| Toma de la Acequia
Cortijo Jesús del Valle
Aljibe de las Lluvias
Los Albercones
Torre del Agua
Plano de la Acequia
- Las
conducciones de agua en la Granada nazarí
Muhammad
I o Muhammad el Rojo, Sultán de Granada (1194-1273)Abu Abd Allah Muhammad Ibn Yusuf Ibn Nasr
(Al-Ahmar ibn Nasr)
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Muhammad
ben Nasr, al-Ahmar, Muhammad I (reinado: 1237-1273) dió nombre a la
dinastía Nasrí, por él fundada. Construyó la Acequia
Real con el trazado que ahora conocemos. Era obra de vital importancia
estratégica para la Alhambra, por entonces solamente unas fortificaciones
militares preexistentes en el espolón de la colina, la Alcazaba. El agua
era subida desde el Darro por personas o animales. Este sistema era
discontinuo y escaso, impidiendo mayores asentamientos. La llegada de la
Acequia Real hizo posible todo lo que vendría después sobre la colina
roja.
El río Darro, afluente en Granada del río
Genil - a su vez afluente del Guadalquivir- proporciona el agua a la
Acequia Real unos siete kilómetros río arriba de su paso bajo las
murallas de la Alhambra. La acequia tiene una exigua pendiente del 3 por
mil, suficiente para mantener un flujo constante salvando el desnivel de
la colina. La toma de la acequia se realiza en la margen derecha del río,
más arriba del actual cortijo de Jesús del
Valle. Tras un breve
recorrido mueve un molino de harina y pasa a la otra margen a través de
un acueducto, discurriendo por la ladera del Cerro del Sol hasta alcanzar
el Generalife.
Al aumentar las edificaciones, guarnición y
población de la Alhambra se hicieron nuevas captaciones por encima del
Generalife y aljibes (Aljibe de las
Lluvias). Se desdobló además la
acequia (Partidor) para conservar la cota que permitiese poner en regadío
las huertas superiores del Generalife, y se construyó el complejo de Los
Albercones. En las viviendas y palacios de la Alhambra se almacenaba
además el agua en estanques y aljibes. Los excedentes y desagües
volvían al río Darro en la actual Plaza Nueva.
La admirable gestión del agua en la ciudadela
de la Alhambra y Generalife permitió con tan escaso caudal crear un
vergel de huertas, un paraíso de jardines y estanques, y abastecer a la
corte y guarnición de los monarcas nazaríes.
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