sus planchas, sin embargo de que no sufrió
el barco daño material en esta ocasión."
"Mientras cruzaba la costa de la Carolina del Norte, en febrero
de 1897, un marinero aprendiz nombrado I. C. Cogsivos fue lanzado
contra una de las torres por un golpe de mar y resultó
herido; otros dos marineros, A. B. Nelson y John Brown, acudieron
a auxiliarle, pero fueron arrastrados por una ola tremenda y perecieron."
"Pocos días hace que practicando en gran escala fuego
de cañón en Charleston, S. C., que ocasionaron diferentes
modificaciones, dice hizo explosión un cartucho de un cañón
de una libra al ser colocado en la recámara, hiriendo gravemente
al sargento Wagner y a dos o tres hombres más."
"El 27 de julio de 1897 subía el río del Este
de New York el Maine, a la sazón que lo bajaba el vapor excursionista
Isabel, a corta distancia del puente de Brooklyn; el Isabel llevaba
buen número de pasajeros a bordo. Este no respondió
a las señales del Maine de que se echase a estribor, y hubiera sido pasado
por ojo y cortado en dos, ocasionándose muchas desgracias,
si el Maine no se hubiera apresurado a maniobrar sobre los
docks del costado de New York. Esta acción del capitán Sigsbee recibió la aprobación del Departamento
de Marina."
RECELOS INFUNDADOS
Tiene interés una correspondencia
que publica el Herald del día 18 y que en parte traducimos
a continuación: "Cuando el Maine entró en la bahía de la Habana, uno
de los primeros oficiales que encontré fue el teniente
Jenkins, representante del Boureau de Naval Intelligence, quien
me pidió una información relativa a las defensas
de la plaza, la cual yo le dí con mucho gusto."
El punto acerca del cual el teniente Jenkins estaba más
ansioso de información segura, era si en la bahía
habían sido puestos torpedos o minas submarinas fijas.
El teniente hizo muchas averiguaciones con este objeto, y cuando
después de algunos días le pregunté por el
resultado de sus investigaciones, dijo:
"Yo estoy bajo la impresión de que en la bahía
no han sido colocados torpedos,
pero es imposible asegurar absolutamente esto. Si existieran torpedos es probable que
estuvieran colocados en el canal, cerca de la entrada de la bahía,
para que explotasen por contacto o por conexión eléctrica
con uno de los fuertes para destruir el barco que pretendiese
forzar la entrada. Situado el Maine donde está, se halla absolutamente resguardado
del fuego de todos los fuertes y baterías y tiene la ciudad
absolutamente a su merced." Es posible que los ingenieros
españoles hayan tomado en consideración la emergencia
de que un barco fuera capaz de forzar la entrada y entrar en la
bahía hasta el lugar de anclaje y hayan puesto torpedos
por allí. Yo me hallo dispuesto, sin embargo, a pensar
que esto no se ha hecho. En todo caso no tendríamos que
temer gran cosa, pues aunque nos hicieran una vía de agua
el barco descendería pero la cubierta quedaría elevada
lo suficiente para que pudieran trabajar nuestros cañones."
Sigue hablando el corresponsal del Herald y dice:
"El capitán Sigsbee me dijo: Yo he dado a esta cuestión de los
torpedos
la más cuidadosa consideración, y mi oficial de
intelligence, teniente Jenkins, conviene conmigo en que es improbable
que se hayan puesto torpedos
en la bahía o en algún sitio de nuestra vecindad.
Una cosa me da también confianza. El Maine tiene sólo 5 pies de agua bajo su quilla,
y si un agujero resultare en su fondo descendería hasta
descansar en el de la bahía. Nuestra cubierta principal
quedaría encima del agua y nuestros cañones de 10
pulgadas de las torres podrían apuntar en cualquier dirección,
quedando la Habana a merced nuestra y pudiendo ser destruida la
ciudad por nuestro barco descansando en el fango."
Por nuestra parte hemos de declarar que nos resistimos a creer
que el capitán Sigsbee, hombre técnico, haya hecho esas declaraciones.
Por su sola cuenta aún añade el comunicante lo que
sigue:
"Cuando el Maine vino, un piloto español lo dirigió,
y si hubiese habido torpedos
o minas
en la bahía, incuestionablemente hubiera estado informado
con absoluta seguridad de su localización. Bajo la dirección
de este piloto, el barco fue conducido a la boya número
4, junto al sitio que ocupaba el barco insignia Alfonso XII."
El mismo periódico ha publicado sucesivamente varios artículos
y sueltos sobre el asunto, y de ellos resulta lo siguiente:
"En la noche de la catástrofe se produjo instantáneamente
una consternación general, seguida de las más vivas
muestras de sentimiento y ansiedad. Enseguida toda la oficialidad
y gente de los buques de guerra y mercantes españoles,
la guarnición, las corporaciones, los particulares, la
población entera, se dedicó apresuradamente al salvamento
y curación de los heridos y a prestar todo género
de auxilios sin reparar en riesgos ni dificultades. El siguiente
día, jueves 16 de febrero, se trasladaron con la mayor
solemnidad los restos de las víctimas halladas, desde las
casas consistoriales, donde estaban depositadas, al cementerio
de Colón, asistiendo las autoridades militares y civiles,
comisiones del ejército, los voluntarios, el comercio,
etc., ante un numeroso concurso, formando el conjunto una gran
manifestación de duelo. Las autoridades, comisiones de
todos los ramos, y muchas personalidades notables, fueron a dar
el pésame al cónsul de los Estados Unidos, y el
Gobernador general telegrafió a nuestro representante en
Washington para que lo trasmitiese oficialmente al Presidente
de la República. El prelado ordenó sufragios y visitó
a los enfermos. En fin, se han agotado todas las fórmulas
de la cortesía más correcta, que verdaderamente
contrastan de una manera dolorosa con los procederes de los norteamericanos,
cuyo barco empezó por presentarse de un modo contrario
a las conveniencias, manteniéndose su oficialidad retraída,
y permitiendo la circulación de suposiciones ofensivas
y suspicaces, aunque más depresivas para quien las hace
que para el que es objeto de ellas, máxime siendo este
un país que es el prototipo de la longanimidad en la presente
ocasión."
En cuanto a la catástrofe en sí misma, ninguna de
sus apariencias, el modo de verificarse la explosión, la
postura en que ha quedado el barco, la conducta de su oficialidad, la resistencia
a la intervención española en la averiguación
de las causas, la pretensión de que el Maine sea volado, el hallazgo del cadáver del
oficial de torpedos en la cámara de éstos (si es
cierto), el alboroto de los norteamericanos (semejante al de todos
los que a falta de razón quieren meterlo a barato) y otra
porción de circunstancias que se cuentan, la hora del suceso
inclusive, prueban que la causa no ha sido exterior, como ha supuesto
la ignorancia o la malignidad, sino interna indudablemente; lo
probable es que hubiera poco cuidado y menos disciplina en el
buque, de lo que es síntoma vehemente el hallarse casi
todos los oficiales celebrando un banquete en otro buque de su
nación en el momento de la catástrofe; y claro está
que la responsabilidad recaerá en tal caso, sin duda, sobre
el jefe y sus inmediatos, siendo natural que éstos traten
de eludirla; y su nación de ocultar tales deficiencias
de su marina, y, por consiguiente, en buena lógica no son
dignos de crédito incondicional los informes y documentos
en que racionalmente se puedan suponer motivos de disimulo, aun
prescindiendo de las malevolencias que se suponen. ¿Qué
significa eso de hacer desaparecer lo que podría llamarse
el cuerpo del delito, lo que borraría huellas y señales
que llegarán a hacer patente algún día la
verdad? ¿Sería necesario acatar las conclusiones
de una comisión de peritos ofuscados por las corrientes
reinantes en su país, si resultaran dichas conclusiones
contrarias al honor de España, sin que un tercero en discordia
imparcial decidiese? ¿Y aún cuando resultara ser
un hecho a mano airada (concesión inverosímil hasta
lo absurdo), sería responsable la nación española
sometiéndola al imperio de la ley?¿Y la ovación
escandalosa en su país a una oficialidad que en cualquiera
otra parte estaría sometida a la severa acción de
la justicia? Finalmente, la misma razón tienen los norteamericanos
para decir que hemos sido nosotros, que nosotros para decir que
han sido ellos mismos (o los insurrectos cubanos sus protegidos)
por producir una complicación.

| Eslora: |
94 m |
Coraza: | Flotación: |
279 mm |
||
| Manga: |
17 m |
Cubierta: |
50 mm |
|||
| Calado: |
7 m |
Torres: |
267 mm |
|||
| Desplazamiento: |
6,382 Ton. |
|||||
| Fuerza Calderas: |
9,293 hp |
Armamento: | 4 cañones | 25 cm | ||
| Velocidad: |
17.5 nudos |
6 cañones | 15" | |||
| Hélices: |
2 |
8 cañones | 5.7" | |||
| Carbón: |
822 Ton. |
8 cañones | 3.7" | |||
| Construcción: |
Acero |
4 ametralladoras | ||||
| Tripulación: |
Oficiales |
26 |
7 tubos lanza torpedos | |||
|
Marinos |
329 |
Altura batería princ. sobre l. flotac. 5.04 m | ||||
Imágenes e información transmitidos via e-mail por el Coronel de Artillería Francisco Rodríguez Padrón de la Academia de Artillería en Segovia. El Coronel Rodríguez Padrón también tiene la página Gran Atlas de la Artillería Española Siglo XX.
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