LA COPA, SORBO A SORBO

El primer sorbo de la Copa lo dió el Deportivo ante el Lleida, en los octavos de final. Tras imponerse por un rotundo 0-3 en el Camp D'Esports Ilerdense, con goles de Claudio, Donato y Bebeto, y rematar la faena en Riazor con una gran actuación de José Ramón y un rotundo 4-1, siendo Julio Salinas el goleador de la noche, con tres tantos, completados con el de Djukic.

Cuartos de final

Los cuartos de final nos emparejaron con el temido "coco" y especialista en Copas, nada menos que 23 en su haber, el Athletic Club de Bilbao. El Deportivo salió muy mentalizado y realizó uno de los mejores encuentros en la ida, Riazor, imponiéndose por un claro 3-0, que por el juego desplegado se quedó corto. Bebeto, Donato y Manjarin fueron los autores de los goles.

El partido de vuelta se planteó condicionado por la gran ventaja con la que se viajó a San Mamés, donde los "leones" se mostraron incapaces de estrenar la portería de Paco Liaño, finalizando los noventa minutos de juego con el empate inicial.

Semifinales entre vecinos

Las semifinales nos presentaron un duelo entre vecinos, con el Sporting de Gijón, un equipo más preocupado de su supervivencia en Primera que del torneo copero. Los pronósticos se cumplieron y lo eliminatoria casi quedó sentenciada en El Molinón, con tantos de Manjarin y Julio Salinas. La renta fue suficiente y el 0-1 de la vuelta en Riazor no pasó de ser un pequeño susto.

EL PRIMER TÍTULO DE LA HISTORIA

Y al final, no sin un camino tortuoso de incertidumbre y emoción, a modo de película de suspense, al más puro estilo de Hitchkock, el 27 de junio de 1995, el Deportivo se hacía con el primer titulo de su historia, y también del fútbol gallego, rompiendo lo maldición de las últimas temporadas, en donde sólo la fatalidad y la mala suerte le había alejado del Campeonato de Liga.

El escenario, en dos actos, no pudo ser el más apropiado. En el recinto del Estadio Santiago Bernabéu, sonaba como un grito de clamor popular y alegría, porque al fin se había hecho justicia deportiva, y el equipo que más veces, en las últimas temporadas, había estado en la 'pool position' de la Liga, cobraba su recompensa.

El movimiento social que congregó en la capital de España a todo el deportivismo, procedente de La Coruña, Galicia, de todo el país y de centro Europa, representando el mundo de la emigración, merece un comentario aparte, al convertirse en el alma y el corazón de un equipo, en el aliento imprescindible para optar a todo. Ese ingrediente necesario para ser un campeón, volvió a dar la nota de ejemplaridad, con una demostración de apoyo incondicional a los colores blanquiazules, con decorado de mosaico incluido, reuniendo a más aficionados en Madrid que cabida tiene el Estadio de Riazor.

 

La cita oficial, el 24 de junio de 1995, convocó en el Santiago Bernabéu a los dos protagonistas, Deportivo y Valencia, ante la atenta mirada de toda España, con un Estadio a rebosar y la presencia de lujo con el primero de los españoles, S.M. El Rey Don Juan Carlos, el día de su onomástica, acompañado por la Reina Doña Sofía.

También estaban allí las primeras autoridades, autonómicas y municipales de Valencia y Galicia, y del deporte gallego y nacional.

EL INICIO DEL TRIUNFO

Para este encuentro decisivo, por el Deportivo, Arsenio Iglesias, en lo que se presumía último compromiso oficial al frente del club, alineaba a los siguientes jugadores: Liaño; Voro, Djukic, Ribera; López Rekarte, Donato, Nando; Manjarin, Fran, Aldana y Bebeto. Alfredo entraría en el minuto 50 por Aldana.

Por el Valencia, José Manuel Rielo ordenaba de salida a: Zubizarreta; Mendieta, Camarasa, Giner, Juan Carlos; Roberto, Mazinho, Poyatos, Fernando; Mijatovic y Penev.

El árbitro, de cuyo nombre mejor sería no acordarse, fue García-Aranda, del Colegio Madrileño.

El destino, esta vez, se impuso

a los elementos

Desde el inicio el partido tuvo un claro dominador, el Deportivo, que recogió sus frutos al adelantarse en el marcador en el minuto 36, gracias a un gol de Manjarin, pero, en la segunda parte, con las condiciones climatológicas alterando lo que ocurría sobre el terreno de juego, el valencianista Mijatovic, al transformar una falta, lograba la igualada. Era el minuto 70.

A falta de 11 minutos paro el final, un temporal de agua como nunca se había visto sobre Madrid, hizo del terreno de juego un escenario impracticable, y obligó al colegiado a suspender el partido; no sin las consiguientes muestras de impotencia y desesperación de los miles de aficionados desplazados, y de forma especial, de los emigrantes gallegos que habían aprovechado el fin de semana para estar con su equipo.

A falta de 11 minutos para el final, un temporal de agua hizo
del terreno de juego un escenario impracticable, y obligó al
colegiado a suspender el partido.

 

LA TRACA FINAL

Había que repetir la representación, sobre el mismo escenario, con los mismos actores, pero sólo para disputar los once minutos restantes. La fecha señalada fue el martes, día 27. La gran afición deportivista tuvo que redoblar esfuerzos y romper los pronósticos del número de movilizados previstos para viajar al Santiago Bernabéu, acudiendo otro vez en masa, a la reanudación de los 11 minutos que faltaban y que iban a decidir el campeón.

Once minutos de infarto

Ambos entrenadores dispusieron sobre la pizarra a los mismos hombres y el público se acomodaba en sus asientos para presenciar los once minutos de infarto. Pero sólo iba a bastar con uno, el que transcurría tras el pitido inicial de García-Aranda y que fue suficiente para que Alfredo -otra vez el destino y Alfredo- controlase un balón con el pecho y con un toque de cabeza evitase el despeje de Zubizarreta, para introducir el esférico irremisiblemente en las mallas que defendía el guardameta internacional.

El partido se acabó ahí y la historia de la Copa del Rey también, aunque los momentos que siguieron al pitido final del arbitro García Aranda llenaron de emotividad el cielo madrileño, para asistir a un ceremonial de alegría y complicidad compartida, entre judadores, cuerpo técnico, directivos y afición.

Con la consecución del titulo, el capitán José Ramón, y el técnico Arsenio Iglesias, decían adiós al club de sus amores, al que encumbró, mientras el Deportivo se convertía en el primer club gallego en conseguir un titulo oficial. El Deportivo acababa de entrar en la Historia.