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"El hombre en el Universo comienza por examinar lo que es próximo, por conocerlo, por familiarizarse con las criaturas y con el paisaje. Ese continuo proceso de adquisición de conocimientos, de verdades, es la ciencia, que le permite al ser humano ir dominando por la inteligencia su ambiente".(VALCARCEL,1967.;pág.24).
El incaico hizo buen alarde de ello, no temió al despertar de inmensas
cordilleras, ni al abrazo de valles inhóspitos, se hinchó al abrigo de un hábitat, que
pasó a convertirse en su más fiel guardián y entorno al cual desarrollarían un complejo sistema de creencias,
que vendría a ser el principio y fin de todas sus actividades.
Inmerso en su mundo geográfico, en profunda relación con la tierra,las
montañas, los ríos..., va configurando una forma de vida y de pensar muy particular, colocando todo
aquello que escapa a su conocimiento en el Mundo de lo Sobrenatural, gobernado por
espíritus, héroes civilizadores, fuerzas de la naturaleza, dioses creadores...En definitiva,
toda la vida del inca se va a desarrollar en función a la acción positiva o negativa de estas fuerzas.
Lo natural y sobrenatural se hallaban confundidos en la mentalidad popular de tal forma, que
prácticamente cualquier efecto natural podía tener su causa sobrenatural.
De este modo, cuando abordamos el tema de lo sagrado en el hombre andino, descubrimos que no podemos comprender su ideología si no nos remitimos a los mitos y viceversa, de ahí que se hallan tratado los mitos incaicos casi de un modo continuo.